Una noche sin dormir genera cambios en el cerebro vinculados a la memoria, advierte un nuevo estudio

Una noche sin dormir genera cambios en el cerebro vinculados a la memoria, advierte un nuevo estudio

Una noche sin dormir genera cambios en el cerebro vinculados a la memoria, advierte un nuevo estudio

La investigación observó modificaciones cerebrales tras 28 horas de vigilia, y confirma que el sueño insuficiente altera el equilibrio celular y las funciones cognitivas

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Diversos estudios han destacado la importancia del descanso nocturno como un factor fundamental para la salud y la longevidad. Sin embargo, cerca de un tercio de la población no consigue dormir entre 7 y 9 horas diarias, la cantidad ideal recomendada por los expertos en medicina del sueño. Prueba de esto es un estudio reciente, que incluyó a más de 67.000 personas y fue publicado en la revista Sleep Health, que detectó que el 31% de los adultos duerme menos de lo recomendado, lo que tiene múltiples consecuencias para la salud.

Dormir mal afecta integralmente al cuerpo y la mente. A corto plazo, genera fatiga, irritabilidad, falta de concentración y mala memoria. A largo plazo, debilita el sistema inmune y aumenta el riesgo de sufrir obesidad, diabetes tipo 2, problemas cardíacos, hipertensión y trastornos de salud mental como depresión y ansiedad, según explicó la Clinic Barcelona de la Universitat de Barcelona.

Según un nuevo estudio publicado en PLOS Biology, una sola noche de privación de sueño eleva marcadores de sinapsis en el cerebro humano y refuerza la idea de que dormir no solo combate la fatiga: también ayuda a restablecer el equilibrio celular que se altera cuando la vigilia se prolonga.

El experimento analizó a 40 participantes y detectó cambios tras 28 horas de vigilia continua. En quienes no durmieron, los investigadores observaron niveles más altos de la glicoproteína 2A de vesículas sinápticas, conocida como SV2A, en varias regiones cerebrales.

Durante años, la ciencia ha intentado explicar por qué humanos y animales necesitan dormir. Una de las hipótesis más extendidas sostiene que, mientras una persona permanece despierta, las sinapsis se fortalecen, el cerebro consume más energía y se acumulan proteínas; el sueño serviría para reducir esa carga y restaurar la homeostasis.

El nuevo trabajo aporta evidencia en humanos a esa idea, que hasta ahora se había apoyado sobre todo en modelos animales. Según la publicación, una noche sin dormir produjo un aumento de marcadores asociados a las conexiones entre células cerebrales.

Recientemente, un estudio comprobó que una noche sin dormir puede elevar la carga de beta-amiloide, una proteína vinculada al Alzheimer,en zonas del cerebro asociadas con las etapas iniciales de la enfermedad. El estudio publicado en PNAS halló aumentos de hasta 5% en el hipocampo y el tálamo derecho en 19 de 20 adultos sanos tras unas 31 horas despiertos.

Para poner a prueba la hipótesis de la homeostasis sináptica en personas, científicos del Instituto de Neurociencia y Medicina Forschungszentrum Jülich, en Alemania, usaron tomografía por emisión de positrones, o PET, para rastrear la proteína SV2A, un marcador de las sinapsis cerebrales.

“Antes de la fase experimental, los participantes pasaron por un periodo de saciación del sueño, y los horarios de sueño se estandarizaron y prescribieron según el protocolo del estudio”, apuntó David Elmenhorst, primer autor. “Además, excluimos a personas con ritmos de sueño-vigilia irregulares, a trabajadores por turnos y a otros cuyos patrones de sueño pudieran afectar sustancialmente a la homeostasis del sueño.”

El objetivo fue que todos comenzaran en condiciones comparables y que los efectos observados respondieran principalmente a la privación experimental, en lugar de a diferencias preexistentes en los hábitos de sueño.

Tras la vigilia prolongada, el grupo privado de sueño mostró niveles más elevados de SV2A en diversas áreas del cerebro. Entre ellas aparecieron el hipocampo, una región vinculada a la memoria, y el tálamo, un centro de relevo de información cerebral.

Cuando a los participantes que no habían dormido se les permitió una siesta de dos horas, los niveles más altos de SV2A se asociaron con una mayor actividad de ondas lentas. Ese patrón se considera un indicador de sueño profundo y de necesidad de descanso.

“Durante la privación del sueño, el cerebro permanece despierto durante más tiempo y continúa procesando estímulos e información. Nuestro estudio muestra que, tras aproximadamente 28,5 horas sin dormir, un marcador de densidad sináptica aumenta en varias regiones cerebrales. Esto sugiere que la privación del sueño no solo causa fatiga, sino que también se acompaña de cambios medibles en las conexiones neuronales”, señalaron los autores.

