Anticoncepción, información y consulta médica, un debate que se redefine: “La discusión ya no enfrenta a las redes sociales con el consultorio”
Instagram y TikTok dominan la búsqueda sobre métodos anticonceptivos, aunque los profesionales de la salud conservan la mayor confianza a la hora de tomar decisiones sobre la salud sexual y reproductiva. Qué revela una investigación de la Asociación Médica Argentina de Anticoncepción (AMAdA)
Una escena actual que parece creíble para la mayoría: una duda sobre anticoncepción se sustenta con una búsqueda rápida en el celular y, después, se discierne en la consulta médica. Pero una encuesta nacional de la Asociación Médica Argentina de Anticoncepción (AMAdA) complejiza y ofrece matices a esta idea. El 71,7% de los profesionales cree que sus pacientes recurren con frecuencia a las redes sociales antes de atenderse, pero solo el 33,1% de las mujeres dice usarlas para buscar información. Cuando llega la elección de un método, el consultorio conserva la centralidad: el 97% identifica a los profesionales como fuente preferida de orientación.
El contraste no describe una desconexión entre la vida digital y las decisiones de salud. Más bien señala que una cosa es encontrarse con un video, una recomendación o una experiencia ajena en Instagram o TikTok que cargan la mochila de información diversa; y otra distinta es decidir qué método usar. Entre ambas instancias aparece la idea del rol del profesional como autoridad médica e idónea para acompañar las decisiones trascendentes en salud sexual y reproductiva en este caso.
El trabajo reunió las respuestas de 314 profesionales dedicados a la salud sexual y reproductiva y de 2.055 mujeres de entre 15 y 50 años de todo el país. Los cuestionarios se realizaron en 2025: los especialistas respondieron un formulario autoadministrado y las mujeres participaron de una encuesta telefónica de alcance nacional.
En diálogo con Infobae, Lorena Bozza, médica tocoginecóloga y presidenta de AMAdA, explicó: “Los profesionales vemos que una parte cada vez mayor de la consulta consiste en interpretar, contextualizar y despejar información que la paciente ya trajo consigo. Pero eso no significa que las redes hayan reemplazado al profesional en la decisión final”.
Para buena parte de los profesionales, las redes ya forman parte del antes de la consulta. Entre los 314 encuestados, el 71,7% consideró frecuente o muy frecuente que sus pacientes busquen información sobre anticoncepción en plataformas digitales. Esa impresión es más marcada entre las jóvenes: el 67,5% identificó ese hábito en el grupo de 20 a 29 años y el 61,5% entre adolescentes de 15 a 19.
La respuesta de las usuarias dibuja otro panorama. El 66,9% de las mujeres afirmó que no utiliza redes sociales para informarse sobre métodos anticonceptivos, mientras que el 33,1% respondió que sí. La diferencia abre una pregunta sobre la visibilidad que tienen los contenidos digitales dentro del consultorio: aunque lleguen menos mujeres de las que los médicos suponen con información de redes, esos casos pueden quedar especialmente presentes en la experiencia profesional.
El hallazgo central del estudio está allí: la presencia de las plataformas en la conversación no equivale, necesariamente, a que se hayan vuelto decisivas. Para AMAdA, los especialistas podrían estar sobreestimando su peso en la toma de decisiones, aun cuando adviertan con frecuencia dudas originadas en publicaciones, videos o mensajes que las pacientes acercan a la consulta.
El relevamiento también exige algunas precauciones de lectura. Las adolescentes representaron el 6,3% de la muestra de mujeres, pese a que integran uno de los grupos con mayor consumo digital. La modalidad telefónica podría haber dejado afuera a personas con menor acceso a tecnologías, una situación que puede incidir en los resultados.
La mirada de los especialistas ubica a dos redes sociales al frente del consumo de contenidos sobre anticoncepción. El 80% señaló a Instagram y el 72% a TikTok como las plataformas más utilizadas. Después aparecen Google o herramientas de inteligencia artificial, con 44%; YouTube, con 15%; y WhatsApp, con 13%.
Los valores reflejan lo que perciben quienes atienden consultas, no un registro directo del uso de las mujeres. Entre las encuestadas, Instagram fue la red más mencionada por quienes dijeron buscar contenidos sobre anticoncepción y salud sexual, con el 26,18% del total. TikTok reunió el 17,57% y Facebook, el 8,95%. Como la respuesta permitía seleccionar más de una opción, los porcentajes no deben sumarse entre sí.
