La fibra va más allá de la digestión: así se conecta con el sistema inmunitario
Nuevos enfoques en nutrición muestran que pequeños cambios en la alimentación pueden tener efectos amplios en el bienestar general, al fortalecer funciones del intestino que se relacionan con la forma en que el cuerpo se protege
Agrega Infobae a tus medios preferidos en Google
La fibra y la inmunidad mantienen una relación más estrecha de lo que se creía. Según explica Eating Healthy Magazine, este carbohidrato presente en los alimentos vegetales favorece el tránsito intestinal y también alimenta a los microorganismos del intestino que intervienen en la respuesta inmunitaria.
Durante años, la fibra quedó asociada casi exclusivamente a la digestión, pero la investigación en nutrición de la última década amplió ese enfoque. El texto citado plantea que comer más fibra en las comidas diarias puede convertirse en uno de los hábitos más simples para apoyar el bienestar general, incluida la salud inmunitaria.
La fibra es un tipo de carbohidrato presente en los alimentos vegetales que el cuerpo no digiere por completo. En lugar de descomponerse y absorberse, recorre buena parte del sistema digestivo casi intacta.
Su función, de todos modos, no se limita a ese recorrido. En el intestino grueso, ciertos tipos de fibra fermentan por acción de bacterias intestinales beneficiosas, que la transforman en compuestos llamados ácidos grasos de cadena corta.
Esos compuestos favorecen la salud intestinal y ayudan a regular la respuesta del sistema inmunitario. Según UCLA Health, alrededor del 70% de las células inmunitarias del cuerpo reside en el intestino, una cifra que ayuda a entender por qué los alimentos que nutren a las bacterias intestinales también pueden influir en la capacidad de respuesta del organismo.
No todos los tipos de fibra se comportan del mismo modo en el organismo. Una alimentación variada aporta de forma natural tanto la soluble como la insoluble.
La fibra soluble se disuelve en agua y forma una sustancia similar a un gel durante la digestión. Suele encontrarse en alimentos como la avena, los frijoles, las lentejas, las manzanas y las semillas de chía.
Este tipo de fibra ralentiza la digestión, lo que ayuda a estabilizar la glucosa en sangre. Además, aporta un combustible útil para las bacterias intestinales beneficiosas.
Por su parte, la fibra insoluble no se disuelve en agua. Su papel consiste en añadir volumen a las heces y facilitar el desplazamiento de los alimentos por el tubo digestivo. Los cereales integrales, los frutos secos, las semillas y muchas verduras aportan esta variedad.
El vínculo entre la fibra y el sistema inmunitario se explica por varios mecanismos internos. Cuando los microbios intestinales la descomponen, generan sustancias que ayudan a mantener la capa interna del intestino, una primera barrera de defensa frente a agentes patógenos.
Los ácidos grasos de cadena corta derivados de esa fermentación también pueden intervenir en la regulación de los procesos inflamatorios. El texto señala que la inflamación crónica se asocia a numerosos problemas de salud, entre ellos alteraciones de la función inmunitaria.
Una microbiota diversa suele considerarse una señal de buena salud intestinal. Los alimentos ricos en fibra aportan nutrientes variados que favorecen a muchos microorganismos beneficiosos distintos.
Esa comunicación también llega a las células inmunitarias por medio de señales químicas. Una microbiota sana ayuda al sistema inmunitario a responder ante amenazas sin reaccionar de forma desproporcionada, según resume Eating Healthy Magazine.
Pese a esos beneficios, gran parte de la población consume mucha menos fibra de la recomendada. Las Guías Alimentarias para los Estadounidenses indican que más del 90% de las mujeres y el 97% de los hombres no alcanzan la cantidad diaria aconsejada.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Dengue: por qué América Latina sigue atrapada en el ciclo de epidemias y emergencia
Un panel de 17 especialistas en salud de la región señaló en un trabajo publicado en la revista científica Vaccines que las condiciones que generaron las epidemias récord siguen sin resolverse. Cuál es el plan integral que recomiendan
Agrega Infobae a tus medios preferidos en Google
En América Latina la población vivió dos años consecutivos de epidemia de dengue sin precedentes. Este año, los casos bajaron un 64% respecto al mismo período de 2025, según la última actualización de datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
Sin embargo, un panel de 17 especialistas de América Latina y los Estados Unidos advirtió en un trabajo publicado en la revista Vaccines que las condiciones que alimentaron las epidemias recientes siguen intactas: el cambio climático, la urbanización desordenada y la resistencia del mosquito a los insecticidas.
