El CONICET participó del Deep Tech Summit 2026, un espacio de encuentro entre ciencia e industria

El CONICET participó del Deep Tech Summit 2026, un espacio de encuentro entre ciencia e industria

El CONICET participó del Deep Tech Summit 2026, un espacio de encuentro entre ciencia e industria

28 de octubre de 2026
El CONICET participó del Deep Tech Summit 2026, un espacio de encuentro entre ciencia e industria

A través del presidente del Consejo, Daniel Salamone, quien participó del panel “Del laboratorio al mercado” junto al director general de Merck Argentina, Marcelo Ponte, y la directora ejecutiva de la Cámara Argentina de Biotecnología, Graciela Ciccia. Allí abordaron los desafíos de la transferencia tecnológica y la importancia de fortalecer la articulación entre el sistema científico y el sector productivo.

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A través del presidente del Consejo, Daniel Salamone, quien participó del panel “Del laboratorio al mercado” junto al director general de Merck Argentina, Marcelo Ponte, y la directora ejecutiva de la Cámara Argentina de Biotecnología, Graciela Ciccia. Allí abordaron los desafíos de la transferencia tecnológica y la importancia de fortalecer la articulación entre el sistema científico y el sector productivo.

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En el marco de la Tecweek Buenos Aires 2026, el presidente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Daniel Salamone, participó del panel “Del laboratorio al mercado”, desarrollado durante el Deep Tech Summit 2026, un encuentro impulsado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para promover el desarrollo del ecosistema de innovación y tecnología. La actividad, realizada en el Centro Costa Salguero de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), reunió a referentes del sistema científico y del sector privado para analizar las oportunidades y los desafíos vinculados con la transferencia de conocimiento, la creación de empresas de base tecnológica y la articulación público-privada. Del panel también participaron la directora ejecutiva de la Cámara Argentina de Biotecnología (CAB), Graciela Ciccia, y el director general de Merck Argentina, Marcelo Ponte.

Durante su intervención, Salamone destacó el papel del CONICET en la generación de conocimiento científico y su creciente vinculación con el sector productivo. En ese sentido, hizo referencia al nuevo reglamento para Empresas de Base Tecnológica (EBT), orientado a simplificar los procedimientos y facilitar la participación de investigadores en emprendimientos surgidos del ámbito científico. “Creemos que este nuevo reglamento, que simplifica va a estimular tanto a los investigadores a acercarse a las empresas como a las empresas a acercarse al CONICET”, afirmó. Asimismo, señaló que del organismo ya surgieron más de 50 EBTs y manifestó su expectativa de que el nuevo marco normativo favorezca la creación de nuevos emprendimientos.

En relación con el proceso de transferencia tecnológica, el titular del CONICET subrayó que la investigación científica debe contemplar tanto la producción de conocimiento como su potencial aplicación para responder a las necesidades de la sociedad. Desde su experiencia como investigador, remarcó la importancia de la formación de equipos interdisciplinarios y de la interacción con el sector privado y destacó que más de diez startups tuvieron su origen en el laboratorio en el que desarrolló su trayectoria científica.

Por su parte, Ponte compartió la experiencia de Merck en materia de innovación abierta y cooperación con instituciones científicas. Entre las iniciativas mencionó el premio que la compañía desarrolla junto al CONICET para estimular la investigación, así como las acciones de colaboración con el Parque de la Innovación. También explicó que la empresa cuenta con equipos especializados en acompañar a laboratorios y centros de investigación durante los procesos de escalado tecnológico, una etapa fundamental para trasladar los desarrollos desde el ámbito experimental hacia su producción a mayor escala. En ese marco, sostuvo que el fortalecimiento de la articulación público-privada resulta crucial para el desarrollo del ecosistema científico, tecnológico y de salud, y para mejorar la calidad de vida de la población.