La diferencia importa porque separa dos instancias que a menudo se mezclan. Las redes pueden disparar una inquietud, acercar el nombre de un método o poner en circulación una experiencia. Sin embargo, ver contenido sobre anticoncepción no necesariamente deriva en una decisión, y menos aún en una elección adecuada para todas las personas.
La disponibilidad inmediata de contenidos sobre sexualidad tampoco garantiza que esa información se traduzca en prácticas de cuidado. Bozza advirtió que “las generaciones jóvenes tienen acceso permanente a materiales sobre prevención, aunque eso no siempre se refleja en el uso sostenido del preservativo”.
Esa distancia entre visibilidad y decisión también aparece en la forma en que se evalúan los contenidos. El 20,49% consideró que toda la información disponible en redes sobre salud sexual y reproductiva es de buena calidad y el 34,99% opinó que la mayor parte lo es. Sin embargo, el 37,57% respondió que no sabía cómo calificarla, mientras que el 6,96% sostuvo que predominan los contenidos de mala calidad.
Silvia Ciarmatori, expresidenta de AMAdA, advirtió que la lógica de la viralización suele favorecer los relatos con mayor capacidad de generar reacción. “Los videos que se viralizan en redes sociales no son los que informan sobre los beneficios de los métodos anticonceptivos, sino aquellos que hablan de malas experiencias personales o efectos adversos”, señaló.
Una experiencia individual puede ser el inicio de una pregunta válida, pero no reemplaza una evaluación clínica. Edad, antecedentes personales y familiares, condiciones de salud, expectativas sobre el método y posibilidad de sostenerlo son algunas de las variables que pueden modificar una indicación.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Parece solo un snack de cine, pero es un cereal integral: qué dice la evidencia sobre el pochoclo, su fibra y los agregados que cambian cada porción
Un estudio reciente analizó la composición del maíz pisingallo y las pautas alimentarias de Estados Unidos priorizan los cereales integrales con fibra
Por Santiago Abraldes
Cuando el maíz estalla para una película o una reunión, el pochoclo conserva parte de las características del grano entero. Aporta fibra, contiene compuestos vegetales y forma parte del grupo de los cereales integrales, según las referencias nutricionales y los análisis de su composición.
La preparación cambia el resultado final. El pochoclo puede servirse solo o llevar aceite, manteca, azúcar, sal y saborizantes, ingredientes que modifican el aporte de grasas, azúcares añadidos y sodio de cada porción.
El interés por este alimento creció a partir de un artículo de Men’s Health, que recogió declaraciones de William Li, médico formado en Harvard. Li diferenció el pochoclo preparado de manera simple de las versiones con manteca y saborizantes.
La investigación más reciente sobre la composición del pochoclo se publicó en la revista científica Food Chemistry. El trabajo analizó partes más finas y más gruesas de una muestra comercial y de cinco variedades amarillas desarrolladas por el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias de México.
El equipo estudió los compuestos vegetales presentes en cada muestra. Entre ellos se encuentran los fenólicos, sustancias naturales que aparecen en distintos granos, frutas y vegetales. Los investigadores identificaron 40 compuestos de manera preliminar y compararon sus diferencias entre las variedades de maíz pisingallo.
Las partes más gruesas del grano tuvieron una mayor cantidad de fenoles ligados. Los autores explicaron que esos compuestos permanecen unidos a otros componentes de la estructura del maíz. Esa característica permitió describir diferencias entre las variedades que formaron parte del análisis.
La muestra llamada Popcorn 2 alcanzó la mayor cantidad de compuestos fenólicos totales, con 7,30 miligramos equivalentes de ácido gálico por gramo de materia seca. Esta medida expresa la cantidad total de esos compuestos que el método de laboratorio pudo detectar en cada muestra.
El estudio de Food Chemistry encontró perfiles distintos entre las variedades. La muestra Popcorn C presentó una mayor presencia de ácido cinámico, mientras que Popcorn 5 tuvo un nivel más alto de ácido cafeico. Ambos son compuestos vegetales que los autores encontraron en el análisis.
Los investigadores también midieron el almidón resistente, una parte del almidón que no se descompone en el intestino delgado. Popcorn C y Popcorn 5 mostraron niveles más altos de este componente que Popcorn 2, según los resultados del trabajo.
A partir de esos datos, el equipo indicó que la digestión del almidón tuvo más relación con la combinación de compuestos de cada variedad que con la cantidad total de fenoles. La digestibilidad del almidón describe qué parte de ese carbohidrato queda disponible durante la digestión.
