Un estudio vincula la genética con la elección de alimentos y el riesgo metabólico
Una investigación presentada en NUTRITION 2026 identificó variantes en el ADN vinculadas a la preferencia por sabores dulces y grasos que se asocian con mayor consumo de alimentos ultraprocesados, mayor predisposición a la obesidad y a la diabetes tipo 2
¿Por qué algunas personas parecen resistirse sin esfuerzo a los dulces mientras otras no pueden dejar de comerlos? La respuesta podría estar, al menos en parte, escrita en el ADN. Hallazgos preliminares de un nuevo estudio sugieren que ciertas variantes genéticas vinculadas a la preferencia por sabores dulces y grasos no solo condicionan lo que se come, sino que también elevan el riesgo de obesidad y diabetes tipo 2 precisamente a través de ese comportamiento alimentario.
La investigación, presentada el 27 de julio de 2026 en NUTRITION 2026, la reunión anual insignia de la Sociedad Americana de Nutrición, se apoya en datos del UK Biobank, una base de datos con información genética y dietética de aproximadamente medio millón de personas en el Reino Unido. Es uno de los estudios de asociación del genoma completo (análisis que rastrean el ADN de grandes poblaciones en busca de variantes ligadas a rasgos, conductas o enfermedades específicas) más amplios realizados hasta la fecha en materia de preferencias gustativas.
Julie Gervis, doctora en ciencias e investigadora posdoctoral en el Centro de Medicina Genómica del Massachusetts General Hospital, encabezó el trabajo junto a un equipo de colaboradores de esa misma institución, la Universidad de Colorado en el Campus Médico Anschutz y la Universidad de Wageningen, en los Países Bajos. Vale destacar que se trata de resultados preliminares presentados en un congreso científico y aún no cuentan con revisión por pares.
El punto de partida fue una pregunta que hasta entonces no había recibido respuesta a gran escala: ¿existe una base genética que explique por qué algunas personas consumen más alimentos hiperpalatables, es decir, productos formulados para maximizar la respuesta al sabor y la recompensa mediante combinaciones intensas de azúcar, sal y grasa? Para responderla, el equipo desarrolló un método que combinó cuestionarios de preferencias alimentarias con bases de datos sensoriales que describían las características gustativas de cada alimento, como su dulzura, salinidad o contenido graso.
Con esa información, construyeron perfiles de preferencia de sabor para más de 160.000 participantes del UK Biobank, identificaron variantes genéticas asociadas a cada perfil y generaron una puntuación poligénica, un valor que captura la propensión heredada de una persona a preferir un sabor determinado.
Esa puntuación fue validada en un grupo independiente de alrededor de 330.000 participantes. “Este enfoque mejora considerablemente nuestra capacidad de estudiar las bases genéticas de las preferencias gustativas en grandes grupos de personas y de entender el rol de estas inclinaciones en comportamientos humanos complejos y en enfermedades metabólicas”, afirmó Gervis, según el comunicado de prensa de la Sociedad Americana de Nutrición.
Los resultados mostraron una asociación sólida y estadísticamente significativa: quienes obtenían puntuaciones más altas para la predisposición genética a preferir lo dulce consumían, en promedio, 7 gramos más por día de alimentos dulces —como postres, golosinas y bebidas azucaradas— que quienes registraban puntuaciones más bajas.
En la preferencia genética por lo graso y lo salado, la diferencia respecto del consumo de alimentos como carnes procesadas o aderezos grasos fue de 0,9 gramos diarios adicionales. Aunque las cifras parecen modestas en términos absolutos, el comunicado advierte que su acumulación a lo largo del tiempo puede derivar en consecuencias clínicas concretas.
La parte más novedosa del estudio exploró si esas predisposiciones genéticas al gusto también se traducen en mayor riesgo de enfermedades metabólicas. Los análisis mostraron que una puntuación genética más alta para la apetencia por lo dulce se asoció con un índice de masa corporal —medida que relaciona el peso con la talla para estimar la adiposidad corporal— más elevado y con un riesgo modestamente mayor de desarrollar diabetes tipo 2. La carga genética hacia los sabores grasos también se vinculó de forma independiente con un mayor riesgo de esa enfermedad.