A su turno, Ciccia destacó el crecimiento del ecosistema biotecnológico argentino y el papel de la Cámara Argentina de Biotecnología, que reúne a 34 empresas y 120 startups. Asimismo, señaló la importancia de complementar las capacidades científicas con conocimientos vinculados a la gestión empresarial, la propiedad intelectual y el escalado productivo. En ese sentido, puso en valor la colaboración entre instituciones públicas, empresas y emprendimientos tecnológicos, y alentó a quienes desarrollan proyectos innovadores a acercarse a las áreas de vinculación tecnológica del CONICET y a las organizaciones del sector para recibir asesoramiento y explorar oportunidades de cooperación.

Hacia el cierre del encuentro, Salamone reafirmó la disposición del CONICET para acompañar iniciativas de innovación y desarrollo tecnológico a partir de las capacidades de sus equipos de investigación distribuidos en todo el país. Asimismo, invitó a empresas y emprendedores a acercarse al organismo para identificar oportunidades de trabajo conjunto.

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Fuente: https://www.conicet.gov.ar/noticias-conicet/

Hígado graso: la actividad física podría reducir en un 16% el riesgo de muerte, afirmó un estudio

Hígado graso: la actividad física podría reducir en un 16% el riesgo de muerte, afirmó un estudio

Hígado graso: la actividad física podría reducir en un 16% el riesgo de muerte, afirmó un estudio

Un análisis con 4.441 adultos de Estados Unidos, presentado en el congreso anual del Colegio Americano de Gastroenterología, halló que abandonar el sedentarismo total se vinculó con el mayor beneficio durante 26 años de seguimiento. El trabajo aún no cuenta con publicación validada por pares

Por Constanza Almirón

La enfermedad hepática esteatósica, conocida popularmente como hígado graso, afecta a cerca de 1.700 millones de personas en el mundo, según estima la Organización Mundial de la Salud, y constituye una de las principales causas de daño crónico del hígado. Su vínculo con la obesidad, la diabetes tipo 2 y los trastornos cardiovasculares la convierte en un desafío de salud pública que trasciende la gastroenterología.

Hasta ahora se sabía que el ejercicio reduce la acumulación de grasa en el hígado y mejora la salud del corazón y el metabolismo, incluso sin una pérdida de peso considerable. Lo que no estaba del todo claro era si esos beneficios se traducían en una mayor sobrevida a largo plazo, ni si la fibrosis hepática, es decir, el proceso de cicatrización del tejido del hígado, podía anular ese efecto protector.

Un análisis presentado en la reunión científica anual del Colegio Americano de Gastroenterología (ACG), celebrada en Nashville, Estados Unidos, ofrece nuevos datos al respecto.

Según datos publicados por Healio, las personas con enfermedad hepática esteatósica que realizaron actividad física recreativa tuvieron un 16% menos de riesgo de muerte por cualquier causa en comparación con quienes llevaron una vida sedentaria. La fibrosis, además, no alteró esa asociación.

El equipo de investigación, liderado por Sahiljot Singh Bhupal, residente de segundo año de medicina interna en el Centro Médico St. Francis de Lynwood, California, analizó datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de Estados Unidos correspondientes al período 1988-1994, vinculados con el Índice Nacional de Defunciones hasta 2019.

El análisis final incluyó a 4.441 adultos de entre 20 y 74 años, una muestra representativa de 46,3 millones de personas. La mayoría de los participantes, el 85,5%, presentaba la variante asociada a disfunción metabólica; el 12,2% tenía una forma combinada con consumo de alcohol, y el 2,3% restante padecía la variante vinculada exclusivamente a la ingesta de bebidas alcohólicas.

Los investigadores clasificaron a los participantes como “físicamente activos” si declaraban cualquier tipo de actividad recreativa, y como “inactivos” si no realizaban ninguna. También estimaron el grado de fibrosis hepática mediante un índice clínico que cruza la edad del paciente con ciertos valores de laboratorio para calcular el nivel de cicatrización del hígado.

