El sueño femenino se deteriora en cada etapa hormonal, afirma una experta
La investigadora Christine Blume, de la Universidad de Basilea, advierte que la brecha de descanso entre géneros se traduce en costos directos para los sistemas de salud y la productividad. Cómo revertirlo
El sueño femenino cae en picada con la maternidad, pero los efectos de la privación no se limitan al hogar. La investigadora del sueño Christine Blume, de la Universidad de Basilea, advirtió al semanario alemán Der Spiegel que la llamada «brecha de sueño de género» produce costos directos e indirectos para los sistemas de salud y para la productividad colectiva, y que su solución exige una respuesta de toda la sociedad.
Blume explicó al semanario alemán que el sueño de las mujeres se deteriora en múltiples etapas de la vida reproductiva. Durante el primer trimestre del embarazo, el cuerpo produce más progesterona, lo que genera fatiga intensa y un sueño no reparador, a pesar de que las horas de descanso pueden incluso aumentar.
El segundo trimestre ofrece una recuperación transitoria; es el período en que los estudios registran la mejor calidad de sueño durante toda la gestación. Al llegar al tercer trimestre, la incomodidad física, el dolor de espalda y los movimientos del bebé vuelven a deteriorar el descanso.
Y tras el parto, los patrones de sueño cambian de forma drástica: menos horas totales, interrupciones frecuentes y mayor dificultad para conciliar el sueño en las primeras horas de la mañana, cuando el cuerpo ya anticipa el día.
Sobre el debate entre cuna y cama familiar, Blume matizó los datos disponibles. Tanto compartir la cama como dormir en la misma habitación se asocian con interrupciones más frecuentes para la madre. Para las madres que amamantan, la cercanía del bebé puede evitar levantadas nocturnas y preservar algo del descanso. “En última instancia, cada familia debe poder decidir qué es lo mejor para ella”, declaró la investigadora a Der Spiegel.
La especialista aclaró que la privación del sueño en el período postnatal no equivale a un trastorno del sueño por definición, ya que este último requiere que existan oportunidades reales para descansar, y los padres jóvenes simplemente no las tienen.
Aun así, advirtió que cualquier situación de sueño interrumpido, sea una lesión, una enfermedad o el estrés, puede desencadenar síntomas de insomnio.
En su propio caso, una lesión en el hombro que le obligaba a despertarse por la noche para darse vuelta le provocó brevemente ese tipo de síntomas. “Pude comprobar lo rápido que puede suceder”, señaló ante Der Spiegel.
Frente a quienes temen consecuencias graves en la salud a largo plazo, Blume señaló que las pruebas también muestran factores protectores ligados a la paternidad: menor consumo de alcohol, abandono del tabaco, mejor alimentación y una red social familiar más amplia.
Además, precisó que el déficit de sueño posterior al parto disminuye con relativa rapidez, aunque esa realidad estadística no necesariamente coincide con la vivencia subjetiva de los padres.
Las mujeres, indicó la investigadora, son más vulnerables a los problemas de sueño en todos los períodos de cambio hormonal: pubertad, maternidad y menopausia. Y duermen algo más que los hombres, en promedio, aunque solo por minutos. Esa diferencia, según Blume, no refleja una mayor necesidad biológica de sueño, sino una compensación ante la peor calidad del descanso femenino.
A ello se suma la llamada “carga mental”: según el estudio del legado que citó ante Der Spiegel, de 21 responsabilidades domésticas y de cuidado relevadas, 18 recaen total o mayoritariamente sobre las mujeres. Solo 3 —reparaciones, oficios y finanzas— corresponden predominantemente a los hombres.
Ante esa distribución desigual, Blume afirmó. “Si entendemos que dormir es importante para la salud, que la privación del sueño conlleva altos costos directos e indirectos (…) entonces debería ser importante para todos los miembros de la sociedad que todos duerman bien por la noche”, concluyó la especialista.
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Una de cada tres mujeres no identifica la perimenopausia cuando la atraviesa: los 7 signos que pueden marcar la diferencia
Un nuevo estudio cuantificó por primera vez la extensión de esta incertidumbre y encontró que la confusión de síntomas, las brechas de conocimiento y las barreras médicas son sus causas principales
Por Santiago Abraldes
Una de cada tres mujeres mayores de 35 años en Estados Unidos no sabe si está atravesando la perimenopausia, según un estudio publicado en Menopause basado en una encuesta a 7.640 mujeres. La incertidumbre fue mayor entre quienes reportaron síntomas más graves y en el grupo de 40 a 44 años.
