Cuántos volcanes activos hay en América Latina y por qué la protección a la población aún es insuficiente

Cuántos volcanes activos hay en América Latina y por qué la protección a la población aún es insuficiente

Cuántos volcanes activos hay en América Latina y por qué la protección a la población aún es insuficiente

Un estudio de 11 científicos de la región advierte que América Latina registra una de cada cinco erupciones del planeta y que los Estados actuaron históricamente después de los desastres, no antes. Qué medidas recomiendan los expertos para reducir riesgos

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América Latina tiene más de 300 volcanes activos. Concentra el 22% de todos los volcanes del planeta. Aunque hubo avances en la protección de la población, millones de personas que viven cerca de un volcán aún no cuentan con sistemas de alerta suficientes.

Once investigadores de instituciones científicas de la región publicaron un reporte en la revista Journal of South American Earth Sciences en el que advierten que la región produce una de cada cinco erupciones del mundo, y aun así no está totalmente preparada para proteger a su población.

El diagnóstico de los científicos de Argentina, Chile, Puerto Rico, México, Ecuador y Costa Rica es directo: la respuesta de los Estados ante los volcanes fue, durante décadas, reactiva. Eso significa que los gobiernos actuaron después de los desastres, no antes de que ocurrieran.

Para entender el problema, basta con recordar lo que pasó en Armero, Colombia, en 1985. La erupción del volcán Nevado del Ruiz fue pequeña, pero generó lahares, es decir, ríos de lodo volcánico caliente que bajan por las laderas a gran velocidad y arrasan todo a su paso, que sepultaron la ciudad mientras sus habitantes dormían. Murieron al menos 23.000 personas. Fue la cuarta erupción más mortífera de la historia.

El informe de los once científicos señala que esa tragedia “expuso fallas en múltiples niveles” y se convirtió en el punto de partida para que la región comenzara a tomarse en serio el riesgo volcánico.

Antes de Armero, el primer observatorio volcánico permanente gestionado por un país latinoamericano recién se había creado dos años antes, en 1983, en Ecuador.

El dato contrasta con Europa y Estados Unidos: el Observatorio Vesubiano de Italia lleva funcionando desde 1841, y el de Hawái desde 1912.

Desde la tragedia de Armero, América Latina avanzó. Hoy concentra alrededor del 25% de los observatorios volcánicos del mundo, con 16 instituciones en nueve países que vigilan los volcanes de forma permanente. Pero hay vacíos que persisten.

En diálogo con Infobae, el científico Pablo Forte, primer autor del trabajo, señaló: “La región avanzó en el monitoreo volcánico, pero aún tiene deudas pendientes. Además, la vulnerabilidad y la exposición al riesgo varían de un país a otro, e incluso de un volcán a otro”.

El ex presidente de la Asociación Latinoamericana de Volcanología (ALVO) e investigador del CONICET agregó que también se debe tener en cuenta que no todos los volcanes tienen actividad o están en áreas muy remotas con respecto a localidades en las que viven las personas. “El monitoreo a través de satélites también ayuda. Pero el monitoreo con instrumental en el volcán debería ser aumentado”, aseguró.

Bolivia es el caso más llamativo: es el único país de América del Sur con volcanes activos que no tiene ninguna institución dedicada a vigilarlos. Si uno de esos volcanes entrara en actividad, no habría sistema de alerta temprana. Esto significa que no hay allí un mecanismo oficial para avisar a la población con tiempo suficiente para evacuar.

El estudio también encontró que en varios observatorios de la región los recursos económicos y humanos son escasos, y que no existe un protocolo de alerta unificado para toda América Latina.

Hay otra brecha que el informe puso sobre la mesa: los científicos latinoamericanos están subrepresentados en los organismos internacionales donde se deciden las estrategias globales de prevención de desastres volcánicos.

