El auge renovado de la bolsa de agua caliente como aliada del calor y el bienestar
Sencilla y recuperada en tiempos de nuevas necesidades, la clásica bolsa térmica brinda confort durante el invierno y cuenta con aval institucional también para aliviar contracturas y tensiones musculares ocasionales
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A medida que las temperaturas caen y el invierno se instala en diversos países, la bolsa de agua caliente vuelve a posicionarse como un recurso tradicional para combatir el frío en el hogar. Su simple mecanismo la convierte en una herramienta de confort que facilita mantenerse abrigado tanto en la cama como en los espacios cotidianos. Instituciones médicas y comunidades de salud reivindican la utilidad de este recurso.
La presencia de la bolsa de agua caliente en hogares y hospitales tiene historia. Este método, que consiste en llenar de agua templada un recipiente de material elástico, suele recomendarse tanto para proporcionar calor directo al cuerpo como para reconfortar en situaciones de frío intenso.
La Cleveland Clinic señaló en su sitio institucional: “el calor genera una sensación de alivio físico general y contribuye al bienestar emocional durante las épocas de bajas temperaturas”. El uso doméstico adecuado ayuda a conservar la temperatura corporal, sobre todo en poblaciones sensibles como niños, personas mayores o quienes padecen enfermedades crónicas. Un análisis publicado en la revista PMC NIH ratificó que “el confort térmico es una de las demandas más habituales en invierno y los métodos de calor superficial figuran entre las recomendaciones más seguras y eficaces cuando se emplean bajo vigilancia o siguiendo pautas formales”.
Las advertencias actuales recalcan la importancia de tiempos y temperaturas seguros, evitando la exposición directa o prolongada para proteger la piel y los tejidos del cuerpo. Como agregó la Cleveland Clinic en un comunicado reciente, “la clásica bolsa rellena con agua templada o tibia proporciona alivio inmediato y mejora perceptiblemente la sensación de frío y la calidad del descanso, siempre que no se utilicen temperaturas extremas ni sesiones de calor continuas”.
El mecanismo de la bolsa de agua caliente se usa como herramienta auxiliar para el tratamiento de determinadas molestias físicas. Su acción se fundamenta en las propiedades fisiológicas del calor. La American College of Rheumatology y la Harvard Medical School citan como principales indicaciones el alivio de contracturas musculares, tensiones cervicales y ciertas formas de dolor lumbar crónico. “El calor relaja las fibras musculares, incrementa la circulación local y reduce la sensación de rigidez”, señala la guía clínica de la Cleveland Clinic.
El estudio de PMC NIH detalla que la terapia térmica superficial ayuda a elevar el umbral del dolor y favorece la recuperación funcional cuando la lesión ha superado la fase inflamatoria aguda. Se trata de un recurso complementario que no reemplaza medicamentos ni tratamientos de base, pero ayuda a disminuir molestias en contextos de rehabilitación, actividad física o adaptaciones posturales. “La mayor parte de las guías internacionales recomienda su uso puntual y cuidadoso para mejorar la vida diaria de personas con dolor inespecífico o crónico”, indican los autores del estudio citado.
Según el comunicado técnico de la Cleveland Clinic, la bolsa de agua caliente debe emplearse siempre con una tela o funda protectora y jamás sobre piel lesionada o adormecida, para evitar los riesgos de quemaduras. La institución enfatiza: “la importancia de limitar la aplicación a sesiones inferiores a 20 minutos y controlar la temperatura antes del contacto”, y agrega que toda persona con enfermedad vascular, diabetes, trastornos neurológicos o sensibilidad disminuida debe consultar previamente con un médico, como también recomienda la Harvard Medical School.
El empleo de calor local, incluido el de la bolsa de agua caliente, ha sido considerado una herramienta de bajo riesgo cuando se respeta el tiempo, la temperatura y las sugerencias profesionales. La Cleveland Clinic remarcó que “el material debe revisarse antes de cada uso para verificar que no existan filtraciones ni daños que puedan causar accidentes térmicos”. El comunicado destaca que la exposición repetida al calor en una misma zona aumenta el riesgo de lesiones cutáneas, especialmente en adultos mayores y personas con movilidad limitada.
