Por qué el cuerpo aumenta el hambre cuando una persona intenta perder peso, según un investigador de Harvard
En el podcast High Performance, un profesor de biología evolutiva analizó el impacto de las dietas restrictivas, los alimentos ultraprocesados y hábitos cotidianos sobre la nutrición
La abundancia de alimentos disponible en la actualidad representa un desafío evolutivo para el ser humano: nunca antes tuvo que elegir qué comer entre miles de opciones en un supermercado.
Esta es una de las ideas centrales que desarrolló Daniel Lieberman, profesor de Biología Evolutiva Humana en la Universidad de Harvard, en su nuevo libro Fed Up, donde analizó por qué las dietas extremas y los alimentos ultraprocesados complican los intentos de comer de manera saludable.
Durante una entrevista en el podcast High Performance, conducido por Jake Humphrey y Damian Hughes, Lieberman explicó que el organismo humano cuenta con mecanismos biológicos que se oponen a la pérdida de peso.
Según detalló, cuando una persona reduce su ingesta calórica, el cuerpo responde con hambre a través de hormonas como la leptina y la grelina, procesos que evolucionaron durante millones de años en contextos de escasez alimentaria, no de abundancia.
“Cuando haces dieta, que es básicamente comer menos calorías de las que gastas, ¿qué pasa? Nos da hambre”, explicó Lieberman en el podcast.
El especialista detalló que el hambre constituye una de las adaptaciones biológicas más profundas para impedir la pérdida de peso, un mecanismo que involucra al hipotálamo, la leptina producida por las células grasas y la grelina que segrega el estómago vacío.
El investigador distinguió entre eficacia y efectividad al evaluar cualquier régimen alimentario. “La eficacia es qué tan bien funciona algo bajo condiciones ideales”, señaló Lieberman, quien agregó que casi cualquier dieta puede generar pérdida de peso si se aplica de forma aislada.
El problema surge cuando esas condiciones ideales se trasladan a la vida cotidiana, donde intervienen fiestas, estrés, falta de tiempo para cocinar y la disponibilidad constante de comida rápida.
Lieberman fue explícito respecto a la responsabilidad de las compañías de alimentos en los hábitos de consumo actuales. “Las empresas de alimentos están fabricando productos que apelan a nosotros. Son convenientes, baratos, sabrosos, cumplen con todos los requisitos”, afirmó.
Explicó que la combinación de grasa, azúcar y sal en un mismo producto genera lo que denominó el “punto de dicha”, un umbral que activa intensamente los circuitos de recompensa del cerebro.
Según indicó, en la naturaleza casi no existen alimentos que combinen grasa y azúcar en cantidades elevadas: la leche materna es la única excepción. Cuando se consumen productos como donas o tortas, el organismo reproduce respuestas asociadas a la infancia.
Además, señaló que las industrias eliminan la fibra de muchos productos porque dificulta el almacenamiento y añaden emulsionantes para evitar que las grasas se separen.
“Estos emulsionantes desgastan el revestimiento de nuestro intestino”, advirtió el investigador, quien calificó a los consumidores como “víctimas” de un sistema diseñado deliberadamente para generar dependencia hacia estos productos.
Uno de los datos más contundentes que aportó Lieberman durante la conversación alude al consumo de carne roja. Según explicó, estudios prospectivos como el Nurses’ Health Study de Harvard muestran que cada porción de 84 g de carne roja incrementa el riesgo de muerte en un 13% durante el período analizado.
El profesor atribuyó parte de este efecto a una glicoproteína presente en la carne roja que el sistema inmunológico humano no reconoce como propia, lo que generaría una respuesta inflamatoria vinculada a mayores tasas de cáncer.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Premio Fundación Bunge y Born 2026 para especialistas del CONICET en Química
21 de septiembre de 2026
Premio Fundación Bunge y Born 2026 para especialistas del CONICET en Química
El investigador del Consejo Omar Azzaroni recibió la máxima distinción que otorga la Fundación, mientras que los investigadores Daiana Capdevila y Marcos Tascon fueron reconocidos con el Premio Estímulo.
NOTICIAS INSTITUCIONALES
El investigador del Consejo Omar Azzaroni recibió la máxima distinción que otorga la Fundación, mientras que los investigadores Daiana Capdevila y Marcos Tascon fueron reconocidos con el Premio Estímulo.
