Una innovadora terapia logró eliminar la placas de beta amiloide en un paciente con Alzheimer: cómo funciona

Una innovadora terapia logró eliminar la placas de beta amiloide en un paciente con Alzheimer: cómo funciona

Una innovadora terapia logró eliminar la placas de beta amiloide en un paciente con Alzheimer: cómo funciona

El análisis post mortem de un hombre con deterioro cognitivo leve permitió comparar zonas vecinas del cerebro con respuestas distintas al tratamiento. El caso aportó evidencia humana poco frecuente sobre la relación entre tau, inflamación y daño neuronal

Por Constanza Almirón

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La idea de que una medicina pueda “limpiar” el cerebro suena a ciencia ficción, pero un hallazgo presentado esta semana aportó una imagen muy concreta —y poco habitual— de lo que podría ocurrir cuando ese objetivo se cumple.

En el cerebro de un hombre de unos 50 años con deterioro cognitivo leve debido a alzheimer, tratado con una terapia antiamiloide, los investigadores observaron un contraste nítido: en las zonas donde desaparecieron las placas de beta amiloide casi no se detectaron ovillos de tau; en áreas vecinas donde el amiloide persistió, se concentraron más señales de daño, inflamación y neurodegeneración.

El análisis se basó en el cerebro de un participante fallecido de un ensayo clínico. De acuerdo con la Perelman School of Medicine at the University of Pennsylvania, el caso aportó una de las pruebas humanas más directas hasta ahora de la relación biológica entre la eliminación del amiloide y la acumulación posterior de tau. Los resultados fueron presentados en la Conferencia Internacional de la Asociación de Alzheimer y se publicaron de forma simultánea en JAMA.

Esta enfermedad es la forma más frecuente de demencia y representa uno de los mayores desafíos para los sistemas de salud. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de 57 millones de personas viven con algún tipo de demencia en el mundo, con unos 10 millones de nuevos diagnósticos cada año.

Dentro de ese total, el alzheimer concentra entre el 60% y el 70% de los casos. Las proyecciones indican que, hacia 2050, esta cifra podría triplicarse debido al envejecimiento de la población, lo que plantea un desafío creciente para los sistemas de salud, la economía y las familias. Este contexto refuerza la necesidad de estrategias de prevención que puedan aplicarse antes de que aparezcan los primeros síntomas.

La observación central surgió de una comparación dentro de un mismo cerebro expuesto a desenlaces distintos tras el tratamiento. Donde la limpieza de placas de beta amiloide fue amplia, el equipo halló poca o ninguna señal de ovillos de tau.

En cambio, allí donde el amiloide permaneció, los especialistas encontraron más patología tau, inflamación y signos de neurodegeneración. Esa diferencia, dentro de un mismo caso, permitió contrastar regiones vecinas con “respuestas” biológicas distintas frente a una terapia dirigida a retirar el amiloide.

David Wolk, codirector del Penn Memory Center y director del Penn Alzheimer’s Disease Research Center, afirmó en un comunicado de la universidad que observar ambos patrones de la enfermedad lado a lado en un mismo cerebro les dio una oportunidad poco frecuente para comprender cómo la eliminación del amiloide impacta sobre otras proteínas que también contribuyen al alzheimer.

Wolk añadió que los resultados ofrecen una de las pruebas humanas más claras hasta la fecha de que las terapias antiamiloide pueden limitar la acumulación de tau y frenar los cambios cerebrales que conducen a la pérdida de memoria y al deterioro cognitivo.

Dos proteínas ocupan un lugar central en la enfermedad de Alzheimer. La beta amiloide forma placas que se acumulan fuera de las células cerebrales, mientras la tau forma ovillos dentro de las neuronas.

Ambas se consideran vinculadas al daño de las células nerviosas que acaba causando pérdida de memoria, cambios de personalidad y alteraciones del pensamiento. Durante años, los científicos sospecharon que la acumulación de amiloide favorece la aparición posterior de tau, pero tuvieron pocas oportunidades de comprobar de forma directa qué ocurre cuando el amiloide se retira.

