Identifican un gen que mejora el rendimiento de la planta de tomate en respuesta a la densidad de siembra
21 de julio de 2026
Identifican un gen que mejora el rendimiento de la planta de tomate en respuesta a la densidad de siembra
Este hallazgo, liderado por especialistas del CONICET, sienta bases para el diseño de cultivos más eficientes.
Este hallazgo, liderado por especialistas del CONICET, sienta bases para el diseño de cultivos más eficientes.
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Las plantas de tomate, como cualquier cultivo de alta densidad, se dan sombra entre sí por lo que desarrollan un mecanismo biológico para crecer en altura y alcanzar mejor la luz solar necesaria para la fotosíntesis, vital para su crecimiento. Ahora, especialistas del CONICET descubrieron que las plantas de tomate utilizan una proteína específica como un “interruptor” clave para detectar la sombra de plantas vecinas y crecer en altura. El avance se publicó en la revista científica Plant Physiology and Biochemistry.
“Los resultados de este trabajo demuestran que esta proteína es fundamental para que la planta optimice la cosecha de luz para hacer fotosíntesis y ajuste su rendimiento en respuesta a la sombra”, afirma Javier Botto, líder del estudio e investigador del CONICET en el Instituto de Investigaciones Fisiológicas y Ecológicas Vinculadas a la Agricultura (IFEVA, CONICET-UBA). Y agrega que este hallazgo tiene una aplicación concreta para el mejoramiento genético de los cultivos.
“Este estudio nos permitió identificar un gen que regula el crecimiento afectando sus hormonas y su fotosíntesis, y en consecuencia altera el rendimiento de las plantas de tomate. Estos resultados abren la posibilidad de usar a este gen como un blanco molecular para desarrollar variedades comerciales de tomate (y otros cultivos) más eficientes y de alto rendimiento”, puntualiza Botto quien lidera el laboratorio de Plasticidad del Desarrollo de las Plantas en IFEVA y es doctor en Ciencias Biológicas.
Un gen que cumple varias funciones
El gen SlBBX20 “contiene las instrucciones para fabricar la proteína del mismo nombre. “Nuestro trabajo demostró que aquellas plantas que carecen de esta proteína pierden casi por completo la capacidad de crecer en respuesta a la sombra”, indica Mariano Mejía, primer autor del trabajo, ingeniero agrónomo y becario doctoral del CONICET. Y agrega: “Además, al no poder regular correctamente sus procesos biológicos en respuesta a la luz, las plantas sin esta proteína hacen menos fotosíntesis, porque tienen y abren menos sus poros estomáticos, por donde entra el dióxido de carbono (CO2) a la planta y sale vapor de agua al ambiente y, como consecuencia directa producen menos frutos”.
Por otra parte, la proteína SlBBX20 “mejora la expresión de los genes de biosíntesis de pigmentos conocidos como antocianinas que les dan los tonos violetas/azulados a hojas, tallos y frutos. Estos pigmentos naturales actúan como ‘protector solar’ y antioxidantes para la planta, reduciendo los efectos inhibitorios por alta intensidad de luz sobre la fotosíntesis”, indica Gabriel Gomez Ocampo, también primer autor del estudio, doctor en Ciencias Agropecuarias y becario posdoctoral del CONICET. Y continúa: “Esto es beneficioso porque permite a la planta cosechar más luz y sintetizar más carbohidratos esenciales para su crecimiento que redunda en una mayor producción de tomates en ambientes abiertos y luminosos”.
¿Cómo se hizo el hallazgo?
La estrategia que utilizaron los investigadores para descubrir la función de la proteína SlBBX20 fue comparar la respuesta de crecimiento de plantas de tomate salvaje y mutante sin la proteína SlBBX20 en distintas condiciones de luz.
Ambos grupos de plantas (las que expresan y no expresan el gen SlBBX20) fueron sometidos a tratamientos simulando la luz de sombra con luces y filtros específicos, y sombreado natural aumentando la densidad de plantas en cámaras de crecimiento e invernadero.