La interpretación causal se refuerza al observar que, al incorporar el consumo de ese tipo de alimentos como variable en los modelos estadísticos, las asociaciones entre genética y enfermedad se atenuaron o desaparecieron por completo. Dicho de otro modo: el vínculo entre los genes del gusto y la enfermedad metabólica parece operar, al menos en parte, a través de lo que se come.
“Nuestros hallazgos sugieren que los genes que subyacen a las preferencias gustativas pueden desempeñar un papel relevante en el riesgo de enfermedad metabólica al influir en los hábitos dietarios”, afirmó Gervis, según el mismo comunicado.
El equipo aisló el efecto específico de la genética gustativa al ajustar todos los modelos por edad, sexo, ascendencia genética e ingesta calórica total, con el fin de reducir el peso de factores que podrían confundir los resultados.
Los investigadores señalan que estos hallazgos abren una vía concreta hacia la medicina de precisión aplicada a la nutrición. Si alguien tiene una fuerte predisposición genética a preferir los sabores dulces, estrategias orientadas específicamente a ese perfil —como el uso de especias o herramientas conductuales dirigidas a esa inclinación sensorial— podrían resultar más efectivas que los planes alimentarios estándar.
“Estos hallazgos sugieren que la susceptibilidad a comer en exceso alimentos de alta palatabilidad, como bebidas azucaradas, frituras y papas fritas, está parcialmente enraizada en nuestros genes”, afirmó Gervis, según el comunicado de prensa de la Sociedad Americana de Nutrición.
“Esto podría ayudar a explicar por qué algunas personas tienen más dificultades que otras para tomar decisiones alimentarias saludables y podría abrir la puerta a enfoques más personalizados para prevenir el riesgo de enfermedades crónicas relacionadas con la dieta”, agregó. El equipo trabaja ahora en la replicación de los resultados en otras poblaciones y en la extensión del análisis a otras dimensiones del gusto —amargo, ácido y umami— para evaluar su influencia sobre la calidad dietaria y otros factores de riesgo metabólico.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Cuándo conviene comer cítricos y por qué no existe una hora perfecta para todos, según expertos
Especialistas advierten que el momento del día para consumir naranjas, pomelos o mandarinas depende de la tolerancia digestiva y el contexto de cada persona, sin reglas estrictas aplicables a toda la población
Por Ismael Yasnikowski
Un artículo publicado en la revista especializada en salud Verywell Health retomó una duda frecuente sobre naranjas, pomelos, mandarinas y limones. Especialistas citados por ese medio coincidieron en que no existe una hora universal para comer cítricos, aunque el momento sí puede influir en personas con reflujo o sensibilidad digestiva. La evidencia científica más reciente suma datos sobre su consumo con las comidas, pero no respalda una regla única para toda la población.
El planteo gana espacio entre lectores que buscan consejos simples sobre alimentación, sobre todo ante mensajes que presentan ciertos horarios como superiores para absorber nutrientes o cuidar la glucosa. De acuerdo con el reporte, la respuesta cambia menos por una supuesta franja horaria perfecta que por el estado digestivo, el contexto de la comida y la tolerancia individual.
La dietista estadounidense Kelsey Costa, citada por Verywell Health, señaló que los cítricos se pueden “disfrutar en cualquier momento del día”. La definición descarta una regla cerrada para el conjunto de la población y corre el eje hacia una recomendación más práctica.
Según detalló el artículo, muchas personas eligen frutas como naranja o pomelo durante la mañana por su aporte de vitamina C, un nutriente soluble en agua. Esa característica llevó a instalar la idea de que el desayuno o el ayuno serían momentos preferibles para aprovecharla, aunque la nota aclara que esa ventaja no cuenta con una confirmación concluyente para todos los casos.