Se puede entender mejor con una simple analogía: si el amiloide fuera barro que se endurece en los desagües de una casa, la tau sería el atasco que aparece después dentro de las cañerías. La pregunta es si remover el barro a tiempo evita que el bloqueo avance por el resto del sistema. En este caso, la comparación regional sugirió que, al menos en algunas zonas, la limpieza del amiloide se asoció con menos tau.

Esa escasez de pruebas directas tiene una explicación práctica. Son pocos los pacientes tratados con terapias antiamiloide que llegan a autopsia, de modo que faltan observaciones humanas que permitan comparar el estado real del tejido cerebral tras el tratamiento.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

Por qué es tan fácil confundirse con el día y cuándo es una señal de alarma

Por qué es tan fácil confundirse con el día y cuándo es una señal de alarma

Por qué es tan fácil confundirse con el día y cuándo es una señal de alarma

La ciencia de los ritmos circadianos explica cómo el reloj interno y el sueño influyen en la orientación temporal y distingue entre fallas atencionales esperables y signos que requieren evaluación profesional

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La desorientación con los días de la semana aparece con frecuencia en épocas de mucho trabajo, durante cambios de rutina o después de noches de mal descanso. Esa sensación de no recordar qué día es suele corregirse en segundos al mirar el calendario o el celular y, en la mayoría de los casos, responde a un desajuste transitorio de la atención y del ritmo de vida más que a una enfermedad neurológica. Aun así, cuando la confusión se vuelve reiterada o se combina con otros signos, puede encender una alerta sobre el estado del cerebro y del sueño.

El punto de partida para entender este fenómeno es el papel de los ritmos circadianos, el sistema interno de “relojes” que organiza sueño, vigilia, memoria y estado de ánimo en ciclos de alrededor de 24 horas.

Una revisión sobre regulación circadiana de la cognición publicada en Neuroscience & Biobehavioral Reviews describe cómo estos ritmos modulan la capacidad de aprender y recordar información a lo largo del día y cómo la desalineación por cambios horarios, trabajo nocturno o jet lag afecta de forma directa el rendimiento cognitivo.

La investigación reciente se concentra en un aspecto clave para el bienestar: hasta qué punto esa confusión ocasional forma parte de lo esperable y en qué momento la desorientación temporal pasa a señalar un trastorno del sueño, un desajuste de los ritmos circadianos, un problema de salud mental o un deterioro cognitivo inicial.

Los estudios apuntan a que la calidad y la estabilidad de los ritmos de actividad y descanso, más que solo la cantidad de horas dormidas, se vinculan con la preservación del volumen cerebral y con un menor riesgo de cambios estructurales asociados con enfermedades neurodegenerativas.

Los ritmos circadianos son ciclos internos que regulan sueño, vigilia, temperatura corporal, liberación hormonal y rendimiento cognitivo. Según la revisión de Neuroscience & Biobehavioral Reviews, la memoria y la atención varían con la hora del día en función de la fase del reloj interno.

Cuando ese reloj se desajusta por cambios bruscos de horario, trabajo nocturno, jet lag o exposición intensa a luz artificial en horarios biológicamente inusuales, aumentan los errores cotidianos, entre ellos la dificultad para ubicar el día o el momento de la semana.

Una revisión sobre ritmos circadianos y salud mental, publicada en Sleep Medicine Reviews, detalla que la desincronización generada por el trabajo por turnos, el jet lag o la luz artificial nocturna se asocia con más síntomas afectivos, alteraciones del sueño y quejas cognitivas.

En ese trabajo se destaca que los cambios en la fase, la amplitud y la estabilidad de los ritmos internos se vinculan con un mayor riesgo de trastornos del ánimo y con problemas como la sensación de “perder la cuenta de los días”.

La revisión de Sleep Medicine Reviews subraya que esos cuadros expresan una discordancia sostenida entre el reloj interno y las demandas sociales, algo que repercute en la organización temporal de la experiencia, incluso en tareas sencillas como ubicar una jornada en el calendario.

La relación entre cómo se distribuye la actividad a lo largo del día y la salud cerebral empezó a medirse de forma más precisa. Un estudio en personas mayores sin deterioro cognitivo combinó acelerómetros de muñeca, para registrar sus patrones de movimiento y reposo, con resonancias magnéticas, con el objetivo de analizar áreas claves como el hipocampo, el parahipocampo y la amígdala.

