Tierras raras: una mirada hacia el pasado geológico para conocer mejor un recurso estratégico
22 de julio de 2026
Tierras raras: una mirada hacia el pasado geológico para conocer mejor un recurso estratégico
Un equipo de investigación del CONICET releva paleocostas en la provincia de Buenos Aires para estudiar la presencia de estos minerales clave.
CIENCIAS EXACTAS Y NATURALES
Un equipo de investigación del CONICET releva paleocostas en la provincia de Buenos Aires para estudiar la presencia de estos minerales clave. A partir de esa información se desarrollarán mapas interactivos que sirvan como insumo para futuros proyectos de prospección.
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Las tierras raras, o elementos de tierras raras (ETR), forman parte de los denominados minerales críticos. Son aquellos –como el níquel, el cobre, el litio o el cobalto – que, se sabe, van a contribuir a la transición energética en los próximos 30 o 40 años, por ser esenciales para el desarrollo, por ejemplo, de aerogeneradores o motores de vehículos eléctricos. La categoría de crítico tiene que ver, por un lado, con que su demanda va en aumento -se estima que la necesidad de su obtención va a duplicarse en las próximas dos décadas- y, por otro, con que su refinamiento y producción está en manos de muy pocos países.
“Cuando hablamos de tierras raras, hablamos de un conjunto de elementos de la tabla periódica conocidos generalmente como lantánidos. Uno de los más abundantes es el neodimio, que habitualmente se usa para el desarrollo de motores eléctricos, específicamente para producir unos imanes del alto rendimiento que se denominan superpoderosos, que son muy potentes y no necesitan electricidad, entonces permiten ahorrar mucha energía, y hacen que el motor sea más eficiente y tenga mayor potencia”, describe Ernesto Schwarz, investigador del CONICET y director del Centro de Investigaciones Geológicas (CIG, CONICET-UNLP). “Por eso, todo el mundo busca saber dónde se encuentran esas tierras raras. El desafío consiste en hallarlas en concentraciones suficientemente altas que permitan una extracción económica y, a la vez, redituable. Entonces, ahí entra la geología para entender dónde están y, eventualmente, cómo poder explotarlas de manera sostenible y con el menor impacto ambiental posible”, añade.
Actualmente, Schwarz, junto al grupo de Sedimentología para Exploración y Desarrollo del CIG, encabeza una iniciativa, financiada través del Fondo de Innovación Tecnológica de Buenos Aires (FITBA), orientada a relevar ambientes sedimentarios de la Argentina en los que pueden estar presentes estos minerales para, en principio, identificar su ubicación y generar mapas interactivos que sirvan como insumo para futuros proyectos de prospección. Pero también para diseñar instrumentos que ayuden a las autoridades de control en la determinación de las pautas sobre cómo debe ser una futura explotación garantizando el cuidado del ambiente.
“Nuestro país es un actor principal en lo que refiere a la producción de litio. Sin embargo, cuenta con muy escasa información sobre la presencia de minerales portadores de tierras raras en su territorio. Argentina tiene la necesidad de pensar en otras fuentes potenciales de energía y asegurarse su producción, porque es una manera de defender la soberanía, pero adicionalmente se deben establecer límites claros para que esa producción genere riqueza, pero con el menor impacto ambiental posible”, subraya Schwarz. “Los minerales portadores de tierras raras tienen una cualidad muy específica: son muy pesados. Mucho más que los minerales más comunes, como el cuarzo. Cuando las corrientes los transportan, se van acumulando y concentrando en determinados ambientes sedimentarios. Entonces, uno de los espacios donde se los puede ir a buscar son las costas actuales, que pueden ser reservas potenciales importantes. Pero cualquier actividad de extracción traería aparejados problemas ambientales muy graves, porque se verían afectadas las dinámicas costeras y cuestiones de la vida humana”, apunta el experto.
