Identifican a un condimento como posible aliado contra un tipo de tumor poco frecuente
Un estudio polaco, realizado en modelos animales, puso a prueba cinco sustancias de origen vegetal frente al fibrosarcoma y encontró que una supera a las demás en eficacia y tolerancia
El fibrosarcoma es un tumor maligno que se origina en el tejido que actúa como sostén y unión entre los distintos órganos y estructuras del cuerpo, y se presenta con mayor frecuencia en las extremidades y el tronco. Según estimaciones internacionales, representa menos del 1 % de todos los tumores sólidos en adultos y su tratamiento convencional se basa en cirugía, quimioterapia y radioterapia. Sin embargo, estas estrategias no siempre muestran resultados satisfactorios en este tipo de cáncer poco frecuente.
Frente a ese panorama, la búsqueda de alternativas terapéuticas derivadas de la naturaleza ha ganado terreno en los laboratorios de oncología experimental. Durante años, condimentos como la curcumina —el pigmento amarillo que le da su color al curry— o la berberina —alcaloide presente en diversas plantas medicinales— han captado la atención de la comunidad científica por sus propiedades antiinflamatorias y anticancerígenas.
No obstante, hasta ahora faltaba un análisis sistemático que los comparara de forma simultánea y que evaluara no solo su eficacia contra las células tumorales, sino también su impacto sobre las sanas. Ese vacío fue el punto de partida de un equipo de investigadores de la Universidad Médica de Wroclaw y la Universidad de Wroclaw, en Polonia.
El estudio publicado en la revista científica International Journal of Molecular Sciences analizó cinco compuestos de origen vegetal —curcumina, berberina, biochanin A, cucurbitacina E y CAPE (éster fenetílico del ácido cafeico, un componente del propóleos)— frente a células de fibrosarcoma y células musculares sanas.
El estudio concluyó que la curcumina reunió la mayor actividad anticancerígena junto con el perfil de seguridad más equilibrado entre todos los candidatos evaluados.
El trabajo se concentró en la ruta de señalización NF-κB, que regula procesos como la inflamación, el metabolismo, la supervivencia celular y el envejecimiento, y opera como un interruptor maestro dentro de cada célula.
“NF-κB actúa como un interruptor de control central que integra las señales de estrés celular y determina si una célula activa vías inflamatorias, lucha por su supervivencia o cambia su metabolismo”, afirmó Julita Kulbacka, profesora del Departamento de Biología Molecular y Celular de la Universidad Médica de Wroclaw, según el comunicado de prensa.
En las células cancerosas, ese interruptor tiende a mantenerse activado de forma permanente, lo que favorece su crecimiento y su capacidad de adaptarse a condiciones adversas. Sin embargo, dado que el NF-κB también cumple funciones esenciales en las células normales, la meta no es bloquearlo por completo, sino modularlo con la mayor precisión posible.
Uno de los hallazgos más notorios del trabajo gira en torno al ATP, la molécula que funciona como moneda energética de las células. Los compuestos alteraron la función de las mitocondrias, estructuras que actúan como centrales de energía dentro de la célula, y redujeron la capacidad de producir energía.
En las células de fibrosarcoma, los niveles de ATP cayeron entre un 83% y un 92%; en las células musculares sanas, la reducción fue de entre un 23% y un 73%. Esa diferencia sugiere que las células tumorales son más vulnerables a las perturbaciones en el metabolismo energético.
Los compuestos también incidieron sobre la mitofagia, el proceso por el cual las células eliminan mitocondrias dañadas como mecanismo de autolimpieza.
“La berberina, la cucurbitacina E y el CAPE potenciaron la mitofagia dependiente de PINK1/PARKIN en las células de fibrosarcoma. Combinado con la marcada reducción de los niveles de ATP, esto indica no una respuesta protectora, sino un mecanismo adaptativo desbordado que conduce a la senescencia y la muerte celular”, señaló Kulbacka, según el comunicado de prensa.
La senescencia celular es un estado en el que la célula permanece viva, pero pierde de forma permanente su capacidad de dividirse, lo que equivale a neutralizarla sin destruirla. Los cinco compuestos indujeron ese estado en las células cancerosas. El efecto más pronunciado lo produjo la curcumina: la proporción de células senescentes en el grupo canceroso pasó de aproximadamente un 16,5% a más de un 75%.
Para los demás compuestos, ese porcentaje también superó el 66%, según se detalla en el estudio. Las células musculares sanas mostraron, en general, una respuesta más débil, lo que apunta a cierta selectividad de estos compuestos hacia las células tumorales.
La eficacia en células aisladas no alcanza para proyectar un compuesto hacia la clínica. Por eso, el equipo introdujo un paso adicional: evaluó la toxicidad de las cinco sustancias en larvas de la polilla de la cera mayor, Galleria mellonella, un modelo invertebrado de uso creciente en investigación preclínica por su bajo costo y su capacidad para revelar señales de toxicidad sistémica.