A lo largo de una mediana de seguimiento de 26 años se registraron 1.903 muertes. La mortalidad fue considerablemente menor entre quienes realizaban ejercicio: 36,4%, frente al 44% de los sedentarios. Tras ajustar por factores demográficos, socioeconómicos y clínicos, la práctica de actividad física se asoció con un 16% menos de riesgo de muerte por cualquier causa.

“Ya está establecido que la enfermedad cardiovascular sigue siendo una causa importante de muerte en estos pacientes, y observamos un estado cardiovascular deficiente”, explicó Bhupal en declaraciones recogidas por Healio. “Sabemos que el ejercicio es uno de los pilares del tratamiento. Puede mejorar la esteatosis hepática y la salud del corazón y el metabolismo incluso sin bajar de peso de forma considerable”.

Uno de los hallazgos más relevantes del análisis es que la incorporación de los valores de fibrosis no modificó el resultado. “El cociente de riesgo esencialmente no cambió”, señaló el investigador.

“Aunque la fibrosis en sí misma siguió siendo un predictor importante de mortalidad, no pareció explicar la mayor parte del beneficio de supervivencia asociado a la actividad física. Eso sugiere que gran parte del beneficio podría provenir de vías que van más allá del hígado, en particular de la salud del corazón y el metabolismo”.

Dicho de otro modo, el ejercicio no protegería tanto por su efecto directo sobre el hígado, sino por las mejoras que produce en el sistema cardiovascular y en el funcionamiento metabólico general.

El estudio también reveló que la asociación protectora entre el ejercicio y la mortalidad fue más intensa durante los primeros 10 años de seguimiento. Ese dato tiene un matiz importante, porque el nivel de actividad se midió únicamente al inicio del estudio. “A lo largo de 20 o 30 años, los niveles de actividad de las personas pueden cambiar de manera sustancial”, reconoció Bhupal en declaraciones publicadas por el medio.

“Cuanto más nos alejamos de esa medición original, menos representa lo que la persona realmente hace. Clínicamente, creo que eso refuerza la idea de que la actividad física es algo que debemos reevaluar y fomentar con el tiempo, en lugar de conversar sobre ello una sola vez”.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

Qué es y cómo se identifica el oído absoluto, la habilidad musical que comparten Mozart, Michael Jackson y Charly García

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Investigadores de la Universidad de Surrey diseñaron un programa de entrenamiento de ocho semanas que permitió a músicos adultos reconocer notas musicales sin referencias externas, con dos de los doce participantes alcanzando una precisión comparable a la de quienes poseen esta habilidad de forma innata

Por Ismael Yasnikowski

La creencia de que el oído absoluto —la capacidad de identificar notas musicales sin ninguna referencia externa— solo puede adquirirse en la primera infancia fue cuestionada por una investigación publicada en la revista Psychonomic Bulletin & Review. El estudio, liderado por científicos de la Universidad de Surrey en el Reino Unido, mostró que músicos adultos lograron aprender a nombrar tonos con rapidez y exactitud tras un programa de entrenamiento de ocho semanas.

El equipo reclutó a 48 voluntarios, aunque solo doce completaron el protocolo. Con una edad promedio de 27,8 años y 12,8 años de formación musical, acumularon en promedio 21,4 horas de práctica y 15.327 ensayos individuales. Al finalizar, consiguieron nombrar un promedio de 7,08 de las 12 notas cromáticas con un acierto igual o superior al 90%.

El hallazgo más llamativo fue el de dos intérpretes que reconocieron las 12 notas con velocidad y fiabilidad equiparables a las de personas con oído absoluto innato. En la evaluación posterior al entrenamiento registraron un acierto del 89% y 78%, con desviaciones de apenas 0,42 y 0,31 semitonos. Ambos cumplirían la definición objetiva de “oído absoluto verdadero” utilizada por más del 80% de los trabajos que fijan ese criterio, según los autores.

Un tercer voluntario superó todos los niveles del programa, pero fracasó en la prueba independiente. Más tarde admitió que recurrió a comparaciones entre notas para sortear los ejercicios, lo que evidenció una distinción clave: completar el entrenamiento no equivale a dominar la destreza.