De acuerdo con el investigador, una alternativa es ir a buscarlos en paleocostas, es decir ambientes cercanos asociados a esas playas en los que hubo costas en el pasado geológico –entre 8 mil y 100 mil años atrás– y que hoy están enterradas. Comprender esas paleocondiciones pueden ser una llave para interpretar cómo fue la distribución de los minerales pesados en esos sistemas.
Como, además, son bastante oscuros, su acumulación forma playas de arenas negras. Una característica que a simple vista sirve como primer indicador de su presencia en un determinado ambiente. “Hay registros de playas de arenas negras en la costa de Carmen de Patagones, al sur de la provincia de Buenos Aires. Nuestro objetivo es tener el menor impacto ambiental posible y preservar las playas y dunas actuales, por eso el foco del proyecto está puesto sobre las paleocostas asociadas”, describe el investigador, y amplía: “Con la información que obtengamos, la idea es elaborar mapas interactivos, con el detalle de la concentración en cada paleocosta o edad geológica, que sirvan de insumo al municipio o la provincia para comenzar a generar políticas públicas, normativas o manuales de buenas prácticas en potenciales prospecciones o actividades de explotación para cuando, eventualmente, una empresa privada tenga interés en buscar este tipo de elementos en la región. En definitiva, diseñar estrategias para que ese tipo de estudios afecten de la menor manera posible el ambiente”.
El proyecto también cuenta con el acompañamiento de la municipalidad de Patagones que generó el vínculo con las comunidades locales para allanar el camino para las primeras excavaciones y estudios de campo, ya que muchas de las paleocostas apuntadas se encuentran enterradas en lotes privados destinados a la producción ganadera. Las muestras colectadas en las primeras extracciones están siendo analizadas en el CIG y con instrumental de otros espacios de investigación del CONICET a nivel regional que cuentan con equipos especializados. Los estudios son de carácter químico, geoquímico y mineralógico y tienen como objetivo evaluar su composición y cuantificar la presencia de minerales pesados para, a partir de allí, avanzar en la elaboración de los mapas y las herramientas rectoras de una potencial prospección.
Schwarz se entusiasma con que la experiencia sirva como puesta a punto de la metodología de estudio, y que eventualmente esta pueda expandirse a otros puntos del país. “Comenzamos por nuestra provincia, porque se dispone de este financiamiento que ofrece el Estado bonaerense. Las costas y paleocostas de Buenos Aires se extienden a lo largo de 800 kilómetros, desde San Clemente del Tuyú hasta la desembocadura del Río Negro, así que tenemos todavía una gran extensión para explorar esta posibilidad a nivel provincial”, cierra.
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Por qué perros y gatos pueden ser una red de apoyo determinante para algunas personas
Un estudio de la Universidad Autónoma de Barcelona y la Fundación FAADA, publicado en Frontiers in Psychology, analizó cien casos y concluyó que el vínculo con animales de compañía puede ser el sostén emocional más constante en momentos de alta fragilidad social
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El apoyo emocional de las mascotas es importante para muchas personas en situación de vulnerabilidad, según un estudio de la Universidad Autónoma de Barcelona y la Fundación FAADA, organización de protección animal, publicado en la revista Frontiers in Psychology.
Las mascotas son un apoyo para las personas porque aportan compañía, bienestar emocional, contacto físico y cuidados cuando otras ayudas no están disponibles. El estudio concluyó que perros y gatos integran sus redes de apoyo y que, en el 90% de los casos, son su única fuente de apoyo.
La investigación analizó las experiencias de cien personas de entre 19 y 80 años. Según la Universidad Autónoma de Barcelona, muchas de ellas consideran a sus animales miembros de la familia.
Los datos del estudio detallan el peso cotidiano de la relación con sus mascotas. En el 90% de los casos, perros y gatos son la única fuente de apoyo de los encuestados y también su única oportunidad de contacto físico y cuidados.
