Crean un nuevo mapa molecular que revela cómo se reorganizan los glóbulos rojos cuando escasea el oxígeno
Investigadores de la Universidad de Colorado detectaron una amplia reconfiguración interna al disminuir la disponibilidad del gas. También identificaron un mecanismo que podría ayudar a explicar la adaptación de los tejidos a la hipoxia
Por Santiago Abraldes
La biología celular dio durante décadas al glóbulo rojo por conocido: una célula sin núcleo ni ADN cuya razón de existir se reducía a transportar oxígeno desde los pulmones hasta los tejidos. Una investigación acaba de demostrar que esa certeza era profundamente incompleta.
Un equipo de la Universidad de Colorado construyó el mapa molecular más detallado hasta la fecha del eritrocito humano maduro y descubrió que esta célula reorganiza casi un tercio de sus contactos internos entre proteínas cada vez que el oxígeno escasea.
La pregunta que motivó el trabajo era, en apariencia, sencilla: ¿qué ocurre dentro del glóbulo rojo cuando el oxígeno baja? Hasta ahora, la respuesta estándar apuntaba al pulmón, al corazón y al músculo como los grandes responsables de la adaptación a la hipoxia, condición en la que los tejidos reciben menos oxígeno del que necesitan.
Según informó Muy Interesante, el estudio fue liderado por Angelo D’Alessandro, profesor de bioquímica y genética molecular en la Universidad de Colorado Anschutz Medical Campus. “Los glóbulos rojos son mucho más sofisticados de lo que se pensaba”, afirmó el investigador.
El trabajo desplaza ese foco y reintegra al eritrocito como participante activo, con una arquitectura molecular capaz de reconfigurarse ante la falta de oxígeno en minutos.
Sin núcleo, el eritrocito no puede transcribir genes ni fabricar proteínas nuevas ante una demanda imprevista. En términos funcionales, equivale a un sistema que no puede instalar programas adicionales porque ha desconectado la fábrica que los produce.
Sin embargo, el análisis identificó 3.775 proteínas en eritrocitos humanos maduros altamente purificados, más del triple de las estimadas hace apenas 15 años, según se detalla en el estudio.
Para trazar sus interacciones, el equipo empleó, según se detalla en el estudio, técnicas de proteómica e interactómica basadas en espectrometría de masas con entrecruzamiento químico, un método que fija temporalmente las proteínas que se encuentran físicamente próximas entre sí en un momento dado, de modo que puedan identificarse con precisión.
Según se detalla en el estudio, esa estrategia produjo más de 13.035 coincidencias espectrales de alta confianza, con un umbral de falso descubrimiento del 1%, un indicador estadístico que señala que solo una de cada cien coincidencias detectadas podría ser un resultado espurio.
El experimento central consistió, según describe el paper, en exponer eritrocitos, fuera del cuerpo, a dos condiciones distintas: 21% de oxígeno, que reproduce la normoxia o nivel habitual de oxigenación, y 1% de oxígeno, empleado para inducir hipoxia en el laboratorio.
Al comparar ambos escenarios, los investigadores hallaron que la hipoxia remodeló cerca de un tercio de las interacciones proteína-proteína detectadas.
El dato es relevante porque la célula no respondió modificando la cantidad de proteínas que posee, sino reorganizando los contactos entre ellas: la misma red, con conexiones distintas según la disponibilidad de oxígeno.
En el centro de esa red aparece Band 3, también conocida como SLC4A1, una de las proteínas más abundantes de la membrana eritrocitaria. Hasta ahora se la describía principalmente como un transportador de aniones, moléculas con carga negativa que atraviesan la membrana.
El nuevo mapa la retrata con un papel más amplio: actúa como una plataforma de señalización interna, un punto de encuentro donde confluyen el nivel de oxigenación de la hemoglobina, el metabolismo de la glucosa y el control del grado de oxidación del citoplasma.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Qué puede aportar la creatina a la fuerza muscular durante el envejecimiento
Los estudios disponibles ubican a este compuesto como complemento de las rutinas de resistencia y no como una respuesta autónoma para preservar tejido corporal
Por Santiago Abraldes
La creatina volvió al centro de la conversación sobre envejecimiento y ejercicio después de que el cardiólogo Aurelio Rojas la señalara, en una nota de Men’s Health, como un suplemento de interés para quienes superan los 40 años. Sin embargo, la evidencia disponible obliga a matizar esa recomendación.
