Qué hace el celular en el sueño de los adolescentes
El horario de uso importa más que la cantidad de horas conectado: qué dice la ciencia sobre dispositivos, ritmo biológico y descanso en la adolescencia
Por Fernando Mongelós
Tres de cada cuatro adolescentes estadounidenses no duermen las horas recomendadas en las noches de escuela, y parte del problema está en cómo termina el día. Las pantallas no desaparecen cuando llega la hora de dormir: los teléfonos permanecen en el dormitorio, los mensajes siguen llegando y el timbre queda encendido. La pregunta no es solo cuántas horas pasan conectados, sino qué hacen con el celular cuando ya deberían estar durmiendo.
En Estados Unidos, la conexión continua forma parte de la rutina de una parte considerable de la población adolescente. Según el informe Teens, Social Media and AI Chatbots 2025 de Pew Research Center, el 36% de los jóvenes de 13 a 17 años utiliza al menos una plataforma digital de manera casi constante. El relevamiento analizó el uso de TikTok, YouTube, Instagram, Snapchat y Facebook.
El tiempo conectado no describe por sí solo la calidad del descanso. El horario de uso del dispositivo, la actividad elegida y la permanencia del teléfono dentro del dormitorio son variables que pueden modificar una rutina nocturna. Las conversaciones, los contenidos breves y los juegos requieren atención y pueden prolongarse más allá de la hora prevista para dormir.
Los datos del Youth Risk Behavior Survey del Centers for Disease Control and Prevention muestran que el descanso insuficiente es frecuente entre estudiantes de secundaria. En 2023, apenas uno de cada cuatro alcanzó al menos ocho horas de sueño en una noche escolar promedio. Un análisis publicado en JAMA ese mismo año calculó que el 76,8 % de los alumnos durmió menos de ocho horas en las noches de escuela, una proporción que creció de forma sostenida desde 2007.
La diferencia entre utilizar una pantalla durante la tarde y hacerlo cuando ya comenzó la preparación para dormir resulta relevante. Un estudio publicado en Journal of Adolescent Health examinó a 9.398 preadolescentes estadounidenses de 11 y 12 años y analizó la relación entre los hábitos digitales nocturnos y el sueño al cabo de un año.
La investigación encontró que hablar o enviar mensajes por teléfono, usar redes sociales, escuchar música y dejar el timbre del celular encendido durante la noche se asociaron con una menor duración del sueño y más alteraciones del descanso. También observó que tener un televisor o un dispositivo conectado a internet dentro de la habitación se vinculó con menos horas de sueño semanal.
Los resultados describen asociaciones y no prueban que cada episodio de uso de pantalla cause, por sí mismo, dificultades para dormir. Sin embargo, permiten distinguir el efecto potencial de las prácticas nocturnas frente al uso general de tecnología. La disponibilidad inmediata del celular en la cama facilita que una notificación, un mensaje o una publicación interrumpan el momento de desconexión.
El estudio también pone el foco en la variedad de actividades. No todas demandan la misma atención ni generan el mismo nivel de interacción. Responder mensajes, participar de un juego o alternar entre varias aplicaciones puede prolongar la vigilia de manera diferente a escuchar un contenido sin intervenir sobre la pantalla.
La falta de descanso no depende exclusivamente de los dispositivos. La American Academy of Sleep Medicine señala que durante la pubertad se retrasa el ritmo circadiano, el sistema que regula los ciclos de sueño y vigilia. Por esa razón, muchos adolescentes tienden a sentir sueño más tarde y enfrentan dificultades para conciliarlo temprano.
La organización recomienda que las personas de entre 13 y 18 años duerman de forma regular entre ocho y diez horas por noche. También sostiene que las escuelas medias y secundarias deberían comenzar a las 8:30 o más tarde, con el objetivo de ampliar la oportunidad de descanso antes de la jornada académica.
Según la American Academy of Sleep Medicine, los horarios de inicio posteriores se asociaron en distintos estudios con más tiempo total de sueño, menos somnolencia durante el día, menor cantidad de llegadas tarde y menos ausencias. La recomendación incorpora un factor que excede las decisiones individuales: el tiempo disponible entre el inicio del sueño y la hora de ingreso a clase.
La entidad también aconseja reducir el uso de dispositivos electrónicos cerca de la hora de dormir y sostener horarios de descanso estables durante la semana. Estas pautas no sustituyen una evaluación profesional cuando existen problemas persistentes, pero ordenan elementos cotidianos que intervienen en la rutina nocturna.