La misma publicación agregó otro uso frecuente de estas frutas dentro de la dieta. La vitamina C puede favorecer la absorción del hierro de origen vegetal, por lo que una naranja junto a una comida con legumbres, verduras de hoja o cereales fortificados puede tener sentido en términos nutricionales. Ese punto refiere más al contexto de la comida que al reloj.
El margen de elección se reduce cuando aparecen molestias digestivas. El gastroenterólogo Dr. Ashkan Farhadi explicó que la acidez de estas frutas puede agravar síntomas en personas con reflujo gastroesofágico, sobre todo si se consumen con el estómago vacío o cerca de la hora de dormir.
Esa advertencia introduce una diferencia concreta dentro de una recomendación que suele circular de forma uniforme. Para una persona sin síntomas, una mandarina, una naranja o medio pomelo pueden integrarse al desayuno, a una colación o al postre. Para alguien con acidez frecuente, el horario y la forma de consumo sí pesan.
De acuerdo con los expertos, quienes tienen reflujo pueden tolerar mejor estas frutas después de una comida. El motivo es simple: el alimento previo puede amortiguar parte de la irritación que algunas personas sienten cuando comen productos ácidos en ayunas. La nota también remarcó que la posición corporal influye, ya que el riesgo de ardor aumenta si la ingesta ocurre poco antes de acostarse.
Ese matiz ordena mejor la pregunta inicial. La discusión no pasa tanto por descubrir una hora superior para todos, sino por identificar en qué casos conviene evitar los cítricos en ayunas o durante la noche. Ahí aparece el criterio que convierte un consejo general en una recomendación útil.
La investigación más actual no definió un horario ideal universal, aunque sí ofreció datos sobre la relación entre naranja, comidas y respuesta de la glucosa en sangre. Un ensayo cruzado aleatorizado publicado en 2025 en European Journal of Clinical Nutrition evaluó qué ocurría cuando personas con diabetes tipo 2 bien controlada consumían una comida rica en carbohidratos junto con gajos de naranja, jugo de naranja 100% o una bebida control con igual cantidad total de azúcar.
El estudio encontró que no hubo diferencias significativas en la respuesta aguda de glucosa e insulina entre esas tres condiciones. Ese resultado no habilita a afirmar que el desayuno sea la mejor hora para todos, pero sí aporta un dato específico: en ese grupo y en ese contexto, una porción de naranja o jugo con la comida no mostró un deterioro agudo del control glucémico.
Otra investigación publicada en 2026 en Food & Function analizó el efecto de la estructura propia del jugo de naranja 100% frente a bebidas con azúcares equivalentes. El trabajo observó que el jugo de naranja 100% redujo el pico de glucosa en comparación con preparaciones sin esa matriz alimentaria.
Ese hallazgo aporta un matiz relevante, aunque no responde por sí solo a la pregunta sobre el horario. Lo que sugiere es que la composición del alimento y su forma de consumo también importan cuando se evalúa el efecto metabólico. En otras palabras, el debate no se limita a comer cítricos de mañana, de tarde o de noche.
Con ese panorama, la orientación más firme hoy no ordena comer cítricos a una hora exacta, sino ajustar su consumo a la situación de cada persona. Para la mayoría, pueden formar parte de distintas comidas del día. Para quienes tienen reflujo, el ayuno y la noche suelen ser momentos menos convenientes. Para quienes buscan mejorar la absorción de hierro vegetal, la combinación con una comida que lo aporte aparece como una estrategia respaldada por la nutrición clínica.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
El secreto matutino de la longevidad: lo que comen en Okinawa, Nicoya y Cerdeña según el creador de The Blue Zones
En estos territorios longevos, la mañana arranca con preparaciones simples de legumbres, verduras y granos integrales, muy lejos de la repostería y los productos industriales que dominan la oferta masiva
Dan Buettner, investigador de longevidad y referente de las llamadas zonas azules, sostiene que un desayuno abundante, natural y rico en fibra puede ser una de las claves para llegar a los 100 años con buena salud, porque desplaza de la primera comida del día a los ultraprocesados, el exceso de azúcar y la grasa saturada que dominan buena parte de la oferta habitual.