Una revisión sistemática publicada en Frontiers in Nutrition reunió 11 ensayos clínicos aleatorizados realizados en adultos sanos de 60 años o más. Sus resultados no permiten afirmar que la creatina ofrezca los mismos beneficios a todas las personas mayores de 40 ni que su efecto sea uniforme.
Además, los estudios analizados evaluaron el suplemento en combinación con ejercicios de fuerza, no de manera aislada. La investigación también dejó abiertas preguntas sobre su impacto en la masa muscular y en la capacidad para realizar actividades cotidianas.
En el estudio los participantes realizaron ejercicios de fuerza y recibieron creatina o una sustancia de comparación sin efecto. Los autores encontraron una mejora pequeña en quienes combinaron el suplemento con el entrenamiento.
Los ensayos clínicos aleatorizados comparan grupos de participantes para observar si una intervención produce diferencias frente a otra condición. En este caso, la revisión consideró que la certeza de los resultados sobre fuerza era moderada. Esa valoración indica que los datos respaldan una mejora, aunque futuras investigaciones podrían modificar su estimación.
En cambio, el estudio no halló diferencias claras en la composición corporal ni en la capacidad para realizar movimientos y tareas cotidianas. Los autores advirtieron, además, que la certeza de la evidencia fue baja para el primer resultado y muy baja para el segundo.
El alcance del hallazgo es específico. La investigación no demuestra que tomar creatina sin hacer actividad física conserve el músculo con el paso de los años. El posible aporte se observó dentro de programas que incluyeron ejercicios de fuerza, por lo que no puede separarse de ese contexto.
Rojas planteó que la creatina le parece especialmente interesante después de los 40 años y explicó que el organismo la produce. También señaló que puede obtenerse a partir de alimentos como la carne y el pescado.
La revisión de 2026, en cambio, se concentró en adultos de 60 años o más. Sus autores aclararon que las conclusiones no deben trasladarse de forma directa a personas frágiles, con sarcopenia (pérdida progresiva de masa y fuerza muscular asociada con la edad) o con limitaciones para moverse.
La edad, el estado de salud, el tipo de ejercicio y la capacidad física de los participantes condicionan los resultados. Por eso, una conclusión obtenida en un grupo no describe necesariamente lo que ocurrirá en otro.
Los autores tampoco hallaron que la cantidad de suplemento, la duración del estudio, la frecuencia de los ejercicios o su intensidad explicaran de forma constante las diferencias entre los ensayos. Ese dato impide identificar una combinación única que asegure el mismo resultado en todos los casos.
Una revisión sistemática de 2025, publicada en European Review of Aging and Physical Activity, incorporó 20 ensayos clínicos con adultos de 55 años o más. Según ese trabajo, la combinación de creatina y ejercicio mejoró las pruebas frente al ejercicio sin el suplemento.
La misma investigación no registró un efecto claro sobre la densidad mineral ósea, un indicador de la cantidad de minerales presentes en los huesos que se utiliza para evaluar su resistencia.
El resultado muestra que una mejora no equivale, de manera automática, a cambios en todos los aspectos de la salud muscular u ósea.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Un estudio identificó células que podrían ayudar al cáncer de pulmón a evadir al sistema inmune
Investigadores de la Universidad de Columbia analizaron tejidos humanos y modelos animales e identificaron un mecanismo del entorno tumoral que podría orientar futuras estrategias terapéuticas
Por Constanza Almirón
El cáncer de pulmón fue el tipo de cáncer con más diagnósticos en el mundo en 2024, con unos 2,6 millones de nuevos casos, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud. Además, fue la principal causa de muerte por esta enfermedad, con cerca de 1,9 millones de fallecimientos.