Los autores también plantearon que la relación entre el almidón y los compuestos vegetales puede explicar parte de esas diferencias. El análisis permitió describir cómo cambian los componentes del pochoclo según la parte del grano evaluada.
Las *Dietary Guidelines for Americans*, las pautas alimentarias oficiales de Estados Unidos elaboradas por los Departamentos de Agricultura y de Salud y Servicios Humanos, priorizan los cereales integrales con fibra dentro de un patrón de alimentación basado en alimentos con buen aporte nutricional.
El documento propone entre dos y cuatro porciones diarias de cereales integrales, de acuerdo con las necesidades de energía de cada persona. Se trata de una orientación general, no de una cantidad única para todos los alimentos de ese grupo.
Una edición anterior de este documento incluyó de manera expresa al pochoclo entre los cereales integrales. Esa clasificación ubica al maíz pisingallo inflado junto con la avena, el arroz integral, la quinoa y el pan hecho con harina integral.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Equipo del CONICET obtuvo el Genomics in Context Award
24 de septiembre de 2026
Equipo del CONICET obtuvo el Genomics in Context Award
Gracias a esta prestigiosa distinción internacional se construirá el primer laboratorio de paleogenómica de la Argentina, que contará con la más alta tecnología.
NOTICIAS INSTITUCIONALES
Gracias a esta prestigiosa distinción internacional se construirá el primer laboratorio de paleogenómica de la Argentina, que contará con la más alta tecnología.
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Un proyecto liderado por Rodrigo Nores, investigador del CONICET en el Instituto de Antropología de Córdoba (IDACOR, CONICET-UNC) y docente de la Facultad de Filosofía y Humanidades (UNC), fue seleccionado por la Fundación Wellcome junto a otras once iniciativas en todo el mundo, en el marco del prestigioso programa Genomics in Context Award.
El financiamiento obtenido permitirá construir la primera sala limpia exclusiva para estudios paleogenómicos del país. Un laboratorio de alta complejidad equipado con la última tecnología para estudios de ADN antiguo, que permitirá procesar y resguardar muestras patrimoniales de manera local y bajo los más altos estándares internacionales. El proyecto, un hito histórico para el sistema científico nacional, cuenta con el apoyo institucional de la Agencia Córdoba Cultura de la Provincia de Córdoba.
Este premio beneficia proyectos científicos colaborativos con actores sociales clave. La propuesta del equipo cordobés -integrado, además, por Darío Ramirez, Nicolás Pastor, Mariana Fabra y Gisela Sario- subraya la importancia del diálogo intercultural y busca integrar la genómica de alta resolución con las perspectivas indígenas locales.
El estudio que dará inicio a las tareas del laboratorio involucra más de 70 fragmentos óseos y piezas dentales pertenecientes a aproximadamente 50 ancestros, procedentes de más de 30 sitios arqueológicos. El plan de trabajo incluye la supervisión ética de los pueblos Comechingón, Sanavirón y Ranquel y consolida la relación que el equipo científico sostiene con las comunidades indígenas desde investigaciones previas.
Al respecto, Nores destaca que “trabajar de manera conjunta implica enriquecer el marco en el que hacemos investigación. Entendemos que los cuerpos que estudiamos tienen un valor simbólico e identitario muy importante, y sentarnos a dialogar con las comunidades indígenas nos permite integrar esa perspectiva de respeto en nuestro trabajo”.
Por un lado, la investigación apunta a reconstruir la historia evolutiva y las dinámicas demográficas de las poblaciones originarias de la región. Por otro lado, el proyecto aborda el estudio de la salud en el pasado mediante la reconstrucción de genomas antiguos de patógenos (virus y bacterias causantes de enfermedades), lo que permitirá obtener información sobre la histórica relación entre la salud humana y los factores ambientales. Estos datos resultan fundamentales para comprender qué factores influyeron en las condiciones de vida de las poblaciones pasadas e inferir relaciones entre la aparición de agentes infecciosos y la transición en las estrategias de subsistencia, desde grupos cazadores-recolectores hacia sociedades agrícolas tempranas. “Buscamos comprender de manera integral nuestra compleja historia poblacional y las dinámicas de salud y enfermedad en el pasado”, explica Nores.
