Qué alimentos conviene evitar antes de hacer ejercicio intenso
La evidencia disponible recomienda ajustar porciones y nutrientes según la intensidad, la duración y la respuesta individual
Por Santiago Abraldes
El malestar puede aparecer cuando el entrenamiento ya comenzó: pesadez en el estómago, náuseas, cólicos o una urgencia intestinal que interrumpe el esfuerzo.
En muchos casos, la diferencia no está solo en haber comido antes, sino en cuánto se comió, qué alimentos integraron esa ingesta y cuánto tiempo pasó hasta empezar a moverse.
Las comidas grandes y cercanas a la actividad pueden ser más difíciles de tolerar, en especial durante sesiones largas o exigentes. Esto no implica que sea necesario entrenar en ayunas.
La evidencia disponible sugiere que ajustar el volumen, la composición y el horario de la ingesta puede reducir molestias digestivas en algunas personas.
Una revisión sistemática publicada en 2025, que analizó 231 estudios sobre actividad física y síntomas gastrointestinales, señaló que las comidas abundantes y los alimentos ricos en grasa o fibra antes del ejercicio pueden aumentar el riesgo de malestar digestivo.
El trabajo propone considerar tanto el horario de la ingesta como la intensidad y la duración del esfuerzo.
Los alimentos con mucha fibra requieren especial atención cuando se acercan sesiones prolongadas o con movimientos repetidos.
La revisión de 2025 indica que este nutriente puede aumentar el volumen del contenido intestinal y la producción de gases, factores que pueden favorecer la hinchazón, los cólicos y la diarrea durante el ejercicio.
El efecto puede ser más relevante en ejercicios de resistencia o impacto, como las carreras. La evidencia no plantea eliminar la fibra de la alimentación diaria, sino reducirla de forma puntual antes de una actividad intensa y prolongada si existen antecedentes de malestar gastrointestinal.
El estudio señala que una dieta baja en residuos durante las 24 a 48 horas previas a esfuerzos largos o intensos puede disminuir el volumen de material no digerido en el intestino. Este enfoque reduce de manera temporal los alimentos con fibra.
Cerca del entrenamiento, una preparación de menor volumen y con poca fibra puede resultar más fácil de tolerar. Estas estrategias deben probarse antes de una competencia.
La relación entre proteína y molestias digestivas necesita una explicación más precisa. No hay base para afirmar que toda proteína deba evitarse antes de cualquier entrenamiento.
Sin embargo, una revisión sistemática de 2023 centrada en atletas de resistencia encontró que su consumo durante esfuerzos prolongados y exigentes puede asociarse con una mayor frecuencia e intensidad de síntomas gastrointestinales que la ingesta de carbohidratos.
En una investigación incluida, el consumo de 15 gramos de proteína de suero antes de correr y luego cada 20 minutos se vinculó con más síntomas gastrointestinales.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Cómo impacta el tiempo en el espacio en la cadera de los astronautas y por qué preocupa ante el futuro de la exploración espacial
La pérdida ósea en el espacio es conocida desde hace décadas, pero se ignoraban sus consecuencias clínicas reales hasta ahora. Un nuevo estudio reveló que misiones de apenas tres meses en órbita dejan una huella en el esqueleto que puede tardar años en manifestarse, según un trabajo de la NASA
Cada vez que un astronauta regresa a la Tierra después de una misión prolongada, su cuerpo trae algo más que la experiencia del espacio: trae también huesos que han perdido densidad y resistencia. La ingravidez obliga al esqueleto a adaptarse a un entorno sin carga, lo que deriva en una pérdida de masa ósea que los especialistas conocen desde hace décadas. Sin embargo, las consecuencias reales de ese deterioro sobre la salud a largo plazo eran, hasta ahora, difíciles de cuantificar.