Cada vez que hay un brote de dengue, los gobiernos sacan los camiones fumigadores, reparten pastillas y llenan los hospitales. Cuando bajan los casos, todo vuelve a la normalidad. Y así, una y otra vez, la región repite el mismo ciclo.
El panel fue convocado en Bogotá en marzo de 2025 por la Fundación de Salud de las Américas (FSA) y reunió a médicos, epidemiólogos, entomólogos y funcionarios de salud de Argentina, Colombia, México, Perú, Venezuela y Estados Unidos. Lo que encontraron no es alentador, pero sí tiene solución.
La herramienta más usada para combatir al Aedes aegypti, la especie de mosquito que puede transmitir el virus dengue, es la fumigación con un insecticida que ataca el sistema nervioso del insecto.
Los recursos públicos se destinan con frecuencia a fumigaciones reactivas durante los brotes. Es una estrategia cuya efectividad hoy está cada vez más comprometida por la resistencia documentada del mosquito a los insecticidas químicos, según los expertos.
Otra cuestión es el registro real de afectados por la infección. En el trabajo publicado en Vaccines, los autores señalaron que las estadísticas oficiales capturan solo una fracción de los casos reales, lo que distorsiona las evaluaciones de riesgo.
En Brasil, Colombia y Nicaragua, los análisis calculan que los contagios reales pueden ser entre 10 y 25 veces más altos que los que aparecen en los registros oficiales. Se estima que muchas personas tienen dengue con fiebre, pero nunca llegan a consultar a un profesional de la salud y esos casos no quedan documentados.
El panel destacó una alternativa que ya demostró resultados concretos: liberar mosquitos infectados con la bacteria Wolbachia, un microorganismo que impide que el virus del dengue se reproduzca dentro del insecto.
El Programa Mundial del Mosquito, una organización sin fines de lucro que opera en más de una docena de países, documentó reducciones en la incidencia de la enfermedad superiores al 90% en Medellín y Río de Janeiro tras liberar mosquitos con esa bacteria en zonas urbanas.
La inversión inicial se recupera en aproximadamente 20 meses y el efecto dura más de diez años, porque la bacteria pasa de generación en generación entre los mosquitos sin necesidad de nuevas intervenciones.
El dengue tiene un enemigo que no vuela ni pica: la falta de voluntad política sostenida. Los expertos describieron un patrón que se repite en toda la región: el interés de los gobiernos sube cuando hay brotes y se evapora entre uno y otro.
Los programas de control sufren recortes crónicos, con presupuestos atados a las prioridades de los donantes internacionales y no a las necesidades reales de cada país. Muchos dependen de fondos externos pensados para emergencias y no para la prevención a largo plazo.
Cuando el dinero llega, tampoco siempre va donde debería. El panel advierte que los recursos se destinan con frecuencia a fumigaciones reactivas en lugar de a la eliminación de criaderos en las comunidades, una estrategia más barata y más duradera.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Entrenar solo dos días por semana también protege el corazón: la ciencia desmitifica el ejercicio diario
Nuevas investigaciones señalan que el beneficio cardiovascular depende del tiempo e intensidad acumulados, y no de la frecuencia. Expertos recomiendan ajustar la actividad física a cada rutina personal para lograr resultados sostenidos
Por Ismael Yasnikowski
Agrega Infobae a tus medios preferidos en Google
Las nuevas evidencias científicas sugieren que hacer ejercicio únicamente durante el fin de semana puede ser tan beneficioso para la salud cardiovascular como entrenar todos los días, según especialistas consultados por la revista estadounidense Prevention.
Las personas que concentran su actividad física en uno o dos días por semana muestran perfiles de riesgo cardíaco similares a quienes distribuyen el ejercicio a lo largo de la semana, de acuerdo con los testimonios de cardiólogos e investigadores.
El Dr. Patrick T. Ellinor, jefe interino de cardiología del Hospital General de Massachusetts y director de la Iniciativa de Enfermedades Cardiovasculares del Instituto Broad del MIT y Harvard, explicó que “los esfuerzos por mejorar la actividad física, incluso si se concentran en uno o dos días a la semana, deberían ser beneficiosos para el riesgo cardiovascular”, en declaraciones citadas por la revista Prevention.
El especialista remarcó que los datos más recientes muestran que “lo que más importa es el volumen total de actividad, más que el patrón”, lo que implica que dos sesiones intensas de 75 minutos cada fin de semana, o cualquier variante que sume el tiempo recomendado, pueden ofrecer la misma protección para el corazón que el ejercicio diario.