Según ABC, el especialista vincula esa idea con una regla clásica de alimentación: desayunar como un rey, almorzar como un príncipe y cenar como un mendigo. Su argumento parte de los hábitos observados en poblaciones longevas de Okinawa, Nicoya y Cerdeña, donde la mañana suele comenzar con preparaciones sencillas y saladas a base de legumbres, verduras y cereales integrales.
Ese es el núcleo de su recomendación: si una persona quiere un desayuno asociado a la longevidad, la prioridad no son los cereales azucarados, la bollería, la panceta, ni los productos industriales presentados como alimentos matinales, sino alubias con arroz, sopa de verduras, pan con palta, fruta, miso u avena.
En una entrevista citada en ABC, Buettner resumió su planteamiento con una frase directa: “Empieza el día con plantas, no con alimentos procesados”. La idea, explicó, se apoya en décadas de trabajo sobre longevidad y calidad de vida.
El experto criticó de forma explícita varios productos habituales en Estados Unidos, entre ellos Pop-Tarts, cereales azucarados, yogures industriales y granola comercial. También cuestionó desayunos centrados en huevos o tocino, porque, según dijo, suelen aportar mucha grasa saturada, mientras que los cereales industriales concentran demasiado azúcar.
En otra de sus explicaciones, Buettner formuló así esa diferencia: “Permíteme compartir contigo el secreto número uno para desayunar si quieres vivir hasta los 100 años. Aquí, en Estados Unidos, cuando pensamos en el desayuno, generalmente son huevos o tocino, pero eso tiene mucha grasa saturada, o es cereal, pero eso tiene mucho azúcar”.
Cuando describió los patrones de alimentación de las zonas azules, añadió: “En lugares, zonas azules, donde la gente realmente llega a los 100 años, comienzan su día con un desayuno salado. Son judías y arroz. En algunas áreas es pan con aguacate o una sopa minestrone”.
Para Buettner, la fibra es el componente decisivo de ese desayuno. La presenta como un nutriente esencial para la salud digestiva y metabólica, con efectos sobre la saciedad, la energía y la estabilidad de la glucosa en sangre.
Un desayuno vegetal y saciante ayuda a mantener estables los niveles de glucosa, reduce el colesterol y evita el hambre de media mañana. En esa misma línea, el especialista afirmó: “Es empezar el día de inmediato con un desayuno rico en fibra y basado en plantas que llenará tu estómago y te dará energía hasta el almuerzo”.
“Los desayunos de las personas que más viven no incluyen cereales azucarados ni panceta grasa. Son sencillos, naturales y ricos en fibra”, agregó.
Buettner no presenta este cambio como una dieta sofisticada ni como una rutina basada en suplementos. Su propuesta pasa por recuperar alimentos corrientes y preparaciones domésticas, cercanas a una alimentación sencilla y natural.
Entre las opciones que recomienda aparecen alubias, verduras, arroz, frutas, miso y avena. Él mismo asegura que suele empezar la jornada con una sopa cargada de legumbres y vegetales, aunque su desayuno preferido es avena con almendras, dátiles, bebida de soja y un toque de sirope de arce.
El especialista es fundador de The Blue Zones, miembro de National Geographic, autor de un libro que alcanzó el número uno en la lista de más vendidos de The New York Times, poseedor de tres récords Guinness de ciclismo de larga distancia y presentador del programa de Netflix, Live to 100.
