Uno de cada ocho casos de cáncer en el mundo está vinculado a infecciones prevenibles: cuáles son y cómo reducir el riesgo

Uno de cada ocho casos de cáncer en el mundo está vinculado a infecciones prevenibles: cuáles son y cómo reducir el riesgo

Uno de cada ocho casos de cáncer en el mundo está vinculado a infecciones prevenibles: cuáles son y cómo reducir el riesgo

Un estudio global publicado en The Lancet Oncology contabilizó 2,3 millones de diagnósticos atribuibles a bacterias, virus y otros patógenos, cuya carga puede reducirse con vacunas, controles y tratamientos oportunos. Cómo prevenir

Uno de cada ocho diagnósticos de cáncer en el mundo en 2024 estuvo asociado a una infección, de acuerdo con un análisis global publicado en The Lancet Oncology.

La estimación equivale a 2,3 millones de casos nuevos y vuelve a colocar a las vacunas, el diagnóstico temprano y el tratamiento de infecciones en el centro de la prevención oncológica.

El estudio analizó datos de incidencia de cáncer de 2024 de la base GLOBOCAN, del Observatorio Mundial del Cáncer, y calculó la proporción atribuible a 12 agentes infecciosos clasificados como cancerígenos por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer.

La conclusión central es que el 12% de todos los tumores diagnosticados ese año se vinculó con infecciones.

Para el médico oncólogo y ex presidente de la Asociación Argentina de Oncología Clínica (AAOC) Diego Kaen (MN 1898), el hallazgo contiene un mensaje directo para la salud pública: “Aproximadamente uno de cada ocho cánceres en el mundo está relacionado con una infección. Y esto es importante porque una proporción considerable de estos cánceres es potencialmente prevenible”, dijo consultado por Infobae.

La bacteria Helicobacter pylori fue el agente infeccioso asociado con más diagnósticos: cerca de 760.000 casos de cáncer, equivalentes al 4% del total mundial. Su relación más conocida es con el cáncer gástrico.

En segundo lugar apareció el virus del papiloma humano (VPH), vinculado con unos 750.000 casos y otro 4% de los diagnósticos globales. El VPH está asociado principalmente al cáncer de cuello uterino, aunque también puede causar tumores anales, orofaríngeos, de pene, vagina y vulva.

El listado siguió con el virus de la hepatitis B, relacionado con 360.000 casos; el virus de Epstein-Barr, con 260.000; y el virus de la hepatitis C, con 160.000. En conjunto, esos cinco patógenos explicaron la mayor parte de los cánceres atribuibles a infecciones.

El trabajo incluyó además al VIH, al herpesvirus asociado al sarcoma de Kaposi, al virus linfotrópico de células T humanas, al poliomavirus de células de Merkel y a determinados parásitos. La incorporación de estimaciones sobre el virus de Epstein-Barr refleja el crecimiento de la evidencia científica sobre su relación con algunos tipos de cáncer, entre ellos ciertos linfomas.

Que una persona tenga VPH, hepatitis o H. pylori no significa que desarrollará cáncer.

El riesgo depende de múltiples factores, entre ellos la persistencia de la infección, el acceso a controles y tratamientos, las condiciones inmunológicas y otros hábitos de salud.

Sin embargo, algunos microorganismos pueden favorecer procesos que, con el tiempo, derivan en transformaciones celulares. La inflamación crónica provocada por Helicobacter pylori, por ejemplo, puede dañar el revestimiento del estómago.

Los virus de las hepatitis B y C pueden generar lesiones sostenidas en el hígado y elevar el riesgo de cáncer hepático.

Kaen remarcó que el valor del estudio está en mostrar que el control de estos agentes forma parte de la estrategia contra el cáncer.