Añadió que el equipo de investigación planea analizar si la actividad física concentrada en el fin de semana también resulta efectiva frente a otras enfermedades, y consideró que estos resultados pueden impulsar futuros estudios sobre intervenciones más prácticas y eficientes.
Por su parte, el Dr. John Bahadorani, cardiólogo intervencionista certificado del MemorialCare Heart & Vascular Institute en el Saddleback Medical Center de California, mencionó que “la actividad física regular fortalece el músculo cardíaco, reduce la presión arterial, disminuye el colesterol LDL y aumenta el HDL”. El profesional destacó que el ejercicio ayuda a mantener un peso saludable, mejora la circulación y favorece el uso eficiente del oxígeno, factores que contribuyen a una buena salud cardiovascular.
Puntualizó que el momento de la semana elegido para entrenar no altera estos beneficios y recomendó encontrar actividades que resulten placenteras, como caminar, nadar, bailar o andar en bicicleta, para facilitar la continuidad a largo plazo. “Comienza con objetivos alcanzables y aumenta gradualmente la intensidad y la duración a medida que mejore tu condición física”, aconsejó el especialista, quien sugirió además variar las rutinas y buscar apoyo en familiares y amigos.
En paralelo, un estudio publicado en el Journal of the American Heart Association analizó a casi 90.000 personas y concluyó que quienes concentran su actividad física en uno o dos días a la semana presentan una reducción del riesgo de mortalidad cardiovascular comparable a quienes ejercitan a lo largo de toda la semana.
Según las directrices estadounidenses, los adultos deben completar al menos 150 minutos semanales de actividad física de intensidad moderada, sin que sea necesario repartir el esfuerzo en los siete días. El Dr. Ellinor subrayó que los resultados recientes muestran que el volumen semanal es el factor clave y que la intensidad adecuada permite alcanzar mejoras relevantes incluso con pocas sesiones.
Por su parte, el Dr. Bahadorani recordó que, tras un entrenamiento exigente, la presión arterial y el control del azúcar en sangre mejoran durante 24 a 48 horas, y que estos efectos se suman al beneficio acumulativo de la actividad regular. El cardiólogo recomendó prestar atención a la sensación de fatiga y buscar asesoramiento médico antes de incrementar la intensidad del ejercicio.
Un informe elaborado por la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología difundido por la revista científica ScienceDaily, basado en datos de más de medio millón de personas, respalda el testimonio de los especialistas: apenas 30 minutos semanales de ejercicio intenso pueden transformar la salud cardiovascular y reducir el riesgo de más de 30 enfermedades asociadas al estilo de vida. Los investigadores coinciden en que la clave está en alcanzar la intensidad suficiente durante cada sesión, independientemente del día en que se realice.
Los cardiólogos estadounidenses consultados enfatizan que los resultados deben interpretarse como una oportunidad para adaptar la actividad física a las posibilidades de cada persona, sin perder de vista la importancia de la constancia y el volumen semanal. Según los especialistas, quienes solo pueden entrenar durante el fin de semana también obtienen una protección significativa para el corazón.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Por qué algunos especialistas aconsejan que los hombres orinen sentados: ¿tiene beneficios para su salud?
La evidencia científica muestra algunas ventajas en cambiar la posición para orinar en ciertos casos, pero no hay una indicación universal para todos los varones. Cuándo conviene cambiar el hábito y qué riesgos puede prevenir
Agrega Infobae a tus medios preferidos en Google
No son pocas las voces médicas que en el último tiempo plantearon el debate acerca de la necesidad de que los hombres cambien un hábito tan arraigado culturalmente como la postura al orinar.
Es que si bien en gran parte del mundo se enseña a los niños desde pequeños a hacer pis de pie, algunos especialistas sostienen que orinar sentado puede aportar beneficios para ciertas personas, auniversal para todos los varones.
Y si bien las razones detrás de este consejo refieren a la salud urológica, lo cierto es que cada vez más hombres hacen pública su decisión de orinar sentado por razones de higiene y convivencia. Hasta el propio Lionel Messi lo confesó en una entrevista hace algunos años.
Pese a que muchos no tomen con seriedad el debate sobre si los hombres deben orinar de pie o sentados, la discusión tiene antecedentes en investigaciones médicas y revisiones sistemáticas.