“Los volcanólogos latinoamericanos han estado históricamente subrepresentados en las organizaciones internacionales globales, tanto en términos de participación como en roles de liderazgo”, advierte el artículo. Las razones van desde barreras económicas hasta la dificultad de publicar en inglés, el idioma que domina la ciencia mundial.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

Argentina y el fútbol, la fórmula para sanar heridas y crear pertenencia

Argentina y el fútbol, la fórmula para sanar heridas y crear pertenencia

Argentina y el fútbol, la fórmula para sanar heridas y crear pertenencia

Una especialista en psicología analizó con Infobae cómo la pasión por la camiseta nacional permite canalizar angustias sociales y transformar el dolor en pertenencia. Un estudio científico aporta datos sobre el impacto físico y emocional en los hinchas

Por Ismael Yasnikowski

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La Selección Argentina despierta emociones que superan lo que ocurre dentro de la cancha. Durante cada partido importante, las calles se paralizan, el país entero contiene la respiración y los abrazos entre desconocidos sellan un instante de pertenencia. Para muchos argentinos, el fútbol no representa solo un juego, sino un territorio donde la vida ofrece revancha y la esperanza se renueva.

Desde una perspectiva clínica y social, la licenciada Ornella Trotta, especialista en Psicología Aplicada al Deporte, explicó a Infobae que la pasión argentina surge de un mecanismo social profundo. El fútbol, señaló, actúa como un espacio simbólico donde se canalizan frustraciones, anhelos y esperanzas, permitiendo que la vida ofrezca revancha aunque sea por un instante. Resumió el fenómeno con una frase: “Para nosotros, la pelota es el único lugar donde la vida, por un ratito, nos da revancha”.

Sigmund Freud planteó en 1921 que las masas se constituyen cuando los individuos proyectan un mismo ideal. En el caso argentino, ese ideal se encarna en la camiseta celeste y blanca. Cuando juega la Selección, la individualidad se disuelve en una corriente de emociones compartidas. De acuerdo con la licenciada en psicología, “ya no sos vos con tus deudas, tus frustraciones o tu rutina de cada día. Sos parte de una marea gigante que vibra en la misma frecuencia”.

Trotta observó que este fenómeno se manifiesta cada vez que un gol argentino provoca abrazos espontáneos entre desconocidos, gestos que alivian la soledad mediante la comunión colectiva. Esta lógica de pertenencia no se limita al estadio o las calles, sino que también alcanza a quienes siguen el partido por televisión, generando un entramado emocional que une a millones de personas.

En ese sentido, un estudio científico realizado por la Universidad de Bielefeld de Alemania —conocido como “Football Fever Study”— aportó evidencia empírica sobre este fenómeno. La investigación midió datos vitales de 229 hinchas durante 12 semanas y comprobó que el ritmo cardíaco puede aumentar hasta un 36% en momentos de alta emoción, especialmente después de un gol.

Además, la presencia física en el estadio incrementa el estrés y la carga cardiovascular en comparación con quienes ven el partido en otros contextos. El consumo de alcohol dentro del estadio potencia aún más este efecto fisiológico.

Según la profesional, la memoria futbolística argentina encuentra su clímax en diversos encuentros y rivales, cuando un “dolor social o histórico se transforma en creación, arte o hazaña deportiva”. Un ejemplo que, incluso, caló hondo en la memoria colectiva (más aún después de la última semifinal): el enfrentamiento entre Argentina e Inglaterra en el Mundial de 1986, a escasos años de la Guerra de Malvinas.

“Aquel día, el sufrimiento de un país herido se transformó en poesía con Diego Maradona como símbolo», precisó a Infobae. Y agregó: “Ganarle a Inglaterra, con el gol más pícaro y el más perfecto, fue la forma en que el inconsciente colectivo argentino comenzó a elaborar lo sucedido».

La capacidad de sublimar el dolor a través del deporte se reactiva ante cada nueva final. El potrero —ese espacio de juego improvisado— representa la convicción de que siempre se puede emparejar la cancha, aun cuando el mundo se percibe injusto.

La psicóloga distinguió la resiliencia argentina de cualquier manual de autoayuda. “Nuestra resiliencia no es esa de frases hechas que te pide ‘vibrar alto’ o evitar el conflicto. La nuestra es áspera, curtida, con olor a asado, caídas y cicatrices. Es el recuerdo masticado de las finales perdidas, de las lágrimas en silencio, y de esa terquedad tan nuestra de volver a colgar la bandera al día siguiente”, describió.

