La oveja clonada que nació en secreto y rinde tributo a una cantante: 277 embriones, tres madres y el ADN de una célula adulta

Un veterinario llegó de urgencia y cuatro investigadores del Instituto Roslin esperaron sin hablar. Un experimento contra las certezas de la biología. Siete meses después, el mundo se enteró de la existencia de Dolly, la primera de su clase

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El 5 de julio de 1996, un veterinario convocado de urgencia asistió el parto de una oveja en una granja en las afueras de Edimburgo, Escocia. Cuatro científicos del Instituto Roslin miraban con ansiedad. Lo que estaban a punto de ver no era un nacimiento ordinario: era el primero de su clase en la historia de los mamíferos.

La cría pesó 6,6 kilogramos y se puso de pie en la primera media hora. Quienes estaban presentes recordaron después que “era un cordero muy viable”, una señal de que el proceso había funcionado. Nadie en la granja podía hablar de eso en público. El secreto duraría siete meses más.

Dolly fue la primera hembra de mamífero clonada a partir de una célula adulta. No fue el primer animal clonado de la historia —ese lugar lo ocupa una rana clonada en 1958— ni siquiera el primer mamífero clonado: en 1984 había nacido en Cambridge una oveja clonada a partir de una célula embrionaria, y en 1995 el propio equipo del Roslin había producido dos ovejas, Megan y Morag, también desde células embrionarias cultivadas en laboratorio.

Lo que hizo de Dolly un caso sin precedentes fue la fuente de su ADN: una célula de la glándula mamaria de una oveja adulta de seis años. Hasta ese momento, la comunidad científica daba por sentado que una célula ya especializada —una célula de piel, de músculo, de glándula— no podía revertir su estado y volver a generar un organismo completo. Dolly demostró que sí era posible.

El genetista Jorge Dotto explicó en qué consiste la técnica utilizada hace 30 años: “Se extrae el núcleo, lugar donde está el ADN, de una célula adulta de una oveja. Luego, ese núcleo se transfiere —mediante un pulso de electricidad— a un óvulo al cual se le ha sacado su propio núcleo”. El óvulo resultante, con su nuevo núcleo, se comporta como si acabara de ser fertilizado, se desarrolla en embrión y se implanta en el útero de una tercera oveja. Dotto lo describió como “un ejemplo de maternidad subrogada”: Dolly tuvo tres madres, una que aportó el ADN, otra que donó el óvulo y una tercera que la gestó.

El 8 de febrero de 1996, cinco meses antes del nacimiento, los embriólogos Karen Walker y Bill Ritchie se preparaban para la enucleación y la fusión celular en un pequeño cuarto del laboratorio que se usaba como depósito. Entonces descubrieron que las células que iban a utilizar estaban contaminadas.

“Recuerdo estar corriendo para todos lados, pensando ‘¿qué vamos a poner?’, porque las células que íbamos a usar no estaban allí”, relató Walker a la revista Scientific American. “La última cosa que quieres hacer es perder los ovocitos que tenés. Por lo menos queríamos probar algo”.

Consiguieron células epiteliales mamarias de otra oveja de la raza Finn Dorset adulta de seis años. Las expectativas eran bajas. El equipo, liderado por el embriólogo Ian Wilmut y el biólogo celular Keith Campbell, construyó 277 embriones con núcleos de células adultas. Los implantaron en trece ovejas sustitutas. Solo una quedó preñada. De esa única gestación nació Dolly.

Los cuatro científicos que esperaban en la granja —el investigador Douglas McGavin, la técnica en cultivo celular Angela Scott, el especialista agrícola John Bracken y el embriólogo Ritchie— no estaban solos. Otros curiosos se acercaron al lugar mientras el veterinario asistía el parto.

Fue Bracken quien propuso el nombre ese mismo día. La cría había sido producida a partir de una célula mamaria, y él relacionó ese detalle con la cantante y actriz estadounidense Dolly Parton. Hasta entonces, el animal figuraba en los registros del laboratorio como 6LL3. Wilmut confirmó años después la lógica detrás del nombre: “Dolly proviene de una célula de glándula mamaria y no podíamos pensar en un par de glándulas más impresionantes que las de Dolly Parton”.

La historia tiene un apéndice. Alguien contactó al representante de Parton para anticiparse a una posible reacción negativa. El agente habría respondido que “no existe la mala publicidad”. Ninguno de los investigadores pudo corroborar esa versión.

El Instituto Roslin mantuvo el nacimiento en reserva hasta que el equipo científico terminó de redactar el artículo con los resultados. El 22 de febrero de 1997, Wilmut, Campbell y sus colegas publicaron el paper en la revista Nature y anunciaron simultáneamente la existencia de Dolly al mundo.

La reacción fue inmediata. En la semana siguiente al anuncio, el Instituto Roslin recibió 3.000 llamadas telefónicas de distintas partes del planeta. La revista Science eligió a Dolly como el descubrimiento del año. La revista Time le dedicó un informe especial. La oveja de cara blanca —su cara blanca era, de hecho, una de las primeras pruebas visibles de que era un clon, ya que su madre sustituta era una oveja de cara negra— se convirtió en un animal conocido en el mundo entero.

El propio Wilmut reconoció en 2006 que su colega Keith Campbell merecía “el 66 por ciento” del crédito por el logro que hizo posible el nacimiento de Dolly, y afirmó que la frase “yo no creé a Dolly” era técnicamente exacta. Wilmut falleció el 10 de septiembre de 2023, a los 79 años, por complicaciones derivadas del mal de Parkinson.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/