A diferencia de investigaciones anteriores, el protocolo abordó seis debilidades señaladas en la literatura científica. El programa presentó tonos en tres octavas (C4 a B6), lo que impedía resolver las pruebas apoyándose solo en la altura del sonido. También eliminó la retroalimentación en los niveles avanzados y reprodujo un tono descendente de Shepard antes de cada ensayo para borrar cualquier referencia almacenada en la memoria auditiva.

Las evaluaciones incluyeron intervalos superiores a una octava entre estímulos consecutivos y una ventana de respuesta de cinco segundos, condiciones que dificultaron el uso de estrategias comparativas. Para reducir la posibilidad de éxito accidental, los sujetos debieron aprobar la fase final en cuatro ocasiones, con al menos 12 horas de pausa entre el tercer y cuarto intento.

“Nuestros hallazgos aportan pruebas convincentes de que esta capacidad no está reservada a unos pocos”, afirmó la autora principal del estudio, la doctora Yetta Wong en un comunicado difundido por la universidad británica.

A nivel grupal, la identificación correcta de notas con el timbre entrenado (piano) pasó del 13,9% al 31,7%, un incremento relativo del 128,1%. La desviación media se redujo un 42,7%, de 2,62 a 1,50 semitonos. Diez de los 12 participantes mejoraron su tasa de aciertos y 11 disminuyeron sus errores.

No obstante, cuando los participantes enfrentaron un timbre diferente al del entrenamiento (guitarra en lugar de piano), la mejora fue limitada. Si bien cometieron menos errores, el aumento en respuestas exactas solo se verificó con el instrumento original. Para los autores, estos resultados apoyan la idea de un “período sensible” —la infancia favorece el aprendizaje, pero no lo imposibilita en la adultez— frente a la de un “período crítico” que cierra esa puerta de forma definitiva.

“Esta investigación tiene implicaciones significativas para nuestra comprensión de la cognición musical y abre puertas para que intérpretes de todas las edades desarrollen su musicalidad al máximo”, señaló el doctor Alan Wong, coautor del trabajo. La pesquisa no incluyó grupo de control ni prueba de retención a largo plazo, por lo que aún se desconoce si la destreza persiste con el paso del tiempo.

Entre los músicos a quienes se atribuye esta facultad figura Mozart, el único compositor del período clásico con evidencia documental directa: una carta de 1763 publicada en el periódico Augsburgischer Intelligenz-Zettel describió cómo, a los 7 años, identificaba notas de cualquier instrumento, campanas y relojes de bolsillo.

Además, aparecen Michael Jackson, cuyo don fue confirmado por colaboradores e ingenieros de sonido y por colaboradores como el productor Will.i.am, según recogió el portal HealthDay, y el argentino Charly García, cuya capacidad quedó documentada en la biografía No digas nada de Sergio Marchi: siendo niño detectó una cuerda desafinada en la guitarra del maestro Eduardo Falú, episodio que reveló su condición.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

Una biopsia líquida podría anticipar casi un año la reaparición del cáncer de pulmón tras la cirugía

Una biopsia líquida podría anticipar casi un año la reaparición del cáncer de pulmón tras la cirugía

Una biopsia líquida podría anticipar casi un año la reaparición del cáncer de pulmón tras la cirugía

Un estudio de NYU Langone identificó que un análisis de sangre puede detectar señales de recaída de la enfermedad con una antelación cercana a los 16 meses, en comparación con las tomografías

Por Constanza Almirón

El cáncer de pulmón es la principal causa de muerte oncológica en el mundo: según la Agencia Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC), en 2024 se registraron 2,6 millones de nuevos casos y 1,86 millones de fallecimientos por esta enfermedad, más del doble que los provocados por el cáncer colorrectal, la segunda causa.

Uno de sus mayores desafíos clínicos radica en lo que ocurre después de la cirugía: incluso cuando un tumor se detecta en etapas tempranas y se extirpa con éxito, la enfermedad puede reaparecer meses o años más tarde.

