Capacitación: Aspectos regulatorios y técnicos de fabricantes e importadores de productos médicos
El Colegio de Ingenieros Especialistas de la Provincia de Santa Fe invita a participar de esta propuesta que se…
El Colegio de Ingenieros Especialistas de la Provincia de Santa Fe invita a participar de esta propuesta que se desarrollará en dos encuentros sincrónicos los días 20 y 22 de octubre bajo modalidad híbrida. A cargo del Bioing. Javier O. Elgadban y dirigida a profesionales de la salud, la ingeniería y la industria del sector.
La actividad busca formar y capacitar a profesionales en ejercicio o a personas interesadas en emprender y desarrollar actividades vinculadas a la fabricación e importación de productos médicos nuevos o usados, respondiendo a las exigencias normativas y de calidad del sector sanitario.
Más información en este enlace: https://especialistas.org.ar/capacitacion-aspectos-regulatorios-y-tecnicos-de-fabricantes-e-importadores-de-productos-medicos/
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Fuente: https://www.ingenieria.uner.edu.ar/listado-noticias/
Convocatoria abierta: Sello de Innovación Tecnológica – Paraná Ciudad Inteligente
La iniciativa de Marca Paraná busca visibilizar y reconocer a organizaciones, empresas e instituciones académicas que…
La iniciativa de Marca Paraná busca visibilizar y reconocer a organizaciones, empresas e instituciones académicas que impulsan la transformación digital, la ciencia aplicada y el desarrollo tecnológico local. Las postulaciones se reciben de manera gratuita hasta el 30 de octubre.
Desde el programa Marca Paraná se lanzó oficialmente la convocatoria pública para obtener el Sello de Innovación Tecnológica – Paraná Ciudad Inteligente, una distinción oficial concebida para potenciar el talento local y poner en valor las soluciones tecnológicas de la región.
La iniciativa está dirigida a actores del ecosistema científico, tecnológico y productivo que operen en la ciudad de Paraná, promoviendo el reconocimiento de proyectos con impacto en la transformación digital y la innovación aplicada.
La convocatoria está abierta a:
Para conocer más detalles sobre las bases y condiciones de la convocatoria, ingresar al portal de Marca Paraná.
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Un graduado de la FIUNER recibirá el prestigioso Premio “Ing. Isidoro Marín” de la Academia Nacional de Ingeniería
Octavio Gerardo Haeublein, egresado de la Facultad de Ingeniería de la UNER, fue distinguido como uno de los graduados…
Octavio Gerardo Haeublein, egresado de la Facultad de Ingeniería de la UNER, fue distinguido como uno de los graduados más sobresalientes del país. La ceremonia de premiación se llevara a cabo el próximo 4 de diciembre en Buenos Aires.
La Academia Nacional de Ingeniería confirmó el otorgamiento del prestigioso Premio “Ing. Isidoro Marín” al graduado Octavio Gerardo Haeublein, tras verificar el cumplimiento de los destacados requisitos académicos exigidos por la institución nacional para este reconocimiento a los egresados sobresalientes de las carreras de ingeniería de Argentina.
Este galardón busca poner en valor la excelencia académica de los jóvenes profesionales, así como destacar la calidad de la formación universitaria y su aporte estratégico al desarrollo tecnológico y socioeconómico del país.
La entrega oficial de las distinciones se llevará a cabo en el marco de una Sesión Pública especial organizadas por la Academia:
La Academia hizo extensiva la invitación a toda la comunidad académica de la FIUNER —autoridades, cuerpo docente y claustro estudiantil— para acompañar al graduado en este significativo acto que reunirá a los mejores promedios y profesionales distinguidos de las facultades de Ingeniería de todo el país.
Desde la Facultad de Ingeniería felicitamos a Octavio Gerardo Haeublein por este merecido reconocimiento que enorgullece a toda nuestra institución.