Las instituciones médicas aconsejan evitar el uso de calor en presencia de inflamación activa, heridas abiertas, infecciones, fiebre o trastornos circulatorios. Toda exposición debe realizarse lejos de fuentes eléctricas y sin aplicar presión excesiva sobre la superficie corporal. En caso de experimentar enrojecimiento, dolor o sensación de quemazón, es necesario retirar la fuente de calor de inmediato y consultar a un profesional de la salud.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Trastorno obsesivo compulsivo: cómo se manifiesta, qué ocurre en el cerebro y cuáles son los tratamientos más estudiados
Un neurocientífico de la Universidad de Stanford explicó cómo interactúan determinados circuitos neuronales con los patrones de pensamiento y conducta asociados a esta condición, además de repasar las herramientas disponibles para su abordaje a partir de la evidencia científica
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La vida cotidiana puede verse alterada por pensamientos persistentes que irrumpen sin previo aviso y generan inquietud profunda.
El trastorno obsesivo compulsivo (TOC) figura entre los trastornos que más repercuten en la vida cotidiana de las personas, según datos expuestos por el profesor de neurobiología y oftalmología de la Universidad de Stanford, Andrew Huberman, en el podcast Huberman Lab.
Las personas que conviven con este diagnóstico suelen dedicar horas a rituales o pensamientos que interfieren en actividades tan básicas como trabajar, estudiar o mantener conversaciones. Las obsesiones y compulsiones forman un ciclo difícil de romper, donde la búsqueda de alivio solo refuerza la intensidad del malestar, detalló el especialista.
El TOC se caracteriza por la presencia de obsesiones y compulsiones interrelacionadas. Las obsesiones consisten en pensamientos, imágenes o impulsos intrusivos y no deseados que aparecen de manera recurrente y generan ansiedad o malestar.
Las compulsiones son conductas o rituales que la persona realiza para intentar aliviar esa ansiedad, aunque su efecto suele ser transitorio. Una vez finalizada la compulsión, la obsesión puede reaparecer y el ciclo volver a comenzar.
“Las obsesiones son intrusivas, las personas no quieren tenerlas, no disfrutan de ellas y simplemente aparecen en la mente de manera recurrente”, explicó Huberman.
Las compulsiones, por su parte, pueden brindar un alivio momentáneo, pero también contribuir a mantener ese ciclo. Cuando estos síntomas son persistentes, pueden demandar una cantidad considerable de tiempo y energía e interferir en distintos aspectos de la vida cotidiana.
El especialista describió tres grandes grupos de síntomas: verificación, repetición y orden. La verificación incluye conductas como revisar cerraduras o electrodomésticos de manera reiterada.
La repetición abarca acciones o pensamientos que la persona siente la necesidad de realizar en secuencias específicas, como contar o repetir palabras.
La categoría de orden implica una necesidad persistente de simetría, alineación o exactitud; puede incluir desde organizar objetos hasta experimentar ansiedad cuando algo se percibe como incompleto o fuera de lugar.
Además, algunas manifestaciones del TOC se asocian con el temor a la contaminación o con una intensa sensación de asco, lo que puede dar lugar a conductas como el lavado frecuente de manos o evitar el contacto físico.
La neurobiología del TOC fue objeto de múltiples investigaciones. Según lo explicado en Huberman Lab, uno de los circuitos más estudiados es el cortico-estriatal-talámico, una red compuesta por la corteza cerebral, el estriado y el tálamo.
Este circuito interviene en la percepción, selección y supresión de conductas, así como en el procesamiento de la información sensorial. Estudios de neuroimagen revelaron que este bucle cerebral puede presentar una actividad diferente de la habitual en personas con síntomas obsesivo-compulsivos.