Según comenzó a explicar a Infobae el médico urólogo Norberto Bernardo (MN 77.886), jefe de la División Urología del Hospital de Clínicas de la UBA, “la evidencia no indica que todos los hombres deban orinar sentados por obligación médica”.
“En hombres jóvenes y sin síntomas urinarios, la diferencia entre orinar parado o sentado suele ser mínima. En cambio, en hombres con síntomas del tracto urinario inferior, la posición sentada puede favorecer un vaciamiento vesical más completo”, explicó.
El médico urólogo especialista en cirugía laparoscópica y robótica y jefe de Uro Oncología del Hospital Alemán, Gonzalo Vitagliano (MN 102.007) coincidió en que la evidencia es “moderada y limitada”, y citó un metaanálisis que incluyó 11 estudios sobre el tema.
“En hombres con síntomas del tracto urinario inferior, orinar sentado se asoció con menor residuo postmiccional: aproximadamente 25 mililitros menos de orina retenida en vejiga”, sostuvo Vitagliano, quien advirtió que en hombres sanos no se encontraron diferencias relevantes entre ambas posturas.
La revisión publicada en la revista PLOS One subraya que el beneficio principal de la postura sentada se observa en varones con chorro débil, dificultad para iniciar la micción o sensación de vaciado incompleto, todos síntomas vinculados a la hiperplasia prostática benigna. Según Bernardo, en hombres sanos, ese beneficio no fue claramente demostrado.
El funcionamiento adecuado del sistema urinario requiere una precisa coordinación entre la contracción de la vejiga y la relajación de los músculos del suelo pélvico. Según Vitagliano, la posición sentada “puede favorecer una micción más relajada: menor necesidad de ‘apuntar’, menor activación postural, más flexión de cadera y mayor relajación abdominal y pélvica”. En esa línea, Bernardo enfatizó que “al orinar sentado, el piso pelviano tiende a relajarse más fácilmente”, lo que puede facilitar la apertura funcional de la vía urinaria y ayudar a que la vejiga se vacíe con menor esfuerzo.
Ambos especialistas coincidieron en que no existe evidencia de que orinar de pie cause hiperplasia prostática benigna, prostatitis ni cáncer de próstata. Lo que sí puede ocurrir es que, en hombres con obstrucción prostática o síntomas urinarios, una postura más relajada ayude a reducir el residuo postmiccional y las molestias asociadas.
Los especialistas consultados por Infobae descartaron que la postura sentada deba imponerse como norma médica para todos los varones, incluidos niños y jóvenes sanos. “No es necesario indicar universalmente que todos los niños varones deban orinar sentados por motivos de salud. En niños y hombres jóvenes sanos, la postura puede quedar librada a la comodidad, la higiene y la preferencia familiar o cultural”, afirmó Bernardo.
Las recomendaciones adquieren mayor relevancia a partir de los 45 o 50 años, etapa en la que aumentan las probabilidades de síntomas relacionados con el crecimiento benigno de la próstata. También pueden aplicarse a hombres mayores, pacientes con movilidad reducida, riesgo de caídas, urgencia urinaria, chorro débil o sensación de vaciamiento incompleto. “En estos casos, probar la postura sentada puede mejorar el vaciamiento y reducir síntomas asociados”, agregó Vitagliano.
El residuo postmiccional —la orina que queda en la vejiga después de orinar— puede representar un problema si se eleva y persiste con el tiempo. “Pequeñas cantidades pueden ser normales. Pero cuando el residuo es elevado o persistente, puede favorecer urgencia miccional, aumento de la frecuencia urinaria, necesidad de levantarse de noche, infecciones urinarias, formación de cálculos vesicales y, en casos más avanzados, deterioro de la función de la vejiga”, describió Bernardo.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Colesterol “bueno” y “malo”: diferencias, riesgos reales y marcadores que preocupan a los cardiólogos
Especialistas en medicina preventiva explican que HDL y LDL son simples transportadores, y que el peligro cardiovascular real surge solo cuando se combinan factores que la mayoría desconoce
Por Fernando Mongelós
Agrega Infobae a tus medios preferidos en Google
El colesterol cumple funciones clave en el organismo: participa en la producción de hormonas, vitamina D, la formación de membranas celulares y la elaboración de sales biliares para la digestión de grasas. Según Sebastián La Rosa, especialista en medicina preventiva, longevidad y bienestar integral, el cuerpo fabrica de manera natural hasta tres gramos diarios de colesterol, principalmente en el hígado. Esta sustancia es vital y no debe entenderse como un simple enemigo de la salud.