El déficit de sueño adolescente tiene dos capas. Una es estructural y difícil de modificar desde casa: el retraso del ritmo circadiano durante la pubertad y los horarios de inicio escolar que no se adaptan a esa biología. La otra es de hábito, y ahí sí hay margen de intervención: sacar el teléfono del dormitorio, apagar el timbre antes de dormir y establecer un horario de desconexión son cambios concretos que la evidencia disponible asocia con mejor descanso. No resuelven el problema completo, pero actúan sobre la parte que depende de las decisiones cotidianas.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Tres adolescentes de la India crearon una heladera que funciona con sal y agua, y conserva vacunas hasta 12 horas
El dispositivo, desarrollado en Indore, logra mantener insumos médicos sensibles entre 2 y 6 °C mediante una reacción química sin fuentes externas de energía en hospitales locales
Por Ismael Yasnikowski
Tres estudiantes de Indore, en el estado indio de Madhya Pradesh, desarrollaron una heladera portátil que funciona sin electricidad, baterías ni hielo. El dispositivo, bautizado Thermavault, enfría mediante una reacción química entre sal y agua, y ganó el Premio Tierra 2025 para Asia, con un aporte de USD 12.500.
Según el medio local India Today, Dhruv Chaudhary, Mithran Ladhania y Mridul Jain —alumnos de doceavo grado entre 16 y 17 años— concibieron la invención tras estudiar en clase los problemas de conservación de vacunas en zonas rurales sin acceso eléctrico confiable. Con padres vinculados al sector sanitario, conocían de cerca los obstáculos que enfrentan los trabajadores de salud al llevar insumos sensibles a la temperatura hacia comunidades alejadas de la red.
Ciertas sales reducen la temperatura del agua al disolverse en ella. Durante ese proceso, el compuesto se separa en iones con carga eléctrica, una reacción que absorbe energía del entorno y enfría el líquido. Los tres estudiantes analizaron cerca de 150 sales antes de reducir la lista a unos 20 candidatos, que luego sometieron a prueba en laboratorios de los Institutos Indios de Tecnología (IIT).
Los primeros experimentos no arrojaron los resultados buscados. El punto de quiebre llegó cuando su docente les señaló dos compuestos presentes en su propio manual escolar: cloruro de amonio y octahidrato de hidróxido de bario. Las pruebas confirmaron que el cloruro de amonio sostiene temperaturas de entre 2 y 6 °C, el rango recomendado para la mayoría de las vacunas. Al incorporar el segundo compuesto, la mezcla puede descender por debajo de cero, lo que abre posibilidades para otras aplicaciones médicas, como el traslado de órganos para trasplante.
El Thermavault consiste en un contenedor plástico aislado con un revestimiento interior de cobre. Los insumos médicos se ubican dentro de esa cavidad, mientras la solución salina ocupa el espacio entre las paredes interna y externa. A diferencia de las cajas frías convencionales que dependen de bloques de hielo, el sistema aprovecha la reacción de disolución para mantener el frío sin fuentes de energía externas.
A tres meses de identificar la combinación correcta de compuestos, el equipo construyó un prototipo funcional y lo sometió a prueba en centros médicos de la ciudad. Un médico del Hospital V One constató que el dispositivo conservó las vacunas a temperatura adecuada durante entre 10 y 12 horas, según recogió India Today. El Dr. Pritesh Vyas, cirujano ortopédico que evaluó el Thermavault en ese establecimiento, indicó que su utilidad en zonas de difícil acceso aumentaría con la incorporación de un sensor de temperatura integrado.
El material refrigerante, además, admite reutilización: la solución de cloruro de amonio se extrae, se calienta para evaporar el agua y la sal resultante vuelve a disolverse en agua limpia para iniciar un nuevo ciclo. Eso mantiene los costos operativos bajos y elimina la necesidad de un congelador previo.
El Premio Tierra distingue proyectos de adolescentes orientados a desafíos ambientales y selecciona un ganador por región en distintas partes del mundo. Chaudhary, Ladhania y Jain recibieron el reconocimiento para Asia en 2025 y destinarán los fondos a fabricar 200 unidades para distribuir en 120 hospitales con fines de evaluación clínica.