“Al estudiar las plantas editadas a las que se les bloqueó la expresión del gen SlBBX20 observamos que perdían por completo la capacidad de crecer en respuesta a la sombra. Estas plantas desarrollaron menos poros estomáticos y sufrieron una caída drástica en sus niveles de auxinas, hormonas clave encargadas del crecimiento, junto con una menor producción de pigmentos fotoprotectores, lo que se tradujo en menos fotosíntesis y finalmente en una pérdida en la cantidad y el peso de los tomates producidos”, explica Botto.
Y concluye: “El hallazgo del rol de este gen permitiría desarrollar cultivos de tomate que maximicen el uso de los carbohidratos fotosintetizados para producir más frutos”.
Del trabajo también participaron otros investigadores de IFEVA, de la Facultad de Agronomía de la UBA, del Instituto de Botánica Experimental de la Universidad Palacký (República Checa), y del Instituto de Biociencias con sede en la Universidad de São Paulo (Brasil).
Referencia bibliográfica: Mejía, M. A., Gómez-Ocampo, G., Barraza, C. E., Medina-Fraga, A. L., Ploschuk, E. L., Reposi, S. D., … & Botto, J. F. (2026). SlBBX20 is a regulator of plant development in response to shade in tomato. Plant Physiology and Biochemistry, 111177. https://doi.org/10.1016/j.plaphy.2026.111177
Fuente: https://www.conicet.gov.ar/noticias-conicet/
Una técnica experimental detecta cambios invisibles en el colágeno de la piel: cómo funciona
Un equipo encabezado por la Universidad de Hiroshima combinó imagen óptica avanzada y espectroscopia para analizar la organización del tejido humano. El enfoque, aún en etapa piloto, busca evaluar su integridad antes de que aparezcan alteraciones evidentes
Por Constanza Almirón
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Aunque frente al espejo la piel parezca igual, por dentro puede estar ocurriendo otra historia. Antes de que aparezcan arrugas, pérdida de firmeza u otras señales evidentes, el tejido empieza a modificarse en un nivel microscópico que las técnicas habituales no siempre registran.
En ese plano, un equipo internacional encabezado por la Universidad de Hiroshima presentó un método para detectar de forma temprana cambios en el colágeno humano al medir no solo las fibras, sino también su organización.
El grupo concluyó que la organización molecular y la quiralidad supramolecular —una forma de describir el orden con el que se acomodan sus componentes en distintas escalas— se deterioran antes de que las fibras visibles se adelgacen o se fragmenten, según el Instituto Internacional para la Sostenibilidad con Materia Metaquiral Anudada (SKCM2) y el artículo publicado en ACS Nano.
El estudio estuvo encabezado por Ali Haider, investigador en formación de la Universidad de Hiroshima, y Katsuya Inoue, profesor de SKCM2.
“El mensaje clave de este artículo es que el colágeno no debe verse solo como una red de fibras visibles, sino como un material jerárquico cuya función depende de la organización en múltiples escalas de longitud”, afirmó Inoue en declaraciones recogidas por SKCM2.
Esa idea ayuda a entender por qué el deterioro inicial puede pasar inadvertido. Según el artículo de ACS Nano, los métodos tradicionales suelen detectar el adelgazamiento de las fibras o la pérdida de conectividad, pero esos signos aparecen en etapas más tardías de la remodelación del tejido.
Haider lo explicó con una comparación: “Una forma de entender nuestros hallazgos es que los métodos de imagen convencionales pueden mostrar los ‘ladrillos’ de una estructura de colágeno, pero pueden pasar por alto cambios sutiles en la forma en que esos ladrillos están organizados”, señalo en el comunicado. En términos simples, el estudio propone mirar no solo “cuánto colágeno hay” o si la red se ve continua, sino también si mantiene su orden interno.
La investigación también indica que factores intrínsecos y externos, como la radiación ultravioleta, la glicación no enzimática (cuando los azúcares se unen al colágeno sin ayuda de enzimas), el estrés oxidativo y cambios en la hidratación, remodelan la red dérmica a lo largo de la vida adulta.
Para medir ese cambio, el equipo combinó varias técnicas sobre una misma sección de tejido. Según SKCM2, integró imagen óptica avanzada con espectroscopia quiroóptica, entre ellas dicroísmo circular por radiación sincrotrón en ultravioleta de vacío y dicroísmo circular vibracional multidimensional con láser de cascada cuántica.