La pregunta que nadie había podido responder con claridad era si esa pérdida ósea llegaba a traducirse en fracturas concretas, en lesiones reales, una vez que los astronautas retomaban su vida cotidiana en la Tierra. La lógica indicaba que sí, pero faltaban datos clínicos que lo confirmaran. Ahora, una nueva investigación aporta evidencia directa: los astronautas con más de 90 días en el espacio presentaron tasas más elevadas de fracturas de cadera tras su regreso que quienes habían cumplido misiones más cortas o que nunca habían viajado al espacio.
Así lo concluye un estudio publicado en la revista Mayo Clinic Proceedings. El trabajo, liderado por investigadores del Centro Espacial Johnson de la NASA, pone en primer plano un riesgo que hasta ahora había permanecido en los márgenes de los programas de salud espacial, justo cuando la agencia planea misiones de mayor duración hacia la Luna y, más adelante, hacia Marte.
Para llevar a cabo el análisis, los investigadores relevaron un grupo de astronautas estadounidenses y registraron todas las fracturas notificadas durante sus exámenes clínicos anuales. Dado que las cohortes de astronautas son pequeñas y los vuelos espaciales son infrecuentes, el equipo recurrió al modelado probabilístico bayesiano, una técnica estadística que asigna probabilidades a distintos escenarios a partir de los datos disponibles y permite extraer conclusiones confiables incluso con muestras reducidas.
El resultado más llamativo no fue un aumento general en la tasa de fracturas de todo tipo, sino uno específico y clínicamente significativo: las fracturas de cadera. Los astronautas que habían cumplido misiones de más de 90 días mostraron una incidencia mayor de este tipo de lesión en comparación con quienes habían realizado vuelos más breves y con personas que nunca habían estado en el espacio. Lo que añade gravedad al hallazgo es que estas fracturas ocurrían a una edad más temprana de la que se esperaría en la población general terrestre.
Jean D. Sibonga, investigadora principal del estudio en el Centro Espacial Johnson de la NASA, señaló que las personas no perciben la pérdida ósea y que, tras regresar del espacio y sentirse estables o recuperadas, pueden retomar actividades físicamente exigentes sin ser conscientes de los cambios esqueléticos que dejó la ingravidez prolongada. Esa brecha entre la percepción subjetiva de recuperación y el estado real del esqueleto es, precisamente, lo que vuelve peligrosa la situación, según el comunicado de prensa de Elsevier.
En el entorno de microgravedad del espacio, el esqueleto deja de sostener el peso del cuerpo. Ante esa ausencia de carga, el organismo reduce la formación de tejido óseo nuevo y acelera su reabsorción, el proceso por el cual el cuerpo disuelve y recicla el tejido óseo viejo. La consecuencia es una pérdida de masa, densidad y resistencia en los huesos, un fenómeno comparable al que ocurre en personas encamadas por períodos prolongados o en pacientes con osteoporosis grave.
Lo que el nuevo estudio agrega es la dimensión clínica de ese proceso: no se trata solo de cifras en una densitometría, sino de fracturas que suceden en la vida real. “La ocurrencia de fracturas de cadera a una edad más temprana de lo esperado tras vuelos espaciales de larga duración es evidencia clínica de que la pérdida ósea inducida por el espacio puede tener consecuencias reales a largo plazo, que deben abordarse en consecuencia”, afirmó Moshe Gertzulin, médico del Servicio de Endocrinología y Enfermedades Metabólicas del Hueso del Hospital for Special Surgery de Nueva York y coautor del editorial que acompaña al estudio, según el comunicado de prensa de Elsevier.
Matthew T. Drake, médico del mismo servicio y también coautor del editorial, advirtió que “si bien los datos disponibles sobre la pérdida ósea asociada a los vuelos espaciales son consistentes, una limitación importante es la precisión, ya que las muestras de astronautas son pequeñas y los vuelos espaciales son poco frecuentes”, de acuerdo con el comunicado de prensa.