El paso siguiente del equipo es obtener la certificación de Desempeño, Calidad y Seguridad de la Organización Mundial de la Salud (OMS), un requisito para ingresar a los grandes programas de inmunización. También buscan presentar la tecnología ante Gavi, la alianza internacional dedicada a ampliar el acceso a vacunas en países de ingresos bajos. De obtener esas validaciones, el Thermavault podría escalar de experimento de aula a herramienta de salud pública con proyección internacional.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Cuál es el verdadero poder de las legumbres en el control del colesterol, según un estudio
Un riguroso metaanálisis que examinó más de 30 investigaciones clínicas aleatorizadas comprobó qué ocurre con los distintos tipos de grasas arteriales tras sumar estos alimentos
Por Santiago Abraldes
Una revisión reciente de ensayos clínicos reunió datos sobre el consumo de legumbres y los niveles de grasas en sangre. El resultado principal fue una reducción promedio del colesterol total y del colesterol LDL, conocido como malo, entre las personas que incorporaron legumbres no derivadas de la soja en los estudios analizados.
El dato aporta una medida más concreta a un tema que suele aparecer en recomendaciones generales de alimentación.
En vez de presentar una porción única o una frecuencia fija como regla, la revisión permite observar qué ocurrió en investigaciones controladas y cuál fue la magnitud promedio de los cambios registrados.
De acuerdo con una revisión sistemática y metaanálisis publicado en Nutrition Reviews, revista académica de nutrición, el consumo de legumbres no derivadas de la soja se vinculó con una baja de 5,159 miligramos por decilitro en el colesterol total y de 3,475 miligramos por decilitro en el colesterol LDL. El trabajo analizó 31 ensayos clínicos aleatorizados.
Para integrar el análisis, seleccionaron ensayos clínicos aleatorizados que evaluaron el efecto de legumbres no derivadas de la soja sobre los lípidos en sangre. Entre los indicadores examinados estuvieron el colesterol total, el colesterol LDL, el colesterol HDL y los triglicéridos.
Un ensayo clínico aleatorizado compara grupos de participantes mediante una asignación definida al azar. En este caso, la revisión reunió ese tipo de trabajos para calcular un resultado promedio.
El método permite valorar la dirección general de los cambios observados, aunque no convierte cada resultado individual en una respuesta esperable para todas las personas.
El estudio aplicó un modelo estadístico que considera las diferencias entre los ensayos. Esa decisión resulta relevante porque las investigaciones incluidas no necesariamente utilizaron la misma variedad de legumbre, la misma cantidad ni la misma duración de intervención.
Por eso, el resultado describe un promedio del conjunto de estudios y no una pauta alimentaria única.
La revisión analizó por separado algunos factores que podían influir en los resultados, como la duración de la intervención, la edad y el índice de masa corporal, una relación entre peso y altura que se emplea para describir características de los grupos estudiados.
El resultado central fue una reducción media de 5,159 miligramos por decilitro en el colesterol total. Para el colesterol LDL, la disminución promedio fue de 3,475 miligramos por decilitro.
El LDL transporta colesterol por la sangre y suele denominarse colesterol malo en la comunicación de salud.
Las cifras indican la diferencia promedio encontrada entre los grupos que consumieron legumbres y los grupos de comparación. No expresan una reducción asegurada para cada participante ni permiten anticipar qué ocurrirá ante una cantidad determinada de alimento.
La propia revisión reunió estudios con intervenciones distintas, por lo que sus resultados deben leerse dentro de ese alcance específico.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Qué dicen las nuevas guías mundiales sobre hipertensión y por qué son importantes para la salud
Expertos internacionales actualizaron las recomendaciones para controlar la presión arterial y advierten que tratar antes y mejor puede prevenir enfermedades graves
Por Ismael Yasnikowski
La Sociedad Internacional de Hipertensión (ISH) actualizó sus directrices globales para el control de la presión arterial alta y estableció recomendaciones más claras sobre cuándo iniciar el tratamiento y cómo monitorear la enfermedad en casa. Los cambios apuntan a que más personas puedan controlar su presión, sin importar el sistema de salud al que tengan acceso.
Según informó el portal médico Medscape, las nuevas guías se presentaron en la Reunión Científica 2026 de la ISH, celebrada en Dubái, y se publicaron en la revista científica Journal of Hypertension. El documento reemplaza la versión anterior de 2020 y organiza las recomendaciones en dos niveles: atención esencial y atención óptima, para adaptarse tanto a países con recursos limitados como a sistemas sanitarios más desarrollados.