Hasta ahora, el seguimiento de los pacientes operados dependía casi exclusivamente de tomografías y otros controles radiológicos periódicos, herramientas que solo logran identificar un tumor cuando este ya alcanzó un tamaño visible. Ese intervalo entre la remisión aparente y la confirmación de una recaída constituía un punto ciego que la medicina intentaba resolver desde hace años.

En ese contexto, un grupo de investigadores de NYU Langone Health y la Escuela de Medicina Grossman, en Nueva York, demostró ahora que un análisis de sangre basado en biopsia líquida puede detectar rastros moleculares de cáncer de pulmón con meses de anticipación respecto de los métodos convencionales, incluso en las fases más tempranas de la enfermedad.

Los resultados, publicados en la revista The Journal of Molecular Diagnostics, muestran que el rastreo de ADN tumoral circulante (fragmentos de material genético que las células cancerosas liberan en el torrente sanguíneo) permite predecir con alta precisión el riesgo de recaída y abrir una ventana decisiva para intervenciones terapéuticas a medida de cada paciente.

El cáncer de pulmón de células no pequeñas es el subtipo más frecuente de esta enfermedad. Cuando se diagnostica en etapas tempranas (estadios I y II), el tratamiento estándar consiste en la extirpación quirúrgica del tumor, y las tasas de supervivencia son relativamente altas.

Sin embargo, las cifras de recaída no son menores: entre el 5% y el 19% de los pacientes en estadio I experimentan una reaparición de la enfermedad, proporción que asciende al 27% en estadio II y hasta el 40% en estadio III.

Ante ese panorama, “a medida que la oncología avanza hacia una atención adaptada al riesgo, las biopsias líquidas se consolidan como una herramienta crítica para cerrar la brecha entre la finalización del tratamiento y la recurrencia clínica”, explicó Matija Snuderl, investigador principal del estudio y médico del Departamento de Patología de NYU Langone Health, el Centro Oncológico Laura and Isaac Perlmutter y la Escuela de Medicina Grossman, según el comunicado de prensa.

El equipo realizó un seguimiento de pacientes con cáncer de pulmón a lo largo de distintas etapas terapéuticas mediante extracciones de sangre seriadas, analizadas con una técnica de secuenciación del genoma completo, para rastrear los niveles de ADN tumoral circulante. Esos fragmentos de material genético funcionan como una suerte de “huella dactilar” molecular del cáncer, capaz de delatar su presencia aun cuando ningún estudio radiológico logre captarla.

El hallazgo más relevante del trabajo fue que un resultado positivo para ADN tumoral en sangre funcionó como un indicador altamente sensible de enfermedad residual mínima, es decir, de la presencia de células cancerosas en cantidades tan pequeñas que resultan indetectables por los controles habituales.

La prueba logró identificar recaídas microscópicas meses antes de que las imágenes mostraran tumores visibles. A la inversa, un resultado negativo se correlacionó de manera sólida con una remisión sostenida.

“Como cirujano, hago un seguimiento muy estrecho de mis pacientes y quiero saber lo antes posible si el cáncer ha regresado. Lamentablemente, incluso los pacientes en el estadio más temprano corren riesgo de recurrencia”, señaló Harvey I. Pass, coinvestigador principal y médico del Departamento de Cirugía Cardiotorácica de NYU Langone Health.

“Los hallazgos de nuestro estudio resaltan lo sensible y específica que puede ser la biopsia líquida cuando se integra al monitoreo posoperatorio de rutina, incluso en los estadios más tempranos del cáncer de pulmón. Esto es de importancia crítica para decidir los tratamientos posquirúrgicos”, agregó en el mismo comunicado.