“Los desayunos de las zonas azules no son sofisticados ni requieren suplementos. Son alimentos reales, cocinados en casa, ricos en nutrientes y bajos en azúcares”, concluyó.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Canas: qué descubrió la ciencia sobre la posibilidad de revertirlas y cuáles son los mitos que persisten
Estudios internacionales y opiniones de expertos exploran los factores detrás del cambio de color en el cabello y detallan qué avances reales existen frente a las expectativas y creencias más extendidas
Por Fernando Mongelós
¿Se pueden revertir las canas? La respuesta corta es no, al menos no de una forma comprobada y disponible para la mayoría. Algunos estudios registraron casos limitados en los que el cabello recuperó parte de su color, pero la evidencia científica todavía no respalda tratamientos capaces de frenar o dar marcha atrás al encanecimiento de manera general. Según la Academia Estadounidense de Dermatología, “no existe actualmente un tratamiento médico efectivo para devolver el color al cabello canoso común, salvo en situaciones asociadas a una deficiencia o una condición reversible”
La pregunta importa porque alrededor de las canas conviven curiosidad, promesas cosméticas y lecturas exageradas de investigaciones preliminares. Los hallazgos más recientes no permiten hablar de una cura, pero sí obligan a revisar una idea que durante años pareció cerrada: que el pelo blanco constituye siempre un punto sin retorno.
Lo que sí está bien establecido es el mecanismo básico del encanecimiento. El cabello pierde color cuando disminuye la actividad de las células que producen melanina en el folículo piloso. Ese proceso suele avanzar con la edad y está muy condicionado por la genética.
Esa sigue como la explicación principal de la aparición de canas y también como el motivo por el que no existe, por ahora, una solución simple. No se trata solo de un cambio estético visible: detrás hay una pérdida progresiva de la capacidad del folículo para sostener la pigmentación natural del pelo.
La novedad aparece en un terreno mucho más acotado. Algunos investigadores encontraron indicios de que, en determinadas condiciones, parte de la pigmentación podría recuperarse si las células involucradas todavía conservan capacidad funcional. Estos hallazgos se documentaron en estudios realizados en la NYU Grossman School of Medicine y publicados en revistas como Nature y eLife, pero los propios autores advierten que se trata de casos aislados y no de una solución aplicable en la práctica clínica
Ese punto es clave para no sobredimensionar los resultados. Detectar una reversión parcial en casos limitados no equivale a demostrar un tratamiento. Tampoco prueba que reducir el estrés, cambiar la dieta o usar un producto específico vaya a devolver el color natural del cabello.
La hipótesis que manejan algunos especialistas es que existiría una etapa en la que el proceso todavía no quedó completamente fijado. Si eso se confirma, el encanecimiento no sería igual de irreversible en todos los casos. Aun así, la evidencia disponible no alcanza para traducir ese hallazgo en una recomendación clínica concreta ni en una solución de uso general.
Ese es el punto central de la discusión. Hoy no está claro cuánto dura esa posible ventana de reversibilidad, a quiénes alcanza ni qué intervención concreta permitiría aprovecharla con resultados consistentes. Un consenso internacional de dermatólogos publicado en 2026 reitera que no existen terapias comprobadas para revertir las canas relacionadas con la edad en humanos
En otras palabras, la investigación abrió una hipótesis interesante, pero no una respuesta lista para aplicar. El conocimiento científico permite afirmar que el encanecimiento quizá no sea un proceso completamente rígido en todos los casos. No permite afirmar que exista una manera real de revertirlo en la práctica cotidiana.
Entre los factores asociados, el tabaquismo y el estrés aparecen entre las variables más mencionadas para explicar la aparición temprana de canas. La relación tiene respaldo desigual, pero es más sólida que muchas recomendaciones de bienestar que circulan como si fueran soluciones comprobadas.
En el caso del estrés, algunos trabajos observaron que períodos de mayor tensión coincidían con pérdida de pigmentación y que etapas posteriores podían mostrar recuperación en segmentos del cabello. Eso no demuestra una reversión estable ni universal, pero sí sugiere que el proceso puede presentar más variaciones de las que se creía.