En ese contexto, un equipo de la Universidad de Columbia identificó en tumores pulmonares una población de células de sostén hasta ahora desconocida, capaz de disminuir la reacción del sistema inmunitario frente a la enfermedad.
Hasta ahora, no estaba claro cómo algunos tumores conseguían reunir en sus bordes defensas que moderan el ataque contra las células enfermas. Estas estructuras de sostén ya se habían vinculado con la evolución de otros tipos de cáncer, pero su papel específico en el pulmón permanecía poco estudiado.
El hallazgo, descrito en un estudio publicado en Nature Immunology, indica que esa población celular atrae defensas que limitan la respuesta contra la lesión. Los resultados provienen de experimentos con ratones y del análisis de tejidos humanos. Por eso, aún no constituyen un tratamiento, aunque permiten comprender un mecanismo que podría orientar futuras investigaciones.
El equipo denominó fibroblastos inmunomoduladores a esta población porque, además de aportar estructura al tejido, interviene en la actividad de las defensas cercanas a la lesión.
Los investigadores la distinguieron por la actividad del gen CHL1, poco frecuente en los fibroblastos de pulmones sanos. Para detectarla, analizaron la actividad genética de cada célula de manera individual, una técnica que permite identificar grupos que podrían pasar inadvertidos al observar el tejido en conjunto.
“En la última década, el análisis de células individuales ha avanzado mucho”, afirmó Ringham, estudiante de posgrado de la Facultad de Medicina Vagelos de la Universidad de Columbia e investigadora principal del proyecto, en el comunicado institucional. “Es una gran herramienta para descubrir tipos de células ocultos y entender qué hacen.”
En los modelos de cáncer de pulmón, estas células se acumularon sobre todo en el límite de la lesión. Según se detalla en el estudio, esa posición las situaba junto a defensas capaces de influir en la intensidad del ataque contra las células malignas.
En ese marco, “muchas investigaciones han mostrado que estos fibroblastos ayudan al cáncer y que su actividad está vinculada con la evolución de los pacientes”, señaló Ringham en el comunicado institucional.
Los fibroblastos con CHL1 producen CXCL9, una proteína que actúa como señal de orientación y atrae al borde del tumor a las células T reguladoras. Estas forman parte del sistema inmunitario y su función habitual es evitar reacciones desmedidas.
Esa tarea es necesaria en órganos expuestos de forma permanente al ambiente, como los pulmones. Allí, las células T reguladoras impiden que las defensas respondan con demasiada intensidad a las sustancias que ingresan con el aire.
“Hay muchas sustancias del ambiente que entran en el pulmón en cualquier momento”, explicó Ringham, y advirtió que, sin células T reguladoras que mantengan el equilibrio, cada respiración provocaría una fuerte respuesta inflamatoria.
Dentro de un tumor, esa misma capacidad de contención puede favorecer a las células malignas. Los experimentos mostraron que las células T reguladoras atraídas por CXCL9 frenaban con mayor eficacia la respuesta inmunitaria que podría atacar al cáncer.
La comunicación depende también de CXCR3, un receptor situado en la superficie de esas células que reconoce la señal CXCL9. Al interrumpir este mecanismo en ratones, el equipo observó menos células reguladoras en el tumor, una mayor actividad de las células T CD8, capaces de atacar células cancerosas, y una reducción de la carga tumoral.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Investigación financiada por la NASA descubre vida compleja que desafía un calor récord
Fuente: https://ciencia.nasa.gov/
La fruta que los neurólogos recomiendan para cuidar el cerebro después de los 50 años
Especialistas en neurología e investigaciones clínicas señalan a un fruto con alta concentración de polifenoles como el aliado más eficaz contra el deterioro cognitivo en la mediana edad, incluido el Alzheimer
Una fruta que rara vez aparece en las listas de alimentos recomendados para la salud cognitiva podría proteger el cerebro en la mediana edad, según especialistas en neurología citados por la revista Parade. La investigación clínica disponible sugiere además que su consumo habitual podría reducir el riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.