A pesar de la tradicional clasificación de colesterol “bueno” (HDL) y “malo” (LDL), los expertos coinciden en que estas etiquetas resultan limitadas. Ambos tipos son únicamente transportadores: llevan el colesterol y los triglicéridos por la sangre, pero no son ni positivos ni negativos en sí mismos. El riesgo surge cuando existen tres condiciones simultáneas: acumulación excesiva de colesterol, oxidación de las grasas y daño o inflamación en las paredes arteriales. Solo con esta combinación el colesterol puede depositarse en las arterias y convertirse en un peligro real.
Las nuevas directrices internacionales, como las publicadas en 2026 por el American College of Cardiology y la American Heart Association y analizadas por la doctora Sara Redondo, subrayan que el colesterol total por sí solo no predice el riesgo cardiovascular con precisión.
En cambio, se recomienda evaluar partículas específicas como el LDL-C, el ApoB y la lipoproteína(a), ya que la concentración y el tipo de partículas son más relevantes que la cifra total. Además, los estudios más recientes han demostrado que el colesterol dietario (el que se consume en alimentos) tiene un impacto menor en los niveles sanguíneos para la mayoría de las personas, ya que el hígado compensa la ingesta ajustando su producción interna.
El enfoque actual prioriza entender cuántas partículas aterogénicas circulan y en qué contexto metabólico lo hacen. Por eso, además del LDL-C, se incorpora el valor de marcadores como el ApoB y la lipoproteína(a), que ofrecen información complementaria sobre el riesgo de que se formen depósitos en las arterias.
En esa lógica, una cifra aislada de colesterol total puede resultar insuficiente si no se interpreta junto con el resto del perfil lipídico y con variables clínicas como inflamación, antecedentes familiares y estado metabólico. La doctora Sara Redondo plantea que la evaluación gana precisión cuando se analiza el tipo de partículas circulantes y se entiende el colesterol como parte de un sistema regulado por el hígado, la dieta y el estilo de vida, más que como un número “bueno” o “malo” en sí mismo.
La alimentación y los hábitos diarios tienen un papel central en el control del perfil lipídico. La evidencia presentada y respaldada por las nuevas recomendaciones científicas señala que los hidratos de carbono refinados y el exceso de azúcares favorecen la inflamación y la formación de partículas LDL pequeñas y densas, las más peligrosas. También las grasas trans y los aceites vegetales refinados elevan el riesgo al oxidarse fácilmente y alterar el equilibrio de lípidos en sangre.
Por el contrario, las grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas, presentes en el aceite de oliva, frutos secos y semillas, contribuyen a aumentar el HDL y reducir el LDL, destacaron las guías citadas. Las grasas saturadas, presentes en productos animales y algunos aceites como el de coco, elevan ambos tipos de colesterol, pero no necesariamente aumentan las formas más nocivas del LDL. El déficit de antioxidantes, como la vitamina E, deja al organismo expuesto a la oxidación de las grasas, lo que puede potenciar el riesgo cardiovascular.
Para mejorar el perfil de colesterol, la doctora Sara Redondo recomienda priorizar una dieta baja en índice glucémico, evitar productos ultraprocesados y aumentar la fibra prebiótica y probiótica. El ejercicio regular, especialmente el entrenamiento de fuerza y los intervalos de alta intensidad, ayuda a elevar el HDL y reducir el LDL problemático.
Los suplementos de omega-3 y el soporte hepático, con nutrientes como la colina o el cardo mariano, pueden facilitar la eliminación del colesterol excedente. Además, según la información de la American Heart Association, el control debe empezar desde edades tempranas y mantenerse con chequeos periódicos individualizados según el riesgo.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Consumir magnesio y proteína en polvo: cómo impacta en el cuerpo y cuándo evitar la combinación
La ingesta en conjunto ofrece ventajas sobre la recuperación muscular, la regulación del azúcar en sangre y la salud ósea, aunque no está exento de riesgos gastrointestinales y contraindicaciones para ciertos grupos
Por Ismael Yasnikowski
Agrega Infobae a tus medios preferidos en Google
Cada vez más personas que buscan mejorar su rendimiento físico y bienestar general suman a su rutina diaria la ingesta de magnesio y proteína en polvo. Esta práctica reporta beneficios en distintos niveles, aunque requiere atención a posibles efectos adversos y a situaciones en las que no es recomendable. Cuando se incorporan de manera adecuada, ambos productos pueden potenciarse y cumplir funciones esenciales en el organismo.