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Tres investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) fueron distinguidos en la edición 2026 de los Premios Fundación Bunge y Born, dedicada este año a la Química. El investigador del CONICET Omar Azzaroni, del Instituto de Investigaciones Fisicoquímicas Teóricas y Aplicadas (INIFTA, CONICET-UNLP), recibió el Premio Fundación Bunge y Born 2026, mientras que los investigadores del Consejo Daiana Capdevila y Marcos Tascon fueron galardonados con el Premio Estímulo.
El investigador del CONICET Omar Azzaroni fue distinguido por sus contribuciones en las áreas de ciencia de polímeros, química de superficies, materia blanda y nanotecnología. A lo largo de su trayectoria, sus investigaciones combinaron la generación de conocimiento con el desarrollo de aplicaciones de impacto científico, social y tecnológico, que derivaron, entre otros resultados, en la obtención de patentes y la creación de una empresa de base tecnológica.
Para el jurado “sus trabajos contribuyeron a consolidar nuevas líneas de investigación y al desarrollo de la comunidad dedicada a la química de la materia blanda en la Argentina”. Asimismo, resaltó su reconocimiento internacional en química de materiales blandos y nanotecnología, junto con su trayectoria científica, liderazgo académico y contribución a la innovación tecnológica.
Azzaroni es doctor en Química por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y profesor titular de la Facultad de Ciencias Exactas de esa universidad. Durante su carrera ha recibido numerosas distinciones, entre ellas el Premio Houssay, el Premio Konex y el Georg Forster Research Award de la Fundación Alexander von Humboldt.
Premio Estímulo 2026 en Química
En esta edición, el Premio Estímulo fue otorgado a la investigadora del CONICET Daiana Capdevila, del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Buenos Aires (IIBBA, CONICET-Fundación Instituto Leloir), y al investigador del Consejo Marcos Tascon, del Instituto de Investigación e Ingeniería Ambiental (IIIA, CONICET-UNSAM).
Capdevila fue reconocida por sus aportes en las áreas de química estructural, bioquímica y bioinorgánica, orientados a la comprensión de los mecanismos moleculares que regulan procesos biológicos esenciales en sistemas de relevancia biomédica. Es doctora en Ciencias Químicas por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y jefa del Laboratorio de Fisicoquímica de Enfermedades Infecciosas de la Fundación Instituto Leloir y profesora adjunta de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM).
Sus investigaciones permitieron ampliar el conocimiento sobre la relación entre estructura, dinámica y función de biomoléculas mediante la integración de herramientas espectroscópicas y enfoques fisicoquímicos avanzados para el abordaje de problemas fundamentales de la biología molecular y las enfermedades infecciosas.
El jurado destacó la originalidad y calidad de sus contribuciones, la consolidación de una línea de investigación propia, su producción científica y reconocimiento nacional e internacional, además de su trabajo en la formación de recursos humanos y la dirección de proyectos de investigación.
En 2019 ganó un concurso para jefa de nuevo laboratorio en el Instituto Leloir y un subsidio internacional de repatriación que le permitió incorporar equipamiento de última tecnología. Con su equipo trabaja en distintos proyectos aplicados, entre los que se destacan el desarrollo de biosensores (tests rápidos) para distintas enfermedades infecciosas. En particular, se enfocan en sensores de moléculas que contienen azufre muy importantes en enfermedades relacionadas con el intestino y las bacterias que viven allí. En estos proyectos es fundamental comprender la química del azufre para desarrollar nuevos tratamientos que eliminen bacterias resistentes a los antibióticos o favorezcan aquellas que tienen un efecto positivo para la salud.
Otra aplicación de los biosensores es en el análisis de la contaminación ambiental, por ejemplo, para la detección de plomo, arsénico, entre otros, en sus distintos estados. Uno de los campos de aplicación de los desarrollos del equipo fue a través de ACUMAR, en la cuenca Matanza Riachuelo, donde se enfocaron en la detección de plomo.
Su trayectoria ha sido reconocida con distinciones nacionales e internacionales, entre ellas el premio FIMA Leloir, la distinción Franco Argentina a la Innovación, el Premio Estímulo de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y la beca L’Oréal-UNESCO-CONICET.