“Cuando hablamos de combatir el cáncer no podemos hablar solamente de nuevos tratamientos. Vacunar contra VPH y hepatitis B, detectar y tratar hepatitis C y Helicobacter pylori, y realizar el screening adecuado también son políticas contra el cáncer”, afirmó.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

Un estudio reveló dos hábitos asociados a menor riesgo de diabetes tipo 2, incluso en personas con predisposición genética

Un estudio reveló dos hábitos asociados a menor riesgo de diabetes tipo 2, incluso en personas con predisposición genética

Un estudio reveló dos hábitos asociados a menor riesgo de diabetes tipo 2, incluso en personas con predisposición genética

Los resultados presentados en la reunión anual de la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes aportan datos sobre cómo las decisiones cotidianas se vinculan con la posibilidad de desarrollar la enfermedad, incluso frente a una mayor carga hereditaria

Por Maria Eugenia Cazeneuve

La predisposición genética influye en el riesgo de diabetes tipo 2, pero no explica por sí sola quién desarrollará la enfermedad.

Un estudio presentado esta semana en la reunión anual de la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes (EASD) que se celebra en Milán, Italia, analizó hasta qué punto dos conductas cotidianas pueden modificar ese riesgo, incluso en personas con una carga hereditaria alta.

La diabetes es una enfermedad crónica en la que la glucosa se eleva en sangre porque el organismo no produce suficiente insulina o no logra utilizarla de forma adecuada. La diabetes tipo 2 representa la mayoría de los diagnósticos y su avance supone una carga creciente para los sistemas de salud: en el continente americano viven con diabetes 112 millones de adultos, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OMS).

En la diabetes tipo 1, el sistema inmunitario ataca las células del páncreas que producen esa hormona y el tratamiento requiere administrarla. La diabetes tipo 2, que concentra la mayoría de los casos, se vincula con una respuesta reducida a la insulina y con una producción insuficiente con el paso del tiempo; intervienen la predisposición genética y factores ambientales y del estilo de vida.

La investigación halló que reducir los alimentos ultraprocesados y alcanzar al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada o vigorosa se asoció con hasta un 70 % menos de riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.

Fue liderada por Wenxin Xu, de la Universidad de la Ciudad de Hong Kong, a partir de datos del Biobanco del Reino Unido. El equipo siguió a los participantes durante un promedio de 7,8 años y registró 926 casos de diabetes tipo 2.

La ingesta alimentaria se estimó con cuestionarios y la clasificación Nova para identificar los ultraprocesados. La actividad física se midió mediante dispositivos colocados en la muñeca durante una semana. También se emplearon datos genéticos para calcular la susceptibilidad hereditaria a la enfermedad.

Los ultraprocesados abarcan, entre otros productos, bebidas azucaradas, snacks envasados, carnes procesadas y comidas listas para consumir. En el análisis, por cada 10 % adicional de alimentos ultraprocesados en el peso total de la dieta, el riesgo de diabetes tipo 2 aumentó un 7 %.

“La diabetes tipo 2 es causada por una combinación de la susceptibilidad genética de una persona y su estilo de vida”, afirmó Xu en declaraciones difundidas por la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes. “En lo que respecta al estilo de vida, consumir más alimentos ultraprocesados se asocia con un mayor riesgo, mientras que la actividad física es un factor protector”, agregó.

El segundo hábito evaluado fue la actividad física moderada a vigorosa, aquella que eleva la frecuencia cardíaca y respiratoria. Caminar a paso rápido, andar en bicicleta, hacer senderismo, practicar deportes o realizar tareas domésticas y de jardinería que exijan un esfuerzo sostenido pueden entrar en esa categoría.

Los participantes que cumplieron la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de realizar como mínimo 150 minutos semanales de actividad de esa intensidad tuvieron un 39 % menos de riesgo de diabetes tipo 2 que quienes permanecieron por debajo de esa meta.

En el grupo con riesgo genético alto, mantener baja la proporción de ultraprocesados —alrededor de 11 % o menos del peso total de los alimentos consumidos— se asoció con una reducción de 35 % del riesgo. Alcanzar los 150 minutos semanales, por su parte, se vinculó con una reducción de 33 %.