El artículo de ACS Nano añadió que también usaron generación de segundo armónico para cuantificar alineación, continuidad y estructura de la red de colágeno. Ese flujo de trabajo permitió evaluar en una misma muestra la densidad del material, su orientación y la coherencia de su organización quiral supramolecular.
Las muestras fueron secciones congeladas de dermis abdominal humana de 30 micrómetros de espesor. El estudio analizó tres donantes adultos, identificados como S1, S2 y S3, y comparó dos niveles de estructura del colágeno: el orden quiral a escala molecular (cómo se organizan sus componentes en el nivel más pequeño) y la organización fibrilar a escala mesoscópica (cómo se acomodan las fibras cuando ya pueden observarse como una red).
Según el artículo, los resultados mostraron una separación clara entre masa de colágeno y orden estructural. Las muestras conservaron contenido y cobertura del material incluso cuando su coherencia quiral supramolecular ya se había degradado.
El equipo también miró cómo estaban “apuntando” las fibras y qué tan fuerte era la señal que usaron para observarlas. Según el artículo, en S1 las fibras se veían más repartidas y parejas, mientras que en S3 aparecían más “tiradas” hacia una dirección y con señales de que la red empezaba a romperse en partes.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Cómo el cerebro puede mejorar su capacidad de concentración con ejercicios y hábitos
La evidencia científica muestra que la mente responde a la práctica deliberada y a los estímulos variados, permitiendo optimizar el enfoque y la agudeza mental a lo largo del tiempo
Por Fernando Mongelós
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La capacidad de enfocar la mente se puede fortalecer y desarrollar, igual que un músculo, mediante hábitos y ejercicios específicos, según coinciden investigaciones recientes en neurociencia y psicología cognitiva. En un entorno saturado de estímulos digitales, la ciencia sostiene que el entrenamiento de la atención no solo es posible, sino que puede traducirse en mejoras concretas del rendimiento intelectual y la calidad de vida.
Especialistas de la Cleveland Clinic afirman que la habilidad para concentrarse de forma sostenida es un recurso fundamental para la productividad, la creatividad y el bienestar personal.
El cerebro humano, según subraya la Cleveland Clinic, está preparado para el trabajo profundo, pero enfrenta una batalla constante contra las distracciones del entorno y la tecnología. Estudios clínicos demuestran que la multitarea reduce la eficiencia y provoca fatiga mental, mientras que el enfoque en tareas individuales favorece la memoria y la resolución de problemas. “El cerebro funciona mejor cuando se dedica a una sola actividad por vez; tratar de hacer varias cosas simultáneamente genera pérdida de energía y disminución del rendimiento”, señala el equipo de especialistas de la institución estadounidense.
La ciencia respalda el uso de técnicas específicas para potenciar la atención. La meditación mindfulness, la organización de ambientes libres de distracciones y la aplicación de métodos como el Pomodoro han sido validados por la American Psychological Association y la National Institutes of Health (NIH). Estas entidades remarcan que el cerebro responde positivamente ante la repetición de ejercicios atencionales, fortaleciendo las redes neuronales responsables del control ejecutivo y la concentración.
“El entrenamiento deliberado de la atención incrementa la flexibilidad mental y mejora la capacidad para resistir las distracciones”, afirma la NIH en una de sus publicaciones recientes.
El concepto de neuroplasticidad es central en este proceso. De acuerdo con la NIH, la neuroplasticidad describe la capacidad del cerebro para reorganizarse y adaptarse ante nuevos desafíos, incluso en la adultez. El aprendizaje de nuevas habilidades, la resolución de problemas y la participación en actividades cognitivas complejas favorecen la consolidación de conexiones neuronales, lo que permite mejorar la atención sostenida y la agudeza mental.
La Cleveland Clinic también enfatiza que factores como el sueño adecuado, una alimentación equilibrada y la actividad física regular son cruciales para optimizar la función cognitiva.
La ciencia advierte sobre los límites del entrenamiento atencional y el rol de la tecnología. Un análisis publicado en Frontiers in Psychiatry detalla que herramientas digitales como juegos cognitivos o aplicaciones de entrenamiento cerebral pueden aportar mejoras específicas, aunque su efecto suele limitarse a las tareas practicadas y no siempre se traslada a contextos de la vida diaria. El informe destaca que los mayores avances se observan cuando el entrenamiento se realiza en situaciones variadas y con actividades que desafían realmente la mente.