Uno de los mensajes más importantes de las nuevas guías es que conviene actuar antes. Los pacientes con alto riesgo cardiovascular —es decir, quienes tienen antecedentes de enfermedades del corazón, diabetes u otras condiciones asociadas— deben comenzar con medicación de inmediato, sin esperar. Quienes presentan un riesgo menor pueden intentar primero tres meses de cambios en el estilo de vida: mejorar la alimentación, hacer actividad física y reducir el consumo de sal y alcohol.
En cuanto a los números, la meta varía según el nivel de atención disponible. En sistemas con recursos básicos, el objetivo es mantener la presión por debajo de 140/90 mm Hg. Donde se cuenta con mayor infraestructura médica, la recomendación es más estricta: menos de 130/80 mm Hg.
George Stergiou, médico especialista y líder del equipo que elaboró las guías, sostuvo que la clave para los profesionales será apuntar a lo “esencial para todos” y, en la medida de lo posible, “incorporen los elementos óptimos que puedan”, según recogió Medscape.
Las guías eliminaron el término “presión alta normal”, que antes se usaba para valores sistólicos de entre 130 y 139 mm Hg o diastólicos de entre 85 y 89 mm Hg. El nuevo nombre es “presión arterial elevada”. El motivo del cambio es práctico: muchas personas se quedaban con la palabra “normal” y no tomaban medidas, cuando en realidad esos valores ya requieren atención.
Bajo las recomendaciones óptimas, cualquier persona con presión arterial elevada debería recibir seguimiento médico. La definición formal de hipertensión —el umbral a partir del cual se considera una enfermedad— no cambió y se mantiene en 140/90 mm Hg.
Las guías también modificaron la forma recomendada de medir la presión. Una sola lectura en el consultorio ya no es suficiente para hacer un diagnóstico. Lo ideal es la medición domiciliaria estandarizada: registrar la presión durante siete días consecutivos, con al menos 12 lecturas repartidas en tres de esos días. Los dispositivos sin manguito —como algunos relojes inteligentes— no tienen aval para tomar decisiones clínicas, aunque sí pueden usarse como primer filtro en personas sin acceso regular a un médico.
Por primera vez, las nuevas directrices incorporan el abandono de la medicación antihipertensiva como un factor de riesgo cardiovascular modificable. Esto significa que dejar de tomar los fármacos recetados no es un hecho menor: aumenta el riesgo de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular, igual que fumar o tener colesterol elevado.
“Sabemos cómo controlar la hipertensión en el 95% de los pacientes y tenemos las herramientas para hacerlo. El problema es que eso no se traduce en control a nivel poblacional”, advirtió el especialista. El mensaje para quienes conviven con esta enfermedad es claro: seguir el tratamiento indicado por el médico es tan importante como iniciarlo.
Para reducir esa brecha entre el conocimiento y la práctica, la ISH lanzó un plan de acción de un año y desarrolló una aplicación con inteligencia artificial llamada “ISH OnTheGo”, orientada a los equipos de salud para responder consultas durante la consulta clínica.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Cómo controlar el peso podría frenar el deterioro cognitivo en apenas 2 años, según un estudio
Investigadores de la Universidad de Georgia rastrearon a más de 8.200 personas durante dos décadas y concluyeron que el IMC es uno de los factores modificables más relevantes para preservar la salud mental con la edad
Por Ismael Yasnikowski
Tener kilos de más no solo afecta el corazón o las articulaciones. Un estudio publicado en la revista científica Journal of Neurology determinó que el exceso de masa corporal acelera el declive de la memoria, el rendimiento mental general y las funciones ejecutivas en adultos mayores de 50 años. El equipo encontró que cada punto adicional en el índice de masa corporal (IMC) se asocia con una caída más rápida en estas capacidades intelectuales.
El trabajo fue realizado por científicos de la Universidad de Georgia y analizó datos de un seguimiento nacional a más de 8.200 personas durante 24 años, lo que lo convierte en uno de los registros longitudinales más extensos sobre la relación entre peso corporal y salud cerebral en la población de mayor edad.
Los resultados mostraron una relación consistente entre el IMC y la velocidad del declive cognitivo. El efecto fue más pronunciado a partir del octavo año de seguimiento, y los adultos mayores de 65 años presentaron los cambios más marcados.
Las funciones ejecutivas —aquellas que permiten concentrarse, planificar, organizar tareas y regular emociones— fueron una de las áreas más afectadas. Estas capacidades son indispensables para la vida cotidiana y su deterioro puede tener consecuencias directas sobre la autonomía de las personas.