Fuente: https://www.conicet.gov.ar/noticias-conicet/
Por qué el estrés puede favorecer el aumento de peso: claves para prevenirlo avaladas por la ciencia
El cortisol, la falta de sueño y la búsqueda de alimentos reconfortantes forman parte de los mecanismos que conectan la presión emocional con cambios en la alimentación
Por Bautista Salaverri
El estrés forma parte de la respuesta humana ante demandas físicas, emocionales o sociales que exceden los recursos disponibles en un momento determinado. Puede aparecer frente a problemas laborales, dificultades económicas, conflictos familiares, enfermedades o cambios relevantes en la rutina. Sus manifestaciones no son iguales para todas las personas, ya que intervienen la experiencia previa, la edad, el contexto social y la percepción de cada situación.
Cuando esa presión se sostiene, puede alterar el descanso, la energía, el estado de ánimo y la capacidad de mantener hábitos cotidianos. También activa mecanismos hormonales diseñados para responder a una amenaza inmediata, aunque estos pueden tener efectos persistentes si la tensión se vuelve crónica. De acuerdo con la ciencia, desencadena cambios fisiológicos y conductuales que pueden afectar la alimentación y el almacenamiento de grasa.
La respuesta del organismo involucra la liberación de diversas sustancias, entre ellas cortisol, catecolaminas y citocinas inflamatorias. El cortisol participa en la regulación del ciclo de sueño y vigilia, la presión arterial, el metabolismo de la glucosa y la inflamación. Sin embargo, una exposición prolongada a niveles elevados de esta hormona se vincula con alteraciones en distintas áreas de la salud.
La relación entre estrés y peso no responde a una única causa. Según publicó Brown University, el aumento de cortisol ante situaciones de tensión puede favorecer cambios de peso, acné, insomnio, cefaleas y molestias digestivas. La institución explicó que la liberación de la hormona también puede estimular la producción de insulina, una combinación que puede facilitar la acumulación de grasa en la zona abdominal.
La distribución se asocia con riesgos para la salud, entre ellos hipertensión, diabetes, enfermedades cardíacas, apnea del sueño, hígado graso y accidente cerebrovascular. Allí intervienen múltiples factores, como la alimentación, el nivel de actividad física, la genética, la edad, el sueño, el alcohol y determinados cambios hormonales.
Además de los procesos biológicos, el estrés puede influir sobre las decisiones vinculadas a la comida. Según informó Healthline, en un texto revisado por la médica Meredith Goodwin, la tensión psicológica crónica puede aumentar el apetito a través de hormonas como el cortisol y la grelina, esta última relacionada con la regulación del hambre. Además, añadió que estas tensiones pueden favorecer el consumo de alimentos con alto contenido de grasas, azúcares y calorías, interrumpir el sueño, incrementar la fatiga y reducir la actividad física.
La búsqueda de alimentos reconfortantes suele ofrecer una sensación inmediata de alivio, aunque no necesariamente responde al hambre física. Cleveland Clinic señaló que las hormonas asociadas a la respuesta de lucha o huida pueden llevar a desear productos grasos y azucarados. La psicóloga Leslie Heinberg, especialista de la institución, explicó que los hábitos como dormir lo suficiente, hacer ejercicio y sostener una alimentación equilibrada pueden resultar más difíciles de mantener durante períodos de agotamiento emocional.
Los datos disponibles muestran también que la relación puede funcionar en ambas direcciones. Healthline indicó que el estrés puede contribuir al aumento de peso y que ese aumento puede generar más tensión. Por eso, el vínculo no debe interpretarse como una consecuencia inevitable ni como una explicación única de las variaciones corporales.
Un estudio de Frontiers in Endocrinology revisó investigaciones centradas en los cambios de peso inducidos por el estrés. Entre ellas, encontró una relación significativa entre obesidad, estrés psicosocial y depresión. El texto también resumió una investigación realizada con 23 mujeres con obesidad, en la que tres meses de ejercicio físico redujeron la actividad metabólica de la amígdala asociada al estrés y rompieron su vínculo con la inflamación sistémica.
Las herramientas para manejar el estrés pueden contribuir al bienestar general y, en algunos casos, ayudar a limitar conductas alimentarias asociadas a la tensión. Brown University propuso actividades breves como caminar, realizar ejercicios de respiración profunda, practicar meditación o atención plena, escribir un diario, escuchar música, leer, sostener un pasatiempo o conversar con una persona de confianza.