No se trata de ganar siempre, sino de levantarse. “La Selección no nos representa porque gane siempre, sino porque se levanta siempre. Nos vemos reflejados en ellos porque juegan como vivimos: al límite, sufriendo más de la cuenta, pero con el orgullo intacto y la convicción de pelear hasta el último segundo del tiempo de descuento”, indicó la especialista.

Antes de la próxima final, Trotta subrayó que existe otra oportunidad para “mirarnos a los ojos, abrazar al que tenemos al lado y recordar que, pase lo que pase, nunca caminamos solos. ¿Cómo no vamos a volver a creer?”.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

Elaboran el mapeo más exhaustivo realizado hasta ahora de los ecosistemas argentinos

Elaboran el mapeo más exhaustivo realizado hasta ahora de los ecosistemas argentinos

Elaboran el mapeo más exhaustivo realizado hasta ahora de los ecosistemas argentinos

16 de julio de 2026
Elaboran el mapeo más exhaustivo realizado hasta ahora de los ecosistemas argentinos

El proyecto involucró la firma de un convenio de Asistencia Técnica entre la Asociación Argentina de Ecología (AsAE) y el CONICET y la participación de 15 unidades ejecutoras del Consejo distribuidas en todo el país. El producto será útil para el conocimiento y la gestión de los ecosistemas marinos, acuáticos continentales y terrestres argentinos.

El proyecto involucró la firma de un convenio de Asistencia Técnica entre la Asociación Argentina de Ecología (AsAE) y el CONICET y la participación de 15 unidades ejecutoras del Consejo distribuidas en todo el país. El producto será útil para el conocimiento y la gestión de los ecosistemas marinos, acuáticos continentales y terrestres argentinos.

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Más de 50 especialistas de 25 institutos y universidades nacionales (investigadores y técnicos), que involucró a 15 unidades ejecutoras del CONICET distribuidas en todo el país, trabajaron de manera coordinada para describir y caracterizar 12 ecosistemas marinos, 66 acuáticos continentales y 55 terrestres a lo largo y ancho de Argentina.

Se trata de un proyecto solicitado por la Dirección de Biodiversidad de la Subsecretaría de Ambiente, en su carácter de Secretaría Técnica de la Comisión Nacional Asesora para la Conservación y Utilización Sostenible de la Diversidad Biológica (CONADIBIO), en el marco de la elaboración del Séptimo Informe Nacional de Biodiversidad y financiado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

El proyecto también involucró la firma de un convenio de Asistencia Técnica entre la Asociación Argentina de Ecología (AsAE) y el CONICET y la participación de 15 unidades ejecutoras del Consejo distribuidas en todo el país.

“El resultado es un documento de referencia que cuenta con información organizada en formato de fichas para cada ecosistema, así como material suplementario (planillas con datos geográficos y ambientales y un sistema de información geográfica SIG). Consideramos que el producto obtenido representa un avance significativo para el conocimiento y la gestión de los ecosistemas argentinos”, afirma Paulina Martinetto, una de las coordinadoras del trabajo e investigadora del CONICET en el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (IIMyC, CONICET – UNMDP).

El sistema de información geográfica SIG “es una herramienta digital que une mapas con datos, es decir, que integra información para una determinada ubicación geográfica. Por ejemplo, en este trabajo, el sistema de información geográfica permite tener para cada ecosistema información mapeada de variables ambientales, áreas protegidas y la información geográfica correspondiente”, explica la científica del CONICET.

Mapeo y caracterización de ecosistemas argentinos

Más allá de la separación en los tres tipos de ecosistemas, la clasificación y descripción fue internamente lo más homogénea posible, y en el formato de una ficha para cada ecosistema. “Cada ficha incluye características geográficas (superficie total, posición geográfica y altitud o profundidad), ambientales (temperatura y precipitación para los terrestres y acuáticos continentales; temperatura superficial del mar y clorofila satelital para los marinos), de la flora y fauna, de conservación (áreas con algún grado de protección) y de uso y apropiación humanas (amenazas y servicios ecosistémicos)”, afirma el informe.