Los autores también hallaron una señal alentadora: gestionar el peso puede frenar ese declive en un plazo relativamente corto. “Descubrimos que, si las personas manejaban su masa corporal, podían reducir notablemente su tasa de pérdida cognitiva en tan solo dos años”, afirmó Suhang Song, autora principal del estudio e investigadora de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Georgia, en declaraciones recogidas por ScienceDaily.
Eso convierte al IMC en uno de los factores de riesgo más fácilmente abordables cuando se trata de envejecer bien, añadió la investigadora.
Los científicos aún no tienen una respuesta definitiva sobre el mecanismo exacto por el que el exceso de kilos daña el cerebro. Sin embargo, distintos procesos biológicos apuntan en la misma dirección: el tejido adiposo en exceso promueve la inflamación crónica, deteriora la circulación sanguínea y contribuye a la resistencia a la insulina.
Ese conjunto de alteraciones puede aumentar la probabilidad de desarrollar daño cognitivo, enfermedad de Alzheimer y otras formas de demencia. La obesidad, definida en términos generales como un IMC igual o superior a 30, ya se vinculaba a una peor salud cerebral, pero este trabajo refuerza esa relación con datos de largo plazo.
El contexto epidémico hace que los hallazgos sean especialmente relevantes. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, aproximadamente dos de cada cinco estadounidenses califican como obesos usando el IMC como único criterio. Si se incorporan medidas adicionales como el perímetro de cintura y condiciones médicas asociadas, ese porcentaje asciende al 75%.
La investigación no establece que el sobrepeso cause directamente el deterioro cognitivo, pero sí señala a la masa corporal como un factor accionable. Esa distinción importa: a diferencia de la edad o la genética, el peso puede modificarse con intervenciones concretas.
Song subrayó la urgencia de actuar sobre esos factores ante la ausencia de tratamientos curativos: “No existen curas para la demencia, por lo que es fundamental identificar y abordar cualquier factor de riesgo que podamos encontrar para prevenirla”.
Según la publicación de Science Daily, más de siete millones de estadounidenses conviven actualmente con demencia, y los investigadores proyectan que esa cifra se duplicará hacia 2050. Ante ese escenario, identificar variables de riesgo que puedan atenderse se vuelve una prioridad tanto clínica como de salud pública.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
El cannabis no mejora el sueño: un estudio de 35 años contradice lo que sus usuarios creen
Investigadores de Northwestern detectaron con dispositivos de rastreo que los consumidores experimentan más interrupciones nocturnas, aunque ellos mismos no lo perciben
Un estudio de 35 años desafía la creencia de que el cannabis mejora el sueño. Los usuarios registran más despertares nocturnos que las personas que no lo consumen, aunque ellos mismos no lo perciben.
El cannabis daña el sueño, aunque quienes lo consumen no lo noten. Esa es la conclusión central de un estudio de largo aliento publicado en JAMA Network Open, en el que científicos de la Universidad Northwestern analizaron los hábitos de vida de cerca de 1.300 personas durante más de tres décadas. Los datos objetivos, recogidos por dispositivos de rastreo, revelaron un patrón consistente: el consumo de cannabis se asocia con un sueño más fragmentado y de menor calidad, independientemente de lo que los propios usuarios perciban.
Los participantes del estudio portaron sensores en la muñeca —similares a un Apple Watch o un Fitbit— que registraron su actividad nocturna durante al menos una semana. Los datos mostraron que quienes habían consumido cannabis de manera acumulada a lo largo de los años presentaban más interrupciones durante el sueño y pasaban menos tiempo dormidos dentro del período de descanso. Sin embargo, cuando se les preguntó directamente, estos usuarios describieron su sueño de forma similar a quienes nunca habían consumido la sustancia.
“Muchas personas creen que les ayuda a dormir mejor”, señaló Thanh-Huyen T. Vu, profesora asociada de investigación en medicina preventiva de la Facultad de Medicina Feinberg de Northwestern y una de las autoras del trabajo, en declaraciones recogidas por MedicalResearch.com. “Pero nuestros hallazgos sugieren que no se debe asumir que va a mejorar el sueño, porque las alteraciones relacionadas con el cannabis pueden pasar inadvertidas”.