La alimentación, el sueño y los antioxidantes entran en una zona bastante más débil. Son hábitos razonables para la salud general, pero la evidencia no alcanza para presentarlos como herramientas eficaces contra las canas. Ahí aparece una distancia clara entre lo que muestran los estudios y lo que suelen prometer muchos mensajes de consumo.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
El Dr. Luis Falcón brindó una charla sobre tecnología, soberanía y medicina social
En el marco de la asignatura de segundo año Introducción a los Sistemas de Salud, la FIUNER recibió este martes…
En el marco de la asignatura de segundo año Introducción a los Sistemas de Salud, la FIUNER recibió este martes 4 de agosto al Dr. Luis Falcón, creador de GNU Health y referente internacional en medicina social e informática médica. La actividad fue coorganizada junto al Grupo de Estudios en Salud Pública y Tecnologías Aplicadas, y contó con una nutrida concurrencia de estudiantes, docentes y profesionales del área.
Durante la apertura del conversatorio, el Dr. Fernando Sassetti contextualizó el encuentro recordando la trayectoria de la cátedra en la búsqueda de alternativas tecnológicas orientadas a la equidad en el cuidado de la salud. En ese sentido, destacó que los modelos tradicionales de informatización suelen postergar a los efectores más vulnerables y ponderó el rol del software libre:
«Cuando se piensan los proyectos y los planes de informatización de salud, siempre se habla de una meta del 80% de los efectores que tengan acceso a la historia clínica electrónica; nosotros nos preguntamos qué pasa con ese 20% restante. Desde esa perspectiva, entendíamos que el software libre aportaba una herramienta para no tener que ir reinventando la rueda y poder pensar una solución a partir de una base e ir mejorándola con la intención de compartirla», señaló Sassetti.
El Dr. Luis Falcón es médico y científico computacional. Graduado en Medicina por el IUCS de Buenos Aires, cuenta con estudios en Ciencias de la Computación y Matemáticas por la California State University (EE. UU.) y un máster en Genómica y Genética Médica por la Universidad de Granada (España). Es miembro de la Sociedad Europea de Genética Humana, la Organización del Genoma Humano (HUGO, por sus siglas en inglés) y la Sociedad Europea de Medicina Integrativa.
Es reconocido globalmente como el autor de GNU Health, un sistema de información sanitaria y hospitalaria adoptado por la Universidad de las Naciones Unidas (IIGH) y declarado Bien Público Digital. Además, en 2009 fundó GNU Solidario, una organización humanitaria sin fines de lucro enfocada en el avance de la medicina social y los derechos de los animales. A lo largo de su carrera ha sido ponente en instituciones de renombre como la OMS, Harvard, MIT, Kioto y la Universidad de Buenos Aires.
Durante su exposición, el fundador de GNU Solidario abordó los desafíos actuales en el campo de la salud digital, la dignidad de los pueblos y el impacto de los sistemas abiertos en la gestión hospitalaria comunitaria. Al reflexionar sobre el origen y el sentido ético del proyecto que dio vida a GNU Health hace dos décadas en Argentina, el especialista remarcó:
«El proyecto GNU Solidario surge como respuesta a la inequidad, a la situación de desprotección y opresión que vemos en todo el mundo. Lo que nos gustaría que se nos quedara es una reflexión sobre soberanía y sobre la dignidad de los pueblos: la tecnología está en todos lados, lo que no hay es tanta comunidad. El proyecto intenta retomar esa comunidad y mirar esa soberanía»,enfatizó Falcón.
La jornada concluyó con un espacio de intercambio y debate en el que se repasaron experiencias locales desarrolladas por la FIUNER mediante el uso de GNU Health —como el registro de cuidados de enfermería en el hospital de salud mental y herramientas para salas de atención primaria (CAPS)—, ratificando el compromiso académico e institucional con una tecnología pública, cooperativa y al servicio de la salud universal.
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Las mujeres tienen más celulitis que los hombres, qué explica esa diferencia según la medicina
La evidencia médica apunta a una combinación de anatomía, distribución de la grasa y hormonas. El peso puede influir en cuánto se nota, pero no explica por sí solo por qué aparece
Por Fernando Mongelós
La celulitis afecta a una amplia mayoría de las mujeres después de la pubertad y aparece con mucha menos frecuencia en los hombres. La explicación más aceptada por la evidencia médica no se limita al peso corporal: intervienen la forma en que se organiza el tejido subcutáneo, la distribución de la grasa y la acción hormonal, según describen la Cleveland Clinic, la Mayo Clinic y revisiones científicas publicadas en PubMed Central.