En la actualidad, este trabajo constituye el mapeo y la caracterización más completos y exhaustivos disponibles de los ecosistemas de la Argentina. Las iniciativas análogas disponibles estuvieron especialmente centradas en los ecosistemas terrestres. Todo el material elaborado fue diseñado para el uso por parte de gestores y cumple con la solicitud planteada por la CONADIBIO.

Se mapearon y caracterizaron con información satelital y otras fuentes 12 ecosistemas marinos, que abarcan el 100 por ciento del territorio marino nacional. En el caso de los ecosistemas terrestres, los nuevos mapas fueron elaborados a partir de literatura reciente, un modelo digital de elevación, conocimiento de campo y fotointerpretación experta. En el caso de los acuáticos continentales, los 66 ecosistemas fueron establecidos en base a trabajos recientes y la experiencia de expertos que participaron del proyecto.

El informe, titulado “Caracterización y mapeo de ecosistemas marinos, acuáticos continentales y terrestres de la Argentina”, detalla los principales servicios que brinda cada ecosistema. Por ejemplo, la albufera (laguna costera de agua salada) de Mar Chiquita, declarada Reserva Mundial de la Biosfera en 1996, brinda servicios de aprovisionamiento como la pesca artesanal, además de regulación hídrica y climática, y valores culturales vinculados a la educación. El ecosistema del caldenal aporta alimento para el ganado, además de regulación hídrica, control de la erosión, y cumple funciones de soporte como la formación de suelo.

Dentro de los ecosistemas marinos, la plataforma magallánica brinda pesca artesanal e industrial, contribuye al secuestro de carbono, el control de la erosión costera y ofrece servicios culturales como recreación, ecoturismo, investigación científica y educación. Finalmente, ecosistemas acuáticos continentales, como las cuencas de los ríos San Juan y Mendoza, suministran agua dulce, energía hidroeléctrica y cultivos, intervienen en la regulación hídrica y generan oportunidades de recreación y ecoturismo.

“Por primera vez, Argentina cuenta con una base integrada y estandarizada sobre sus ecosistemas, construida de manera colaborativa por más de 50 especialistas de todo el país. Este logro ofrece una herramienta estratégica para conservar la biodiversidad, planificar el territorio y evaluar impactos ambientales a la vez que tiene utilidad en el ámbito educativo ilustrando la diversidad de los ecosistemas en todo el territorio nacional”, indica Martinetto. Y concluye: “La experiencia de este trabajo demuestra la capacidad de la comunidad científica argentina para trabajar unida frente a grandes desafíos, y resalta el papel fundamental de las asociaciones científicas. En este caso, la AsAE tuvo un rol clave al reunir profesionales de distintas disciplinas y ecosistemas, enriqueciendo el proceso y garantizando un producto de alta calidad en tiempo récord”.

Descargar el informe: 

Fuente: https://www.conicet.gov.ar/noticias-conicet/

El ejercicio remodela los nervios del corazón y abre la puerta a terapias cardíacas personalizadas

El ejercicio remodela los nervios del corazón y abre la puerta a terapias cardíacas personalizadas

El ejercicio remodela los nervios del corazón y abre la puerta a terapias cardíacas personalizadas

Un estudio de la Universidad de Bristol revela que la actividad física regular no solo fortalece el corazón, también modifica su red nerviosa, lo que podría revolucionar los tratamientos para arritmias y angina

Por Ismael Yasnikowski

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La actividad física es reconocida tradicionalmente por su capacidad para mejorar la salud del corazón. Sin embargo, un reciente estudio de la Universidad de Bristol demuestra que el ejercicio no solo optimiza el funcionamiento cardíaco, sino que además reconfigura la red nerviosa que regula este órgano. La investigación, publicada en la revista Autonomic Neuroscience, señala que estos cambios podrían permitir el desarrollo de tratamientos más adaptados para afecciones como arritmias y angina de pecho.

Según informó la entidad académica británica, los resultados muestran que el ejercicio aeróbico moderado no solo favorece la salud cardiovascular general, sino que produce una reorganización distinta en el sistema nervioso que controla el corazón, dependiendo del hemisferio corporal. Esta diferencia podría explicar por qué ciertas terapias resultan más eficaces en un lado que en el otro, lo que facilitaría a los médicos ajustar mejor sus intervenciones en el futuro.