El investigador destacó que esas conductas pueden modificarse. “A diferencia de la susceptibilidad genética, la dieta y la actividad física son factores que las personas pueden cambiar”, señaló la investigadora.

La mayor diferencia se observó cuando ambos hábitos coincidieron. Entre las personas con predisposición genética alta, una menor ingesta de ultraprocesados junto con actividad física regular se asoció con una reducción de 49 % en el riesgo de diabetes tipo 2. La reducción llegó a 70 % en el grupo de susceptibilidad genética intermedia y a 59 % en el de susceptibilidad baja.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

Descubren cómo bloquear al parásito de la malaria antes de que llegue al hígado y prevenir recaídas

Descubren cómo bloquear al parásito de la malaria antes de que llegue al hígado y prevenir recaídas

Descubren cómo bloquear al parásito de la malaria antes de que llegue al hígado y prevenir recaídas

Investigadores de la Universidad del Sur de Florida identificaron una región de Plasmodium vivax que puede ser reconocida por anticuerpos y que podría convertirse en un blanco para el desarrollo de vacunas

Por Constanza Almirón

La malaria dejó unos 282 millones de casos y 610.000 muertes en 2024, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud. Entre los parásitos que la provocan, Plasmodium vivax predomina fuera de África subsahariana y puede ocasionar recaídas meses, e incluso años, después de la infección inicial.

Esa capacidad de regresar dificulta el control de la enfermedad. Investigadores de la Universidad del Sur de Florida identificaron una región en la superficie de P. vivax a la que pueden unirse anticuerpos y bloquear su entrada en las células del hígado, una etapa decisiva antes de que el microorganismo pueda permanecer allí de forma latente.

Hasta ahora, se sabía poco sobre qué zonas de la proteína que recubre al parásito podía reconocer el sistema inmunitario para frenar la infección. Esa falta de información dificultaba el diseño de vacunas contra esta forma de malaria. El hallazgo fue descrito en un estudio publicado en la revista Immunity.

El equipo examinó la proteína circunsporozoítica, abreviada como CSP, que cubre la superficie de Plasmodium vivax. Allí identificó un epítopo, una pequeña zona de la molécula que los anticuerpos pueden reconocer y a la que pueden adherirse.

Las pruebas mostraron que los anticuerpos dirigidos contra ese punto impedían que el parásito invadiera las células hepáticas. El resultado se concentra en una fase inicial de la infección, cuando todavía es posible detener su avance antes de que se establezca en el órgano.

La CSP ya era una referencia para estudiar la respuesta defensiva del organismo, pero esa zona no se había definido como un blanco capaz de bloquear la invasión.

“Nadie había descubierto una nueva forma de atacar el principal antígeno de superficie, CSP, para vivax en más de 40 años”, afirmó Noah Sather, profesor del Departamento de Ciencias de la Salud Global, Ambiental y Genómica de la Facultad de Salud Pública de la Universidad del Sur de Florida, en el comunicado institucional. Un antígeno es una sustancia que el sistema inmunitario identifica como ajena y contra la cual puede producir defensas.

El trabajo se centra en los esporozoítos, la forma que el mosquito transmite a las personas. Sather describió el sitio identificado como una debilidad hasta entonces desconocida del microorganismo. “Identificamos una nueva clase de brecha en la armadura, por así decirlo, que nadie conocía”, señaló el investigador. “Descubrimos que podemos aprovecharla para evitar que el microorganismo infecte”.

Después de la infección inicial, Plasmodium vivax puede dejar en el hígado unas formas inactivas llamadas hipnozoítos. Funcionan como una reserva microscópica que no produce síntomas mientras permanece en reposo, pero puede reactivarse meses o años más tarde y causar nuevos episodios de fiebre y enfermedad.

Su persistencia sostiene buena parte de la transmisión. “Alrededor de tres cuartas partes de las transmisiones de vivax provienen en realidad de infecciones por recaída, no de la primera picadura de mosquito y de la infección que alguien contrae por ella”, afirmó Sather en el comunicado de prensa.