La perimenopausia es la transición previa a la menopausia, cuando los ovarios comienzan a producir hormonas de forma cada vez más irregular. Puede extenderse durante años y desencadenar una variedad de síntomas que, lejos de ser exclusivos de esta etapa, se solapan con las experiencias cotidianas de muchas mujeres. Por eso, el diagnóstico suele requerir descarte y contextualización clínica.
La investigación, realizada en colaboración entre Flo Health y el Center for Women’s Health de la Mayo Clinic, midió cuán frecuente es esta incertidumbre, cuáles son sus causas y si varían según la edad o la intensidad de los síntomas.
La incertidumbre sobre la propia etapa reproductiva alcanzó su pico en 42% entre las mujeres de 40 a 44 años, el grupo etario en el que la perimenopausia suele empezar a manifestarse con mayor intensidad. Entre las mujeres con síntomas graves, la proporción que desconocía su situación llegó al 37%.
El estudio empleó un diseño mixto: una encuesta cuantitativa con escala validada de síntomas y un análisis cualitativo de 409 respuestas abiertas de participantes que declararon no saber en qué etapa reproductiva se encontraban.
Del análisis surgieron tres grandes fuentes de incertidumbre. La primera, y más frecuente, fue la confusión de síntomas, que concentró el 56% de las respuestas. Muchas participantes reconocían síntomas físicos o emocionales pronunciados —alteraciones del sueño, cambios de humor, fatiga, niebla mental, sofocos, palpitaciones y dolores articulares— pero los atribuían a otras causas, como el estrés, la maternidad o el ritmo de vida, o los descartaban porque sus ciclos menstruales seguían siendo regulares.
La segunda fuente fue la falta de conocimiento y la búsqueda de información, presente en el 28% de los casos: varias mujeres no sabían qué significaba la perimenopausia, qué síntomas la caracterizan o partían de la premisa errónea de que eran “demasiado jóvenes” para estar en esa transición.
La tercera categoría, con el 16% restante, abarcó barreras para acceder a la confirmación médica, como consultas en las que las preocupaciones de las pacientes fueron minimizadas o sus síntomas atribuidos a otras condiciones.
El solapamiento entre los síntomas perimenopáusicos y las exigencias de la vida cotidiana es uno de los principales obstáculos. La fatiga, el insomnio, la irritabilidad y la dificultad para concentrarse son experiencias habituales en mujeres con cargas laborales y familiares intensas, lo que puede dificultar su vínculo con un cambio hormonal.
Louise Newson, médica clínica y especialista en menopausia, señaló, según el comunicado de prensa, que la perimenopausia sigue generando confusión tanto entre las mujeres como entre los profesionales de la salud. “Los profesionales sanitarios no siempre reconocen los síntomas como hormonales, y las mujeres pueden someterse a pruebas y exámenes innecesarios, además de que se les recetan numerosos medicamentos —como antidepresivos— porque los síntomas se analizan de forma aislada”, afirmó.
En su clínica, agregó Newson, atienden habitualmente a mujeres que fueron mal diagnosticadas o cuyas experiencias no fueron reconocidas ni comprendidas. Nikki Ramskill, médica especializada en salud femenina y fundadora de The Female Health Doctor Clinic, describió, según el comunicado de prensa, la perimenopausia como una transición en la que la producción hormonal ovárica se vuelve progresivamente variable, con síntomas que pueden fluctuar, desaparecer durante varios meses y luego reaparecer.
Esa variabilidad dificulta la identificación clínica: la ausencia de un marcador biológico definitivo obliga a los médicos a construir un diagnóstico a partir del patrón de cambios que cada mujer reporta respecto de su estado anterior.
Uno de los malentendidos más extendidos, que el estudio también recogió, es la creencia de que tener ciclos menstruales regulares descarta la perimenopausia. Ramskill lo consideró “uno de los mensajes más importantes”: los síntomas pueden aparecer cuando los períodos aún parecen normales, en particular en las etapas más tempranas de la transición.
“Incluso una menstruación mensual aparentemente regular no indica que la ovulación y la producción hormonal se comporten exactamente igual que cinco o diez años atrás», afirmó la médica, según el comunicado de prensa.