Según datos proporcionados por Snuderl a Newsweek, la prueba predijo la recaída con un 75% de sensibilidad y un 83% de especificidad, y entre los pacientes cuyo análisis arrojó un resultado positivo antes de la confirmación clínica, la mediana del tiempo de anticipación fue de 16,7 meses respecto de los controles convencionales.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

PuertoCiencia cumple 30 años acercando la ciencia a la comunidad

PuertoCiencia cumple 30 años acercando la ciencia a la comunidad

PuertoCiencia cumple 30 años acercando la ciencia a la comunidad

Hay instituciones cuya verdadera escala no se mide en metros cuadrados ni en el inventario de sus salas, sino en…

Hay instituciones cuya verdadera escala no se mide en metros cuadrados ni en el inventario de sus salas, sino en la cantidad de preguntas que son capaces de sembrar en la mirada curiosa de quienes las cruzan. Desde su formalización institucional en 1995 (Res. CD N° 143/95), el Museo Interactivo de Ciencias PuertoCiencia —perteneciente a la Facultad de Ingeniería de la UNER— ha encarnado ese espíritu profundamente transformador. Al cumplir tres décadas de trayectoria, su historia no solo reconstruye el recorrido de una iniciativa universitaria pionera, sino que vuelve a latir con el compromiso entrañable de un centro dedicado a la Apropiación Social de la Ciencia y la Tecnología (ASCyT) y a hacer del conocimiento un bien compartido.

La semilla de esta aventura comenzó a germinar a finales de la década de 1980, en un contexto global y regional donde la ciencia comenzaba a buscar nuevos puentes con la ciudadanía. En 1989, un grupo de docentes con perfiles tan heterogéneos como complementarios impulsó el Proyecto de Investigación y Desarrollo “Elaboración de material didáctico de bajo costo”. Detrás de esta iniciativa inicial  estaban el ingeniero químico Agustín Carpio (profesor de Electrotécnia y decano de la Facultad durante tres períodos consecutivos, entre 1990 y 2002), el profesor en ciencias de la educación Roberto Ronchi y el profesor de física Jacinto Corujo.

Como recordaba el propio Agustín Carpio, creador y director de la institución por más de quince años, «la oportunidad de comenzar con un museo interactivo se presentó en 1989, cuando comenzamos a realizar módulos didácticos a través de una serie de proyectos de investigación y extensión de la Facultad de Ingeniería». Movidos por el deseo de ofrecer alternativas a la enseñanza tradicional y en consonancia con las preocupaciones de organismos internacionales por la búsqueda de una educación más humana y participativa, diseñaron con ingenio artesanal prototipos modulares para la enseñanza experimental de la física. En palabras de Jacinto Corujo, «los materiales fueron concebidos de forma modular, de tal manera que en combinaciones distintas permiten realizar experimentos diferentes utilizando los mismos componentes del conjunto».

Lo que nació en las cátedras de física y electrotecnia mutó rápidamente en un movimiento de alfabetización científica. La iniciativa fue aprobada consecutivamente por el Consejo Directivo de la Facultad en 1989, por el Consejo de Investigaciones de la UNER en 1990 y por el Consejo Superior en 1991. También obtuvo, en 1992, el respaldo fundamental de la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la UNER y del CONICET. Se trató del primer proyecto de la universidad en recibir financiamiento de dicho organismo nacional, lo que en palabras de Carpio expresaba «el interés por iniciativas distintas a las que caracterizaron a la política en ciencia y técnica» de la época.

Aquellos fondos permitieron comprar insumos, contratar desarrollos complejos y becar a jóvenes estudiantes de ingeniería que no solo adquirieron destrezas en la construcción de los módulos, sino que le pusieron el cuerpo a la propuesta, convirtiéndose en los primeros guías y divulgadores capaces de transmitir esa chispa por el descubrimiento.

Ante la falta inicial de un edificio propio, la aprobación oficial del Museo Interactivo en agosto de 1995 dio inicio a su inolvidable y emblemática etapa itinerante. La muestra se inauguró a fines de octubre de 1996 bajo una carpa instalada en la ciudad de Paraná y, desde allí, emprendió un viaje rodante por escuelas, salones comunitarios y ferias de Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba, Buenos Aires, La Pampa, San Luis y La Rioja. Las cifras de aquel período comprendido entre 1996 y 2002 dieron cuenta de una huella imborrable: más de 80.000 visitantes, picos de 17.000 personas por mes contagiándose de curiosidad, 28 muestras en 24 localidades y 1.500 docentes capacitados.