Por eso, los anticuerpos analizados y una futura vacuna basada en ellos podrían evitar que se formen los hipnozoítos. “Esto podría abordar la principal fuente tanto de transmisión como de enfermedad”, sostuvo el investigador en el comunicado institucional.

La investigación todavía no presenta una vacuna disponible para uso clínico. Describe, en cambio, un objetivo preciso para orientar su desarrollo: si se bloquea el ingreso a las células hepáticas, el parásito no puede establecer la fase latente que da lugar a las recaídas.

El hallazgo unió a dos grupos que habían llegado por separado al mismo objetivo. John Adams, de la Universidad del Sur de Florida, lo detectó al estudiar el microorganismo y las respuestas inmunitarias humanas.

En paralelo, Noah Sather, entonces profesor de la Universidad de Washington e investigador del Instituto de Investigación del Hospital Infantil de Seattle, evaluaba esa zona como posible componente de una vacuna.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

Telescopios Hubble y Webb de la NASA descubren que objetos lejanos del sistema solar ‘recuerdan’…

Telescopios Hubble y Webb de la NASA descubren que objetos lejanos del sistema solar ‘recuerdan’…

Telescopios Hubble y Webb de la NASA descubren que objetos lejanos del sistema solar ‘recuerdan’…

Equipo de redacción de Ciencia

Por primera vez, un grupo de científicos utilizaron la potencia combinada de los telescopios espaciales Hubble y James Webb de la NASA para estudiar algunos de los cuerpos celestes más lejanos de nuestro sistema solar: los objetos transneptunianos (OTN). Algunos de ellos se encuentran entre los más pequeños y tenues que se hayan observado directamente. Inesperadamente, los investigadores hallaron menos OTN pequeños de lo previsto, y descubrieron que los colores de estos cuerpos mantenían las mismas relaciones que los miembros más grandes de su familia.

Típicamente, estos objetos suelen ser cuerpos celestes pequeños, tenues y helados que orbitan el Sol más allá de la órbita de Neptuno. La mayoría son más de 100 millones de veces menos brillantes que los objetos visibles a simple vista. En dos artículos complementarios publicados el 8 de septiembre en The Astronomical Journal, diversos equipos analizaron el color, la composición y la distribución de tamaños de 27 OTN diminutos y tenues recién descubiertos.

Esta clase de pequeños cuerpos celestes ofrece la mejor vista de una etapa inicial de la formación de planetas, cuando un disco de polvo y guijarros en órbita alrededor del Sol se aglutinó formando “planetesimales” —los componentes básicos sólidos que se agrupan para formar planetas— con el tamaño de una ciudad, pero que aún no se habían fusionado en mundos de tamaño completo. Más allá de Neptuno, esta segunda etapa nunca llegó a producirse, dejando tras de sí una población congelada de planetesimales.

En el sondeo de OTN más profundo llevado a cabo hasta la fecha, equipos dirigidos por estudiantes de doctorado de la Universidad de Victoria en Canadá, bajo la supervisión del Consejo Nacional de Investigación de Canadá y la Universidad del Norte de Arizona en Flagstaff, examinaron simultáneamente una región del cielo con el telescopio Hubble, para observar la luz visible de los OTN, y con Webb, para observar su luz infrarroja. El equipo de investigadores midió los colores de los objetos, los cuales son como una huella dactilar de la composición de su superficie, y sus tamaños, además de determinar sus órbitas.

En las observaciones coordinadas, los equipos estudiaron dos tipos diferentes de OTN. El primer grupo, los OTN dinámicamente “fríos”, se encuentran en sus órbitas originales, relativamente circulares, situadas alrededor del Sol en el plano del sistema solar. El segundo grupo, los OTN dinámicamente “calientes”, se formaron entre las ubicaciones actuales de Urano y Neptuno, pero fueron desplazados hacia el exterior, hasta su posición actual, cuando los gigantes gaseosos del sistema exterior migraron en los comienzos de la historia del sistema solar. Hoy en día, estos objetos residen en órbitas extremadamente elípticas y se mueven entrando y saliendo del plano de nuestro sistema solar.