Según Frontiers in Psychiatry, la consistencia y la práctica deliberada son claves para obtener resultados duraderos en el entrenamiento de la atención. El establecimiento de rutinas antes de iniciar tareas importantes, la reducción de exposiciones a notificaciones y la programación de pausas breves durante el trabajo contribuyen a mantener la mente enfocada y a prevenir la fatiga atencional. Tanto la Cleveland Clinic como la NIH coinciden en que la atención, igual que un músculo, puede entrenarse, pero requiere paciencia, variedad de estímulos y un compromiso sostenido en el tiempo.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Trastornos de coagulación: por qué el diagnóstico en mujeres tarda 14 años y qué proponen los expertos
Un estudio internacional publicado en The Lancet Haematology documentó una brecha global en el acceso a la detección respecto de los hombres. Qué contó a Infobae una de las médicas y coautoras sobre la situación en América Latina
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El sistema de salud tarda, en promedio, entre 14 y 16 años en diagnosticar una enfermedad que dificulta la coagulación de la sangre en mujeres desde que aparecen los primeros síntomas. En los hombres, ese mismo proceso lleva solo dos.
Esa brecha de más de una década tiene consecuencias directas: anemia recurrente, complicaciones durante el parto, cirugías pospuestas y deterioro de la calidad de vida. Una de las razones de fondo es que la medicina construyó su conocimiento sobre estas enfermedades casi exclusivamente a partir de pacientes varones.
La Comisión The Lancet Haematology registró esa desigualdad con datos de estudios de grupos de personas seguidos durante años y aconsejó reducir ese tiempo de espera a menos de 24 meses para el año 2035. La investigación se publicó en la revista The Lancet Haematology.
El trabajo fue liderado por Bethany Samuelson Bannow, del Instituto Oncológico de la Clínica Cleveland junto con investigadores de la Universidad de Míchigan y el Hospital Brigham and Women’s de Boston, en los Estados Unidos, la Universidad de Manchester, en el Reino Unido, la Universidad Queen’s, en Canadá, el Centro Médico Universitario Radboud de Nijmegen, Países Bajos, y la Universidad de Nigeria.
Durante más de veinte años, las mujeres en edad reproductiva quedaron excluidas de los ensayos clínicos por políticas de las autoridades regulatorias sobre medicamentos que buscaban proteger a fetos potenciales. Esa exclusión dejó sin datos propios a la mitad de la población mundial.
Los diagnósticos y los tratamientos se diseñaron a partir de pacientes masculinos. Las condiciones propias de las mujeres, como el sangrado menstrual abundante, la hemorragia posparto o la formación de coágulos en las venas asociada al embarazo, quedaron sin investigación suficiente.
La Comisión revisó el estado del conocimiento en seis áreas de salud hematológica que afectan de forma exclusiva o desproporcionada a mujeres y niñas. También identificó brechas en la evidencia y formuló recomendaciones con plazos concretos para organismos internacionales.
Encontraron que el sangrado menstrual abundante afecta a una de cada tres mujeres en la población general y a más del 80% de las que tienen trastornos hemorrágicos. En noviembre de 2025 había menos de 40 ensayos clínicos activos sobre este síntoma, frente a más de 4.000 para el cáncer de mama.
Solo al 8% de las adolescentes con sangrado abundante se les realizó una prueba de detección de la enfermedad de von Willebrand, que es un trastorno hereditario de la coagulación que provoca sangrados prolongados, pese a que las guías clínicas lo recomiendan.
Los investigadores detallaron que “solo uno de cada tres portadores de hemofilia, la enfermedad hereditaria que dificulta la coagulación de la sangre, conoce su estado genético, pese a que el 38% de los portadores conocidos presenta puntajes de sangrado anormales”.
En cuanto a la trombosis en el embarazo, el análisis mostró que en Estados Unidos se registran hasta 1,72 casos por cada 1.000 partos y que el 9,3% de las muertes maternas se atribuyen a esta causa.
Sobre las conclusiones generales del trabajo, los investigadores advirtieron que quizás “la barrera más grande para mejorar la atención de mujeres y niñas es la implementación de los hallazgos basados en evidencia una vez que están disponibles”.