Un laboratorio de referencia y un nodo tecnológico estratégico para toda la región
El equipo interdisciplinario reúne a especialistas de la bioantropología, la arqueología, la genética y la paleogenómica del CONICET, formados en universidades nacionales. Entre los aportes destacados de su trabajo, se encuentra el hallazgo de un linaje genético propio del centro de Argentina de 8.500 años de antigüedad; la identificación de las primeras evidencias prehispánicas de lepra en América y el aporte de datos clave para conocer el origen y la expansión de la sífilis en el continente y el mundo.
Estas investigaciones requirieron de colaboraciones internacionales para el análisis de las muestras y el secuenciamiento genómico, ya que se necesita contar con infraestructura y tecnología que hoy no está disponible en Argentina. En consecuencia, gran parte del procesamiento y análisis de ADN antiguo proveniente de hallazgos arqueológicos regionales se realiza actualmente mediante alianzas o derivaciones a laboratorios del exterior.
“Nuestras investigaciones han avanzado muchísimo gracias a colaboraciones internacionales sumamente valiosas que nos permitieron insertarnos en la vanguardia científica. Ahora bien, contar con un laboratorio propio nos permitirá transitar de un modelo dependiente de datos generados en el exterior, a menudo influenciado por prioridades de investigación internacionales, hacia un marco transdisciplinario y centrado en la comunidad. En términos prácticos, esto es dar un paso real hacia la soberanía científica: significa tener la capacidad de liderar nuestra propia agenda y completar todo el ciclo de la investigación paleogenómica íntegramente en Argentina”, explica Rodrigo Nores.
“Más allá de nuestras propias investigaciones, la apuesta a mediano plazo es que esta infraestructura se consolide como un laboratorio de referencia y un nodo tecnológico estratégico para toda la región. Queremos impulsar proyectos colaborativos con equipos arqueológicos de Argentina y Sudamérica, brindándoles el respaldo de una sala limpia de excelencia para procesar muestras arqueológicas de manera conjunta y a nivel local, sin tener que recurrir a laboratorios de Europa o Norteamérica”, concluye Nores.
Los contenidos del CONICET están licenciados bajo Creative Commons Reconocimiento 2.5 Argentina License
Fuente: https://www.conicet.gov.ar/noticias-conicet/
Un equipo del CONICET busca reemplazar el cianuro en el principal método de recubrimiento de metales
25 de septiembre de 2026
Un equipo del CONICET busca reemplazar el cianuro en el principal método de recubrimiento de metales
Científicos del Consejo trabajan en el mejorado de la galvanoplastia, un proceso ampliamente utilizado en el acabado de diversas piezas. Se trata de un desafío grande porque muchas empresas necesitan implementar procedimientos más seguros y no lo están consiguiendo
CIENCIA DE MATERIALES
Científicos del Consejo trabajan en el mejorado de la galvanoplastia, un proceso ampliamente utilizado en el acabado de diversas piezas. Se trata de un desafío grande porque muchas empresas necesitan implementar procedimientos más seguros y no lo están consiguiendo
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En homenaje a un evento ocurrido el 27 de septiembre de 1993 en Avellaneda (Buenos Aires), la fecha quedó establecida como el Día Nacional de la Conciencia Ambiental. Aquel día, siete personas murieron en una vivienda luego de inhalar un gas letal que emergió de una rejilla. Producto del vertido de sales de cianuro en la red cloacal, se había liberado ácido cianhídrico, un compuesto que bloquea la respiración celular y provoca asfixia en pocos minutos, e ingresado por el desagüe. La tragedia dio lugar a diversas acciones para promover hábitos responsables con el ambiente natural y humano.
El sector científico fue parte activa de estas acciones, y desde las distintas disciplinas se multiplicaron las búsquedas de alternativas amigables con la naturaleza y soluciones a diversas situaciones complejas para que no repercutan negativamente en el entorno. En este sentido, en el Centro de Investigación y Desarrollo en Tecnología de Pinturas y Recubrimientos (CIDEPINT, CONICET-UNLP-CICPBA), un equipo comenzó a trabajar con un objetivo muy emparentado con la efeméride que se conmemora: eliminar el cianuro en la galvanoplastia –el proceso de acabado de objetos metálicos más utilizado–, para así reducir al máximo el riesgo de toxicidad que la práctica trae aparejada. Con un proyecto titulado “Cobreado sin cianuro: mejor adherencia”, en diciembre de 2025, el tema resultó seleccionado por la cuarta edición del Fondo de Innovación Tecnológica de Buenos Aires (FITBA), financiamiento que permitió la reciente compra de un potente equipo electroquímico que posibilitará acelerar el avance de la investigación.