Según la Dra. Kristen Gasnick, especialista en Fisioterapia y Medicina Deportiva de la Universidad de Medicina y Odontología de Nueva Jersey (UMDNJ), citada por la revista Verywell Health, el magnesio participa en numerosos procesos químicos del cuerpo, resultando indispensable para el funcionamiento nervioso, muscular y el metabolismo energético.
Las fórmulas de proteína, especialmente las derivadas del suero, aportan aminoácidos cruciales para la reparación celular y el mantenimiento muscular. El artículo destaca que alcanzar niveles óptimos de estos nutrientes puede influir positivamente en el desempeño físico y en la capacidad de recuperación tras la actividad deportiva.
Uno de los aportes destacados al combinar estos suplementos es la mejora en la respuesta muscular tras el esfuerzo físico. El magnesio favorece tanto la relajación como la contracción de los músculos, lo que contribuye a disminuir la aparición de calambres y la sensación de fatiga. Al mismo tiempo, los aminoácidos presentes en la proteína resultan esenciales para la síntesis y regeneración de las fibras musculares. Según la especialista, “un nivel adecuado de magnesio garantiza una correcta recuperación tras el ejercicio y ayuda a prevenir la debilidad muscular y los calambres”.
La administración conjunta también puede impactar en la regulación de la glucosa en sangre. Este mineral activa enzimas y receptores de insulina que colaboran en el procesamiento de la glucosa, ayudando a mantener su concentración en valores saludables. Por su parte, las proteínas ralentizan la digestión, lo que contribuye a evitar picos glucémicos. “Las dietas pobres en proteína y fibra suelen estar relacionadas con niveles elevados de azúcar en sangre y diabetes tipo 2”, señaló la especialista, en declaraciones recogidas por Verywell Health.
El beneficio de esta combinación se extiende al sistema óseo. El magnesio facilita la activación de la vitamina D, esencial para la absorción de calcio y la formación de hueso. Una ingesta adecuada de proteína, junto con la práctica de ejercicios de fuerza, fortalece la estructura ósea y reduce el riesgo de fracturas. Un meta-análisis publicado Journal of the International Society of Sports Nutrition evidenció que la suplementación diaria con magnesio acelera la regeneración muscular, disminuye la frecuencia de calambres y mejora tanto la salud ósea como la producción de energía celular.
De acuerdo con el artículo, la administración simultánea de ambos suplementos puede realizarse en cualquier momento del día, incluso antes o después de entrenar. El magnesio suele recomendarse con los alimentos, por lo que añadirlo a un batido facilita su consumo diario. Además, algunas presentaciones de este mineral son mejor toleradas por el aparato digestivo.
Existen, sin embargo, situaciones en las que la combinación no resulta apropiada. Personas con fenilcetonuria (PKU), un trastorno metabólico que impide procesar la fenilalanina, deben evitar la proteína en polvo, ya que contiene ese aminoácido y podría causar complicaciones neurológicas. Quienes presentan insuficiencia renal también deben consultar a un profesional de la salud antes de incorporar estos productos, debido al riesgo de sobrecarga y alteraciones en los electrolitos.
Tanto el magnesio como las fórmulas proteicas pueden provocar molestias digestivas. El hidróxido de magnesio, utilizado como laxante, puede generar diarrea. Las proteínas de suero pueden provocar hinchazón y gases, sobre todo en personas con intolerancia a la lactosa. Las alternativas vegetales, como las elaboradas a partir de guisantes o arroz, por su mayor contenido de fibra, también pueden causar malestar intestinal en algunos casos.
La cantidad diaria sugerida de magnesio depende de la edad y el sexo: mujeres de 19 a 30 años requieren 310 miligramos, y los hombres, 400 miligramos. Para personas de 31 años o más, la recomendación sube a 320 miligramos en mujeres y 420 miligramos en hombres, según la Dra. Gasnick.
En relación a la proteína, la dosis apropiada se calcula según el peso y el grado de actividad física. Para actividad baja, se aconseja 1 gramo por kilogramo de peso corporal; para actividad moderada, 1,3 gramos; y para quienes realizan entrenamiento intenso, hasta 1,6 gramos por kilogramo.
La ingesta de estos productos puede interferir con la absorción de ciertos fármacos, como antibióticos, bisfosfonatos, diuréticos, gabapentina, levotiroxina y zinc. La investigación recomienda espaciar varias horas la toma de suplementos y medicamentos para evitar interacciones y consultar siempre a un profesional antes de iniciar su consumo.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/