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Identifican a un condimento como posible aliado contra un tipo de tumor poco frecuente
Un estudio polaco, realizado en modelos animales, puso a prueba cinco sustancias de origen vegetal frente al fibrosarcoma y encontró que una supera a las demás en eficacia y tolerancia
El fibrosarcoma es un tumor maligno que se origina en el tejido que actúa como sostén y unión entre los distintos órganos y estructuras del cuerpo, y se presenta con mayor frecuencia en las extremidades y el tronco. Según estimaciones internacionales, representa menos del 1 % de todos los tumores sólidos en adultos y su tratamiento convencional se basa en cirugía, quimioterapia y radioterapia. Sin embargo, estas estrategias no siempre muestran resultados satisfactorios en este tipo de cáncer poco frecuente.
Frente a ese panorama, la búsqueda de alternativas terapéuticas derivadas de la naturaleza ha ganado terreno en los laboratorios de oncología experimental. Durante años, condimentos como la curcumina —el pigmento amarillo que le da su color al curry— o la berberina —alcaloide presente en diversas plantas medicinales— han captado la atención de la comunidad científica por sus propiedades antiinflamatorias y anticancerígenas.
No obstante, hasta ahora faltaba un análisis sistemático que los comparara de forma simultánea y que evaluara no solo su eficacia contra las células tumorales, sino también su impacto sobre las sanas. Ese vacío fue el punto de partida de un equipo de investigadores de la Universidad Médica de Wroclaw y la Universidad de Wroclaw, en Polonia.
El estudio publicado en la revista científica International Journal of Molecular Sciences analizó cinco compuestos de origen vegetal —curcumina, berberina, biochanin A, cucurbitacina E y CAPE (éster fenetílico del ácido cafeico, un componente del propóleos)— frente a células de fibrosarcoma y células musculares sanas.
El estudio concluyó que la curcumina reunió la mayor actividad anticancerígena junto con el perfil de seguridad más equilibrado entre todos los candidatos evaluados.
El trabajo se concentró en la ruta de señalización NF-κB, que regula procesos como la inflamación, el metabolismo, la supervivencia celular y el envejecimiento, y opera como un interruptor maestro dentro de cada célula.
“NF-κB actúa como un interruptor de control central que integra las señales de estrés celular y determina si una célula activa vías inflamatorias, lucha por su supervivencia o cambia su metabolismo”, afirmó Julita Kulbacka, profesora del Departamento de Biología Molecular y Celular de la Universidad Médica de Wroclaw, según el comunicado de prensa.
En las células cancerosas, ese interruptor tiende a mantenerse activado de forma permanente, lo que favorece su crecimiento y su capacidad de adaptarse a condiciones adversas. Sin embargo, dado que el NF-κB también cumple funciones esenciales en las células normales, la meta no es bloquearlo por completo, sino modularlo con la mayor precisión posible.
Uno de los hallazgos más notorios del trabajo gira en torno al ATP, la molécula que funciona como moneda energética de las células. Los compuestos alteraron la función de las mitocondrias, estructuras que actúan como centrales de energía dentro de la célula, y redujeron la capacidad de producir energía.
En las células de fibrosarcoma, los niveles de ATP cayeron entre un 83% y un 92%; en las células musculares sanas, la reducción fue de entre un 23% y un 73%. Esa diferencia sugiere que las células tumorales son más vulnerables a las perturbaciones en el metabolismo energético.
Los compuestos también incidieron sobre la mitofagia, el proceso por el cual las células eliminan mitocondrias dañadas como mecanismo de autolimpieza.
“La berberina, la cucurbitacina E y el CAPE potenciaron la mitofagia dependiente de PINK1/PARKIN en las células de fibrosarcoma. Combinado con la marcada reducción de los niveles de ATP, esto indica no una respuesta protectora, sino un mecanismo adaptativo desbordado que conduce a la senescencia y la muerte celular”, señaló Kulbacka, según el comunicado de prensa.
La senescencia celular es un estado en el que la célula permanece viva, pero pierde de forma permanente su capacidad de dividirse, lo que equivale a neutralizarla sin destruirla. Los cinco compuestos indujeron ese estado en las células cancerosas. El efecto más pronunciado lo produjo la curcumina: la proporción de células senescentes en el grupo canceroso pasó de aproximadamente un 16,5% a más de un 75%.