La Comisión formuló 10 recomendaciones con plazos concretos. Entre ellas, propuso que para 2031 la Administración de Alimentos y Medicamentos (más conocida como FDA por su sigla en inglés) de los Estados Unidos, la Agencia Europea de Medicamentos y organismos equivalentes establezcan políticas que exijan igualdad —o esfuerzos concretos para alcanzarla— en la participación de hombres y mujeres en ensayos clínicos.
También la Comisión señaló que los datos sobre los países de ingresos bajos y medianos son escasos y que la investigación en mujeres embarazadas sigue limitada por restricciones regulatorias.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Comer de día y dormir de noche: qué beneficios tiene ajustar los hábitos al ritmo circadiano
Cada vez más especialistas recomiendan alimentarse y descansar acorde a los tiempos de la naturaleza. Las consecuencias en el metabolismo y la salud de vivir desfasados
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La investigación sobre el ritmo circadiano —el “reloj biológico” interno del cuerpo— reveló que alinear los horarios de alimentación y descanso con los ciclos naturales de luz y oscuridad aporta beneficios concretos para la salud metabólica, el sueño y la prevención de enfermedades crónicas.
Cada vez más evidencia demuestra cómo influye esta sincronización en el bienestar cotidiano y cuáles son las recomendaciones prácticas para aprovecharla.
El cuerpo humano posee un “reloj central” en el cerebro que responde principalmente a la luz solar.
“La luz de la mañana ayuda a marcar el comienzo del día y la oscuridad favorece la preparación para el sueño”, comenzó a explicar a Infobae la médica especialista en Medicina Interna y Nutrición y vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN), Marianela Aguirre Ackermann (MN 151.867).
Cada órgano relevante para el metabolismo, como el hígado, el páncreas, el músculo y el tejido adiposo, cuenta además con relojes biológicos propios. “Son mecanismos moleculares que regulan la actividad de numerosos genes y permiten que algunas funciones aumenten o disminuyan según el momento del día”, añadió la especialista.
Con ella coincidió la médica pediatra especialista en medicina funcional en niños y adultos Mariel Dobenau (MN 127.450) para quien la organización temporal del cuerpo es precisa: “Existe un reloj central en el cerebro sincronizado principalmente por la luz solar, pero además prácticamente todas las células poseen relojes periféricos. El hígado, el páncreas, el intestino, el músculo y el tejido adiposo trabajan de manera diferente según la hora del día”, apuntó en conversación con este medio.
Ambas expertas subrayaron que la luz sincroniza el reloj central y la comida, muchos de esos relojes periféricos. Cuando estos sistemas actúan en armonía, el organismo responde mejor a los nutrientes y al descanso.
Consultadas por Infobae, las especialistas identificaron ventajas claras de respetar el ritmo circadiano en las rutinas diarias:
El metabolismo no responde igual en todas las horas del día. “La sensibilidad a la insulina, la secreción de determinadas hormonas y la capacidad de manejar la glucosa varían a lo largo del día. En promedio, la tolerancia a la glucosa es mejor durante la primera parte del período de actividad y disminuye hacia la noche”, precisó Aguirre Ackermann.
Según Dobenau, durante la mañana existe mayor sensibilidad a la insulina y mejor utilización de la glucosa. “Durante la noche aumenta la melatonina, disminuye la secreción de insulina y los tejidos responden peor a ella”, diferenció.
En ese sentido, ambas señalaron que adelantar las comidas y evitar cenas tardías contribuye a una mejor respuesta glucémica y un metabolismo más eficiente.
La nutricionista explicó que “cuando los horarios de sueño y alimentación son regulares y están alineados con el ciclo de luz y oscuridad, suele observarse una utilización más eficiente de los nutrientes”. La pediatra agregó que, en esas condiciones, “mejora la utilización de grasas como combustible”.
Las investigaciones muestran que concentrar la alimentación en la primera parte del día “puede reducir el hambre nocturna y mejorar la regulación del apetito”, según Aguirre Ackermann. En estudios recientes, quienes adelantaron sus comidas experimentaron menos sensación de hambre en la noche.