El 91% de los participantes afirmó que, cuando siente tristeza o enfado, su mascota es con quien más quiere estar. Para el 90%, el animal les da una razón para levantarse.
Además, el 71% cree que su mascota sería quien seguiría a su lado si todas las demás personas los abandonaran. El estudio añade que la disponibilidad de los animales frente a la de muchas personas figura entre las cualidades más valoradas.
Jaume Fatjó, investigador del Departamento de Psiquiatría y Medicina Legal de la UAB, director de la Cátedra Fundación Affinity Animales y Salud de la UAB y uno de los responsables del estudio, afirmó a la Universidad Autónoma de Barcelona que “los gatos y los perros son importantes en la vida de muchas personas vulnerables”.
El investigador precisó que esos animales no reemplazan los vínculos humanos. “Proporcionan formas de ayuda, como la compañía y el consuelo emocional, que pueden ser importantes cuando otras fuentes de apoyo no están disponibles”, señaló.
El estudio también indica que una de las cualidades más apreciadas de las mascotas es que ofrecen afecto y aceptación. Ese rasgo es especialmente importante para personas vulnerables que a menudo se sienten estigmatizadas.
Noe Terrassa, responsable del área social de FAADA, sostuvo en declaraciones recogidas por la Universidad Autónoma de Barcelona que “el estudio demuestra que el vínculo entre los animales de compañía y las personas vulnerables, lejos de sustituir los lazos humanos, los enriquece“.
A partir de esos hallazgos, la investigación respalda programas integrales de apoyo social que eviten separar a las personas de sus animales. Según la Universidad Autónoma de Barcelona, la colaboración entre investigación y acción social permite ofrecer respuestas más eficaces e inclusivas.
Isabel Buil, directora de la Fundación Affinity, afirmó a la Universidad Autónoma de Barcelona que “el conocimiento científico cobra importancia cuando ayuda a afrontar desafíos sociales”. Añadió que este trabajo “aporta evidencia que ya ha permitido mejorar las intervenciones sociales y orientar políticas públicas que tienen en cuenta el papel de las mascotas en las redes de apoyo de muchas personas”.
El estudio concluye que apartar a estas personas de sus animales puede hacer que pierdan una parte importante de una red social que ya es frágil.
La investigación también subraya la necesidad de adaptar los servicios sociales y de salud para incluir a los animales de compañía en sus protocolos de atención. Esta integración permitiría mantener la estabilidad emocional y la motivación de quienes dependen de sus mascotas, fortaleciendo las estrategias de acompañamiento y la protección de los vínculos afectivos en contextos de alta vulnerabilidad.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Cuáles son los 6 conceptos erróneos sobre la demencia que pueden retrasar su detección y prevención
Una especialista detalló a Science Focus las creencias más extendidas en torno a este trastorno neurocognitivo y cómo una mejor comprensión favorece el reconocimiento temprano de sus primeras manifestaciones
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La demencia continúa siendo uno de los trastornos neurocognitivos que más preocupación genera a nivel mundial. Más de 55 millones de personas viven actualmente con esta condición y cada año se diagnostican cerca de 10 millones de nuevos casos, según datos citados por Science Focus.
Con el envejecimiento progresivo de la población, los investigadores estimaron que la cifra global podría alcanzar los 139 millones de personas para 2050.
Aunque los avances científicos permitieron comprender mejor este trastorno neurocognitivo, persisten mitos que pueden retrasar la detección de sus primeras señales y la consulta médica.
La neurocientífica Antonella Santuccione Chadha, directora ejecutiva de la Fundación para el Cerebro de la Mujer, explicó a Science Focus que una mejor comprensión del trastorno permite reconocer modificaciones tempranas y actuar sobre aspectos vinculados con la salud cerebral.
Una de las ideas más extendidas sostiene que la demencia solo afecta a personas de edad avanzada, aunque algunos tipos pueden comenzar mucho antes.