Los resultados, divulgados por el sitio de noticias científicas Medical News Today, mostraron que los participantes con ritmos diarios menos fragmentados, con períodos de actividad y descanso más sostenidos, presentaron volúmenes mayores en esas regiones vinculadas con la memoria y la emoción.

Según explicaron los autores, el indicador central fue la fragmentación del ritmo de actividad-descanso, es decir, la frecuencia con la que una persona alterna entre estar activa e inactiva. Asimismo, la importancia de los ritmos circadianos también se refleja en una propuesta de definición de “salud circadiana” publicada en Sleep Medicine Reviews.

El artículo plantea que, además de la fase y la amplitud de los ritmos biológicos, deben evaluarse la estabilidad de las conductas diarias, la regularidad de los horarios y las quejas de sueño relacionadas con la desalineación entre el reloj interno y la vida cotidiana.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

Por qué el colesterol puede subir en invierno y cómo reducir el riesgo de infarto en los meses más fríos

Por qué el colesterol puede subir en invierno y cómo reducir el riesgo de infarto en los meses más fríos

Por qué el colesterol puede subir en invierno y cómo reducir el riesgo de infarto en los meses más fríos

Un análisis con 30.000 pacientes confirmó que quienes padecen diabetes, hipertensión u obesidad pueden registrar aumentos de LDL de hasta 15 mg/dL en invierno, lo que eleva de forma considerable su probabilidad de sufrir un evento cardíaco

Por Ismael Yasnikowski

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Durante el invierno, los valores de colesterol tienden a incrementarse en la mayoría de las personas, incluso en quienes mantienen su dieta y rutina habitual. La revista especializada en salud NexIn Health informó que los ataques cardíacos pueden incrementarse hasta un 30% durante los días fríos, un patrón que los científicos asocian a cambios fisiológicos y de comportamiento propios de la temporada. Esta situación resulta especialmente preocupante para quienes ya padecen enfermedades cardiovasculares, más vulnerables frente a estas variaciones.

Según el informe, el clima frío provoca que la sangre se vuelva más espesa y contribuye a elevar los lípidos en sangre, lo que incrementa el riesgo de formación de placas y obstrucciones arteriales. Los especialistas también advierten que la disminución de vitamina D, fundamental para el metabolismo lipídico, puede alcanzar hasta un 50% en los meses invernales, intensificando los riesgos para quienes presentan antecedentes cardíacos.

Un estudio internacional reciente refuerza este fenómeno. Analizando datos de 2,8 millones de adultos en Estados Unidos, el Centro Ciccarone de Johns Hopkins detectó que el colesterol LDL (“malo”) es en promedio un 3,5% más alto en hombres y un 1,7% más alto en mujeres durante el invierno respecto del verano.

La llegada del invierno desencadena una serie de respuestas adaptativas en el organismo. Para conservar el calor, el cuerpo modifica la circulación sanguínea y la composición de la sangre. Según datos citados por NexIn Health, los niveles de LDL pueden aumentar entre un 3% y un 4% durante la temporada invernal, mientras que el HDL (colesterol “bueno”) tiende a disminuir. Este fenómeno se observa incluso en personas que mantienen una alimentación saludable durante todo el año.

Investigaciones recientes revelan que la menor exposición a la luz solar reduce la síntesis de vitamina D, lo que afecta la capacidad del organismo para procesar y eliminar los lípidos de las arterias. Además, el frío desencadena vasoconstricción, espesa la sangre y favorece la formación de coágulos, factores que explican el incremento de episodios cardíacos en personas con enfermedades previas.

Entre los datos más llamativos, los especialistas consultados advierten que los valores totales pueden aumentar entre 8 y 10 mg/dL en invierno, y la incidencia de infartos sube hasta un 35% en los meses más fríos, especialmente entre diciembre y febrero.

Durante el invierno, las preferencias alimenticias suelen cambiar. El consumo de platos ricos, calóricos y reconfortantes, como sopas cremosas, carnes procesadas y postres a base de lácteos, favorece el aumento de lípidos en sangre. Según la información difundida, en esta época se consumen entre 200 y 300 calorías adicionales por día, principalmente en forma de grasas saturadas y azúcares refinados.