Frente a estos hallazgos, Sibonga subrayó la necesidad de ampliar el programa actual de monitoreo óseo de la NASA. Hasta ahora, el seguimiento se centra en mediciones de densidad mineral ósea mediante absorciometría de rayos X de energía dual, una técnica estándar que indica cuánto mineral contiene el hueso, pero que no permite ver su estructura interna ni determinar si el paciente ha recuperado plenamente su resistencia previa al vuelo.
De acuerdo con el comunicado de prensa, la agencia ha comenzado a incorporar tomografías computadas cuantitativas antes y después de cada misión, estudios que ofrecen una imagen más detallada de distintas regiones del hueso y ayudan a establecer si los astronautas han vuelto a su condición de partida.
Sin esa información más precisa, los astronautas corren el riesgo de someter sus huesos a cargas para las que aún no están preparados. Para reducir ese riesgo, los autores del estudio abogan por medidas preventivas que preserven la salud esquelética de base antes de cada misión.
Una caracterización más completa de los cambios que el vuelo espacial provoca en la masa, la densidad, la estructura y la microarquitectura del hueso, es decir, en la forma en que el tejido óseo está organizado a nivel microscópico, permitirá determinar qué intervenciones son más eficaces a largo plazo, ya sean fármacos, ejercicio físico o ajustes en la dieta.
La relevancia de estos resultados excede el ámbito de la exploración espacial. Sibonga señaló que una mejor comprensión de la salud ósea después de los vuelos espaciales podría beneficiar también a pacientes en general y a los médicos que los tratan, al contribuir a evaluar riesgos, definir cuidados apropiados y reducir la probabilidad de lesiones.
La NASA tiene previstas múltiples misiones de más de seis meses, entre ellas la primera misión humana al polo sur lunar en el marco del programa Artemis IV, programada para 2028. Con ese horizonte, entender y mitigar el impacto del espacio sobre el esqueleto se vuelve una prioridad que ya no puede postergarse.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Cereales integrales: cuántos gramos por día se asocian con mayores beneficios para la salud cardiovascular
Un metaanálisis de 87 ensayos clínicos identificó un rango de consumo asociado con mejoras en el colesterol, la glucosa, la presión arterial, el peso corporal y la inflamación
Por Fernando Mongelós
No solo importa elegir cereales integrales, sino también cuánto se consume. Un nuevo metaanálisis situó entre 60 y 100 gramos diarios el rango asociado con las mejoras más consistentes en distintos indicadores de salud cardiovascular.
El aporte del trabajo busca responder una pregunta práctica que permanecía abierta: a partir de qué cantidad diaria aparecen cambios medibles y en qué rango esos cambios son más notorios.
La revisión combinó 87 ensayos clínicos aleatorizados, con 6.529 participantes, y encontró que el intervalo de 60 a 100 gramos diarios de cereales integrales en peso seco concentró los efectos más consistentes. El estudio publicado en European Heart Journal examinó factores de riesgo y no la prevención directa de infartos, accidentes cerebrovasculares o muertes.
El estudio abordó una limitación frecuente en la comunicación sobre alimentación: señalar que un grupo de alimentos puede resultar favorable sin precisar la cantidad evaluada. La Sociedad Europea de Cardiología, con sede en Francia, indicó al difundir la investigación que el análisis buscó precisar el rango de ingesta asociado con los mayores efectos sobre la salud cardiometabólica.
Los autores reunieron ensayos que comparaban dietas con mayor presencia de cereales integrales frente a patrones de bajo consumo, alimentación habitual u otras indicaciones nutricionales. En conjunto, el trabajo siguió el formato de una revisión sistemática con metaanálisis, es decir, reunió estudios sobre una misma pregunta y combinó sus resultados para estimar el efecto global de la evidencia disponible.
Las investigaciones incluidas procedían de Asia, Europa, Estados Unidos, Canadá, Australia y Brasil. La autora principal, Helda Tutunchi, profesora asociada de Ciencias de la Nutrición de la Universidad de Ciencias Médicas de Tabriz, explicó en una comunicación difundida por la Sociedad Europea de Cardiología que el objetivo fue identificar qué nivel de consumo se asociaba con los beneficios más consistentes observados en los ensayos.