La galvanoplastia, conocida también como electrodeposición, es un proceso electroquímico para recubrir objetos metálicos con una fina capa de un metal diferente a fin de conseguir la propiedad deseada de la que carece la pieza original, principalmente resistencia al desgaste o corrosión, y también con fines estéticos. Tiene un uso muy extendido en diversas industrias, entre ellas la grifería, la joyería, y la fabricación de piezas mecánicas y electrónicas. Uno de los elementos químicos más utilizados para el “baño” final es el cobre, pero su añadidura tiene el inconveniente de emplear cianuro, un compuesto muy efectivo para lograr adherencia, pero altamente tóxico en caso de pérdida o derrame. Tanto, que su uso exige medidas de seguridad cada vez más estrictas –difíciles de implementar para talleres chicos–, sobre todo a nivel de los límites máximos permitidos de descarga a la red cloacal o en cuerpos de agua, de acuerdo a lo que se detalla en la ley 24.501 sobre Resididos Peligrosos.
“Los baños de cianuro son muy alcalinos, y mientras el pH se mantiene estable, son seguros. El problema es que puede acidificarse si se mezcla con soluciones de otros procesos, y entonces desprende este vapor extremadamente venenoso llamado ácido cianhídrico”, explica Walter Egli, investigador de la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CICPBA) en el CIDEPINT, donde lidera este proyecto, y añade: “La búsqueda de alternativas a este químico es una necesidad de muchas industrias a nivel mundial, porque no es tan fácil encontrar un reemplazo que sea igual de efectivo pero inocuo para la salud”. Las primeras pruebas que hicieron fueron utilizando glutamato monosódico, una sal utilizada como aditivo en la gastronomía, dando lugar a un nuevo proceso que denominaron CuGlu y que mostró muy buenos resultados como sustituto del cianuro tanto en ensayos de laboratorio como en los talleres de una empresa de tratamiento y acabado de superficies que participa como adoptante de los desarrollos alcanzados.
Los ensayos se hicieron con piezas de acero estándar como tornillos, tuercas y arandelas, donde el cobreado funcionó muy bien incluso a distintas escalas. Luego, al pasar a trabajar con otros objetos fabricadas con zamak y latón, aleaciones que combinan cinc con aluminio y cobre, respectivamente, aparecieron los primeros problemas de adherencia, aunque pudieron solucionarse trabajando en colaboración con un grupo del Instituto de Investigaciones Fisicoquímicas Teóricas y Aplicadas (INIFTA, CONICET-UNLP). Pero la falla específica que obligaría a pausar la investigación llegó con el acero inoxidable, concretamente sobre unos cilindros con superficie espejada utilizados en la industria gráfica, de los que el cobre añadido se desprendía con facilidad al someterlos a cambios bruscos de temperatura para probar la unión entre ambos metales. “No podíamos seguir avanzando si no nos asegurábamos de que el proceso funcionara bien en todos los sustratos, así que en este punto comenzamos a estudiar es desperfecto para poder solucionarlo”, relata Egli.
La búsqueda de respuestas a este obstáculo tomó dos caminos: por un lado, la colocación de una fina capa de estaño –un elemento químico conocido por su gran resistencia a la corrosión– entre el sustrato a cubrir y el cobre. “Sabemos que la adherencia en este caso es muy efectiva, pero no es lo ideal, ya que estamos agregando un paso más al proceso y el objetivo es justamente economizar y simplificar la técnica”, comenta Egli. En paralelo, a través del FITBA compraron un electrodo rotante de disco-anillo para añadir a un equipo electrónico llamado bipotenciostato que ya habían adquirido algunos años antes, completando así la funcionalidad de un potente instrumento que les permitirá llevar a cabo una serie de estudios detallados a fin de detectar qué es lo que está sucediendo en la interfase entre los materiales y poder corregir lo que sea necesario. El nuevo equipo arribó hace pocas semanas desde Países Bajos y en el CIDEPINT ya trabajan en su puesta en marcha.
El nuevo aparato es una versión más moderna de otro similar instalado en el INIFTA, con el que pudieron determinar por qué fallaban aquellas pruebas de adherencia de cobre en piezas de zamak y latón utilizando CuGlu. “En esas evaluaciones observamos que en las curvas de corriente versus potencial aparecía un registro que podría indicar la formación de un óxido sobre el sustrato, y que debilitaba la unión con el recubrimiento”, explica Paola Pary, investigadora del CONICET en el CIDEPINT, y enfatiza: “El equipo adquirido tiene un sistema de avanzada compatible con los softwares instalados en nuestro laboratorio, y que nos va a permitir completar estudios sistemáticos modificando variables de operación y reduciendo los tiempos, evitando también el traslado de los electrolitos en una solución líquida a otros espacios de investigación”.