El equipo de la Universidad de Bristol, en colaboración con el University College London (UCL) y dos universidades brasileñas, empleó tecnologías de imagen tridimensional para analizar la estructura nerviosa cardíaca. El estudio se realizó en ratones sometidos a diez semanas de entrenamiento aeróbico.

Los animales que realizaron ejercicio presentaron cerca de cuatro veces más neuronas en el grupo nervioso cardiovascular del lado derecho que en el izquierdo, en comparación con aquellos que permanecieron inactivos. A su vez, las neuronas del hemisferio izquierdo casi duplicaron su tamaño, mientras que las del derecho mostraron una ligera reducción de volumen.

Para el Dr. Augusto Coppi, autor principal y profesor de Anatomía Veterinaria en la Universidad de Bristol, este hallazgo revela un patrón izquierda-derecha previamente desconocido en el sistema nervioso cardíaco. El especialista explicó que estos grupos nerviosos actúan como reguladores que ajustan la actividad del órgano ante distintas demandas físicas.

La investigación sugiere que el ejercicio regular modifica este regulador de forma asimétrica, lo que podría permitir el diseño de intervenciones terapéuticas más precisas para cada tipo de trastorno cardíaco.

Según el reporte, las arritmias, el síndrome del corazón roto causado por el estrés y algunos tipos de angina suelen tratarse mediante la reducción de la actividad de los ganglios estrellados. Estos centros nerviosos, ubicados cerca del cuello y el pecho, envían señales que aceleran el ritmo cardíaco.

“Hemos demostrado que el ejercicio moderado y regular remodela ese regulador de forma específica para cada lado. Esto podría ayudar a explicar por qué algunos tratamientos funcionan mejor en un lado que en el otro y, en el futuro, ayudar a los médicos a dirigir las terapias con mayor precisión y eficacia”, afirmó el profesional.

Este descubrimiento sugiere que procedimientos médicos como los bloqueos nerviosos o la denervación podrían adaptarse para aplicarse en el lado más afectado, mejorando la eficacia y reduciendo riesgos. Aunque la investigación se llevó a cabo en ratones, los autores consideran que el principio podría extrapolarse a humanos, aunque serán necesarios nuevos estudios clínicos para confirmarlo.

El equipo multidisciplinar anunció que los próximos trabajos buscarán determinar cómo estos cambios estructurales repercuten en la función cardíaca, tanto en reposo como durante la actividad física. También pretenden examinar si el patrón de reorganización izquierda-derecha hallado en ratones se presenta en otras especies y en humanos, empleando métodos de análisis no invasivos.

El especialista señaló que entender estas diferencias podría ser clave para personalizar los tratamientos de los trastornos del ritmo cardíaco y la angina. “Nuestro siguiente paso es comprobar cómo se relacionan estos cambios estructurales con la función y si aparecen patrones similares en animales más grandes y en humanos”, concluyó el investigador.

Este avance representa un paso importante en la comprensión de cómo el ejercicio transforma el organismo a nivel profundo y podría abrir la puerta a una medicina cardiovascular más personalizada, donde las terapias se adapten a las características nerviosas de cada paciente.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

Científicos elaboran el primer mapa molecular del hígado graso: cómo podría cambiar el diagnóstico

Científicos elaboran el primer mapa molecular del hígado graso: cómo podría cambiar el diagnóstico

Científicos elaboran el primer mapa molecular del hígado graso: cómo podría cambiar el diagnóstico

El trabajo, publicado en Nature Metabolism por equipos de la Universidad de Cambridge y el EMBL-EBI, identificó un panel de 57 genes detectable en sangre que supera en precisión a las pruebas clínicas disponibles hasta ahora

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La enfermedad hepática más prevalente del siglo XXI, conocida en Latinoamérica como hígado graso no alcohólico o esteatosis hepática no alcohólica (denominada internacionalmente como disfunción metabólica asociada a enfermedad hepática esteatósica, MASLD por su sigla en inglés), afecta a un tercio de la población adulta global y suele detectarse en estadios avanzados, cuando ya es tarde para revertir gran parte del daño.