La investigación detectó cambios desde una ingesta de 30 a 40 gramos diarios en peso seco. Según el artículo científico, las asociaciones más consistentes para la mayoría de los indicadores se registraron con 60 a 100 gramos por día, una cantidad equivalente a cerca de cuatro a seis porciones.
De acuerdo con el estudio publicado en European Heart Journal, cada aumento de 48 gramos diarios en peso seco, equivalente a alrededor de 90 gramos de alimento fresco o tres porciones, se asoció con descensos en varios marcadores. Entre ellos figuraron el peso corporal, la circunferencia de cintura, el colesterol total, el colesterol LDL, los triglicéridos, la glucosa en ayunas y la presión arterial sistólica.
El estudio también evaluó marcadores de inflamación, entre ellos la interleucina 6. Los autores consideraron que la evidencia tenía alta certeza para las reducciones observadas en el peso corporal, la circunferencia de cintura, el colesterol total y este indicador inflamatorio. En cambio, calificaron como moderada la certeza de los resultados relacionados con el colesterol LDL, los triglicéridos, la presión arterial sistólica, la glucosa en ayunas y la resistencia a la insulina.
En conjunto, los hallazgos muestran cambios moderados en varios factores vinculados con el riesgo cardiometabólico, más que un efecto drástico sobre una única variable. Tutunchi explicó que la posible relevancia de los cereales integrales reside precisamente en la combinación de pequeñas mejoras observadas en distintos indicadores.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
La FDA aprueba el primer antiviral oral contra el herpes resistente en casi 30 años
El organismo regulador de Estados Unidos dio luz verde al pritelivir, un fármaco con un mecanismo de acción inédito dirigido a pacientes inmunocomprometidos que no responden a ningún tratamiento disponible
Por Joaquín Bahamonde
Para la mayoría de las personas, el virus del herpes simple (HSV) es una infección manejable. Para quienes tienen el sistema inmune comprometido —trasplantados, pacientes con VIH o con cáncer— puede convertirse en una enfermedad crónica, grave y, en algunos casos, sin respuesta a ningún tratamiento disponible.
Ese grupo, hasta ahora sin alternativas orales cuando los antivirales clásicos fallan, tuvo el 9 de octubre una novedad concreta, de acuerdo con Reuters: la aprobación del primer fármaco con un mecanismo de acción nuevo contra el HSV en casi 30 años.
El medicamento es el pritelivir, comercializado como HOVILPRI® por Asahi Kasei Therapeutics, la división farmacéutica de la corporación japonesa Asahi Kasei.
La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) dio luz verde a su uso en adultos inmunocomprometidos cuyas lesiones mucocutáneas por HSV no cedieron ante el aciclovir, el valaciclovir o el famciclovir, los tres antivirales de primera línea vigentes.
El camino regulatorio del pritelivir fue acelerado por la FDA, que le otorgó las designaciones de Fast Track, Breakthrough Therapy y Priority Review, las tres herramientas que el organismo reserva para medicamentos que atienden necesidades médicas graves sin solución adecuada.
Es la primera vez que un fármaco contra el HSV recibe las tres categorías de forma simultánea, de acuerdo con la documentación regulatoria de la compañía.
El fundamento científico del HOVILPRI® lo diferencia de todos los antivirales aprobados con anterioridad. Mientras que los tratamientos convencionales contra el HSV requieren ser activados por una enzima viral antes de bloquear la replicación del virus, el pritelivir actúa directamente sobre la helicasa-primasa, un complejo proteico que el virus necesita para copiar su material genético.
Ese mecanismo distinto es el que le permite actuar sobre cepas resistentes a los fármacos de primera línea, de acuerdo con la agencia Reuters.