La especialista en nutrición advirtió que dormir poco, trabajar de noche o concentrar la mayor parte de la ingesta al final del día “se asocia con mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular”.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Avances en la validación clínica de una terapia contra un tumor pediátrico agresivo
17 de julio de 2026
Avances en la validación clínica de una terapia contra un tumor pediátrico agresivo
Se trata del reposicionamiento de un medicamento utilizado como inmunoterapia de mantenimiento en estadíos avanzados de ciertos cánceres de pulmón, para el tratamiento del neuroblastoma. Científicos del CONICET y la Universidad Nacional de Quilmes, junto a médicos de los hospitales Garrahan y Austral, lograron resultados alentadores en un ensayo clínico fase 2.
Se trata del reposicionamiento de un medicamento utilizado como inmunoterapia de mantenimiento en estadíos avanzados de ciertos cánceres de pulmón, para el tratamiento del neuroblastoma. Científicos del CONICET y la Universidad Nacional de Quilmes, junto a médicos de los hospitales Garrahan y Austral, lograron resultados alentadores en un ensayo clínico fase 2.
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Científicos del CONICET participaron del diseño y organización de un ensayo clínico fase 2, que obtuvo resultados alentadores en el testeo de un fármaco para el tratamiento del neuroblastoma de alto riesgo, un cáncer infantil que afecta sobre todo a niños menores de cinco años. El medicamento que se probó fue la vacuna terapéutica Racotumomab, aprobada en la Argentina en 2013 y utilizada como inmunoterapia de mantenimiento en estadíos avanzados del cáncer de pulmón de células no pequeñas, en cuyo desarrollo también estuvieron involucrados científicos del CONICET que participaron del actual estudio. Lo que se investiga ahora es la posibilidad de reposicionar a Racotumomab para el tratamiento de una nueva patología. Los resultados del ensayo, en el que también participaron científicos de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) y médicos de los hospitales Garrahan y Austral – y que contó con el soporte de Laboratorios Elea- se publicaron recientemente en la revista especializada Pediatric Blood and Cancer.
El neuroblastoma es un tipo de cáncer pediátrico que se origina en los neuroblastos, que son células nerviosas inmaduras del sistema nervioso simpático. Se desarrolla con mayor frecuencia en las glándulas suprarrenales, ubicadas sobre los riñones, pero también puede aparecer en el tejido nervioso del abdomen, el tórax, el cuello o la pelvis. Si bien es una enfermedad poco frecuente -en Argentina se diagnostican alrededor de 75 casos nuevos por año-, representa entre el 7 y el 10 por ciento de los cánceres pediátricos en el mundo. El pronóstico depende del estadio de la enfermedad: mientras los pacientes de bajo y medio riesgo tienen un pronóstico excelente, con tasas de supervivencia global a 5 años que superan el 95 por ciento, los de alto riesgo, que representan cerca de la mitad de los diagnósticos, tienen una supervivencia de entre el 40 por ciento y el 50 por ciento y una alta probabilidad de recaídas.
Los actuales tratamientos combinan cirugías, quimioterapia, radioterapia y trasplante de médula ósea Si bien, estas terapias permiten curar a la mayoría de los pacientes de riesgo bajo o intermedio, su repetición en los de alto riesgo suele causar efectos secundarios importantes, como infecciones, problemas cardíacos y auditivos. Existe también una terapia basada en el uso de anticuerpos monoclonales dirigidos contra el gangliósido GD2, que es una molécula que se encuentra presente en la superficie de las células tumorales y que tiene como objetivo eliminar la enfermedad mínima residual. Si bien se trata de una inmunoterapia de vanguardia a nivel global, por motivos económicos es de difícil acceso en países en desarrollo. Por este motivo, se vuelve necesario encontrar nuevas terapias que logren revertir la patología en situaciones de alto riesgo, permitan evitar los efectos no deseados de los tratamientos actuales y sean más económicas y accesibles.
De acuerdo con los científicos, los resultados del ensayo clínico fueron prometedores, puesto que se constató una fuerte respuesta inmunológica específica en los pacientes vacunados, se observó un incremento significativo en la sobrevida global y en la supervivencia libre de eventos en una parte considerable de los niños evaluados y se demostró que se trata de una terapia segura y con un perfil de efectos adversos sustancialmente menor que la quimioterapia tradicional.