Para los demás compuestos, ese porcentaje también superó el 66%, según se detalla en el estudio. Las células musculares sanas mostraron, en general, una respuesta más débil, lo que apunta a cierta selectividad de estos compuestos hacia las células tumorales.
La eficacia en células aisladas no alcanza para proyectar un compuesto hacia la clínica. Por eso, el equipo introdujo un paso adicional: evaluó la toxicidad de las cinco sustancias en larvas de la polilla de la cera mayor, Galleria mellonella, un modelo invertebrado de uso creciente en investigación preclínica por su bajo costo y su capacidad para revelar señales de toxicidad sistémica.
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Una pasión en la infancia, una enfermedad sin nombre y un descubrimiento que lo cambió todo: la historia de Tamara Rubilar
La investigadora del CENPAT-CONICET en Puerto Madryn encontró en los erizos de mar la respuesta que la medicina no tenía para su hijo. Hoy, su trabajo mejora la calidad de vida de personas con patologías graves y sin cura
“Fuimos a Buenos Aires cuando él tenía diez meses y estuvimos tres meses internados. Cuando nos dieron el diagnóstico, nos dijeron que era una enfermedad autoinmune, pero no tenía nombre. Como muchas de ellas que tampoco lo tienen”. Quien habla es Tamara Rubilar, bióloga e investigadora del CENPAT-CONICET en Puerto Madryn. Pero también es la mamá de “el Colito”.
Hoy, ella es una de las científicas argentinas más reconocidas por el impacto de su trabajo con erizos de mar y cómo cambió la calidad de vida de personas con enfermedades graves en todo el mundo. Su nombre aparece en Harvard y en congresos internacionales; pero lo que la trajo hasta ahí no fue un plan. Fue una forma de ser.
Hace apenas 13 años, era otro mundo, otra medicina y también otra ciencia. Cuando recibió el diagnóstico de “el Colito”, podría haber parado ahí. Pero es de las que “no sueltan el hueso”, como ella misma dice. Y esa búsqueda terminó cambiando la realidad de su familia, de su ciudad y de muchas otras personas que, enfrentando patologías muy distintas, encontraron en su trabajo una mejor calidad de vida.
Pero antes de ser bióloga e investigadora, y mucho antes de ser mamá, Tamara fue una nena con una pecera y una fascinación que marcaba sus días. Junto a su hermano mayor, con solo diez u 11 años, pasaban horas mirando ese pequeño mundo. “Me daba mucha más gana de ponerme a hacer eso que ponerme a jugar a otra cosa”, recuerda hoy, con la misma naturalidad con la que lo vivió entonces.
Esa simpleza, que era una suerte de ritual en su vida, años más tarde se convirtió en ciencia. El secundario le dio forma a lo que la pecera había despertado. Un profesor de Física y Ciencias, becario del CONICET, la vio. La metió en los talleres de ciencia, le dio responsabilidades reales. En el techo de la escuela había dos invernaderos y ella era la encargada de tomar los parámetros, de entender cómo no dejar que las variables se escaparan. Tenía 13 años y ya hacía ciencia.
“No me lo cuestioné, me salió como natural”, recuerda. “Yo tengo un disfrute en el aprendizaje”. No lo dice como mérito, sino como parte esencial de su personalidad. Quizá por eso no se sorprendieron en su casa cuando, años después, dijo que quería estudiar biología: “A nadie le pareció raro. Era como para lo que era buena. Siempre fui bastante traga, me gusta mucho aprender”.
La universidad no la encontró esperando. En segundo año ya tenía la ciencia como objetivo y la curiosidad como arma principal. Es por eso que decidió encontrar la manera de ser parte de un laboratorio. La mayoría le decía que era muy joven, que esperara. Pero en este caso fue el laboratorio de Enriqueta Díaz de Vivar.
Esta científica hacía su propio doctorado en química orgánica cuando Tamara se ofreció a ayudarla. No había pasantía formalizada, no había estructura. Dos veces por semana, en un laboratorio chiquito, empezó haciendo lo más básico: lavar tubos de ensayo, pesar sales, ordenar: “Hacía lo que me decía”.