La universidad destacó que una caminata breve puede ayudar a mejorar la circulación y favorecer una respiración más profunda. También afirmó que diez minutos diarios pueden aportar beneficios cardiovasculares. Estas propuestas no sustituyen una evaluación clínica, pero pueden formar parte de una estrategia cotidiana para afrontar momentos de presión.
En el plano alimentario, Brown University recomendó modificar el entorno para que las opciones nutritivas estén disponibles y sean fáciles de identificar. Entre las alternativas figuran frutas y verduras ya cortadas, porciones individuales de frutos secos, yogur griego, huevos duros, hummus, preparaciones caseras como sopas o guisos y alimentos congelados que permitan resolver comidas con menor improvisación.
El enfoque planteado por la institución prioriza el equilibrio antes que la perfección. Mantener alimentos nutritivos a mano puede reducir la dependencia de decisiones impulsivas ante situaciones de tensión. Healthline sugirió que los cambios en la alimentación se incorporen de forma gradual y mencionó como bases frutas, verduras, cereales integrales y proteínas magras, junto con una reducción de ultraprocesados, azúcares agregados, sal y alcohol.
Mindfulness, también conocido como atención plena, puede ser otra herramienta para observar la diferencia entre hambre y deseo de comer provocado por una emoción. Cleveland Clinic recomendó hacer una pausa antes de comer y considerar la razón de ese impulso. La institución también mencionó el establecimiento de objetivos pequeños y alcanzables, la práctica de la gratitud y la conversación con personas cercanas como recursos posibles para atravesar momentos de presión.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Qué significa que las rodillas crujan y cuándo es motivo para consultar a un médico
Dos especialistas de Cleveland Clinic señalaron que este sonido puede esconder una dolencia que puede afectar la calidad de vida. Qué revela realmente, según una revisión publicada en British Journal of Sports Medicine
Por Santiago Abraldes
Un crujido en la rodilla puede inquietar, pero el sonido por sí solo no permite saber si hay una lesión ni confirmar una osteoartritis.
Una revisión de estudios ayuda a poner el fenómeno en perspectiva: los ruidos de rodilla son frecuentes, incluso en personas que no sienten dolor.
La nota de Cleveland Clinic, que reúne las explicaciones de Wesley Baker, médico de medicina deportiva de atención primaria, y Andrew Bang, quiropráctico, aporta un criterio para interpretar esos sonidos.
Ambos especialistas distinguen los ruidos aislados de los que aparecen junto con dolor o hinchazón. La revisión reunió 103 estudios con 36.439 participantes y 42.816 rodillas.
Los investigadores calcularon que el 41% de las rodillas de la población general presentaba crepitación, el nombre médico de los crujidos, chasquidos o roces que se oyen al mover una articulación. Entre las personas sin dolor de rodilla, la proporción fue del 36%.
El trabajo se publicó en British Journal of Sports Medicine, una revista especializada en medicina deportiva. Sus resultados permiten responder una duda habitual sin exagerar el alcance de los datos: una rodilla ruidosa no equivale, por sí sola, a una rodilla lesionada.
La crepitación puede sentirse o escucharse al doblar la articulación, levantarse de una silla, subir escaleras o ponerse en cuclillas. El estudio halló que era frecuente entre quienes no habían informado dolor. Ese dato impide tomar el ruido aislado como una prueba de daño.
A la vez, que el sonido sea común no significa que deba ignorarse cualquier cambio. La misma revisión encontró crepitación en el 81% de las personas con artrosis de rodilla.
También la registró en personas con lesiones de ligamentos o alteraciones del cartílago, el tejido que recubre los extremos de los huesos dentro de la articulación.
Los resultados muestran que el crujido puede estar presente en situaciones muy distintas. Algunas personas lo oyen sin tener molestias y otras lo presentan junto con una afección de la rodilla.
La diferencia no la establece el sonido aislado, sino el conjunto de síntomas y la evaluación de cada caso.
La revisión encontró una relación entre la crepitación y la artrosis visible en radiografías. Sin embargo, los investigadores advirtieron que la certeza de los datos era baja o muy baja, tanto para estimar cuán frecuentes son los ruidos como para medir su relación con cambios en la articulación.
Esa advertencia es importante porque una relación entre dos fenómenos no demuestra que uno cause el otro. El estudio no permite afirmar que el crujido provoque artrosis. Tampoco permite asegurar que una persona con una rodilla ruidosa tenga esa enfermedad.