Los hallazgos se respaldan con experimentos en los que personas con TOC son expuestas a situaciones que desencadenan sus obsesiones y se observa, mediante imágenes cerebrales, una mayor activación de dicho circuito.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Reprimir un estornudo: cuáles son los riesgos y las lesiones que puede provocar
La acumulación inesperada de presión puede afectar órganos como el oído, la garganta o el tórax, con consecuencias que van desde molestias leves hasta complicaciones poco frecuentes
Por Santiago Abraldes
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Muchas personas intentan contener el impulso de estornudar, ya sea por cortesía o para evitar interrumpir una conversación. Sin embargo, esa acción modifica de forma inmediata el funcionamiento normal del organismo.
La Dra. Qin Liu, investigadora en fisiología y neurociencia de la Washington University in St. Louis, explica que este reflejo actúa como un mecanismo de presión diseñado para expulsar aire de manera repentina y eliminar irritantes de las vías respiratorias.
Al impedir que la presión salga, esta se redirige hacia estructuras internas, como los senos paranasales y el oído medio, que no están preparadas para absorberla.
Según Liu, este mecanismo de defensa, si se bloquea, puede provocar que la energía acumulada cause molestias o lesiones en los tejidos internos. La presión, que normalmente sería expulsada al exterior, busca rutas alternativas dentro del cuerpo, lo que causa daños si supera la resistencia de esas estructuras.
Cuando se bloquea la salida natural del aire durante un estornudo, el cuerpo puede verse sometido a una serie de riesgos que van más allá de la simple molestia. La Dra. Qin Liu advierte que la presión acumulada puede viajar a través de las vías respiratorias superiores y alcanzar estructuras vulnerables.
Uno de los riesgos más frecuentes es la ruptura del tímpano, que ocurre cuando la presión forzada impacta directamente sobre el oído medio. Esto puede causar dolor agudo, pérdida temporal de la audición y en ocasiones requerir intervención médica para reparar el daño.
El barotrauma del oído medio, caracterizado por dolor, sensación de taponamiento y, en algunos casos, sangrado, es otro de los efectos secundarios más habituales.
En el trayecto hacia la garganta, la presión puede desgarrar la mucosa faríngea, generando dolor intenso y dificultad para tragar. Aunque es poco común, este tipo de lesión puede dejar al descubierto tejidos internos y favorecer infecciones.
En situaciones graves, el aire puede infiltrarse en los tejidos blandos del cuello, creando enfisema subcutáneo. Este fenómeno provoca una hinchazón visible y una sensación crujiente al tacto debido a la presencia de aire bajo la piel.
Si el aire alcanza el mediastino, la cavidad situada entre los pulmones, puede presentarse neumomediastino, que se manifiesta como dolor torácico, dificultad respiratoria y, en casos extremos, complicaciones cardíacas o pulmonares. Estos episodios son raros, pero han sido documentados en la literatura médica y requieren atención hospitalaria inmediata.
La Dra. Liu subraya que, aunque la mayoría de las personas no experimenta complicaciones graves por contener un estornudo de manera ocasional, conocer estos riesgos ayuda a entender por qué es preferible no forzar la retención de este reflejo.
El estornudo es el resultado de un proceso coordinado entre el sistema nervioso y los músculos respiratorios. Todo comienza cuando receptores sensoriales en la mucosa nasal detectan la presencia de partículas irritantes o agentes patógenos. Esta señal se transmite rápidamente al bulbo raquídeo, donde se activa una respuesta refleja.
La fase inicial implica una inspiración profunda, seguida de una contracción simultánea del diafragma, los músculos intercostales y los músculos abdominales. Esta suma de fuerzas crea una presión intratorácica. De manera casi instantánea, la glotis se cierra momentáneamente, acumulando aún más presión, y luego se abre de golpe, permitiendo la expulsión abrupta del aire a gran velocidad por la nariz y la boca.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
La sorprendente rutina de ejercicios que ayuda a bajar la presión arterial en tiempo récord
Investigadores internacionales identificaron qué actividades físicas ofrecen resultados visibles en apenas un día, un hallazgo alentador para millones de personas que conviven con hipertensión
Por Ismael Yasnikowski
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Un estudio internacional mostró que la combinación de ejercicio aeróbico y entrenamiento de intervalos de alta intensidad logra reducir la presión arterial en personas con hipertensión en apenas 24 horas.