Las responsabilidades fueron creciendo, la química la había llevado lejos, pero algo no cerraba: necesitaba algo más. Fue entonces cuando Enriqueta la conectó con Catalina Pastor, investigadora del CONICET que tenía una visión que resultó ser clave. “Ella me planteó que había líneas de investigación que no existían en el país. Y una de ellas era el estudio de los equinodermos (estrellas y erizos de mar)”, recuerda.
El único problema era el dinero. O mejor dicho, la falta de él. “Yo no tengo plata”, le dijo Catalina. “Así que si vos tenés forma de conseguir los animales…”. Lo tomó como un desafío. Volvió a su casa y le contó a su novio (hoy su marido) Francisco y la solución fue tan simple como inesperada: tomaron un curso de buceo. Aprendieron y fueron ellos mismos a buscar los erizos.
“Yo me acuerdo que un día aparecí en el laboratorio con un balde lleno de estrellas y a Catalina no le quedó otra que dejarme trabajar en su laboratorio», resumió entre risas Rubilar. Así empezó su mundo adentro del CONICET. Sin beca, sin estructura, con un balde y las ganas.
Y eso que parecía casi un accidente resultó ser exactamente lo que necesitaría años después: ese laboratorio chiquito donde empezó hoy está a su cargo.
Volver a Puerto Madryn con un diagnóstico sin nombre despertó una contradicción profunda en ella: “Por un lado, estaba aliviada, porque nosotros pasamos bastante tiempo sin saber qué tenía. Pero después preocupada por el tratamiento”, recuerda.
Su marido Francisco trataba de encontrarle el lado positivo. Ella no podía dormir: “Leía los efectos secundarios, hablaba con la pediatra, preguntaba qué iba a pasar cuando entrara en la adolescencia”.
La vida de toda la familia se reorganizó alrededor de ese diagnóstico. El hermano mayor, cuatro años más grande, no podía llevar amigos a casa y sus cumpleaños eran en el pelotero.
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El clima frío, el enemigo del corazón y los pulmones: las recomendaciones de los expertos
Especialistas señalan que, ante bajas temperaturas, los vasos sanguíneos se contraen y el pulso se acelera, lo que puede desencadenar complicaciones en la salud
Por Bautista Salaverri
El invierno trae consigo algo más que bajas temperaturas y días cortos. La exposición al frío debilita el sistema inmunitario, reduce la actividad física y favorece el contagio de infecciones respiratorias como la gripe o la bronquitis, que proliferan con mayor facilidad en ambientes fríos y secos.
Pero el impacto del frío no se limita a las defensas del organismo. Según la Cleveland Clinic, cuando el cuerpo se expone a este tipo de climas, los vasos sanguíneos se contraen para conservar el calor, lo que eleva la presión arterial y acelera el ritmo cardíaco. Ese esfuerzo adicional puede tener consecuencias serias sobre el corazón y los pulmones, incluso en personas sin antecedentes de enfermedad.
De acuerdo con el Instituto de Investigación Cardiovascular de la Universidad Case Western Reserve, la contracción de los vasos sanguíneos puede elevar la presión arterial de forma considerable, mientras que el frío espesa la sangre y aumenta la actividad plaquetaria, factores que incrementan el riesgo de arritmias, isquemia e infartos. En personas con afecciones preexistentes como hipertensión o insuficiencia cardíaca, ese riesgo se agrava. Los pulmones, por su parte, tampoco quedan a salvo: el aire frío y seco irrita las vías respiratorias y puede desencadenar broncoespasmos, con síntomas que van desde la tos y las sibilancias hasta la dificultad para respirar, según advierte Verywell Health.
Según la cardióloga Leslie Cho, de la Cleveland Clinic, cuando hace frío el cuerpo intenta mantenerse caliente de una sola manera: aprieta los vasos sanguíneos, acelera los latidos y sube la presión arterial. “Todo esto puede afectar al corazón”, advirtió Cho.
El problema se complica cuando al frío se le suma el esfuerzo físico. Caminar con mucho abrigo o arrancar con ejercicio intenso sin calentar puede disparar la presión arterial de golpe, según advierte el Instituto de Investigación Cardiovascular de la Universidad Case Western Reserve. Para quienes ya tienen presión alta, insuficiencia cardíaca o problemas en las arterias, ese combo puede terminar en dolor de pecho o un infarto.