La actividad física también desciende de manera significativa durante los meses fríos. Los especialistas calculan que baja un 40% en invierno, lo que favorece el aumento de peso y reduce la producción de HDL, debilitando la protección natural del corazón frente al exceso de colesterol dañino. El sedentarismo y los cambios de dieta se agravan por las celebraciones y reuniones sociales frecuentes en esta época, donde los alimentos ricos en manteca y harinas refinadas predominan en la mesa.

Un estudio europeo con 30.000 pacientes, citado por el portal de salud, mostró que las personas con diabetes experimentan picos aún mayores de LDL en la temporada invernal, con aumentos de hasta 15 mg/dL. Este patrón estacional afecta no solo a individuos con antecedentes cardíacos, sino también a quienes presentan factores de riesgo como hipertensión, obesidad o diabetes.

Ante el aumento comprobado de lípidos y eventos cardíacos en invierno, las sociedades médicas internacionales recomiendan intensificar los controles y adaptar hábitos cotidianos. El seguimiento médico resulta fundamental: los cardiólogos suelen ajustar la medicación durante el invierno, especialmente en personas con antecedentes de infarto o desbalances persistentes. Medicamentos como estatinas, ezetimiba y fibratos forman parte del arsenal terapéutico habitual.

En cuanto a la alimentación, se aconseja priorizar productos que ayudan a reducir el colesterol, como avena, cebada, frutos secos, semillas y vegetales de hoja verde. Las recetas invernales pueden incluir sopas de verduras y cereales integrales, pescado a la plancha y legumbres cocidas con poco aceite. La hidratación adecuada y el consumo regular de infusiones calientes también colaboran en el control metabólico.

El ejercicio físico, adaptado a espacios interiores en caso de temperaturas extremas, mantiene el metabolismo activo y favorece la salud cardiovascular. Levantarse y moverse cada hora, utilizar escaleras en vez de ascensores y practicar ejercicios de respiración profunda son hábitos recomendados por especialistas.

Algunos métodos naturales, empleados como complemento y siempre bajo supervisión médica, incluyen extractos de plantas como la corteza de Arjuna, guggul y triphala, así como opciones homeopáticas como Crataegus. Ningún tratamiento alternativo debe reemplazar la medicación convencional sin la aprobación del profesional de la salud.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

Miden por primera vez el comportamiento del hierro en condiciones similares al núcleo de la Tierra

Miden por primera vez el comportamiento del hierro en condiciones similares al núcleo de la Tierra

Miden por primera vez el comportamiento del hierro en condiciones similares al núcleo de la Tierra

13 de julio de 2026
Miden por primera vez el comportamiento del hierro en condiciones similares al núcleo de la Tierra

Se trata de un estudio internacional del que participaron investigadores del CONICET.

CIENCIAS EXACTAS Y NATURALES

El estudio internacional, del que participaron investigadores del CONICET, aporta nueva información para comprender el origen del campo magnético terrestre, la velocidad de las ondas sísmicas y la evolución de otros planetas rocosos.

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Un equipo internacional de investigación, del que participaron científicos del CONICET, logró medir por primera vez la resistencia dinámica del hierro (Fe) bajo condiciones de presión y temperatura comparables a las del núcleo interno de la Tierra. El estudio, publicado recientemente en la revista Nature Communications, aporta nueva información para comprender la velocidad con la que se transmiten las ondas sísmicas, explicar el origen del campo magnético terrestre y entender cómo evolucionan otros planetas rocosos o asteroides con núcleos similares.

“La resistencia dinámica podría describirse, de manera simplificada, como la “dureza” de un material. La resistencia depende de la velocidad con la que un material se deforma. En la mayoría de los estudios, la deformación se evalúa a velocidades muy bajas, por eso se habla de “dureza” estática o cuasiestática. En cambio, en este estudio, para medir la resistencia del hierro se aplicó una velocidad de deformación muy alta; por eso se habla de resistencia dinámica”, explica Eduardo Bringa, investigador del CONICET en el Grupo de Simulaciones en Materiales, Astrofísica y Física (SIMAF) de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Mendoza (UM), quien formó parte del equipo que llevó adelante el estudio.