La investigación, publicada en la revista científica British Journal of Sports Medicine, analizó datos de más de 1.300 pacientes y aporta una perspectiva actualizada sobre el potencial de la actividad física como herramienta para enfrentar este problema de salud.
La hipertensión se mantiene como uno de los principales factores de riesgo para desarrollar enfermedades cardiovasculares y renales. De acuerdo con el Dr. Cliff Berger, jefe de cardiología del Hospital Beth Israel Deaconess-Needham en Massachusetts e instructor en la Facultad de Medicina de Harvard, “afecta a cerca del 45 % de los adultos en Estados Unidos”.
Menos de la mitad de quienes conviven con este diagnóstico consigue un control adecuado, según reportó la revista especializada en salud Prevention. La falta de control de la presión arterial incrementa el riesgo de infarto, accidente cerebrovascular y enfermedad renal.
El estudio publicado revisó 31 investigaciones previas y unificó los datos de 1.345 personas con hipertensión. El propósito fue comparar el efecto de distintas formas de ejercicio, entre ellas el entrenamiento aeróbico, los intervalos de alta intensidad (HIIT), el entrenamiento combinado y pilates, sobre los valores de presión arterial.
Los resultados evidenciaron que el ejercicio aeróbico junto con el entrenamiento de resistencia, así como el HIIT, fueron los métodos más efectivos para reducir la presión arterial sistólica y diastólica en un período de 24 horas. Según el doctor Berger, “este estudio simplemente confirmó los beneficios del ejercicio para la hipertensión”.
Además, destacó que “la novedad reside en que el análisis evaluó el efecto durante un día completo, lo que ofrece una perspectiva más realista que la obtenida con una sola medición en el consultorio”.
Por su parte, el médico estadounidense Amar Shere, especialista en cardiología no invasiva en el Hackensack University Medical Center de Nueva Jersey, coincidió en la relevancia de los hallazgos. Subrayó que “la evidencia es ahora más sólida para recomendar rutinas específicas de ejercicio en el tratamiento de la presión arterial alta”.
El doctor Shere explicó que el ejercicio físico favorece la salud vascular por diversos mecanismos. “Mejora la flexibilidad de los vasos sanguíneos, permitiendo que la sangre fluya con mayor facilidad y reduciendo la presión en las arterias”, detalló el especialista en declaraciones citadas por la revista Prevention.
Además, el entrenamiento físico contribuye a regular el sistema nervioso, lo que también favorece el control de la presión arterial. El movimiento intencional, como levantar pesas o caminar a paso rápido, puede producir mejoras en la sensibilidad a la insulina, reducir la inflamación y el daño oxidativo, agregó el doctor Berger.
Para quienes padecen hipertensión, el estudio sugiere que realizar rutinas de entrenamiento aeróbico y de intervalos de alta intensidad durante al menos cuatro semanas puede generar descensos sostenidos tanto en la presión sistólica como en la diastólica.
Aunque los resultados respaldan la eficacia de estas rutinas, los especialistas consultados enfatizaron que toda actividad física aporta beneficios para la salud cardiovascular. “Lo más importante es encontrar un tipo de ejercicio que disfrutes y puedas realizar de manera constante”, recomendó el doctor Shere.
Además de la práctica regular de ejercicio, existen otras intervenciones no farmacológicas que han mostrado utilidad en el control de la hipertensión arterial. Entre ellas, destacan mantener una dieta baja en sodio, moderar el consumo de alcohol, mejorar la calidad del sueño y reducir la exposición a ruidos y contaminación ambiental. El doctor Berger sugirió que cada persona consulte con su médico para definir el conjunto de medidas más apropiado, en función de sus necesidades y condiciones particulares.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Descubren cómo el ultrasonido podría evitar que la artritis arruine las articulaciones
Un método no invasivo desarrollado en Estados Unidos promete transformar el tratamiento de lesiones, impulsando la reparación de tejidos y frenando la inflamación antes de que cause daños permanentes
Por Ismael Yasnikowski
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Un avance experimental sugiere que un tratamiento de ultrasonido continuo de baja intensidad puede reprogramar la respuesta inmunitaria tras lesiones en las articulaciones y reducir el riesgo de desarrollar artritis. Investigadores de la Universidad de Alabama en Huntsville (UAH) demostraron que este procedimiento, simple y no invasivo, promueve la curación al influir en el comportamiento de células inmunitarias clave, abriendo la posibilidad de nuevas terapias para quienes sufren traumatismos articulares.