Hay otro riesgo que suele ignorarse: la hipotermia. Ocurre cuando la temperatura del cuerpo baja de los 35 °C y el organismo ya no puede recuperar el calor que pierde. La Cleveland Clinic describe sus señales: falta de coordinación, confusión, escalofríos y mucho sueño. La Asociación Americana del Corazón advierte que la falla cardíaca es la principal causa de muerte en casos de hipotermia.
Los pulmones también acusan el golpe, aunque de otra forma. El aire frío no los daña directamente, pero sí irrita las vías respiratorias y puede hacer que se estrechen, dificultando la respiración. Según Verywell Health, los síntomas más frecuentes son tos, una especie de silbido al respirar y una sensación de presión en el pecho.
Quienes tienen asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) son los más expuestos. La neumóloga Rachel Taliercio, de la Cleveland Clinic, explica que en pacientes con EPOC el aire frío puede desatar síntomas muy parecidos a un ataque de asma. “Es posible que sientas falta de aire, tosas o que empieces a tener sibilancias. También podrías sentir una ligera opresión en el pecho”, describió Taliercio.
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Especialistas del CONICET redefinen la historia evolutiva y ecológica de los cetáceos
27 de julio de 2026
Especialistas del CONICET redefinen la historia evolutiva y ecológica de los cetáceos
Un equipo de investigaciónanalizó la relación entre la cantidad de especies de cetáceos y sus roles ecológicos en el océano a lo largo de 50 millones de años de historia.
CIENCIAS EXACTAS Y NATURALES
Un equipo de investigación, integrado exclusivamente por científicos argentinos, analizó la relación entre la cantidad de especies de cetáceos y sus roles ecológicos en el océano a lo largo de 50 millones de años de historia. El trabajo, publicado en Nature Communications, aporta un nuevo marco cuantitativo para entender el éxito evolutivo de ballenas y delfines.
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Los cetáceos representan una de las transiciones evolutivas más notables entre los mamíferos, ya que pasaron de ser animales cuadrúpedos terrestres a totalmente acuáticos, como las ballenas, delfines y marsopas. Un grupo de especialistas del CONICET y de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) analizó de qué manera los cetáceos han ocupado su nicho ecológico a lo largo de 50 millones de años definidos en tres momentos clave: Eoceno-Oligoceno (hace alrededor de 33 millones de años), donde se produce la transición de la tierra al agua; Oligoceno Tardío-Mioceno Temprano (unos 23 Ma atrás), en el que los misticetos con dientes evolucionan a formas con barbas y se produce la diversificación de odontocetos con ecolocalización; y en tercer lugar en el Plio-Pleistoceno (hace aproximadamente 2,58 Ma), donde se produce la extinción de numerosos linajes y surge la diversidad de ballenas y delfines tal como se la conoce en el presente.
El trabajo, publicado enla revista internacional Nature Communications, fue llevado a cabo por Mónica Buono, Mariana Viglino, Maximiliano Gaetán y Nicolás Farroni, del Instituto Patagónico de Geología y Paleontología (IPGP, CONICET); Viviana Milano, del Centro para el Estudio de los Sistemas Marinos (CESIMAR, CONICET) y Florencia Paolucci, Lisandro Campos y Marta Fernández, de la División de Paleontología de Vertebrados del Museo de La Plata (Facultad de Ciencias Naturales v Museo, UNLP).
A través de modelos cuantitativos, los especialistas determinaron que los principales eventos de radiación, o sea los períodos de rápida diversificación en los cetáceos, transformaron la organización de los nichos ecológicos de estas especies. “Nuestro trabajo consistió en cuantificar la evolución de los cetáceos a lo largo de 50 millones de años, enfocándonos en dos aspectos principales. El primero de ellos es la diversidad taxonómica, es decir, el cambio en el número de especies a través del tiempo, evaluando cuáles aparecieron y cuáles se extinguieron. El segundo está vinculado a la ecología de los cetáceos, es decir, a variables como sus capacidades auditivas, modos de alimentación, tamaño corporal, locomoción y tipo de ambiente. Evaluamos cómo estos distintos factores ecológicos influyeron en el éxito evolutivo de las especies y, cruzando ambos enfoques, pudimos determinar la relación entre dichos factores y la diversidad taxonómica a lo largo del tiempo”, afirma Buono.