La celulitis es una alteración estética frecuente de la superficie de la piel. Suele verse en muslos, caderas, glúteos y abdomen, cuando la grasa empuja hacia arriba y las bandas de tejido conectivo tiran hacia abajo. Ese contraste produce el aspecto irregular conocido como “piel de naranja”, de acuerdo con la Mayo Clinic.
La diferencia entre mujeres y hombres empieza en la anatomía. La Cleveland Clinic señala que, en los hombres, las fibras del tejido conectivo tienden a cruzarse, mientras que en las mujeres suelen disponerse de manera más paralela. Esa estructura facilita que la grasa sobresalga entre los septos y que las depresiones se hagan más visibles. Una revisión sobre la fisiopatología de la celulitis también vincula su alta frecuencia en mujeres con diferencias sexuales en la anatomía de la piel y del tejido subcutáneo.
La distribución de la grasa corporal también influye. La Mayo Clinic indica que las mujeres suelen acumular más grasa en muslos, caderas y glúteos, que son las zonas donde la celulitis resulta más visible. En los hombres, la grasa se concentra con más frecuencia en otras áreas y la piel suele ser más gruesa, un rasgo que también modifica el aspecto de la superficie cutánea.
Las hormonas aparecen como otro factor relevante, aunque no como una explicación única. La Cleveland Clinic menciona al estrógeno entre las hipótesis que ayudan a explicar por qué la celulitis es más común en mujeres. Una revisión sobre el conocimiento actual y los tratamientos de la celulitis sostiene que esa hormona podría tener un papel importante en su desarrollo o progresión y menciona etapas de mayor exposición estrogénica, como la pubertad, el embarazo, el uso prolongado de anticonceptivos o ciertos cambios posteriores de la vida reproductiva.
La evidencia disponible también coincide en que la celulitis no depende solo del peso. La Mayo Clinic y la Cleveland Clinic remarcan que puede aparecer en personas delgadas y que el aumento de peso puede volverla más notoria, pero no constituye su causa exclusiva. La edad, la genética, la elasticidad de la piel y la cantidad de grasa corporal también influyen en cuánto se nota.
Las revisiones médicas agregan que la celulitis es rara en hombres sanos, aunque puede aparecer en contextos específicos asociados a alteraciones hormonales. La revisión sobre fisiopatología señala que su baja prevalencia masculina refuerza la idea de que las diferencias sexuales en el tejido subcutáneo y el perfil hormonal forman parte de la explicación principal.
La literatura médica no ofrece una causa única y definitiva, pero sí muestra un consenso general sobre un punto: la celulitis es un fenómeno frecuente, benigno y multifactorial, mucho más relacionado con la biología de la piel y la grasa corporal que con un problema de salud.
La misma revisión publicada en PubMed Central advierte que no existe un tratamiento que elimine la celulitis de forma definitiva, aunque sí hay opciones que pueden reducir su apariencia de manera temporal. Entre las más estudiadas figuran la terapia de ondas acústicas, el láser y procedimientos que actúan directamente sobre los tabiques fibrosos del tejido conectivo. La Cleveland Clinic señala que la eficacia varía según cada persona y que los resultados suelen ser parciales y de duración limitada.
Los especialistas coinciden en que los cambios en el estilo de vida pueden moderar su visibilidad. La Mayo Clinic indica que el ejercicio regular, una alimentación equilibrada y el mantenimiento de un peso estable contribuyen a reducir su apariencia, aunque no a eliminarla. En cambio, la evidencia sobre cremas y productos de aplicación tópica es débil: la Cleveland Clinic señala que no hay respaldo científico suficiente para afirmar que esos productos tengan un efecto duradero sobre la piel.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/