La puesta a punto del proceso CuGlu representará marcadas ventajas para las empresas de este rubro, “especialmente en el caso de los talleres artesanales que no tienen la posibilidad de medir y controlar todos los parámetros que se requieren para trabajar con cianuro”, apunta Egli. A pesar de los límites y requisitos que fija la normativa vigente, los procesos de galvanoplastia en Argentina siguen involucrando soluciones con cianuro porque “son procedimientos robustos que están establecidos desde hace muchos años y es difícil lograr un cambio radical respecto de su uso”, indica Pablo Seré, profesional de la CICPBA en el CIDEPINT. Hasta el momento, coinciden los especialistas, el mercado no tiene otra alternativa para ofrecer, y en este sentido subrayan: “El desafío que tenemos por delante es muy grande debido al alcance que tiene el problema: el logro de nuestro objetivo supondría una solución original a una cuestión que afecta seriamente la productividad a nivel mundial”.
Por Mercedes Benialgo
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Nuevas capacidades de supercómputo para el sistema científico argentino
25 de septiembre de 2026
Nuevas capacidades de supercómputo para el sistema científico argentino
Se incorporó al país Helvetios, un sistema de cómputo de alto rendimiento proveniente vía donación de EPFL de Suiza. Hoy emplazada en la Universidad Nacional de Córdoba, la súper computadora tiene aplicaciones en física, química, biología computacional, astronomía, diseño y estudio de fármacos, ingeniería, entre otras áreas.
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Se incorporó al país Helvetios, un sistema de cómputo de alto rendimiento proveniente vía donación de EPFL de Suiza. Hoy emplazada en la Universidad Nacional de Córdoba, la súper computadora tiene aplicaciones en física, química, biología computacional, astronomía, diseño y estudio de fármacos, ingeniería, entre otras áreas.
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A partir de gestiones impulsadas por investigadores y profesionales del CONICET, docentes de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y distintas articulaciones institucionales, la UNC incorporó Helvetios, un sistema de cómputo de alto rendimiento proveniente de Suiza. El equipamiento amplía la capacidad disponible para investigaciones que requieren grandes volúmenes de procesamiento de datos, y su puesta en funcionamiento contó, además, con un aporte de la Embajada de Suiza en Argentina para adecuar la infraestructura necesaria para instalarlo. El equipo fue inaugurado en el marco de la Conferencia sobre Computación de Alto Rendimiento en América Latina (CARLA 2026), realizada en la capital cordobesa.
La incorporación de Helvetios es el resultado de una serie de gestiones científicas e institucionales que hicieron posible tanto el traslado del equipamiento como la generación de las condiciones necesarias para ponerlo en funcionamiento. El sistema pertenecía a la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL, por sus siglas en francés), que lo donó a la UNC luego de renovar su infraestructura de HPC (high performance computing). Desde Argentina, el proceso fue coordinado por Dante Paz, investigador del CONICET; Carlos Bederián, profesional del CONICET; Nicolás Wolovick, director de UNC-Supercómputo, y Diego Masone, investigador del CONICET; y desde Suiza, en la EPFL, por Antonio Russo, exprofesional del CONICET.
La puesta en funcionamiento del nuevo equipo amplía los recursos de UNC-Supercómputo, anteriormente conocido como Centro de Computación de Alto Desempeño (CCAD), ya que triplica la capacidad de procesamiento de datos del sistema que opera actualmente, y podrá ser utilizado por grupos científicos que desarrollan investigaciones dentro y fuera de Córdoba. También se podrán prestar servicios a privados.
“La posibilidad de incorporar Helvetios fue el resultado de una relación que se fue construyendo durante muchos años. Venimos trabajando en Supercómputo en la UNC desde hace más de una década, tratando siempre de aumentar la capacidad de cálculo disponible para nuestros investigadores. En ese proceso fuimos formando un equipo técnico, desarrollando infraestructura y, sobre todo, generando vínculos con otros centros de HPC. En los últimos años esto cobró mucho impulso gracias a los esfuerzos de Nicolás Wolovick en SCALAC y otros foros, y las oportunidades que fueron generando los investigadores de Córdoba que realizan estancias de investigación en el exterior haciendo de embajadores de nuestro centro”, comenta Paz.