Especializaciones ecológicas
Uno de los descubrimientos más importantes del equipo de investigación tiene que ver con el desacople observado entre la diversidad taxonómica, o sea el número de especies, y la disparidad ecológica y la variedad de roles. Esto explica que, durante el Mioceno, se observó una gran variedad de especies pero con una disparidad ecológica relativamente baja. Durante el Plio-Pleistoceno, se produjo la desaparición de una gran cantidad de especies pero prácticamente sin alterar sus roles en el ecosistema. De acuerdo con los especialistas, este hallazgo sugiere que para mantener el equilibrio ecológico, a veces no basta con contar con una gran variedad de especies, sino que se deben mantener los roles críticos (como los grandes filtradores o los superdepredadores), independientemente de cuántas especies los representen. “Contrario a la hipótesis inicial, que sugería que la diversidad taxonómica estaría fuertemente condicionada por los factores climáticos o variables ecológicas específicas, los resultados demostraron que esta relación no es tan lineal ni determinante como se creía”, agrega la investigadora.
Los especialistas develaron que, a pesar de la extinción de numerosos grupos y de ciertas morfologías particulares, las especializaciones ecológicas más significativas persistieron en el tiempo. Por ejemplo, una vez originadas estructuras cruciales como las barbas en las ballenas o capacidades como la ecolocalización en los delfines y marsopas, estas se estabilizaron evolutivamente. Se trata del hallazgo de una configuración adaptativa que aseguró el éxito evolutivo sostenido del linaje: “No tuvieron cambios drásticos, como pasar de ser herbívoros a carnívoros, sino que mantuvieron ciertas especializaciones. Esto les dio muchísimo éxito y les permitió explorar un montón de nichos dentro de la red trófica, pero siempre alrededor de funciones similares. En las ballenas barbadas fue donde vimos más marcada esa rigidez: se mantuvieron prácticamente iguales durante los últimos 20 millones de años. Los odontocetos, en cambio, exploraron un poco más y hoy muestran una mayor diversidad morfológica. Sin embargo, en ambos casos, sus caminos evolutivos estuvieron fuertemente marcados por las barbas y la ecolocalización: dos adquisiciones clave que definieron su rumbo”, relata Viglino. “Dentro de los odontocetos observamos, además, que los miembros más antiguos de determinadas familias y sus representantes actuales habrían ocupado nichos ecológicos muy diferentes. Un ejemplo de esto son los cachalotes que hace 20 millones de años eran cazadores activos llegando a ser depredadores tope, como hoy es la orca, mientras que hoy en día estos animales están restringidos a alimentarse de calamares en las profundidades mediante succión”, agrega Paolucci.
Trabajo de referencia
El grupo de trabajo, integrado exclusivamente por especialistas de Argentina, analizó exhaustivamente una amplia base de datos, que abarca todos los grupos de cetáceos, tanto fósiles como actuales, construida a partir de bibliografía publicada, incluyendo artículos en varios idiomas, y también a partir de observaciones y trabajo propio en colecciones visitadas en diversos países, como Estados Unidos, Bélgica, Chile y Argentina. Además, realizaron análisis estadísticos que se aplicaron por primera vez a cetáceos. “Esta publicación resume varios años de trabajo y esfuerzo de todo este equipo interdisciplinario. Cada uno de nosotros aportó desde su campo de expertise enriqueciendo enormemente la discusión y el resultado”, comenta Paolucci. “Esperamos que este trabajo marque un antes y un después, y que cambie la forma de pensar, mirar y encarar un estudio paleontológico sobre estos animales. Nuestra expectativa es que se convierta en un trabajo marco. Se venían diciendo muchas cosas, pero nosotros las pusimos a prueba, fuimos un poco más allá y logramos cuantificar y testear hipótesis que antes no se habían comprobado y desmentir otras que se venían sugiriendo. Ese es el impacto que esperamos tener en la comunidad científica: aportamos valor agregado y pusimos números concretos gracias a una base de datos súper exhaustiva”, concluye Buono.
Referencia bibliográfica:
Buono, M.R., Paolucci, F., Campos, L. et al. Cetacean evolution through the lens of ecospace modeling and disparity analyses. Nat Commun 17, 7378 (2026). https://doi.org/10.1038/s41467-026-73108-x
Por Santiago Giorgi – Área de Comunicación CONICET CENPAT
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Fuente: https://www.conicet.gov.ar/noticias-conicet/