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Seda de abeja en las heridas: el biomaterial que demostró ser seguro y podría detectar infecciones
Un equipo australiano validó un material proteico que se degrada solo dentro de la lesión sin frenar la curación, y ya tiene financiamiento para dotarlo de funciones que hoy ningún vendaje convencional tiene
Las heridas crónicas que no cicatrizan representan uno de los problemas de salud más costosos y difíciles de resolver. En Australia, donde se calcula que unas 450.000 personas las padecen cada año, el sistema sanitario destina más de 6.000 millones de dólares anuales a su atención. Detrás de esa cifra hay infecciones recurrentes, hospitalizaciones repetidas y riesgo de amputación; para quienes viven en zonas rurales o remotas, a todo eso se suma la dificultad de acceder a centros especializados sin tener que desplazarse largas distancias.
Hasta ahora, los apósitos convencionales actúan como barreras pasivas: cubren la herida, pero no interactúan con ella. La pregunta que guiaba a los investigadores era si era posible fabricar un material que, además de proteger, pudiera detectar lo que ocurre dentro de la lesión y responder en consecuencia.
Un nuevo estudio, publicado en la revista Journal of Biomedical Materials Research Part B: Applied Biomaterials da un paso concreto en esa dirección: investigadores del CSIRO, la Organización Científica e Industrial de Investigación del Commonwealth de Australia, y de la Universidad de Adelaida desarrollaron películas biodegradables a partir de seda de abeja melífera modificada en laboratorio y comprobaron que el material es seguro y bien tolerado durante el proceso de cicatrización.
El hallazgo abre la puerta a una generación de apósitos inteligentes, cuya función sería detectar señales de infección o liberar fármacos de forma dirigida según las condiciones de la zona afectada. Para llegar a ese punto, sin embargo, era indispensable demostrar primero que el material en sí no interfiere con la curación ni daña el tejido en formación. Eso es exactamente lo que este trabajo logró establecer.
La seda de abejas melíferas es una proteína natural que las larvas producen para construir estructuras protectoras dentro de la colmena. Lo que la distingue de la que producen las arañas o los gusanos de seda es que su secuencia de proteínas puede modificarse sin que el material pierda su estructura, lo que la convierte en una plataforma moldeable para incorporar funciones específicas. En términos sencillos: los científicos pueden reescribir parte del “código” de esa proteína para que el material resultante cumpla funciones distintas, del mismo modo en que se reprograma un software para agregar nuevas capacidades.
El trabajo de laboratorio requirió una división de tareas precisa: el CSIRO desarrolló y produjo las películas de seda recombinante, cuya secuencia proteica fue editada mediante técnicas de bioingeniería, en tanto que la Universidad de Adelaida puso a disposición su experiencia en cicatrización y ejecutó las pruebas de laboratorio.
Según el comunicado de prensa institucional, esta investigación se apoya en más de una década de trabajo del CSIRO sobre la seda de abeja como plataforma de biomateriales, con estudios previos que ya habían demostrado que el material es resistente, flexible y seguro para aplicaciones biológicas.
Uno de los resultados más relevantes fue que buena parte de la película se degradó gradualmente dentro de la herida, en lugar de permanecer como un material estable. Eso tiene implicaciones prácticas directas: si el apósito se disuelve de manera progresiva, se reduce la necesidad de retirarlo manualmente, una maniobra que puede dañar el tejido nuevo y delicado que se forma durante la cicatrización.
“Piensa en la película como un material de construcción que podemos rediseñar a nivel molecular”, afirmó la doctora Caitlin Johnston, investigadora principal del CSIRO, según el comunicado de prensa.
“Podemos incorporar instrucciones específicas en la seda para que, en el futuro, un apósito pueda responder a las condiciones de la herida. Eso abre una forma completamente nueva de pensar el cuidado de heridas: crear materiales que detecten activamente los cambios en el entorno de la lesión y respondan a esos cambios. Ahora que sabemos que el material no afecta el proceso de cicatrización, estamos en condiciones de pasar a la siguiente etapa y comenzar a desarrollar materiales que ayuden a prevenir infecciones.”