Los trabajos incluidos analizaron grupos de personas y métodos diferentes. Esa diversidad limita la posibilidad de obtener una respuesta única para todas las personas. La revisión aporta un dato poblacional, no una herramienta de diagnóstico individual.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Así es el desayuno que puede ayudar a reducir el colesterol un 10%, según expertos
Lauren Manaker, experta en nutrición, advierte sobre ciertos ingredientes populares que, lejos de sumar beneficios, resultan contraproducentes para la salud cardiovascular. Qué tener en cuenta
Por Ismael Yasnikowski
Una porción de avena con frutas frescas y nueces es el desayuno más recomendado para reducir el colesterol LDL, según la dietista registrada estadounidense Lauren Manaker, consultada por el sitio de salud Verywell Health. El secreto está en la fibra soluble beta-glucano, un compuesto que actúa directamente en el intestino para impedir que el organismo absorba el colesterol “malo”.
El colesterol LDL elevado es uno de los principales factores de riesgo cardiovascular. Modificar el desayuno, la primera comida del día, puede ser un punto de partida concreto para mejorar los niveles en sangre sin cambios drásticos. La evidencia científica respalda que ciertos alimentos matutinos marcan una diferencia medible en el perfil lipídico, algo que especialistas en nutrición e investigadores vienen confirmando con estudios cada vez más contundentes.
Una taza de avena cocida aporta alrededor de cuatro gramos de fibra soluble. Al llegar al intestino, el beta-glucano forma una sustancia gelatinosa que captura el colesterol LDL y facilita su eliminación antes de que pase al torrente sanguíneo. Manaker señaló a Verywell Health que este mecanismo convierte a la avena en una opción especialmente eficaz para quienes buscan resultados concretos desde el desayuno.
Un estudio clínico publicado en 2026 en la revista científica Nature Communications por investigadores de la Universidad de Bonn, Alemania, refuerza esa afirmación. El ensayo, realizado en personas con síndrome metabólico, mostró que una dieta basada casi exclusivamente en avena durante 48 horas redujo el colesterol LDL un 10%, con beneficios que se mantuvieron visibles seis semanas después.
Los científicos también detectaron cambios favorables en la microbiota intestinal: las bacterias descomponen la avena y producen compuestos fenólicos, como el ácido ferúlico, que parecen instruir al hígado para metabolizar el colesterol de manera más eficiente.
No todos los agregados son compatibles con un plan para bajar el colesterol. Según la especialista, el azúcar y los jarabes endulzados elevan la glucemia y favorecen el aumento de peso, dos factores que impactan negativamente en los niveles de colesterol. Las frutas deshidratadas con azúcar añadida, los chips de chocolate y las golosinas también deben evitarse, ya que introducen grasas saturadas y azúcares innecesarios que contrarrestan los efectos positivos del cereal.
La dietista, en cambio, aconseja sumar berries, rodajas de banana o manzana, que aportan vitaminas, antioxidantes y fibra adicional. Almendras, nueces y semillas de chía incorporan grasas saludables, proteínas y ácidos grasos omega-3, todos beneficiosos para el corazón. Para endulzar, la canela y un toque de miel son alternativas con propiedades antioxidantes que no perjudican el perfil lipídico.
Más allá de la avena, existen otras opciones igualmente recomendadas. Las claras de huevo salteadas con espinaca aportan proteína sin colesterol. El salmón ahumado provee ácidos grasos omega-3 que elevan el colesterol HDL —el “bueno”— y reducen los triglicéridos. El jugo de naranja enriquecido con esteroles vegetales puede bajar el LDL entre un 7,5% y un 12% con un consumo de 1,5 a 3 gramos diarios de esos compuestos.
La nutricionista advirtió que el impacto del desayuno se amplifica cuando se integra a una alimentación equilibrada a lo largo del día.
Incorporar verduras, proteínas magras como pescado o legumbres, cereales integrales y grasas insaturadas como el aceite de oliva o la palta potencia los efectos sobre el colesterol. Mantener un peso saludable y practicar actividad física regular también contribuyen de forma significativa.