De acuerdo con distintos estudios, la demencia frontotemporal suele diagnosticarse entre los 45 y 65 años, mientras que algunos casos de Alzheimer de inicio temprano aparecen antes de los 65. “La demencia comienza 20 años antes de que se manifiesten los síntomas”, afirmó Chadha. También destacó que los cambios cerebrales pueden avanzar durante años antes de hacerse visibles.
En el Alzheimer, la acumulación progresiva de proteínas como amiloide y tau puede interferir con las células nerviosas y contribuir al deterioro cognitivo. Los primeros signos no siempre incluyen olvidos evidentes: también pueden aparecer modificaciones persistentes en el estado de ánimo, la motivación, la energía o el comportamiento.
La pérdida de memoria suele ser el síntoma más asociado con la demencia, aunque el trastorno puede afectar otras funciones según el tipo de alteración neurocognitiva.
En relación con el Alzheimer, Chadha explicó que sus efectos van más allá de la pérdida de memoria, ya que también pueden afectar el funcionamiento cotidiano, generar dificultades para realizar actividades habituales, cambios en la movilidad o problemas para completar tareas que antes se desarrollaban de manera automática.
En otros tipos, como la demencia vascular, los primeros signos pueden relacionarse con las funciones ejecutivas, como la planificación, la concentración y el procesamiento de información.
La genética puede influir en el riesgo de desarrollar determinados trastornos neurocognitivos. Un ejemplo es la presencia de variantes del gen APOE4, asociadas con una mayor probabilidad de desarrollar Alzheimer.
Sin embargo, contar con un factor genético de riesgo no significa que el deterioro cognitivo sea inevitable. Investigaciones citadas por Science Focus estimaron que cerca del 45% de los casos de demencia podrían retrasarse o reducirse mediante cambios relacionados con el estilo de vida.
Entre las medidas recomendadas por Chadha se encuentran la actividad física regular, mantener vínculos sociales sólidos, controlar los niveles de vitamina D, asegurar una adecuada incorporación de omega-3 mediante pescado azul o suplementos y priorizar un descanso reparador.
La especialista también destacó la importancia de mantener la actividad mental a través del aprendizaje continuo. “Sigue formándote, aprende una nueva habilidad o toca un instrumento”, aconsejó.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Qué cantidad de frutas y verduras al día protege el corazón, según un estudio
Los beneficios cardiovasculares siguen aumentando más allá de la pauta habitual y varían según el género y el tipo de alimento, advierte una investigación de la Universidad Edith Cowan
Por Santiago Abraldes
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Comer suficientes frutas y verduras es una recomendación respaldada tanto por la Organización Mundial de la Salud como por investigaciones recientes. Según informa la revista National Geographic España, el estudio observacional de la Universidad Edith Cowan respalda que consumir al menos 400 gramos de frutas y verduras al día —equivalente a cinco piezas diarias— puede reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes y ciertos tipos de cáncer.
Este hábito puede mejorar la salud de manera sencilla y accesible para la mayoría de la población. La pauta de “cinco al día” facilita la comprensión: una pieza equivale a lo que cabe en una mano.
Adoptar este objetivo diario no solo favorece el bienestar individual, sino que también tiene beneficios para el entorno y puede ser económico. A pesar de su simplicidad, el consumo insuficiente de frutas y hortalizas continúa siendo un problema global.
Esta carencia alimentaria es responsable de aproximadamente 1,7 millones de muertes cada año, mostrando el impacto real que tiene la dieta en la salud pública. Incrementar su presencia diaria resulta clave para la prevención.
En muchos países, la media de consumo diario de frutas y verduras sigue estando por debajo de las recomendaciones internacionales. Esta tendencia se traduce en el abandono progresivo de dietas tradicionales, como la mediterránea, famosa por su riqueza en productos frescos y variados que aportan nutrientes esenciales al organismo. La transición hacia patrones alimentarios más procesados incrementa los riesgos asociados.