Elmenhorst precisó que los investigadores estudiaron a adultos jóvenes sanos con una edad media de 27,5 años. Por esa razón, el estudio no permite evaluar de forma directa cómo influye la edad en estos efectos.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

Qué es la alexitimia, el rasgo psicológico que dificulta conectar con las propias emociones

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Aunque no implica ausencia de sentimientos, este rasgo puede hacer que las emociones se vivan como sensaciones físicas difíciles de interpretar. Especialistas explican por qué algunas personas tienen problemas para reconocer, diferenciar y comunicar su mundo emocional

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

Especialistas del CONICET trabajan en el desarrollo de aislantes termoacústicos a partir de residuos vitivinícolas

Especialistas del CONICET trabajan en el desarrollo de aislantes termoacústicos a partir de residuos vitivinícolas

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19 de junio de 2026
Especialistas del CONICET trabajan en el desarrollo de aislantes termoacústicos a partir de residuos vitivinícolas

El proyecto apunta a producir biomateriales a partir del cultivo de micelio de hongos sobre biomasa de desechos de podas de vid. Dentro de la industria de la construcción, estos materiales podrían integrarse en todo tipo de edificaciones y en rehabilitación de espacios, sustituyendo aislantes convencionales altamente contaminantes.

Fuente: https://www.conicet.gov.ar/noticias-conicet/

La navaja de Ockham en el espacio: ¿cómo se identifican los fenómenos aeroespaciales en Argentina?

La navaja de Ockham en el espacio: ¿cómo se identifican los fenómenos aeroespaciales en Argentina?

Por Walter Elías Asesor externo del Centro de Identificación Aeroespacial

Cada año, el cielo argentino es escenario de numerosos reportes sobre luces y objetos de origen aparentemente desconocido. Ante estos eventos, el Centro de Identificación Aeroespacial (CIAE) de la Fuerza Aérea Argentina desempeña una labor fundamental: aplicar el rigor científico para transformar el misterio en datos precisos. A través de su informe anual de resolución de casos, el organismo permite asomarnos a la metodología que separa la percepción subjetiva de la realidad física.

El principio de parsimonia como herramienta

En la investigación aeroespacial, el punto de partida no es la especulación, sino un principio lógico conocido como la navaja de Ockham. Esta regla establece que, ante varias explicaciones posibles para un mismo fenómeno, la más sencilla suele ser la correcta.

Bajo esta premisa, el equipo del CIAE no busca de entrada anomalías exóticas. Por el contrario, el proceso de identificación comienza descartando causas convencionales: desde aeronaves comerciales y drones hasta fenómenos astronómicos o biológicos, como el paso de aves o insectos frente a un lente fotográfico.

El desafío de las constelaciones satelitales

Uno de los fenómenos más recurrentes en el último informe del centro es la observación de los satélites Starlink, de la empresa SpaceX. Aunque estos dispositivos son herramientas tecnológicas avanzadas, su tránsito por el cielo nocturno genera una confusión constante en la ciudadanía.

En diversos casos analizados durante el 2025, se ha observado un patrón común: luces que parecen «encenderse y apagarse» o que se desplazan de manera inusual cerca del horizonte. La explicación técnica reside en la geometría de la iluminación solar. Incluso cuando en la superficie terrestre ya ha anochecido, los satélites, debido a su altitud, siguen recibiendo luz solar directa. Al reflejarse esta luz en sus paneles o en su chasis, se producen destellos transitorios que el ojo humano interpreta como objetos pulsantes.

Esta hipótesis ha permitido al organismo identificar con éxito avistamientos en puntos tan distantes como la provincia de Entre Ríos, Neuquén o Tierra del Fuego, donde las simulaciones de software confirmaron el paso de estas constelaciones en el momento exacto del reporte.

Drones y la interpretación de señales luminosas

Otro factor determinante en la casuística actual es el uso de vehículos aéreos no tripulados (drones). El CIAE ha documentado cómo el parpadeo de las luces led de navegación de estos equipos —que suelen combinar colores verdes, rojos y blancos— suele ser reportado como un fenómeno anómalo. El análisis técnico demuestra que, al comparar los patrones de luces observados con los códigos de seguridad de los fabricantes de drones, la supuesta anomalía desaparece para dar lugar a una identificación positiva.

Conclusión: el valor de la identificación

La labor del Centro de Identificación Aeroespacial nos recuerda que la curiosidad debe ir siempre acompañada del método. Identificar una luz como un reflejo satelital o un dron no resta valor a la observación; al contrario, otorga seguridad al espacio aéreo y educa nuestra mirada.

Desde observar.org.ar, celebramos que existan organismos dedicados a la transparencia y al análisis basado en evidencias, permitiendo que el cielo sea, cada vez más, un ámbito de conocimiento y no solo de interrogantes.

*** El contenido de este artículo toma como referencia los datos y conclusiones presentados en el «Informe de resolución de casos 2025» del Centro de Identificación Aeroespacial.