Ahora, científicos de diversos centros europeos, como la Universidad de Cambridge y el Instituto Europeo de Bioinformática EMBL-EBI, lograron elaborar el primer mapa molecular que reconstruye el avance continuo de esta enfermedad y permite determinar con precisión el estadio en el que se encuentra una persona mediante biomarcadores en sangre, lo que podría transformar el diagnóstico y monitoreo de la afección.

Hasta la actualidad, la identificación clínica de la esteatosis no alcohólica dependía de métodos invasivos, como la biopsia, y de herramientas que la clasificaban en categorías estáticas según la apariencia del órgano al microscopio. Estos procedimientos implican riesgos y, además, limitan la comprensión de los verdaderos procesos biológicos que subyacen al daño hepático.

Un estudio publicado en la revista Nature Metabolism describe cómo el nuevo marco integra datos transcriptómicos, de proteínas y de histología que permiten reconstruir “el desarrollo de una trayectoria molecular precisa de la enfermedad; puede transformar la manera en que se diagnostica y monitorea la disfunción metabólica asociada al hígado”.

En términos simples, esto significa que los científicos lograron identificar y seguir las señales biológicas que cambian en el hígado a medida que la enfermedad empeora, permitiendo observar su avance paso a paso, y no solo cuando el daño ya es visible en el órgano.

La esteatosis hepática es un trastorno crónico cuya evolución varía según la persona, afectada por factores como el sexo biológico, la diabetes tipo 2 o enfermedades cardiovasculares asociadas. “Describir el hígado graso como una serie de estadios distintos simplifica en exceso una enfermedad dinámica”, señalaron los investigadores en el comunicado de prensa.

El análisis realizado por equipos de Open Targets, EMBL-EBI y Universidad de Cambridge permitió, por primera vez, anclar cambios genéticos específicos a los patrones de daño en el tejido, superando la fragmentación de los diagnósticos actuales.

“Este mapa molecular facilita visualizar cómo los procesos que determinan la lesión hepática cambian a lo largo del tiempo, lo que ayuda en el diseño de terapias a medida”, explicaron desde Open Targets.

La nueva metodología posibilitó ubicar a los pacientes en la trayectoria patológica de manera más precisa que los métodos convencionales, abriendo la puerta a la medicina personalizada para quienes padecen esta enfermedad.

La mayor parte de los casos de hígado graso no alcohólico se desarrolla en forma asintomática durante largo tiempo. Según el comunicado institucional, “en las fases iniciales, el paciente suele no experimentar molestias”, lo que dificulta la detección precoz por medios clínicos habituales.

Solo cuando la patología progresa y aparece inflamación o daño avanzado, es posible que surjan manifestaciones como fatiga, malestar abdominal o, en etapas severas, signos de insuficiencia hepática. Tal comportamiento silencioso subraya la importancia de nuevas herramientas diagnósticas capaces de identificar el problema antes de que avance.

Hasta ahora, la confirmación del hígado graso no alcohólico dependía sobre todo de la biopsia. El avance del estudio es la identificación de un panel de 57 genes, cuya expresión, detectable en tejido hepático y en plasma sanguíneo, permite anticipar la etapa de avance y supera la precisión de los exámenes no invasivos vigentes.

“Fue sorprendente observar que los biomarcadores identificados a partir únicamente de los datos superan en exactitud a las pruebas de referencia utilizadas en la clínica”, destacó Evangelia Petsalaki, responsable científica del proyecto, según el comunicado.

El estudio señala que este conjunto de marcadores no solo posiciona a los pacientes en el proceso de la enfermedad, sino que también facilita la evaluación del riesgo y podría servir para monitorizar futuras terapias.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

Una innovadora terapia logró eliminar la placas de beta amiloide en un paciente con Alzheimer: cómo funciona

Una innovadora terapia logró eliminar la placas de beta amiloide en un paciente con Alzheimer: cómo funciona

Una innovadora terapia logró eliminar la placas de beta amiloide en un paciente con Alzheimer: cómo funciona

El análisis post mortem de un hombre con deterioro cognitivo leve permitió comparar zonas vecinas del cerebro con respuestas distintas al tratamiento. El caso aportó evidencia humana poco frecuente sobre la relación entre tau, inflamación y daño neuronal

Por Constanza Almirón

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La idea de que una medicina pueda “limpiar” el cerebro suena a ciencia ficción, pero un hallazgo presentado esta semana aportó una imagen muy concreta —y poco habitual— de lo que podría ocurrir cuando ese objetivo se cumple.