La disminución del consumo de estos alimentos repercute directamente en la salud de la población y en la incidencia de enfermedades crónicas ligadas a la alimentación. Mantener una dieta rica en frutas y verduras no solo ayuda a prevenir problemas cardiovasculares, sino que también reduce el riesgo de otras enfermedades no transmisibles. Recuperar hábitos tradicionales puede ser un paso eficaz hacia una mejor calidad de vida.
El límite recomendado de cinco piezas diarias debe interpretarse siempre como un mínimo y no como una meta final. Investigaciones recientes muestran que los beneficios asociados al consumo de verduras siguen aumentando hasta alcanzar cinco porciones al día, mientras que en el caso de las frutas, el efecto positivo se estabiliza en torno a tres. La protección cardiovascular máxima se relaciona con diez raciones diarias.
Incrementar el consumo de frutas y verduras reduce significativamente el riesgo de muerte. Una pieza extra al día puede disminuir ese riesgo en un 10 %; alcanzar cinco raciones supone una reducción del 30 %, y llegar a diez eleva el beneficio al 40 %. Priorizar las verduras sobre las frutas aporta ventajas adicionales según los estudios disponibles, reforzando la importancia de una dieta variada y constante.
El análisis realizado por la Universidad Edith Cowan introduce un enfoque novedoso: los efectos cardioprotectores de las verduras varían según el sexo. El estudio, que analizó datos de 638 participantes jóvenes, observó que los hombres que consumen más legumbres —como alubias, lentejas y guisantes— presentan menos signos tempranos de alerta de enfermedad cardíaca. Este grupo se beneficia especialmente de los compuestos presentes en estos alimentos.
En el caso de las mujeres, el consumo regular de verduras crucíferas —brócoli, coliflor y repollo— se asocia a una menor probabilidad de desarrollar diabetes y enfermedades cardíacas. Estos resultados sugieren que no todas las verduras ofrecen la misma protección, y que los beneficios pueden depender tanto del tipo de alimento como del género de la persona. La personalización de la dieta puede potenciar estos efectos positivos.
Aunque los hallazgos aportan nuevas pistas para recomendaciones nutricionales más precisas, es fundamental recordar que el estudio tiene carácter observacional. Este tipo de investigaciones puede identificar asociaciones relevantes, pero no probar que el consumo de ciertas verduras sea la causa directa de los beneficios observados. La relación causal necesita pruebas más robustas y prolongadas en el tiempo.
Los propios autores subrayan la necesidad de realizar estudios dietéticos a largo plazo para llegar a conclusiones definitivas y diseñar políticas de salud pública eficaces. A pesar de estas limitaciones, los expertos coinciden en que aumentar la cantidad de verduras en la dieta es seguro y recomendable para la mayoría, salvo en casos de condiciones médicas específicas. El consenso es claro: sumar más verduras siempre aporta beneficios.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Cómo el Parkinson puede deteriorar la voz antes de que aparezcan otros síntomas
La inteligencia artificial detectó cambios tonales y de volumen antes que las señales motoras clásicas, mientras especialistas advierten que entre el 75 % y el 90 % de los pacientes desarrollan disartria en algún momento de la enfermedad
Por Ismael Yasnikowski
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La enfermedad de Parkinson produce cambios notorios en la voz, lo que dificulta la comunicación y afecta la calidad de vida de quienes la padecen. Un artículo revisado por el Dr. Kiran Chaudhari, científico médico de la University of North Texas Health Science Center y publicado en la plataforma MyParkinsonsTeam, señala que la disartria —un trastorno del habla relacionado con la debilidad o el escaso control de los músculos responsables del habla— suele surgir en las primeras etapas y se intensifica con el avance de la enfermedad. Entre el 75 % y el 90 % de las personas diagnosticadas desarrollan este problema.