Según el científico, las condiciones extremas del centro de la Tierra incluyen presiones de entre tres y cuatro millones de atmósferas y temperaturas de entre 4000 y 7000 grados centígrados. Hasta el momento, no existían experimentos con hierro bajo estas condiciones. Para reproducirlas, el equipo científico combinó experimentos realizados en el National Ignition Facility (NIF), del Lawrence Livermore National Laboratory, de Estados Unidos, con simulaciones computacionales avanzadas.

Los experimentos realizados en el NIF permitieron efectuar diagnósticos ultrarrápidos de rayos X y técnicas ópticas para seguir la evolución del material mientras se deformaba. Posteriormente, los datos experimentales fueron interpretados con ayuda de simulaciones hidrodinámicas (a escala microscópica) y de Dinámica Molecular (escala atómica), lo que permitió obtener una imagen más completa de la respuesta del hierro bajo estas condiciones.

Las simulaciones computacionales fueron llevadas a cabo y analizadas, además de Bringa, por Orlando Deluigi, becario posdoctoral del CONICET en el SIMAF, y Carlos Ruestes, investigador de la Universidad Politécnica de Madrid (España) y miembro del SIMAF hasta 2019. “Los experimentos permiten alcanzar condiciones extraordinarias, pero para entender qué ocurre dentro del material es necesario observar la respuesta a escala atómica. Las simulaciones utilizando la técnica de Dinámica Molecular ayudan a conectar las medidas experimentales con los mecanismos microscópicos de deformación del hierro”, señala el científico.

Cabe destacar que las simulaciones realizadas en la Universidad de Mendoza anticiparon los resultados del experimento, lo que pone de manifiesto el potencial de laboratorios virtuales para complementar resultados experimentales complejos.

El estudio revela que el hierro sometido a altas presiones sufre una reorganización de sus átomos que modifica su microestructura y afecta su comportamiento mecánico final. Esta información permite comprender mejor la dinámica del núcleo interno terrestre, compuesto aproximadamente en un ochenta y cinco por ciento por este material. Los resultados son relevantes ya que aportan nuevos datos para comprender la dinámica interna de la Tierra y de otros planetas similares.

“La “dureza” del centro de la Tierra determina la velocidad de transmisión de las ondas sísmicas a través del planeta, un parámetro necesario para mejorar las estimaciones de localización y magnitud de sismos. Esta dureza también influye en los mecanismos que generan el campo magnético terrestre, ya que modifica el acoplamiento mecánico y químico entre el centro sólido y el líquido que lo rodea. Además, resulta clave para comprender colisiones de asteroides y contribuye al estudio de otros planetas que también pueden tener núcleos de hierro, uno de los materiales más comunes en el universo”, concluye el científico.

El trabajo multidisciplinario reunió a investigadores de Lawrence Livermore National Laboratory, University of California, San Diego; Universidad Politécnica de Madrid, SLAC National Accelerator Laboratory, Stanford University y otras instituciones colaboradoras. La participación del CONICET, la Universidad de Mendoza y la Universidad Politécnica de Madrid refuerza la contribución de la investigación iberoamericana a estudios internacionales sobre materiales sometidos a condiciones extremas.

Referencia bibliográfica:

KIM, YJ., et al. Dynamic strength of iron under pressure-temperature conditions of Earth’s inner core. Nature Communications, 2026, vol. 17. DOI: 10.1038/s41467-026-72210-4

Por Leonardo Fernández – Área de Comunicación CONICET Mendoza

Fuente: https://www.conicet.gov.ar/noticias-conicet/

Un estudio advierte que uno de cada tres adultos duerme menos de lo recomendado: el impacto sobre el control del peso

Un estudio advierte que uno de cada tres adultos duerme menos de lo recomendado: el impacto sobre el control del peso

Un estudio advierte que uno de cada tres adultos duerme menos de lo recomendado: el impacto sobre el control del peso

Un reciente análisis científico vincula el descanso insuficiente con aumentos en el peso corporal y la cintura, mientras los expertos insisten en priorizar el sueño dentro de los hábitos para adelgazar. Además advierten que el descanso impacta en la salud cardiovascular

Por Ismael Yasnikowski

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Dormir menos de lo habitual suele traducirse en un aumento de peso y en una mayor circunferencia de la cintura. Una investigación publicada en la revista científica Annals of Internal Medicine y citada por el medio estadounidenses Prevention, señala que el descanso nocturno resulta tan relevante como la alimentación y la actividad física para quienes buscan controlar su peso.

