Qué dicen las nuevas guías mundiales sobre hipertensión y por qué son importantes para la salud
Expertos internacionales actualizaron las recomendaciones para controlar la presión arterial y advierten que tratar antes y mejor puede prevenir enfermedades graves
Por Ismael Yasnikowski
La Sociedad Internacional de Hipertensión (ISH) actualizó sus directrices globales para el control de la presión arterial alta y estableció recomendaciones más claras sobre cuándo iniciar el tratamiento y cómo monitorear la enfermedad en casa. Los cambios apuntan a que más personas puedan controlar su presión, sin importar el sistema de salud al que tengan acceso.
Según informó el portal médico Medscape, las nuevas guías se presentaron en la Reunión Científica 2026 de la ISH, celebrada en Dubái, y se publicaron en la revista científica Journal of Hypertension. El documento reemplaza la versión anterior de 2020 y organiza las recomendaciones en dos niveles: atención esencial y atención óptima, para adaptarse tanto a países con recursos limitados como a sistemas sanitarios más desarrollados.
Uno de los mensajes más importantes de las nuevas guías es que conviene actuar antes. Los pacientes con alto riesgo cardiovascular —es decir, quienes tienen antecedentes de enfermedades del corazón, diabetes u otras condiciones asociadas— deben comenzar con medicación de inmediato, sin esperar. Quienes presentan un riesgo menor pueden intentar primero tres meses de cambios en el estilo de vida: mejorar la alimentación, hacer actividad física y reducir el consumo de sal y alcohol.
En cuanto a los números, la meta varía según el nivel de atención disponible. En sistemas con recursos básicos, el objetivo es mantener la presión por debajo de 140/90 mm Hg. Donde se cuenta con mayor infraestructura médica, la recomendación es más estricta: menos de 130/80 mm Hg.
George Stergiou, médico especialista y líder del equipo que elaboró las guías, sostuvo que la clave para los profesionales será apuntar a lo “esencial para todos” y, en la medida de lo posible, “incorporen los elementos óptimos que puedan”, según recogió Medscape.
Las guías eliminaron el término “presión alta normal”, que antes se usaba para valores sistólicos de entre 130 y 139 mm Hg o diastólicos de entre 85 y 89 mm Hg. El nuevo nombre es “presión arterial elevada”. El motivo del cambio es práctico: muchas personas se quedaban con la palabra “normal” y no tomaban medidas, cuando en realidad esos valores ya requieren atención.
Bajo las recomendaciones óptimas, cualquier persona con presión arterial elevada debería recibir seguimiento médico. La definición formal de hipertensión —el umbral a partir del cual se considera una enfermedad— no cambió y se mantiene en 140/90 mm Hg.
Las guías también modificaron la forma recomendada de medir la presión. Una sola lectura en el consultorio ya no es suficiente para hacer un diagnóstico. Lo ideal es la medición domiciliaria estandarizada: registrar la presión durante siete días consecutivos, con al menos 12 lecturas repartidas en tres de esos días. Los dispositivos sin manguito —como algunos relojes inteligentes— no tienen aval para tomar decisiones clínicas, aunque sí pueden usarse como primer filtro en personas sin acceso regular a un médico.
Por primera vez, las nuevas directrices incorporan el abandono de la medicación antihipertensiva como un factor de riesgo cardiovascular modificable. Esto significa que dejar de tomar los fármacos recetados no es un hecho menor: aumenta el riesgo de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular, igual que fumar o tener colesterol elevado.
“Sabemos cómo controlar la hipertensión en el 95% de los pacientes y tenemos las herramientas para hacerlo. El problema es que eso no se traduce en control a nivel poblacional”, advirtió el especialista. El mensaje para quienes conviven con esta enfermedad es claro: seguir el tratamiento indicado por el médico es tan importante como iniciarlo.
Para reducir esa brecha entre el conocimiento y la práctica, la ISH lanzó un plan de acción de un año y desarrolló una aplicación con inteligencia artificial llamada “ISH OnTheGo”, orientada a los equipos de salud para responder consultas durante la consulta clínica.