Por otra parte, un estudio publicado en la revista científica Frontiers in Digital Health utilizó inteligencia artificial para analizar grabaciones de voz de pacientes con Parkinson y detectó que los cambios en la voz aparecen incluso antes que los síntomas motores tradicionales. Los investigadores identificaron una reducción en la variación tonal, un incremento de la voz ronca y una disminución del volumen como señales tempranas.
Existen diferentes tipos de disartria asociadas al Parkinson, cada una con causas específicas y diversas manifestaciones. La disartria hipocinética resulta de la debilidad muscular y la rigidez producidas por el avance de la enfermedad. Esta rigidez puede afectar la caja torácica y el diafragma, limitando el control sobre la respiración y obligando a las personas a hablar desde el abdomen.
Según el artículo revisado por el especialista, los músculos de la laringe pierden funcionalidad, lo que ocasiona una fonación débil y problemas para modular el tono. El habla adquiere un tono monótono y ronco, con dificultades para articular palabras.
Por otro lado, la disartria hipercinética aparece en menor proporción y suele estar relacionada con el uso prolongado de ciertos medicamentos para la enfermedad. Este tipo se caracteriza por movimientos involuntarios e inestabilidad muscular, lo que genera un habla entrecortada y variable en velocidad y volumen. Algunos pacientes pueden experimentar una combinación de ambos tipos, generando un discurso irregular en ritmo y entonación.
Las dificultades para hablar impactan no solo en la vida diaria, sino también en las relaciones personales y en el bienestar emocional. La enfermedad altera la percepción que las personas tienen de su propia voz. Muchas no advierten que hablan en tono más bajo y creen que su volumen es el habitual, lo que complica aún más la comunicación con el entorno.
Aunque la causa exacta de este fenómeno no se comprende por completo, especialistas sugieren que podría estar relacionada con la dificultad para reconocer emociones en el habla, otro efecto frecuente del Parkinson. Según el medio digital, la disartria suele aparecer antes que la disfagia —el trastorno que afecta la masticación y la deglución—, y puede indicar un avance en la progresión de la enfermedad.
Ante estos desafíos, la terapia del habla se consolida como la principal vía para mejorar la comunicación en personas con Parkinson. Un logopeda puede evaluar la causa precisa de la dificultad y proponer intervenciones adaptadas a cada caso, como ejercicios vocales específicos o rutinas de respiración.
El entrenamiento respiratorio intensivo refuerza los músculos implicados en el habla y contribuye a lograr una comunicación más clara y estable. Prácticas como la respiración diafragmática o la acumulación de aire pueden integrarse fácilmente en las actividades cotidianas.
Además de la terapia tradicional, existen dispositivos de apoyo, como el auricular SpeechVive, que ayuda a aumentar el volumen de la voz, y amplificadores personales que mejoran la audición del interlocutor. Las herramientas tecnológicas, incluyendo aplicaciones móviles y convertidores de texto a voz, también brindan opciones para quienes enfrentan mayores dificultades en el habla.
Profesionales de la salud recomiendan consultar a un médico o neurólogo para acceder a programas de rehabilitación y recibir orientación sobre los recursos disponibles. Iniciar un tratamiento de manera temprana y mantenerlo en el tiempo favorece la conservación de la capacidad de comunicación, el bienestar y los vínculos sociales.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
El envejecimiento cerebral en 34 países reabre el debate sobre prevención y deja un dato que cambia el foco
En el Día Mundial del Cerebro, un estudio internacional reveló que el riesgo de desarrollar enfermedades neurológicas depende de una combinación de factores ambientales, sociales y de estilo de vida. El análisis evaluó miles de casos y decenas de variables del contexto, y concluyó que el efecto conjunto de esos elementos tiene mayor impacto que cada factor considerado por separado
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El envejecimiento cerebral no depende solo de la dieta, el ejercicio o la estimulación mental: un estudio internacional liderado por el Centro de Neurociencias Cognitivas de la Universidad de San Andrés concluyó que la exposición combinada a factores ambientales, sociales y políticos puede acelerar ese deterioro hasta nueve veces, con efectos que en algunos casos igualan o superan a los de enfermedades neurodegenerativas.