En un experimento con adultos que redujeron sus horas de sueño durante seis semanas, se registraron incrementos en el peso corporal y en el perímetro abdominal. Los especialistas sostienen que la falta de sueño afecta el metabolismo, estimula el apetito y reduce la actividad física, lo que dificulta el objetivo de adelgazar.

El estudio incluyó a 95 adultos que habitualmente dormían al menos siete horas por noche. Durante seis semanas, los participantes redujeron una hora y media sus horas de descanso. El análisis mostró que el peso corporal promedio aumentó medio kilo y la circunferencia de la cintura se incrementó en 0,52 centímetros. Además, el tiempo diario en estado sedentario subió en 17,2 minutos entre quienes durmieron menos.

Según la profesora Dra. Marie-Pierre St-Onge, directora del Centro de Excelencia para la Investigación del Sueño y los Ritmos Circadianos en el Centro Médico Irving de la Universidad de Columbia, “reducir las horas de sueño lleva a comer en exceso en comparación con las noches de descanso reparador”. Los médicos destacan que uno de cada tres adultos en Estados Unidos no llega a dormir las siete horas recomendadas, lo que convierte al descanso insuficiente en un problema de salud pública.

La neuróloga Dra. Beth Malow, jefa de la División de Trastornos del Sueño en Vanderbilt Health, explica que la fatiga por falta de sueño disminuye la probabilidad de realizar actividad física. “Las personas que no duermen lo suficiente también pueden comer durante la noche cuando deberían estar descansando”, afirma la especialista.

En tanto, el director médico del Centro de Cirugía Bariátrica MemorialCare, Dr. Mir Ali, añade que el sueño insuficiente reduce la sensibilidad a la insulina, lo que dificulta la metabolización de los azúcares y favorece la acumulación de grasa. “Como resultado, es posible que no metabolices los azúcares tan bien y que acumules más grasa”, subraya el especialista.

Los expertos consultados por la revista científica coinciden en que la privación de sueño modifica las hormonas que regulan el apetito, lo que puede llevar a comer más de lo necesario. Además, señalan que todos estos factores aumentan el riesgo de enfermedades cardiometabólicas si el déficit de descanso se prolonga.

Las declaraciones de los médicos resaltan que dormir bien no solo ayuda a controlar el peso, sino que también favorece el funcionamiento cognitivo y la toma de decisiones. La científica pionera en el campo de la salud del sueño, Marie-Pierre St-Onge sostiene que los centros cerebrales implicados en el control cognitivo muestran mayor actividad cuando las personas descansan adecuadamente. Este efecto se extiende a la alimentación y la actividad física.

Dormir más también se asocia con una presión arterial más baja, mejor sensibilidad a la insulina y niveles inferiores de estrés oxidativo, factor vinculado a enfermedades graves como el cáncer y los problemas cardiovasculares.

Los especialistas insisten en que quienes desean perder peso deben prestar atención a sus hábitos de sueño, además de cuidar la dieta y el nivel de actividad física. La doctora Beth Malow aconseja piorizar el sueño. “Es tan importante como la alimentación”, sostiene.

En paralelo el médico, Mir Ali sugiere dormir entre siete y nueve horas por noche, aunque en personas mayores de 65 años el rango puede acercarse a siete horas. El especialista recomienda escuchar al propio cuerpo y ajustar el horario de descanso de acuerdo con las necesidades personales.