La doctora Anna Antipov, del Instituto de Industrias del Futuro de la Universidad de Adelaida, subrayó el valor metodológico de este paso previo. “La cicatrización es un proceso muy complejo, y necesitamos entender cómo se comporta un nuevo material en ese entorno antes de empezar a agregarle funciones más sofisticadas”, señaló, según el comunicado de prensa.
“Lo que demostramos es que este material de seda de abeja es biodegradable y bien tolerado por el cuerpo, y que no detiene la cicatrización de la herida”, dijo Antipov; al tiempo que también indicó que las comunidades rurales y remotas serían de las más beneficiadas, ya que una menor necesidad de cambios de apósito reduciría las consultas frecuentes con especialistas en ciudades capitales.
La siguiente fase de investigación consistirá en dotar a la película de seda de funciones activas: señales capaces de detectar la presencia de infección y mecanismos de liberación controlada de fármacos. El material pasaría así de ser un recubrimiento inerte a un sistema que interactúa con la biología de la lesión. Las infecciones en heridas crónicas demoran la cicatrización, elevan el riesgo de hospitalización y de amputación, y con frecuencia obligan a intervenciones clínicas repetidas.
Para financiar esa etapa, el equipo recibió un subsidio del Fondo para el Futuro de la Investigación Médica de Australia, destinado al desarrollo y la prueba de varios apósitos inteligentes.
Los investigadores ya cuentan con la plataforma validada para avanzar: la biocompatibilidad del material, es decir, su capacidad de coexistir con los tejidos del cuerpo sin provocar rechazo, condición necesaria para cualquier uso médico posterior, quedó establecida en este estudio.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
¿Qué entendemos hoy por salud mental? El desafío de mirar más allá de un diagnóstico
Los avances en neurociencia, la ampliación de las clasificaciones clínicas y las transformaciones sociales obligan a revisar cómo se interpreta el sufrimiento psíquico. El reto consiste en combinar evidencia científica, trayectoria personal y condiciones de vida para ofrecer respuestas que no reduzcan a una persona a una etiqueta
Por Dr. Enrique De Rosa Alabaster
El 10 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental. Este año, la Organización Mundial de la Salud (OMS) propone poner en el centro a las personas con experiencia vivida de problemas de salud mental, bajo el lema “Lived experiences heard: real voices, real change”: escuchar los relatos de experiencias reales para generar cambios y soluciones concretas, no declamatorias. Es decir, una salud mental más ligada a la persona que a la teoría.
Quizás ese aspecto directo y concreto lleve a una pregunta todavía más elemental: ¿de qué hablamos cuando hablamos de salud mental? La pregunta parece sencilla, pero probablemente nunca haya sido tan difícil de responder.
La ciencia evoluciona rápidamente. Nuestra capacidad para estudiar el cerebro, sus circuitos y sus mecanismos es hoy muy diferente de la que teníamos cuando se construyeron buena parte de las categorías psiquiátricas que todavía utilizamos. El Premio Nobel de Fisiología o Medicina anunciado esta semana es una clara expresión de ese cambio. Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel fueron reconocidos por los descubrimientos que dieron origen a la optogenética, una técnica que permite utilizar la luz para controlar células nerviosas y estudiar con enorme precisión la actividad de determinados circuitos cerebrales.
El desarrollo de esta herramienta abrió nuevas posibilidades para comprender el funcionamiento del cerebro y estudiar enfermedades neurológicas y psiquiátricas. Estamos aprendiendo a observar y manipular el cerebro con una precisión que habría resultado inimaginable para generaciones anteriores. La idea de que, en lugar de pensar en regiones o mediadores químicos de manera aislada, integremos esos elementos a un nuevo mapa de circuitos y conexiones neuronales precisas cambia la concepción misma de todo este territorio.