Este despliegue ubicó a la institución, junto con Mundo Nuevo de la Universidad Nacional de La Plata, como uno de los dos primeros museos interactivos de ciencia universitarios del país. Su vocación comunitaria traspasó las aulas y las grandes ciudades para llegar al corazón de cada territorio; como señalaba Carpio, «a pesar de contar con una sede fija, se siguen realizando muestras itinerantes debido al impacto que generan y a la importante acción de difusión científica en todas las comunidades, inclusive las más alejadas de centros educativos y culturales importantes».

Su prestigio internacional se consolidó tempranamente al constituirse en miembro fundador de la Red de Popularización de la Ciencia y la Tecnología en América Latina y el Caribe (RedPOP/UNESCO) y de la Asociación Argentina de Centros y Museos de Ciencia y Tecnología (AACeMuCyT), cosechando distinciones tan valiosas como el Premio Latinoamericano de Popularización de la Ciencia y la Tecnología otorgado por la UNESCO en Río de Janeiro en 1999.

El andar del museo también estuvo atravesado por momentos de incertidumbre, resiliencia y convicción. En 1999, tras un acuerdo con la Municipalidad de Paraná, abrió sus puertas en un galpón del área portuaria (donde hoy funciona la Sala Mayo). Sin embargo, a los tres meses debió devolver el predio. Carpio rememoraba con franca nitidez y sensibilidad aquel episodio: «Parecía un éxito. Pero nuevamente la mano de la política nos jugó una mala pasada y a solo tres meses de su apertura nos solicitaron devolver el lugar. Entre idas y venidas, proyectos arquitectónicos en depósitos de viejas usinas totalmente destruidas, con una alta inversión en tiempo por parte de todo el grupo, parecía que nada daba sus frutos, hasta que a los pocos meses otra vez surgió un convenio; en este caso para ocupar un galpón en la zona de los depósitos del ferrocarril».

Así, en el 2000, el museo encontró al fin su hogar en los viejos talleres ferroviarios, adoptando para siempre el nombre de PuertoCiencia a modo de homenaje a su primera residencia portuaria.

En 2002, la UNER lo incorporó de forma permanente dentro de sus actividades como programa de extensión universitaria. El tránsito hacia esa consolidación institucional demandó perseverancia y visión, como explicaba Carpio: «El Museo ya trascendía el límite de proyecto, tenía que ser una actividad que sea apoyada permanentemente, no a través de una Facultad sino que la Universidad toda se tenía que involucrar con el peso de su estructura. Justamente, el peso está relacionado con la masa y la inercia también… y para involucrar a la Universidad, para que apoye institucional y económicamente esta actividad, tuvimos que hacer mucho esfuerzo en ese sentido y vencer la inercia».

A la par de la exhibición, el museo funcionó como un motor vibrante de I+D a través del Grupo de Popularización de la Ciencia y la Tecnología. En 1999, el equipo diseñó y patentó EQUISCIEN, un equipamiento didáctico para la enseñanza de la ciencia y la tecnología encomendado por el Ministerio de Educación de la Nación con la misión de equipar a 38.000 escuelas del país. Aunque no llegó a concretarse, Carpio recordaba que aquel desarrollo «representó un desafío de trabajo en equipo muy interesante en donde no solo participaban los profesionales del Museo, sino que se incluyeron industriales, comerciantes y profesionales externos».

Pese a los obstáculos, el compromiso del equipo permitió concretar hitos de enorme envergadura, como la creación de más de 60 módulos interactivos, un museo para la región de Salto Grande en convenio con CAFESG, la capacitación de docentes en Panamá y Perú, e incluso la incorporación del teatro científico con obras inolvidables como «La incansable, un viaje circular entre la ciencia y el arte», entre otras.