El consenso entre los expertos citados por el artículo científico apunta a que el sueño adecuado debe sumarse como un pilar fundamental en cualquier plan para perder peso y mejorar la salud metabólica, junto con la alimentación y la actividad física.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

La sorprendente rutina de ejercicios que ayuda a bajar la presión arterial en tiempo récord

La sorprendente rutina de ejercicios que ayuda a bajar la presión arterial en tiempo récord

La sorprendente rutina de ejercicios que ayuda a bajar la presión arterial en tiempo récord

Investigadores internacionales identificaron qué actividades físicas ofrecen resultados visibles en apenas un día, un hallazgo alentador para millones de personas que conviven con hipertensión

Por Ismael Yasnikowski

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Un estudio internacional mostró que la combinación de ejercicio aeróbico y entrenamiento de intervalos de alta intensidad logra reducir la presión arterial en personas con hipertensión en apenas 24 horas.

La investigación, publicada en la revista científica British Journal of Sports Medicine, analizó datos de más de 1.300 pacientes y aporta una perspectiva actualizada sobre el potencial de la actividad física como herramienta para enfrentar este problema de salud.

La hipertensión se mantiene como uno de los principales factores de riesgo para desarrollar enfermedades cardiovasculares y renales. De acuerdo con el Dr. Cliff Berger, jefe de cardiología del Hospital Beth Israel Deaconess-Needham en Massachusetts e instructor en la Facultad de Medicina de Harvard, “afecta a cerca del 45 % de los adultos en Estados Unidos”.

Menos de la mitad de quienes conviven con este diagnóstico consigue un control adecuado, según reportó la revista especializada en salud Prevention. La falta de control de la presión arterial incrementa el riesgo de infarto, accidente cerebrovascular y enfermedad renal.

El estudio publicado revisó 31 investigaciones previas y unificó los datos de 1.345 personas con hipertensión. El propósito fue comparar el efecto de distintas formas de ejercicio, entre ellas el entrenamiento aeróbico, los intervalos de alta intensidad (HIIT), el entrenamiento combinado y pilates, sobre los valores de presión arterial.

Los resultados evidenciaron que el ejercicio aeróbico junto con el entrenamiento de resistencia, así como el HIIT, fueron los métodos más efectivos para reducir la presión arterial sistólica y diastólica en un período de 24 horas. Según el doctor Berger, “este estudio simplemente confirmó los beneficios del ejercicio para la hipertensión”.

Además, destacó que “la novedad reside en que el análisis evaluó el efecto durante un día completo, lo que ofrece una perspectiva más realista que la obtenida con una sola medición en el consultorio”.

Por su parte, el médico estadounidense Amar Shere, especialista en cardiología no invasiva en el Hackensack University Medical Center de Nueva Jersey, coincidió en la relevancia de los hallazgos. Subrayó que “la evidencia es ahora más sólida para recomendar rutinas específicas de ejercicio en el tratamiento de la presión arterial alta”.

El doctor Shere explicó que el ejercicio físico favorece la salud vascular por diversos mecanismos. “Mejora la flexibilidad de los vasos sanguíneos, permitiendo que la sangre fluya con mayor facilidad y reduciendo la presión en las arterias”, detalló el especialista en declaraciones citadas por la revista Prevention.

Además, el entrenamiento físico contribuye a regular el sistema nervioso, lo que también favorece el control de la presión arterial. El movimiento intencional, como levantar pesas o caminar a paso rápido, puede producir mejoras en la sensibilidad a la insulina, reducir la inflamación y el daño oxidativo, agregó el doctor Berger.

Para quienes padecen hipertensión, el estudio sugiere que realizar rutinas de entrenamiento aeróbico y de intervalos de alta intensidad durante al menos cuatro semanas puede generar descensos sostenidos tanto en la presión sistólica como en la diastólica.

Aunque los resultados respaldan la eficacia de estas rutinas, los especialistas consultados enfatizaron que toda actividad física aporta beneficios para la salud cardiovascular. “Lo más importante es encontrar un tipo de ejercicio que disfrutes y puedas realizar de manera constante”, recomendó el doctor Shere.

Además de la práctica regular de ejercicio, existen otras intervenciones no farmacológicas que han mostrado utilidad en el control de la hipertensión arterial. Entre ellas, destacan mantener una dieta baja en sodio, moderar el consumo de alcohol, mejorar la calidad del sueño y reducir la exposición a ruidos y contaminación ambiental. El doctor Berger sugirió que cada persona consulte con su médico para definir el conjunto de medidas más apropiado, en función de sus necesidades y condiciones particulares.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/