El investigador agrega que el aporte de Antonio Russo fue fundamental en el proceso de adquisición de Helvetios. Exmiembro del Centro de Computación de Alto Desempeño, fue una de las personas que trabajó en los primeros años de construcción de lo que hoy es UNC-Supercómputo y actualmente se desempeña en el centro de HPC Scitas de la EPFL. “Cuando Antonio se fue, el vínculo no se cortó. Al contrario, se convirtió en un puente entre las dos instituciones. A través de él fuimos estableciendo contactos con la EPFL; hubo investigadores argentinos que pudieron acceder a recursos computacionales en Suiza. Se estableció un vínculo de confianza”, detalla, y reflexiona: “Helvetios es un buen ejemplo de algo que muchas veces ocurre en ciencia: primero existe una relación entre personas, esa relación después se transforma en una relación entre grupos y, finalmente, puede terminar generando una colaboración institucional más grande”.
Helvetios llegó a la UNC en el marco de una renovación de infraestructura de la EPFL, lo que no significa que el equipo haya perdido valor científico. Por el contrario, este equipamiento significa un salto enorme en capacidad de cómputo, ya que casi triplica la capacidad de cálculo actualmente disponible. “Esta iniciativa refleja el compromiso de la EPFL con un uso más sostenible de sus infraestructuras. Helvetios conserva un importante valor científico, y UNC-Supercómputo cuenta con la experiencia y la capacidad técnica para aprovecharlo plenamente y darle una verdadera segunda vida”, comenta Russo.
Helvetios está compuesto por 288 nodos y 576 procesadores Intel Xeon Gold 6140, cuenta con alrededor de 54 TB de memoria RAM y alcanza una potencia pico teórica de 497 TFLOPS. Su arquitectura permite abordar cálculos de alta precisión, simulaciones complejas y problemas que requieren grandes cantidades de memoria, con aplicaciones en física, química, biología computacional, astronomía, diseño y estudio de fármacos, ingeniería, entre otras.
Paz comenta que el proceso de adquisición del equipo, de aproximadamente cuatro toneladas de peso, fue una tarea compleja. No solo requirió el desmontaje en su lugar de origen y el montaje en el destino, sino que involucró la logística física y administrativa necesaria para trasladarlo. Según el científico, el ensamblado de la supercomputadora fue realizado en tiempo récord y parte de ese trabajo involucró la adaptación del espacio físico para que Helvetios pudiera funcionar.
“Lo interesante es que la transferencia de Helvetios no fue simplemente una donación de hardware. Fue una operación bastante más compleja, que solamente pudo hacerse porque detrás había instituciones dispuestas a acompañarla y, fundamentalmente, equipos técnicos capaces de ejecutarla. Y creo que ahí está también una de las lecciones de esta historia: conseguir una computadora puede ser relativamente fácil; construir el ecosistema que permite aprovecharla lleva muchos años”, comenta el científico.
Este tipo de infraestructura informática puede ser utilizada por equipos científicos de distintas disciplinas que necesitan realizar cálculos que no pueden abordarse con computadoras convencionales. Uno de ellos es el que integra el Laboratorio de Biología Computacional del Instituto de Histología y Embriología de Mendoza (IHEM, CONICET-UNCUYO), dirigido por Diego Masone, investigador del CONICET, cuyo equipo utiliza recursos de supercómputo para estudiar procesos vinculados con proteínas, biomembranas y otras investigaciones sobre biología molecular.
También hubo un aporte económico de la Embajada de Suiza en Argentina destinado a financiar parte de esas adecuaciones. La Embajada aportó el 51 por ciento del presupuesto para la infraestructura necesaria para la instalación: adecuación del suministro eléctrico y de los sistemas de refrigeración, y de las condiciones de monitoreo ambiental del Data Center de la UNC, entre otras.
“Desde el principio la gente de la Embajada se mostró muy interesada. Envié un correo electrónico para comentarles acerca de la donación de Helvetios y solicitarles apoyo para la instalación del equipo. Luego nos reunimos con ellos junto a Nicolás Wolovick, director de UNC-Supercómputo, y Dante Paz, y posteriormente les presentamos un proyecto con lo necesario para la adecuación del sistema eléctrico y del sistema de refrigeración del data center. Previamente nos habían solicitado toda la información acerca del proceso. La Embajada aportó 18 millones de pesos para los trabajos de acondicionamiento del espacio físico para instalar la supercomputadora”, comenta Masone.