El estudio se basó en el Coronary Artery Risk Development in Young Adults Study (CARDIA), una investigación de largo plazo que examina de qué manera el entorno, la genética y los comportamientos de vida de una persona inciden en su riesgo cardiovascular. Desde mediados de los años 80 hasta 2022 aproximadamente, los 1.266 participantes informaron periódicamente sobre su consumo de cannabis y su frecuencia.
El análisis distinguió dos grupos: los usuarios con mayor nivel acumulado de consumo a lo largo de su vida y los usuarios recientes, definidos como aquellos que habían consumido cannabis en algún momento durante los 30 días previos. Ambos grupos mostraron indicadores de sueño más pobres que quienes no consumían la sustancia: más tiempo despiertos por la noche y una eficiencia de sueño más baja, es decir, una menor proporción del tiempo en cama efectivamente dedicada al descanso.
Mercedes R. Carnethon, presidenta del Departamento de Medicina Preventiva de Northwestern y coautora del estudio, admitió que los resultados la tomaron por sorpresa. “Hago mucha investigación sobre el sueño y, simplemente, había tomado como válidos los testimonios de las personas que decían dormir mejor cuando usaban cannabis”, afirmó en declaraciones publicadas por el Washington Post. “Cuando leí sobre cómo actúa el cannabis en el cuerpo, me pareció plausible que la gente durmiera mejor. Por eso me sorprendió. Pero eso es lo que tiene la investigación”.
Una posible explicación para la discrepancia entre la percepción y los datos objetivos son los llamados “micro-despertares”: interrupciones brevísimas del sueño que el usuario no recuerda al despertar, pero que sí quedan registradas en los dispositivos. “Uno sabría si se despertó en medio de la noche y estuvo despierto una hora”, precisó Carnethon. “Pero lo que la gente no recuerda son los micro-despertares”.
Deirdre Conroy, psicóloga del sueño con varios estudios publicados sobre cannabis y descanso nocturno, sostuvo que los nuevos hallazgos son coherentes con evidencia previa que indica que el consumo frecuente y prolongado deteriora el sueño con el tiempo. “El uso regular puede generar tolerancia, por lo que las personas necesitan más con el tiempo para obtener el mismo efecto”, explicó Conroy en declaraciones al Washington Post.
A eso se suma otro factor: cuando el efecto del cannabis desaparece durante la noche, el sueño puede interrumpirse. Y cuando el usuario deja de consumirlo, pueden aparecer síntomas de abstinencia. “Ambos pueden fragmentar el sueño y aumentar los despertares nocturnos”, advirtió la especialista.
El cannabis se ha consolidado como uno de los productos más comercializados como auxiliar del sueño. Gomitas, tinturas, cápsulas y otros formatos con THC, CBN y CBD —tres de los compuestos activos más conocidos de la planta— se promocionan ampliamente con ese fin. Estudios calculan que casi el 10% de los adultos en Estados Unidos usa alguna forma de cannabis para dormir.
La evidencia científica, en cambio, apunta en sentido contrario. Una revisión publicada recientemente en la Cochrane Database of Systematic Reviews analizó nueve ensayos clínicos sobre cannabis medicinal para el insomnio y concluyó que la sustancia mostraba “ningún efecto clínicamente significativo” sobre la calidad del sueño, su duración o el funcionamiento diurno, en comparación con el placebo. Los autores advirtieron además sobre efectos secundarios como sequedad bucal y mareos, aunque señalaron que la evidencia general era demasiado “incierta” para sacar conclusiones firmes.
Los propios investigadores de Northwestern reconocen que, al tratarse de un estudio observacional, no es posible establecer una relación de causa y efecto en términos formales. No obstante, la consistencia del patrón a lo largo de tres décadas y en más de 1.200 personas le otorga solidez al hallazgo. Los autores también señalan que no se relevaron datos sobre las variedades específicas de cannabis ni sobre la vía de administración —inhalada o comestible—, aspectos que futuras investigaciones deberán precisar.
“Ciertamente aún queda trabajo por hacer”, reconoció Carnethon. “No pretendo desacreditar las afirmaciones de toda una industria. Hemos recibido muchos correos enojados de personas que dicen que estamos equivocados”.
Vu, por su parte, señaló en la entrevista con MedicalResearch.com que futuros estudios deberían relevar con mayor detalle las variedades de cannabis utilizadas, las combinaciones con otras sustancias y las vías de administración, para determinar si existen diferencias en la calidad del sueño según esos factores. T
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/