TOC o ansiedad: las cuatro señales que ayudan a distinguirlos y el tratamiento específico que evita el ciclo de las compulsiones

Los pensamientos intrusivos, la necesidad de comprobar y la rumiación persistente pueden interferir en la vida diaria; identificar qué función cumplen permite elegir una estrategia terapéutica adecuada

Muchas personas que creen tener ansiedad padecen en realidad trastorno obsesivo compulsivo (TOC), una condición que combina pensamientos intrusivos y rituales para neutralizarlos, y cuya identificación cambia por completo el tratamiento.

La diferencia resulta decisiva porque algunas estrategias habituales para la ansiedad pueden reforzar el ciclo del TOC, mientras que el abordaje específico busca tolerar la incertidumbre sin realizar compulsiones.

“Parte del TOC consiste en experimentar sentimientos de ansiedad”, afirmó Simone Leavell-Bruce, doctora en Psicología y psicoterapeuta especializada en TOC, en declaraciones a Women’s Health.

Los síntomas pueden aparecer entre los siete y los 12 años o al comienzo de la adultez, cerca de los 20 años. Una revisión concluyó que las mujeres podrían tener una probabilidad 1,6 veces mayor que los hombres de padecerlo.

“El Trastorno Obsesivo Compulsivo podría graficarse como una mente que se queda atrapada en un bucle de pensamientos que no se puede detener fácilmente. Por ejemplo, una persona podría pensar obsesivamente si cerró la puerta de su casa con llave, y sentir la obligación de volver a revisar una y otra vez para verificar esta cuestión”, explicó a Infobae la licenciada Liliana Traiber (MN 43.326), coordinadora de la Clínica de Ansiedad y Trauma del Departamento de Psicoterapia de INECO.

El TOC provoca ansiedad, pero no equivale a una preocupación cotidiana ni a una preferencia por el orden y la limpieza. Es un trastorno mental que puede alterar la vida diaria, los vínculos y la percepción de uno mismo.

Según la Fundación Internacional del TOC, afecta a personas de todas las edades y condiciones sociales, y se produce cuando una persona queda atrapada en un ciclo de obsesiones y compulsiones.

“Las obsesiones son pensamientos, imágenes o impulsos intrusivos e indeseados que provocan sentimientos de gran angustia. Las compulsiones son conductas que una persona realiza para intentar eliminar las obsesiones o disminuir la angustia”, explicó la entidad.

Para que se pueda diagnosticar TOC, este ciclo de obsesiones y compulsiones debe ser tan extremo que consuma mucho tiempo (más de una hora al día), cause una angustia intensa o interfiera con actividades importantes que la persona valora, señaló la fundación.

De acuerdo al Instituto de Neurología Cognitiva INECO, el Trastorno Obsesivo Compulsivo incluye el miedo a la contaminación, la necesidad de orden y simetría, los pensamientos violentos o sexuales no deseados, el lavado excesivo de manos, la verificación y repetición de acciones, entre otros.

Estos suelen ocupar mucho tiempo en la vida de las personas que lo presentan y les causa malestar emocional (ansiedad, temor, angustia).

La ansiedad es una consecuencia emocional frecuente del TOC, lo que puede dificultar distinguir ambos cuadros, afirmó Levi Riven, psicólogo clínico y fundador de Riven Psychology, con sede en Ottawa en declaraciones a Women´s Health. Sin embargo, existen cuatro características clave que diferencian el TOC:

Mientras la ansiedad generalizada suele enfocarse en preocupaciones cotidianas —el trabajo, la salud, el dinero o una presentación—, en el TOC aparecen pensamientos intrusivos que pueden resultar extraños, tabú o muy angustiantes para la persona.

Por ejemplo, alguien con ansiedad puede temer no haberse preparado lo suficiente para una exposición laboral. Una persona con TOC, en cambio, podría obsesionarse con la posibilidad de insultar a alguien, decir una expresión racista o comportarse de una forma que rechaza profundamente.

Estas obsesiones suelen ser egodistónicas: contradicen los valores, la moral y la identidad de quien las experimenta, explicó Riven.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/