La FDA basó su aprobación en los datos del ensayo de fase 3 PRIOH-1 Parte C, un estudio aleatorizado y abierto con 101 participantes adultos inmunocomprometidos con infecciones de HSV resistentes o refractarias al tratamiento disponible. Los resultados fueron publicados por Asahi Kasei Therapeutics al momento del anuncio regulatorio.
El 62,7% de los pacientes tratados con pritelivir logró la cicatrización completa de las lesiones en 28 días, frente al 34% del grupo que recibió las alternativas vigentes.
El estudio comparó el nuevo fármaco con la elección del médico tratante entre foscarnet intravenoso o cidofovir, los dos agentes aprobados que se utilizan cuando los antivirales orales de primera línea fracasan.
El pritelivir fue desarrollado originalmente por AiCuris, una farmacéutica alemana especializada en antivirales. Asahi Kasei adquirió la compañía en abril de 2026, y la aprobación del HOVILPRI® por parte de la FDA constituye el primer hito comercial de esa operación, tal como señaló Reuters.
La trayectoria del fármaco es la de un producto con décadas de investigación detrás.
“HOVILPRI ofrece una nueva opción de tratamiento oral para pacientes adultos con una enfermedad persistente y difícil de tratar”, afirmó la compañía en un comunicado difundido al momento del anuncio.
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Detectan un cambio en las defensas que podría anticipar el cáncer de pulmón años antes
La investigación publicada en Nature analizó muestras de sangre y tejido humano, además de ensayos en animales, para estudiar cómo ciertas células inmunitarias aumentan durante las etapas iniciales del proceso
Por Constanza Almirón
Una alteración en las defensas del organismo podría alertar sobre la formación de un tumor de pulmón mucho antes de que pueda detectarse. En ese contexto, investigadores del University College London hallaron señales de ese cambio en muestras de sangre y tejido.
Así, el trabajo plantea la posibilidad de identificar el riesgo de cáncer de pulmón años antes del diagnóstico y, a la vez, de actuar sobre ese proceso en una etapa temprana.
En 2022, el cáncer de pulmón fue el más diagnosticado y la principal causa de muerte por cáncer en el mundo, con cerca de 2,5 millones de nuevos casos y 1,8 millones de muertes, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud. Como la enfermedad suele dar señales cuando ya avanzó, encontrar cambios previos a la formación del tumor puede ayudar a pensar nuevas formas de prevención.
La investigación, publicada en la revista Nature, reunió datos de personas que participaban en programas de seguimiento y detección temprana, junto con ensayos en animales.
El equipo se centró en las células T reguladoras, también llamadas Tregs. Estas células de defensa suelen moderar la reacción del sistema inmunitario para impedir que ataque tejidos sanos. Sin embargo, los investigadores observaron que su número aumentaba gradualmente durante meses o años antes de que apareciera un cáncer de pulmón.
Ese incremento podría dificultar que las defensas reconozcan y eliminen células alteradas. Los investigadores denominan a este fenómeno “niebla inmunológica”, ya que el sistema inmunitario perdería parte de su capacidad para identificar esas alteraciones.
En ese proceso intervienen las lesiones precancerosas, grupos de células que todavía no forman un tumor invasivo, aunque algunas pueden evolucionar hacia un cáncer.
A partir de ese hallazgo, James Reading, profesor asociado del University College London y uno de los responsables del trabajo, afirmó en el comunicado institucional que se necesitan “urgentemente nuevas formas de prevenir el cáncer de pulmón en personas con alto riesgo de desarrollar la enfermedad”. Según relató, varios integrantes de su grupo habían detectado la misma actividad inusual de las células T reguladoras.
Reading agregó que esas células “no solo estaban señalando que podría estar desarrollándose un cáncer”, sino que también podrían ser un punto sobre el cual actuar antes de la formación de tumores. Aun así, el hallazgo no implica que ya exista una prueba disponible para la atención médica habitual, sino que plantea una línea de investigación que deberá continuar con nuevos estudios.