“Nuestra expectativa es llegar ofrecer una nueva opción terapéutica para las variantes más agresivas de este tumor pediátrico. Esto es particularmente significativo en países en desarrollo, donde otras inmunoterapias de alto costo no se encuentran fácilmente accesibles como parte del tratamiento multimodal del neuroblastoma”, señala Daniel Alonso, investigador del CONICET, director del Centro de Oncología Molecular y Traslacional (COMTra) de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) y uno de los responsables científicos del estudio.
Hacia un nuevo tratamiento contra el neuroblastoma
En un trabajo publicado en 2011, del que participó Alonso, junto a colegas del CONICET y del Garrahan, se logró comprobar la sobreexpresión de una molécula llamada NeuGc-GM3 en muestras de neuroblastoma. “Aquel estudio, realizado con el Servicio de Patología del Hospital Garrahan, nos permitió comprobar que más del 80 por ciento de los neuroblastomas expresaba NeuGc-GM3, lo que sugirió la potencial utilidad de esta molécula como blanco terapéutico”, afirma Alonso. Y agrega: “Decidimos estudiar la posibilidad de reposicionar Racotumomab, que justamente promueve el desarrollo de anticuerpos contra NeuGc-GM3, para el tratamiento de esta enfermedad. Es importante destacar que fue la primera vez que se reportó en el estado del arte sobre la presencia de este blanco terapéutico NeuGc-GM3 en tumores neurales pediátricos”.
Alonso también fue responsable científico del desarrollo de Racotumomab, en el que participaron equipos de la UNQ, UBA, CONICET, hospitales, otras instituciones y empresas nacionales. El medicamento es comercializado por el laboratorio farmacéutico argentino Elea, bajo el nombre ‘Vaxira.
Ensayo clínico de fase 2
El estudio se desarrolló en el Hospitales Nacional de Pediatría “J.P. Garrahan” y Austral, junto al COMTra, siendo el sponsor el Laboratorio Elea. “El ensayo incluyó a 39 pacientes pediátricos con neuroblastoma de alto riesgo. El esquema consistió en la aplicación de cinco dosis iniciales cada 15 días y, si la enfermedad permanecía estable, se continuaba con una dosis mensual de mantenimiento hasta completar 15 aplicaciones”, afirma Walter Cacciavillano, médico oncólogo pediatra del Hospital Garrahan. Y continúa: “El objetivo era entrenar al sistema inmunológico de los niños para que reconociera y combatiera de forma sostenida los azúcares tumorales (glicanos como el NeuGc-GM3) que expresa el neuroblastoma, aplicándose justo después de finalizar los tratamientos oncológicos tradicionales agresivos”.
Según explica Valeria Segatori, biotecnóloga, investigadora del CONICET e integrante del COMTra, “Racotumomab es una inmunoterapia activa de tipo vacunal, que estimula al propio sistema inmune del paciente para que reconozca y responda contra antígenos presentes en el tumor. Funciona administrando el anticuerpo anti‑idiotipo racotumomab, que imita la estructura de una molécula propia de las células tumorales llamada NeuGc-GM3, induciendo la generación de anticuerpos dirigidos al tumor”. Y agrega: “En ese sentido actúa como una ‘entrenadora’ del sistema inmune, pero su objetivo es tratar un tumor ya diagnosticado en el paciente, de ahí la denominación ‘vacuna terapéutica’ ya que no previene la aparición de la enfermedad”
En esa línea, Guido Felizzia, médico hemato-oncólogo pediatra del Hospital de Garrahan, señala: “El propósito principal del estudio era ver si la aplicación de Racotumomab con un esquema determinado de dosis lograba generar en los pacientes una respuesta inmune significativa”.
Entre las conclusiones del estudio, los investigadores destacan que la inmunoterapia basada en el Racotumomab abre una alternativa terapéutica nueva, más económica y accesible, que podría prolongar la supervivencia y evitar las recaídas, con pocos efectos adversos asociados. Aunque advierten que aún resta seguir avanzando y consolidar la investigación en fases posteriores, señalan que abre una posible nueva opción terapéutica en la oncología pediátrica.
Fuente: https://www.conicet.gov.ar/noticias-conicet/