La investigación, publicada en Nature Medicine, analizó 18.701 personas de 34 países y evaluó 73 factores agregados del entorno, desde la contaminación del aire y la calidad del agua hasta la desigualdad socioeconómica, el acceso a la atención sanitaria y la estabilidad institucional. Según el trabajo, esa combinación explica hasta 15,5 veces mejor el envejecimiento cerebral que el análisis aislado de cada variable.
Cada 22 de julio se conmemora el Día Mundial del Cerebro, una fecha impulsada por la Federación Mundial de Neurología (WFN) para promover el cuidado de la salud cerebral y concientizar sobre la prevención de las enfermedades neurológicas. La jornada pone el foco en la adopción de hábitos saludables, la detección temprana de factores de riesgo y la reducción del impacto de patologías como el Alzheimer, el Parkinson, los accidentes cerebrovasculares (ACV) y la epilepsia.
El dato desplaza el foco clásico de la prevención. Durante años, las recomendaciones para proteger el cerebro se concentraron en decisiones individuales, pero el nuevo trabajo plantea que el riesgo también se organiza a escala colectiva y que el cerebro responde a la suma de las condiciones en las que vive una persona.
Agustina Legaz, investigadora del Centro de Neurociencias Cognitivas de la Universidad de San Andrés y una de las autoras del estudio, describió ese cambio de enfoque al señalar: “habitualmente, las recomendaciones en la consulta clínica se centran en el estilo de vida individual: hacer más ejercicio, mantener la estimulación cognitiva y cuidar la dieta”. Añadió que, aunque esos lineamientos son importantes, existe “una dimensión más amplia, de carácter social y ambiental, que también influye y debe ser considerada”.
El trabajo no apunta a un único factor de riesgo, sino a la interacción entre múltiples exposiciones físicas y sociales. El estudio sostiene que esos elementos no operan de forma lineal, sino con efectos combinados que potencian el desgaste cerebral.
Esa lectura cambia la escala del problema: respirar aire contaminado, vivir en una sociedad más desigual o atravesar contextos de inestabilidad política deja de ser un telón de fondo y pasa a ser una variable en la salud cerebral. La investigación plantea que las inequidades ambientales pueden moldear el envejecimiento del cerebro.
Legaz vinculó ese hallazgo con políticas públicas. En vísperas del Día Mundial del Cerebro, que se celebra el 22 de julio, afirmó: “es necesario poner mayor foco en políticas públicas orientadas a mejorar la calidad del ambiente y a fortalecer las instituciones democráticas, para promover la salud cerebral de la población más allá de las estrategias de prevención individuales”.
En un segundo trabajo reciente, investigadores del mismo centro plantearon otro corrimiento conceptual: sustituir la metáfora de la mente como una computadora por una comparación con la música. El estudio fue publicado en Neuroscience & Biobehavioral Reviews y sostiene que una composición musical permite entender mejor cómo el cerebro integra información, anticipa, aprende y se adapta al contexto.
Agustín Ibáñez, investigador del CNC, explicó: “las viejas metáforas funcionan bien cuando los dominios son similares, como la memoria de corto y largo plazo en la mente y en una computadora, pero resultan menos eficientes ante aspectos como el cuerpo, la cultura, la intersubjetividad o la dinámica espaciotemporal”.
El planteo apunta a revisar una de las imágenes más extendidas en neurociencia. Para Ibáñez: “tradicionalmente, entendemos la cognición como fotos abstractas, mientras que la música nos permite verla en movimiento, en el espacio-tiempo”.
Según el equipo, ese cambio no quedaría limitado al plano teórico. La propuesta permite investigar el cerebro y diseñar estrategias de diagnóstico, rehabilitación y neurotecnologías.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/