Antes de estas observaciones, los astrónomos pensaban que los OTN pequeños, tanto de las poblaciones calientes como de las frías, habrían sufrido numerosas colisiones que habrían alterado sus superficies en comparación con los OTN más grandes. Pero eso no fue lo que revelaron las observaciones. En cambio, estos cuerpos pequeños se parecen a sus homólogos de mayor tamaño. Esto sugiere que los impactos no modifican las superficies de manera significativa, tal vez porque se producen menos colisiones de lo esperado, o porque los OTN, de alguna manera, conservan su composición primordial anterior a las colisiones. Los equipos de investigadores aún están tratando de desentrañar este misterio.

“Cabe imaginar un escenario en el que los impactos y la fragmentación alterarían la composición de la superficie, dando lugar a un color de la superficie diferente en los OTN diminutos en comparación con sus hermanos de mayor tamaño. Por ello, resulta fascinante observar cómo los objetos más pequeños, de algún modo, ‘recuerdan’ y preservan la historia de su propia formación”, dijo Anastasia Morgan, estudiante de doctorado de la Universidad del Norte de Arizona, quien dirigió el estudio sobre el color y la composición de los OTN.

“Estos OTN dinámicamente ‘calientes’ conservan la impronta del lugar donde nacieron, a pesar de que sus órbitas se han alterado desde entonces”, dijo David Trilling, coautor del estudio e investigador de la Universidad del Norte de Arizona.

Tanto las poblaciones “calientes” como las “frías” parecen mantener los mismos colores que tenían al formarse, con pocos cambios desde el nacimiento del sistema solar.

Los datos de Webb también permitieron a los investigadores medir la cantidad de objetos de cada tamaño. Descubrieron que las distribuciones generales de tamaño para ambas poblaciones eran sorprendentemente similares.

“Es muy interesante que el proceso de formación de planetesimales acabe produciendo la misma distribución de tamaños tanto para las poblaciones frías como para las calientes, a pesar de haberse formado en diferentes regiones del sistema solar primitivo. Este proceso parece no verse afectado por las condiciones del disco, ya que produce planetesimales de tamaño similar, independientemente de que el disco sea caliente o frío, y denso o esponjoso”, dijo Marielle Eduardo, candidata a doctorado de la Universidad de Victoria, quien dirigió el estudio sobre la distribución de tamaños.

Los investigadores también encontraron menos de estos cuerpos diminutos de lo que esperaban con base en algunos modelos de formación planetaria. Webb descubrió 27 nuevos OTN notablemente tenues; uno de ellos es tan poco luminoso que es equivalente a estar de pie en la Tierra y ver un pequeño enjambre de luciérnagas en la Luna. El más pequeño que observaron tiene un diámetro de unos 5 kilómetros (3 millas), un tamaño unas cinco veces menor de lo que es posible detectar con los telescopios terrestres más sensibles.

Este proyecto no habría sido posible sin la colaboración de Hubble y Webb para detectar y caracterizar estos OTN. Gracias a la sensibilidad de Hubble en el espectro visible y a la de Webb en el infrarrojo, estos telescopios espaciales aportan más información que la que cualquiera de ellos podría proporcionar por sí solo.

El Telescopio Espacial Hubble ha estado en funcionamiento durante más de tres décadas y continúa haciendo descubrimientos revolucionarios que dan forma a nuestra comprensión fundamental del universo. Hubble es un proyecto de cooperación internacional entre la NASA y la ESA (Agencia Espacial Europea). El Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en Greenbelt, Maryland, administra el telescopio y las operaciones de la misión. Lockheed Martin Space, con sede en Denver, Colorado, también apoya las operaciones de la misión en el centro Goddard. El Instituto de Ciencias del Telescopio Espacial en Baltimore, Maryland, el cual es operado por la Asociación de Universidades para la Investigación en Astronomía, lleva a cabo las operaciones científicas de Hubble para la NASA.

Fuente: https://ciencia.nasa.gov/