Mientras nuestra capacidad para estudiar el cerebro se vuelve cada vez más precisa, las categorías para describir el sufrimiento psíquico continúan siendo amplias y se basan en un plano bidimensional, en el que una causa o un síntoma se evalúan por su mayor o menor intensidad. Por ende, la terapéutica apuntaba a cubrir esa consigna. Ya no se trata de “baja serotonina”; en realidad, nunca lo fue, sino de qué vías precisas están afectadas o modificadas.
Desde una mirada más cercana y concreta, ¿qué significa que dos personas reciban el mismo diagnóstico si pueden tener síntomas, historias, trayectorias y mecanismos diferentes? Incluso cabe preguntarnos si los mismos síntomas representan la misma alteración de fondo.
Si tomamos la depresión mayor como ejemplo, vemos que los criterios diagnósticos permiten numerosas combinaciones posibles de síntomas para llegar a una misma categoría. A veces, un aspecto —la tristeza, por ejemplo— aparece como cardinal y excluyente para administrar una medicación. Esto no significa que la depresión u otra categoría no exista ni que el diagnóstico carezca de utilidad. Significa que una categoría diagnóstica puede reunir realidades clínicas muy diferentes.
Un caso urgente es el incremento de los suicidios: asociarlos casi inevitablemente a una única causa —la depresión— aleja la posibilidad de prevenir el fenómeno, ya que supone mirar un mapa de la realidad limitado y cerrado. El diagnóstico es una herramienta, pero no puede forzar ni limitar la realidad que intenta describir.
Durante décadas, la psiquiatría organizó buena parte de su conocimiento alrededor de categorías: depresión, esquizofrenia, trastorno bipolar, autismo, trastornos de ansiedad y muchas otras. Esas categorías fueron fundamentales para ordenar la clínica, investigar tratamientos y establecer un lenguaje común.
Sin embargo, los criterios nosológicos actuales —DSM e ICD— pueden resultar cada vez más limitados cuando se utilizan como unidades explicativas de fenómenos cuya heterogeneidad excede esas categorías. Así lo muestra el aumento de estas clasificaciones, en lugar de una estandarización útil para la comunicación científica. Es el antiguo cuento de los sabios ciegos que definen la totalidad desde una visión sesgada.
Por eso comienzan a adquirir mayor importancia los modelos dimensionales, los enfoques transdiagnósticos, el clinical staging y la búsqueda de biomarcadores capaces de aportar información que las categorías basadas exclusivamente en síntomas no siempre consiguen ofrecer.
El movimiento es profundo porque, en lugar de partir del trastorno y preguntarnos cuál es —o en cuál parece adaptarse mejor en el repositorio nosológico—, nos preguntamos qué le pasa a la persona, qué mecanismos intervienen, cómo evolucionó el problema, si aparece en alguna etapa vital particular y cuál es la relación de todo esto con la cultura, las condiciones de vida y muchas otras capas de análisis. Recién entonces se puede construir un modelo que permita percibir a la persona y no a la “enfermedad”. En realidad, se trata de cumplir un viejo adagio de la medicina: son personas, no enfermedades.
La transformación de esta área del saber no se da solo a partir de cuestionamientos y movimientos antipsiquiátricos, que son históricos, sino también desde adentro. En agosto, Uta Frith, una de las grandes figuras de la investigación sobre el autismo, publicó en Psychological Medicine un editorial en el que se pregunta si el concepto de espectro autista ha perdido su significado y está llevando a errores diagnósticos.