En los últimos años, tras retornar a la órbita de la Facultad de Ingeniería en 2016 y superar diversos desafíos —como el cierre por la pandemia de COVID-19, la reconstrucción tras un incendio en 2021 y las obras urbanísticas en su explanada en 2023—, PuertoCiencia ha ratificado su vigencia social. La atención a contingentes escolares representa entre el 80% y el 90% de sus visitas, mientras abre sus puertas a las familias y público general en recesos invernales y programas de Turismo Social.

Su oferta pedagógica actual entrelaza con la tradición experimental con las preguntas de nuestro tiempo. A través de talleres de robótica, autómatas, óptica e iniciativas con mirada inclusiva y de género como el Taller STEM en el Día de Ada Lovelace, el museo continúa renovando la forma de dialogar con la sociedad. Muestra de esta constante evolución es la reciente serie interactiva «Elige tu huella», compuesta por módulos lúdicos orientados a sensibilizar a la comunidad sobre el cuidado de nuestro planeta y la sustentabilidad.

Fuente: https://www.ingenieria.uner.edu.ar/listado-noticias/

El CONICET y el Parque de Innovación firmaron un acuerdo de colaboración científica y tecnológica

El CONICET y el Parque de Innovación firmaron un acuerdo de colaboración científica y tecnológica

El CONICET y el Parque de Innovación firmaron un acuerdo de colaboración científica y tecnológica

26 de octubre de 2026
El CONICET y el Parque de Innovación firmaron un acuerdo de colaboración científica y tecnológica

El acuerdo promueve el trabajo de actividades bilaterales en ciencia, tecnología e innovación. Las partes dialogaron sobre la generación de nuevas oportunidades para la transferencia de conocimientos y tecnologías y la promoción del desarrollo de emprendimientos de base científico-tecnológica, entre diversos temas y acciones de interés común.

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El acuerdo promueve el trabajo de actividades bilaterales en ciencia, tecnología e innovación. Las partes dialogaron sobre la generación de nuevas oportunidades para la transferencia de conocimientos y tecnologías y la promoción del desarrollo de emprendimientos de base científico-tecnológica, entre diversos temas y acciones de interés común.

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El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y el Ente Público no Estatal Parque de Innovación (EPI) formalizaron la firma de un convenio de colaboración con el fin de articular y potenciar las capacidades de ambas organizaciones vinculadas a la ciencia, la tecnología y la innovación.

El presidente del CONICET, Daniel Salamone y el director ejecutivo del EPI, Yamil Santoro destacaron la importancia estratégica de consolidar esta alianza para el crecimiento del ecosistema científico-tecnológico y productivo de la Ciudad. Además, de fortalecer la articulación público-privada como uno de los ejes fundamentales para el desarrollo del país.

Desde el CONICET se remarcó la importancia de que este acuerdo facilite la movilidad de investigadores y equipos de trabajo, promueve el uso compartido de infraestructura científica y generar nuevas oportunidades para la transferencia de conocimientos y tecnologías. Por su parte, desde EPI, se destacó el potencial del convenio para consolidar un puente entre el sistema científico y el sector productivo, que permita impulsar proyectos de innovación y vinculación tecnológica, promover el desarrollo de emprendimientos de base científico-tecnológica y favorecer la creación y consolidación de startups.

Con este instrumento, el CONICET y el Parque de Innovación refuerzan su compromiso de articular el conocimiento científico y proyectos con emprendedores y empresas para soluciones innovadoras con impacto económico y social.

Estuvieron presentes, la directora de Ciencia y Tecnología del GCBA, Geraldine Gueron, la asesora de Presidencia del CONICET, Mariana Fernández Taranco, el director de Relaciones Institucionales del EPI, Gonzalo Condis, la responsable de Alianzas Estratégicas del EPI, Sabrina Fingerman, y la Jefa de laboratorio del +54 lab, Erica Anton.

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