Según se detalla en el estudio, la comparación entre muestras humanas y ensayos con animales permitió relacionar el aumento de las Tregs con las primeras etapas en las que ciertas lesiones pulmonares pueden progresar. Por eso, el trabajo no presenta este indicador como una predicción segura para cada persona, sino como una señal que todavía requiere más comprobaciones.
Para saber si esta señal también podía detectarse sin analizar tejido, los investigadores desarrollaron pruebas de sangre experimentales capaces de medir las células T reguladoras.
Los resultados indican que su seguimiento podría ayudar a identificar a personas con un riesgo creciente de cáncer de pulmón, así como a pacientes que ya presentan una forma inicial de la enfermedad. De este modo, el análisis buscaría aportar una advertencia antes de que el cáncer se manifieste.
Además, el grupo evaluó medicamentos que actúan sobre el sistema inmunitario para reducir la acumulación de Tregs. En ensayos con animales, el tratamiento redujo a la mitad la proporción de animales que desarrolló tumores pulmonares y evitó la aparición de todos los tumores grandes.
Charlotte Durkin, directora asociada de medicina molecular y celular del Medical Research Council, señaló que el estudio ofrece “una nueva y valiosa comprensión de las fases tempranas del desarrollo del cáncer de pulmón”.
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Después de los 50, perder músculo puede afectar la vida diaria: los 7 ejercicios de fuerza que recomiendan los expertos
La actividad de resistencia contribuye a preservar la autonomía, reducir el riesgo de caídas y proteger los huesos durante el envejecimiento
Suele decirse que los 50 años de hoy equivalen a los 40 de otras décadas. Esto refleja el cambio en la manera de percibir el envejecimiento que se ha producido en los últimos tiempos. Incluso, un estudio publicado por la Asociación Estadounidense de Psicología detectó que en la actualidad, debido al aumento de la esperanza de vida y las transformaciones sociales, los adultos de mediana edad y mayores sitúan el inicio de la vejez más adelante que sus pares de generaciones anteriores.
Sin embargo, la percepción de una juventud extendida no modifica algunos cambios físicos asociados con la edad. Desde los 30 años, el cuerpo puede perder entre 3% y 5% de masa muscular magra por década, según la Oficina para la Salud de la Mujer de Estados Unidos. Para muchas personas, el descenso pasa inadvertido hasta los 60, cuando puede afectar tareas cotidianas.
También, a partir de los 50, las mujeres en particular pierden músculo y fuerza con mayor rapidez debido a la caída del estrógeno durante la perimenopausia y la menopausia, lo que puede acelerar la sarcopenia (pérdida de masa muscular relacionada con la edad) y la osteoporosis, según la Universidad de Stanford.
“La sarcopenia es la pérdida gradual de músculo y fuerza que puede producirse con la edad, especialmente en personas con un nivel de actividad física reducido”, explicó la OASH. Cuando la disminución de masa y fuerza dificulta caminar, ponerse de pie o cargar bolsas, puede ser un indicio de sarcopenia.
Varios factores pueden contribuir a esta condición, entre ellos:
Según la OASH, la actividad física puede ayudar a recuperar la fuerza, mejorar la masa muscular y reducir el riesgo de sarcopenia. La combinación de entrenamiento de fuerza o resistencia (un tipo de ejercicio que implica que los músculos trabajen contra una fuerza, como pesas, bandas elásticas o el propio peso corporal) y una dieta saludable es fundamental para aumentar la fuerza, la energía y la masa muscular.
El Colegio Estadounidense de Medicina Deportiva recomienda incorporar ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos veces por semana.
Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), los beneficios del entrenamiento de fuerza son:
La doctora Patricia Sangenis, médica cardióloga, especialista en medicina del deporte, alto rendimiento y longevidad, describió en Infobae los principales grupos musculares para entrenar la fuerza:
Un ejemplo de planificación semanal, según la doctora Sangenis:
Entre los ejercicios más recomendados por los expertos en Medicina del Deporte para trabajar grandes grupos musculares y mejorar los movimientos cotidianos se encuentran los siguientes:
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