En ese trabajo, analiza la enorme heterogeneidad que ha alcanzado el concepto actual de espectro autista y plantea que distintos cambios culturales y diagnósticos contribuyeron a ampliar considerablemente la categoría, hasta convertirla en un paraguas sintomático que engloba situaciones difíciles de abarcar. Otros investigadores, sin embargo, rechazaron ese planteo y sostuvieron que parte del aumento de diagnósticos puede explicarse porque durante años muchas personas no fueron reconocidas.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Uso problemático de pantallas: las 10 señales que alertan sobre un impacto en el bienestar emocional
Una revisión difundida por The Lancet, que analizó datos de 9 millones de jóvenes, vinculó los consumos digitales que afectan la vida cotidiana con riesgos para la salud mental. Especialistas explican cuáles son los indicadores de una conducta de riesgo
En el Día Mundial de la Salud Mental, que se conmemora cada 10 de octubre, una revisión difundida por The Lancet volvió a poner el foco sobre un fenómeno cotidiano: el uso problemático de medios digitales se asocia con mayor riesgo de problemas de salud mental, trastornos del sueño y menor actividad física. El análisis reunió 121 estudios y datos de 9 millones de personas menores de 25 años.
El trabajo no plantea que el celular, las redes sociales o los videojuegos sean perjudiciales por definición. La conclusión apunta a los patrones de uso que afectan el bienestar y desplazan actividades necesarias para la salud, como descansar, estudiar, hacer ejercicio o sostener vínculos presenciales.
Especialistas consultados por Infobae coincidieron en que la cantidad de horas no alcanza para definir un problema y explicaron cuáles son las 10 señales de una conducta de riesgo.
“El uso problemático no se define por la cantidad de horas que una persona pasa frente a una pantalla, sino por la relación que establece con la tecnología y las consecuencias que genera en su vida cotidiana”, explicó el doctor en Psicología, Pablo Christian González Caino.
Para el docente e investigador de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral, hay un patrón de riesgo cuando aparecen “dificultades para controlar el uso, intentos fallidos de reducirlo, preocupación excesiva por estar conectado o malestar cuando no se puede acceder al dispositivo”.
El director de Laboratorio Argentino de Psicopatía y Conductas Aversivas (LAPCA) Argentina agregó que el indicador decisivo es el impacto funcional: “Cuando empieza a afectar el descanso, las responsabilidades académicas o laborales y las relaciones personales”.
El licenciado en Psicología, Matías Sánchez Sanda, lo definió como una “pérdida de control sobre una conducta específica”.
El miembro del Departamento de Psicoterapia Cognitiva de INECO dijo que en el caso del teléfono puede advertirse por “el tiempo excesivo de uso total, o la necesidad continua de utilizarlo” y el efecto negativo sobre la salud, los vínculos, la vida académica o laboral.
El licenciado en Psicología, Damián Supply, propuso el concepto de bienestar digital. “Un buen uso tiene que ver con que sea una herramienta, con que tenga un sentido, una adecuación a la vida de la persona”, afirmó el coordinador en el área de prevención y promoción de salud en niñez y adolescencia del Hospital Italiano de Buenos Aires.
El problema aparece cuando la vida virtual adquiere una preferencia que limita otros intereses, relaciones y actividades. “Aquella persona que quizás no puede establecer vínculos o actividades más allá del teléfono” puede desarrollar dependencia y una cadena de hábitos negativos, advirtió.
La revisión de The Lancet encontró asociaciones entre el uso problemático y un mayor riesgo de malestar psicológico, dificultades para dormir y menor movimiento. Sin embargo, sus resultados no permiten establecer una secuencia única de causa y consecuencia.
“Es importante distinguir asociación de causalidad: los resultados no permiten establecer qué fenómeno aparece primero”, sostuvo González Caino. “Es posible que se genere un círculo de retroalimentación entre estas variables”.
En una dirección, permanecer conectado hasta la madrugada puede perjudicar el descanso y elevar la vulnerabilidad emocional del día siguiente. Sánchez Sanda explicó que la exposición a pantallas de corto alcance puede afectar las señales que el cerebro necesita para dormir.
“Habiendo dormido mal, al día siguiente hay más probabilidad de aumentar la vulnerabilidad emocional. Dormir mal es un factor de vulnerabilidad frente a la regulación de nuestras emociones e irritabilidad”, señaló.
En la otra dirección, una persona con ansiedad, estrés o tristeza puede recurrir al teléfono para distraerse o aliviarse de forma inmediata.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/