El deterioro cognitivo que muchas personas empiezan a notar con el envejecimiento —olvidos cotidianos, lentitud para recuperar nombres, fatiga mental en horas activas— tiene un mecanismo biológico identificado: el estrés oxidativo —un proceso por el cual moléculas inestables dañan las células— y la inflamación crónica —una respuesta sostenida del sistema inmune que daña los tejidos con el tiempo— desgastan las conexiones entre neuronas de forma acumulativa. Frente a ese proceso, los especialistas señalan que las decisiones alimentarias constituyen una herramienta concreta de defensa, y que ciertos frutos, por su composición química, ofrecen una ventaja clara sobre otros.
La fruta en cuestión es la granada. Mill Etienne, médico neurólogo certificado y profesor de neurología en el New York Medical College, advirtió que los adultos mayores de 50 años deberían incorporarla con mucha mayor frecuencia: su concentración de polifenoles —ellagitaninos, antocianinas y taninos— le confiere propiedades antiinflamatorias, antioxidantes y neuroprotectoras que otros frutos de consumo habitual no alcanzan en igual medida.
Su consumo, ya sea en forma de semillas o de jugo puro, refuerza los mecanismos vinculados al aprendizaje y a la memoria a corto plazo. Los antioxidantes presentes en el fruto neutralizan los radicales libres antes de que puedan comprometer las membranas celulares en las zonas del cerebro responsables del registro y la recuperación de información.
La investigación clínica sobre la granada acumula pruebas en distintas direcciones. En modelos animales, un estudio publicado en el Journal of Neurosciences in Rural Practice demostró que el aceite de semilla de granada redujo significativamente la densidad de placas amiloides —acumulaciones de proteínas tóxicas que dañan progresivamente el tejido cerebral— en el hipocampo —la región central del cerebro para la memoria— y frenó la pérdida de neuronas en ratas con deterioro cognitivo inducido experimentalmente. Investigaciones en Nutrients confirmaron que los polifenoles de la granada atenúan la neurotoxicidad de una proteína tóxica que daña y destruye neuronas, reducen la neuroinflamación —la inflamación crónica del tejido cerebral— y frenan la acumulación anormal de la proteína tau, uno de los marcadores moleculares clave en el avance del Alzheimer.
En el plano clínico, un ensayo aleatorizado publicado en el Journal of Alzheimer’s Disease con pacientes con deterioro cognitivo leve demostró que el consumo de aceite de semilla de granada durante un año mejoró de forma estadísticamente significativa la cognición global, la memoria episódica verbal —la capacidad de recordar eventos e información expresada en palabras— y las funciones ejecutivas —como la planificación, la toma de decisiones y el control de la atención—. Estos resultados fueron consistentes con los de un ensayo controlado en Geriatrics, en el que la suplementación diaria con extracto de granada durante 12 semanas produjo mejoras en el razonamiento cognitivo y tendencias positivas en memoria de trabajo —la capacidad de retener y manipular información de forma activa en el corto plazo— en adultos de entre 55 y 70 años.
Shae Datta, neuróloga del NYU Langone Hospital–Long Island y codirectora del NYU Langone Concussion Center (NYLCC), añadió que ciertos flavonoides —compuestos vegetales con propiedades antioxidantes— presentes en frutos de pigmentación intensa tienen la capacidad de atravesar la barrera hematoencefálica —el filtro natural que protege al cerebro de sustancias externas—. Una vez dentro, esos compuestos reducen la inflamación localizada en el cerebro y contribuyen a la velocidad del procesamiento mental.
La academia médica no circunscribe la protección cerebral a un solo alimento. Etienne indicó que incorporar uvas oscuras, aguacate, cítricos y bayas frescas a la planificación semanal de comidas aporta un flujo constante de antocianinas, resveratrol y grasas esenciales que el sistema nervioso necesita para mantenerse en condiciones óptimas.