La investigación, publicada en la revista científica Scientific Reports, expone resultados obtenidos en laboratorio por el equipo liderado por la profesora de Ingeniería Química y de Materiales en la UAH Anuradha Subramanian. Según detalló la propia universidad, la técnica utiliza ondas de ultrasonido para cambiar el perfil de los macrófagos, células inmunitarias responsables tanto de la inflamación como de la reparación de los tejidos dañados.
El tratamiento desarrollado por la Universidad de Alabama en Huntsville se enfoca en unas células del sistema inmunitario llamadas macrófagos. Estas células pueden actuar de dos maneras: como defensoras (M1), generando inflamación para eliminar el tejido dañado, o como reparadoras (M2), ayudando en la recuperación. “Tras una lesión, el organismo recluta macrófagos inflamatorios del tipo M1 para eliminar el tejido dañado y macrófagos reparadores del tipo M2 para favorecer la recuperación”, explicó Subramanian.
Si predominan los macrófagos M1 durante mucho tiempo, se produce un ambiente inflamatorio que facilita el desarrollo de osteoartritis postraumática, una afección común tras lesiones deportivas o accidentes. La investigación demostró que el ultrasonido continuo de baja intensidad logra estimular a los macrófagos para que pasen del estado M1 al M2, lo que impulsa la reparación de tejidos y reduce la inflamación crónica, según comunicó la entidad académica.
El físico Satyaki Roy, profesor de Ciencias Matemáticas e integrante del grupo de trabajo, agregó que la osteoartritis postraumática suele estar vinculada a una inflamación persistente que limita la capacidad de los tejidos para regenerarse. “Nuestro equipo estudia el ultrasonido porque ofrece una alternativa no farmacológica y no invasiva capaz de regular el comportamiento de las células inmunitarias y propiciar un entorno más propicio para la recuperación de las articulaciones”, afirmó, citado por la UAH.
Para analizar el efecto del ultrasonido en condiciones similares a las de una articulación lesionada, los investigadores emplearon fragmentos de fibronectina, moléculas que se generan a partir de la degradación del tejido dañado. Este modelo permitió simular el contexto biológico que enfrentan las células inmunitarias tras una lesión,
El equipo combinó estudios de transcriptómica, que permiten observar el comportamiento global de los genes, con técnicas computacionales avanzadas. “Esta estrategia nos dejó analizar no solo qué genes cambiaban, sino también cómo grupos completos de genes modificaban su actividad coordinada en respuesta al ultrasonido”, explicó Roy.
Los experimentos iniciales demostraron que el tratamiento reduce marcadores biológicos asociados con la inflamación y eleva los relacionados con el estado reparador de los macrófagos, un hallazgo considerado relevante por los autores.
Aunque la investigación se encuentra en fase de laboratorio, los resultados sugieren que el ultrasonido podría ofrecer una alternativa sin fármacos para influir en la respuesta inmunitaria tras lesiones articulares y prevenir la progresión hacia la osteoartritis. El siguiente paso consistirá en validar estos datos en modelos animales de osteoartritis postraumática y evaluar el impacto del ultrasonido sobre la reparación tisular a largo plazo.
La Universidad de Alabama en Huntsville destacó que esta línea de trabajo podría inspirar futuros desarrollos en el tratamiento de lesiones articulares y el manejo preventivo de la artritis, un problema de salud que afecta a millones de personas en todo el mundo.