Fuente: https://www.conicet.gov.ar/noticias-conicet/
La medicina de precisión transforma el tratamiento del cáncer: cómo funciona y cuáles son los desafíos para su aplicación
Especialistas explicaron a Infobae cómo los estudios moleculares, las biopsias líquidas y otras herramientas redefinen el diagnóstico y el abordaje oncológico. Los obstáculos que limitan el acceso
Por Víctor Ingrassia
Según Cleveland Clinic, la medicina de precisión orienta las decisiones médicas a partir de información sobre los genes, el entorno y el estilo de vida. Este enfoque, también llamado medicina personalizada, busca anticipar qué estrategias de prevención y tratamientos pueden resultar eficaces para cada grupo de personas.
“Se diferencia del enfoque estandarizado, en el que investigadores y profesionales sanitarios desarrollan estrategias de gestión de la salud para la persona promedio”, plantean desde el centro de salud estadounidense.
Acceder a la medicina de precisión representa una mejora para la salud porque permite tomar decisiones según las características biológicas de cada persona y de cada enfermedad. En oncología, esta perspectiva puede orientar los tratamientos, reducir efectos adversos y evitar demoras en etapas decisivas.
Sin embargo, el impacto de estas herramientas depende de algo que excede al laboratorio: que los estudios, los especialistas, los medicamentos y la información estén disponibles a tiempo para quienes los necesitan.
Infobae participó en un conversatorio de expertos organizado por AstraZeneca, titulado “La revolución de la medicina de precisión en oncología”.
Según plantearon, durante décadas, el cáncer se clasificó principalmente según el órgano en el que aparecía y el aspecto de las células bajo el microscopio. Pulmón, mama, próstata, vejiga o colon funcionaban como categorías centrales para definir tratamientos. Ese enfoque conserva valor clínico y, en numerosos casos, hoy se complementa con el análisis de características genéticas y moleculares. Dos tumores que se originan en el mismo órgano pueden responder de manera distinta a una misma terapia debido a diferencias en esos cambios.
La medicina de precisión en oncología busca identificar esas particularidades. Los especialistas señalaron que el objetivo es detectar los mecanismos que impulsan el crecimiento de cada tumor y, cuando existe una opción disponible, seleccionar una estrategia terapéutica dirigida contra ese mecanismo.
Este enfoque ya modifica el modo de diagnosticar, clasificar y tratar varios tipos de cáncer. A la vez, expone una tensión sanitaria: la innovación crece con rapidez, mientras que el acceso permanece condicionado por la cobertura de salud, la ubicación geográfica y la capacidad de sortear trámites.
El oncólogo y expresidente de la Asociación Argentina de Oncología Clínica, Diego Kaen, definió a la medicina de precisión como una forma de adaptar el diagnóstico, la prevención y el tratamiento a las particularidades de cada paciente y de su tumor.
“La clave está en identificar una alteración molecular que impulse la enfermedad y contar con un medicamento capaz de bloquearla. Esa relación entre el biomarcador detectado y una terapia disponible recibe el nombre de accionabilidad. La medicina de precisión no solo habla de ese driver o conductor, sino también de aquella molécula, droga o tratamiento que inhibe esa alteración”, explicó Kaen.
En términos simples, un biomarcador puede funcionar como una señal biológica del tumor. Puede tratarse de una mutación genética, una proteína presente en la superficie de las células o una alteración en el ARN. Su detección permite conocer mejor la enfermedad y, en determinados pacientes, elegir fármacos dirigidos. Estos tratamientos buscan interferir en blancos específicos vinculados al crecimiento tumoral.
El cambio se observa con claridad en el cáncer de pulmón. Bajo ese diagnóstico conviven tumores con perfiles moleculares distintos, que pueden requerir estrategias terapéuticas diferentes.
Para Kaen, el abordaje actual exige superar la idea de una única enfermedad definida solo por su ubicación anatómica: “Hoy vemos cuál es tu tipo de tumor, qué clase de cáncer de pulmón tenés, cuáles son tus biomarcadores, tus drivers, y te tratamos específicamente en base a eso”.
El mismo razonamiento puede aplicarse a tumores de órganos diferentes. Si dos cánceres comparten una alteración molecular relevante, un tratamiento dirigido puede resultar apropiado para ambos, según la indicación clínica, la evidencia disponible y la aprobación regulatoria. La clasificación anatómica no desaparece, pero pasa a convivir con un mapa más detallado de mutaciones, proteínas y otros marcadores.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/