Existe, sin embargo, una advertencia práctica: la granada puede interactuar con anticoagulantes, por lo que en pacientes bajo ese tratamiento, los especialistas recomiendan recurrir a las alternativas pigmentadas antes mencionadas para obtener beneficios equivalentes.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
TOC o ansiedad: las cuatro señales que ayudan a distinguirlos y el tratamiento específico que evita el ciclo de las compulsiones
Los pensamientos intrusivos, la necesidad de comprobar y la rumiación persistente pueden interferir en la vida diaria; identificar qué función cumplen permite elegir una estrategia terapéutica adecuada
Muchas personas que creen tener ansiedad padecen en realidad trastorno obsesivo compulsivo (TOC), una condición que combina pensamientos intrusivos y rituales para neutralizarlos, y cuya identificación cambia por completo el tratamiento.
La diferencia resulta decisiva porque algunas estrategias habituales para la ansiedad pueden reforzar el ciclo del TOC, mientras que el abordaje específico busca tolerar la incertidumbre sin realizar compulsiones.
“Parte del TOC consiste en experimentar sentimientos de ansiedad”, afirmó Simone Leavell-Bruce, doctora en Psicología y psicoterapeuta especializada en TOC, en declaraciones a Women’s Health.
Los síntomas pueden aparecer entre los siete y los 12 años o al comienzo de la adultez, cerca de los 20 años. Una revisión concluyó que las mujeres podrían tener una probabilidad 1,6 veces mayor que los hombres de padecerlo.
“El Trastorno Obsesivo Compulsivo podría graficarse como una mente que se queda atrapada en un bucle de pensamientos que no se puede detener fácilmente. Por ejemplo, una persona podría pensar obsesivamente si cerró la puerta de su casa con llave, y sentir la obligación de volver a revisar una y otra vez para verificar esta cuestión”, explicó a Infobae la licenciada Liliana Traiber (MN 43.326), coordinadora de la Clínica de Ansiedad y Trauma del Departamento de Psicoterapia de INECO.
El TOC provoca ansiedad, pero no equivale a una preocupación cotidiana ni a una preferencia por el orden y la limpieza. Es un trastorno mental que puede alterar la vida diaria, los vínculos y la percepción de uno mismo.
Según la Fundación Internacional del TOC, afecta a personas de todas las edades y condiciones sociales, y se produce cuando una persona queda atrapada en un ciclo de obsesiones y compulsiones.
“Las obsesiones son pensamientos, imágenes o impulsos intrusivos e indeseados que provocan sentimientos de gran angustia. Las compulsiones son conductas que una persona realiza para intentar eliminar las obsesiones o disminuir la angustia”, explicó la entidad.
Para que se pueda diagnosticar TOC, este ciclo de obsesiones y compulsiones debe ser tan extremo que consuma mucho tiempo (más de una hora al día), cause una angustia intensa o interfiera con actividades importantes que la persona valora, señaló la fundación.
De acuerdo al Instituto de Neurología Cognitiva INECO, el Trastorno Obsesivo Compulsivo incluye el miedo a la contaminación, la necesidad de orden y simetría, los pensamientos violentos o sexuales no deseados, el lavado excesivo de manos, la verificación y repetición de acciones, entre otros.
Estos suelen ocupar mucho tiempo en la vida de las personas que lo presentan y les causa malestar emocional (ansiedad, temor, angustia).
La ansiedad es una consecuencia emocional frecuente del TOC, lo que puede dificultar distinguir ambos cuadros, afirmó Levi Riven, psicólogo clínico y fundador de Riven Psychology, con sede en Ottawa en declaraciones a Women´s Health. Sin embargo, existen cuatro características clave que diferencian el TOC:
Mientras la ansiedad generalizada suele enfocarse en preocupaciones cotidianas —el trabajo, la salud, el dinero o una presentación—, en el TOC aparecen pensamientos intrusivos que pueden resultar extraños, tabú o muy angustiantes para la persona.
Por ejemplo, alguien con ansiedad puede temer no haberse preparado lo suficiente para una exposición laboral. Una persona con TOC, en cambio, podría obsesionarse con la posibilidad de insultar a alguien, decir una expresión racista o comportarse de una forma que rechaza profundamente.
Estas obsesiones suelen ser egodistónicas: contradicen los valores, la moral y la identidad de quien las experimenta, explicó Riven.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/