Un estudio reveló dos hábitos asociados a menor riesgo de diabetes tipo 2, incluso en personas con predisposición genética

Los resultados presentados en la reunión anual de la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes aportan datos sobre cómo las decisiones cotidianas se vinculan con la posibilidad de desarrollar la enfermedad, incluso frente a una mayor carga hereditaria

Por Maria Eugenia Cazeneuve

La predisposición genética influye en el riesgo de diabetes tipo 2, pero no explica por sí sola quién desarrollará la enfermedad.

Un estudio presentado esta semana en la reunión anual de la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes (EASD) que se celebra en Milán, Italia, analizó hasta qué punto dos conductas cotidianas pueden modificar ese riesgo, incluso en personas con una carga hereditaria alta.

La diabetes es una enfermedad crónica en la que la glucosa se eleva en sangre porque el organismo no produce suficiente insulina o no logra utilizarla de forma adecuada. La diabetes tipo 2 representa la mayoría de los diagnósticos y su avance supone una carga creciente para los sistemas de salud: en el continente americano viven con diabetes 112 millones de adultos, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OMS).

En la diabetes tipo 1, el sistema inmunitario ataca las células del páncreas que producen esa hormona y el tratamiento requiere administrarla. La diabetes tipo 2, que concentra la mayoría de los casos, se vincula con una respuesta reducida a la insulina y con una producción insuficiente con el paso del tiempo; intervienen la predisposición genética y factores ambientales y del estilo de vida.

La investigación halló que reducir los alimentos ultraprocesados y alcanzar al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada o vigorosa se asoció con hasta un 70 % menos de riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.

Fue liderada por Wenxin Xu, de la Universidad de la Ciudad de Hong Kong, a partir de datos del Biobanco del Reino Unido. El equipo siguió a los participantes durante un promedio de 7,8 años y registró 926 casos de diabetes tipo 2.

La ingesta alimentaria se estimó con cuestionarios y la clasificación Nova para identificar los ultraprocesados. La actividad física se midió mediante dispositivos colocados en la muñeca durante una semana. También se emplearon datos genéticos para calcular la susceptibilidad hereditaria a la enfermedad.

Los ultraprocesados abarcan, entre otros productos, bebidas azucaradas, snacks envasados, carnes procesadas y comidas listas para consumir. En el análisis, por cada 10 % adicional de alimentos ultraprocesados en el peso total de la dieta, el riesgo de diabetes tipo 2 aumentó un 7 %.

“La diabetes tipo 2 es causada por una combinación de la susceptibilidad genética de una persona y su estilo de vida”, afirmó Xu en declaraciones difundidas por la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes. “En lo que respecta al estilo de vida, consumir más alimentos ultraprocesados se asocia con un mayor riesgo, mientras que la actividad física es un factor protector”, agregó.

El segundo hábito evaluado fue la actividad física moderada a vigorosa, aquella que eleva la frecuencia cardíaca y respiratoria. Caminar a paso rápido, andar en bicicleta, hacer senderismo, practicar deportes o realizar tareas domésticas y de jardinería que exijan un esfuerzo sostenido pueden entrar en esa categoría.

Los participantes que cumplieron la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de realizar como mínimo 150 minutos semanales de actividad de esa intensidad tuvieron un 39 % menos de riesgo de diabetes tipo 2 que quienes permanecieron por debajo de esa meta.

En el grupo con riesgo genético alto, mantener baja la proporción de ultraprocesados —alrededor de 11 % o menos del peso total de los alimentos consumidos— se asoció con una reducción de 35 % del riesgo. Alcanzar los 150 minutos semanales, por su parte, se vinculó con una reducción de 33 %.

El investigador destacó que esas conductas pueden modificarse. “A diferencia de la susceptibilidad genética, la dieta y la actividad física son factores que las personas pueden cambiar”, señaló la investigadora.

La mayor diferencia se observó cuando ambos hábitos coincidieron. Entre las personas con predisposición genética alta, una menor ingesta de ultraprocesados junto con actividad física regular se asoció con una reducción de 49 % en el riesgo de diabetes tipo 2. La reducción llegó a 70 % en el grupo de susceptibilidad genética intermedia y a 59 % en el de susceptibilidad baja.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/