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No es falta de voluntad: un investigador de Cambridge describió 9 perfiles de procrastinación y cómo revertir cada uno
Itamar Shatz, científico social y profesor asociado en esa universidad, argumenta que la postergación tiene raíces emocionales distintas y que las intervenciones genéricas fallan por ignorar esa diferencia. Cómo reconocerlas
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En las últimas décadas, el desafío de la procrastinación atravesó fronteras, edades y ocupaciones. Se trata de uno de los hábitos más extendidos y, al mismo tiempo, menos comprendidos de la vida cotidiana. Ante esta realidad, surge un nuevo análisis divulgado por la Universidad de Cambridge que identifica nueve formas principales de procrastinar e, incluso, advierte estrategias concretas para abordar cada una, a partir de hallazgos interdisciplinarios y del aporte de expertos de distintas universidades.
La propuesta actualiza la mirada clínica y social sobre un problema que afecta desde la salud mental hasta la economía personal, ya que durante mucho tiempo, postergar tareas fue interpretado casi exclusivamente como un síntoma de debilidad de carácter o falta de disciplina. La evidencia reciente muestra que el mecanismo es mucho más complejo: involucra factores emocionales, hábitos inconscientes, contexto tecnológico y rasgos de personalidad diversos.
“La procrastinación no es solo una cuestión de motivación o mala gestión del tiempo. Estas son ideas erróneas muy perjudiciales… gira en torno a la lucha interna entre los elementos útiles de nuestro impulso a actuar y los elementos perjudiciales de nuestro impulso a postergar”, explicó Itamar Shatz, científico social y profesor asociado de la Facultad de Lenguas y Lingüística Modernas y Medievales, en un comunicado institucional de la Universidad de Cambridge sobre un reciente libro.
Según el trabajo, cada tipo responde a distintas causas, y solo el diagnóstico personalizado permite aplicar una estrategia efectiva. “Quienes procrastinan provienen de diversos orígenes y todos podemos encarnar más de un tipo a la vez”, sostiene Shatz. Las consecuencias pueden ir mucho más allá de la frustración cotidiana, y se extienden al aislamiento social, el deterioro de la autoestima y el aumento de estrés y síntomas depresivos.
En ese sentido, el investigador argumenta que la procrastinación también puede interferir en nuestras relaciones: “Puede generar resentimiento en nuestros compañeros si tienen que compensar nuestra falta de trabajo. En casa, puede provocar discusiones familiares si no cumplimos con las tareas prometidas. Puede dificultar la creación de amistades y el encuentro romántico. Todo esto convierte la procrastinación en un problema muy aislante, que nos perjudica cuando más necesitamos a los demás”.
El comunicado de la Universidad de Cambridge resume los nueve perfiles de procrastinación, cada uno con mecanismos y emociones predominantes. El investigador señala que no se trata de etiquetas rígidas, sino de descripciones que ayudan a entender por qué se posterga y qué tipo de intervención resulta más prometedora.
1. Evasiva: Quien procrastina de este modo evita tareas que percibe como amenazantes para su autoestima o generadoras de emociones desagradables, como miedo al fracaso o a la crítica. El malestar anticipado conduce a la evitación, y esta, a su vez, incrementa la ansiedad.
Estrategia sugerida: trabajar la autocompasión y la exposición gradual a la tarea; reemplazar el autoataque por un diálogo interno más realista y menos punitivo.
2. Perfeccionista: En este caso, la exigencia extrema y el temor a un desempeño “insuficiente” bloquean el inicio. La persona condiciona la acción a la posibilidad de alcanzar un estándar muy elevado.
Estrategia sugerida: redefinir metas como “suficientemente buenas”, aceptar el error como parte del proceso y centrarse en el progreso, no en la impecabilidad.
3. Abrumada: La magnitud o complejidad de la tarea produce una sensación de saturación, que se traduce en inmovilidad.
Estrategia sugerida: descomponer el trabajo en pasos muy pequeños y realizables, con plazos breves y objetivos claros, para reducir la carga percibida y generar sensación de avance.
4. Indecisa: El miedo a elegir mal, la sobreabundancia de opciones o la necesidad de información perfecta llevan a demorar decisiones clave.
Estrategia sugerida: fijar límites de tiempo para decidir, acotar el número de alternativas y entender los errores como insumos futuros, no como fracasos definitivos.
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