La especialista enumeró además cambios dietéticos complementarios: evitar alimentos ricos en grasas saturadas o trans, reducir el sodio, eliminar azúcares añadidos y priorizar alimentos altos en fibra. Dejar de fumar y limitar el consumo de alcohol completan el cuadro de recomendaciones. En cuanto a los controles médicos, la mayoría de los adultos debería controlar sus niveles de colesterol cada cuatro a seis años, aunque quienes tienen diabetes o enfermedades cardíacas deben hacerlo con mayor frecuencia.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Cuánto calcio se necesita por día y los alimentos más ricos en este mineral para proteger los huesos
Una alimentación variada puede aportar los requerimientos diarios necesarios para músculos, nervios y corazón, con alternativas que incluyen lácteos, vegetales, legumbres y productos fortificados
Por Bautista Salaverri
El calcio es el mineral más abundante del organismo y concentra la mayor parte de su presencia en los huesos y los dientes. Su aporte cotidiano está asociado con la formación y el mantenimiento de esas estructuras, aunque sus funciones abarcan también procesos necesarios para la actividad muscular, nerviosa y cardíaca.
A lo largo de la vida, la alimentación es una de las vías para cubrir los requerimientos de este nutriente. La cantidad necesaria no es idéntica para todas las personas: cambia con la edad, el sexo y algunas circunstancias de salud, por lo que las referencias nutricionales establecen márgenes diferenciados.
Una dieta equilibrada es la alternativa prioritaria para obtener este mineral y los suplementos pueden considerarse cuando la comida no alcanza a cubrir las necesidades, de acuerdo con Mayo Clinic. El dato cobra relevancia porque alimentos cotidianos, productos fortificados y algunas preparaciones de origen vegetal pueden aportar calcio, aunque no todos se absorben de la misma forma.
La Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos indica que el calcio interviene en la coagulación de la sangre, la transmisión de señales nerviosas, la contracción y relajación de los músculos, la liberación de hormonas y el mantenimiento de un ritmo cardíaco normal, además de su aporte a huesos y dientes.
Mayo Clinic señala que el organismo necesita el mineral para construir y conservar una estructura ósea fuerte, así como para el funcionamiento de músculos, corazón y nervios. La entidad también advierte que el cuerpo no produce este mineral, de modo que debe obtenerse mediante alimentos, bebidas o, en situaciones específicas, suplementos.
Harvard explica que, cuando la ingesta dietaria es insuficiente, el organismo puede liberar calcio almacenado en los huesos hacia el torrente sanguíneo para sostener funciones vitales. Si ese aporte no se repone durante un período prolongado, la estructura ósea puede debilitarse y aumentar el riesgo de osteoporosis.
Las referencias de ingesta citadas por MedlinePlus establecen una recomendación de 1.000 miligramos diarios para adultos de 19 a 50 años. Entre los 51 y los 70 años, esa cantidad se mantiene para los hombres y aumenta a 1.200 miligramos en las mujeres; a partir de los 70 años, la ingesta recomendada es de 1.200 miligramos diarios.
La recomendación no implica que una mayor cantidad aporte una protección adicional. Mayo Clinic señala que el límite total considerado seguro es de 2.500 miligramos diarios para adultos de 19 a 50 años y de 2.000 miligramos a partir de los 50 años, al sumar alimentos, bebidas y suplementos.
La institución indica que los suplementos pueden ser de utilidad en personas posmenopáusicas, con intolerancia a la lactosa, dietas veganas, tratamientos prolongados con corticosteroides o trastornos digestivos que dificulten la absorción, siempre con evaluación de un profesional de salud.
La absorción también depende de otros nutrientes. MedlinePlus explica que la vitamina D es necesaria para que el organismo utilice el calcio. Mayo Clinic agrega que esta vitamina puede obtenerse de ciertos alimentos, productos fortificados y de la exposición solar, aunque las decisiones sobre suplementos y dosis requieren considerar las condiciones de salud de cada persona.
MedlinePlus y Mayo Clinic coinciden en que los productos lácteos figuran entre las fuentes alimentarias más concentradas y de absorción más accesible. Harvard también incluye opciones de origen vegetal, alimentos enriquecidos y pescados con espinas blandas comestibles. Entre los grupos que pueden contribuir a la ingesta diaria se encuentran los siguientes:
Mayo Clinic indica que los suplementos de calcio no son adecuados para todas las personas y que pueden provocar estreñimiento en algunos casos. La institución recomienda revisar las etiquetas para contabilizar el mineral total de la dieta, las bebidas y los suplementos, y consultar con un profesional de salud antes de incorporarlos.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/