En el cerebro de un hombre de unos 50 años con deterioro cognitivo leve debido a alzheimer, tratado con una terapia antiamiloide, los investigadores observaron un contraste nítido: en las zonas donde desaparecieron las placas de beta amiloide casi no se detectaron ovillos de tau; en áreas vecinas donde el amiloide persistió, se concentraron más señales de daño, inflamación y neurodegeneración.

El análisis se basó en el cerebro de un participante fallecido de un ensayo clínico. De acuerdo con la Perelman School of Medicine at the University of Pennsylvania, el caso aportó una de las pruebas humanas más directas hasta ahora de la relación biológica entre la eliminación del amiloide y la acumulación posterior de tau. Los resultados fueron presentados en la Conferencia Internacional de la Asociación de Alzheimer y se publicaron de forma simultánea en JAMA.

Esta enfermedad es la forma más frecuente de demencia y representa uno de los mayores desafíos para los sistemas de salud. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de 57 millones de personas viven con algún tipo de demencia en el mundo, con unos 10 millones de nuevos diagnósticos cada año.

Dentro de ese total, el alzheimer concentra entre el 60% y el 70% de los casos. Las proyecciones indican que, hacia 2050, esta cifra podría triplicarse debido al envejecimiento de la población, lo que plantea un desafío creciente para los sistemas de salud, la economía y las familias. Este contexto refuerza la necesidad de estrategias de prevención que puedan aplicarse antes de que aparezcan los primeros síntomas.

La observación central surgió de una comparación dentro de un mismo cerebro expuesto a desenlaces distintos tras el tratamiento. Donde la limpieza de placas de beta amiloide fue amplia, el equipo halló poca o ninguna señal de ovillos de tau.

En cambio, allí donde el amiloide permaneció, los especialistas encontraron más patología tau, inflamación y signos de neurodegeneración. Esa diferencia, dentro de un mismo caso, permitió contrastar regiones vecinas con “respuestas” biológicas distintas frente a una terapia dirigida a retirar el amiloide.

David Wolk, codirector del Penn Memory Center y director del Penn Alzheimer’s Disease Research Center, afirmó en un comunicado de la universidad que observar ambos patrones de la enfermedad lado a lado en un mismo cerebro les dio una oportunidad poco frecuente para comprender cómo la eliminación del amiloide impacta sobre otras proteínas que también contribuyen al alzheimer.

Wolk añadió que los resultados ofrecen una de las pruebas humanas más claras hasta la fecha de que las terapias antiamiloide pueden limitar la acumulación de tau y frenar los cambios cerebrales que conducen a la pérdida de memoria y al deterioro cognitivo.

Dos proteínas ocupan un lugar central en la enfermedad de Alzheimer. La beta amiloide forma placas que se acumulan fuera de las células cerebrales, mientras la tau forma ovillos dentro de las neuronas.

Ambas se consideran vinculadas al daño de las células nerviosas que acaba causando pérdida de memoria, cambios de personalidad y alteraciones del pensamiento. Durante años, los científicos sospecharon que la acumulación de amiloide favorece la aparición posterior de tau, pero tuvieron pocas oportunidades de comprobar de forma directa qué ocurre cuando el amiloide se retira.

Se puede entender mejor con una simple analogía: si el amiloide fuera barro que se endurece en los desagües de una casa, la tau sería el atasco que aparece después dentro de las cañerías. La pregunta es si remover el barro a tiempo evita que el bloqueo avance por el resto del sistema. En este caso, la comparación regional sugirió que, al menos en algunas zonas, la limpieza del amiloide se asoció con menos tau.

Esa escasez de pruebas directas tiene una explicación práctica. Son pocos los pacientes tratados con terapias antiamiloide que llegan a autopsia, de modo que faltan observaciones humanas que permitan comparar el estado real del tejido cerebral tras el tratamiento.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/