Por qué es tan fácil confundirse con el día y cuándo es una señal de alarma
La ciencia de los ritmos circadianos explica cómo el reloj interno y el sueño influyen en la orientación temporal y distingue entre fallas atencionales esperables y signos que requieren evaluación profesional
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La desorientación con los días de la semana aparece con frecuencia en épocas de mucho trabajo, durante cambios de rutina o después de noches de mal descanso. Esa sensación de no recordar qué día es suele corregirse en segundos al mirar el calendario o el celular y, en la mayoría de los casos, responde a un desajuste transitorio de la atención y del ritmo de vida más que a una enfermedad neurológica. Aun así, cuando la confusión se vuelve reiterada o se combina con otros signos, puede encender una alerta sobre el estado del cerebro y del sueño.
El punto de partida para entender este fenómeno es el papel de los ritmos circadianos, el sistema interno de “relojes” que organiza sueño, vigilia, memoria y estado de ánimo en ciclos de alrededor de 24 horas.
Una revisión sobre regulación circadiana de la cognición publicada en Neuroscience & Biobehavioral Reviews describe cómo estos ritmos modulan la capacidad de aprender y recordar información a lo largo del día y cómo la desalineación por cambios horarios, trabajo nocturno o jet lag afecta de forma directa el rendimiento cognitivo.
La investigación reciente se concentra en un aspecto clave para el bienestar: hasta qué punto esa confusión ocasional forma parte de lo esperable y en qué momento la desorientación temporal pasa a señalar un trastorno del sueño, un desajuste de los ritmos circadianos, un problema de salud mental o un deterioro cognitivo inicial.
Los estudios apuntan a que la calidad y la estabilidad de los ritmos de actividad y descanso, más que solo la cantidad de horas dormidas, se vinculan con la preservación del volumen cerebral y con un menor riesgo de cambios estructurales asociados con enfermedades neurodegenerativas.
Los ritmos circadianos son ciclos internos que regulan sueño, vigilia, temperatura corporal, liberación hormonal y rendimiento cognitivo. Según la revisión de Neuroscience & Biobehavioral Reviews, la memoria y la atención varían con la hora del día en función de la fase del reloj interno.
Cuando ese reloj se desajusta por cambios bruscos de horario, trabajo nocturno, jet lag o exposición intensa a luz artificial en horarios biológicamente inusuales, aumentan los errores cotidianos, entre ellos la dificultad para ubicar el día o el momento de la semana.
Una revisión sobre ritmos circadianos y salud mental, publicada en Sleep Medicine Reviews, detalla que la desincronización generada por el trabajo por turnos, el jet lag o la luz artificial nocturna se asocia con más síntomas afectivos, alteraciones del sueño y quejas cognitivas.
En ese trabajo se destaca que los cambios en la fase, la amplitud y la estabilidad de los ritmos internos se vinculan con un mayor riesgo de trastornos del ánimo y con problemas como la sensación de “perder la cuenta de los días”.
La revisión de Sleep Medicine Reviews subraya que esos cuadros expresan una discordancia sostenida entre el reloj interno y las demandas sociales, algo que repercute en la organización temporal de la experiencia, incluso en tareas sencillas como ubicar una jornada en el calendario.
La relación entre cómo se distribuye la actividad a lo largo del día y la salud cerebral empezó a medirse de forma más precisa. Un estudio en personas mayores sin deterioro cognitivo combinó acelerómetros de muñeca, para registrar sus patrones de movimiento y reposo, con resonancias magnéticas, con el objetivo de analizar áreas claves como el hipocampo, el parahipocampo y la amígdala.
Los resultados, divulgados por el sitio de noticias científicas Medical News Today, mostraron que los participantes con ritmos diarios menos fragmentados, con períodos de actividad y descanso más sostenidos, presentaron volúmenes mayores en esas regiones vinculadas con la memoria y la emoción.
Según explicaron los autores, el indicador central fue la fragmentación del ritmo de actividad-descanso, es decir, la frecuencia con la que una persona alterna entre estar activa e inactiva. Asimismo, la importancia de los ritmos circadianos también se refleja en una propuesta de definición de “salud circadiana” publicada en Sleep Medicine Reviews.
El artículo plantea que, además de la fase y la amplitud de los ritmos biológicos, deben evaluarse la estabilidad de las conductas diarias, la regularidad de los horarios y las quejas de sueño relacionadas con la desalineación entre el reloj interno y la vida cotidiana.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Por qué el colesterol puede subir en invierno y cómo reducir el riesgo de infarto en los meses más fríos
Un análisis con 30.000 pacientes confirmó que quienes padecen diabetes, hipertensión u obesidad pueden registrar aumentos de LDL de hasta 15 mg/dL en invierno, lo que eleva de forma considerable su probabilidad de sufrir un evento cardíaco
Por Ismael Yasnikowski
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Durante el invierno, los valores de colesterol tienden a incrementarse en la mayoría de las personas, incluso en quienes mantienen su dieta y rutina habitual. La revista especializada en salud NexIn Health informó que los ataques cardíacos pueden incrementarse hasta un 30% durante los días fríos, un patrón que los científicos asocian a cambios fisiológicos y de comportamiento propios de la temporada. Esta situación resulta especialmente preocupante para quienes ya padecen enfermedades cardiovasculares, más vulnerables frente a estas variaciones.
Según el informe, el clima frío provoca que la sangre se vuelva más espesa y contribuye a elevar los lípidos en sangre, lo que incrementa el riesgo de formación de placas y obstrucciones arteriales. Los especialistas también advierten que la disminución de vitamina D, fundamental para el metabolismo lipídico, puede alcanzar hasta un 50% en los meses invernales, intensificando los riesgos para quienes presentan antecedentes cardíacos.
Un estudio internacional reciente refuerza este fenómeno. Analizando datos de 2,8 millones de adultos en Estados Unidos, el Centro Ciccarone de Johns Hopkins detectó que el colesterol LDL (“malo”) es en promedio un 3,5% más alto en hombres y un 1,7% más alto en mujeres durante el invierno respecto del verano.
La llegada del invierno desencadena una serie de respuestas adaptativas en el organismo. Para conservar el calor, el cuerpo modifica la circulación sanguínea y la composición de la sangre. Según datos citados por NexIn Health, los niveles de LDL pueden aumentar entre un 3% y un 4% durante la temporada invernal, mientras que el HDL (colesterol “bueno”) tiende a disminuir. Este fenómeno se observa incluso en personas que mantienen una alimentación saludable durante todo el año.
Investigaciones recientes revelan que la menor exposición a la luz solar reduce la síntesis de vitamina D, lo que afecta la capacidad del organismo para procesar y eliminar los lípidos de las arterias. Además, el frío desencadena vasoconstricción, espesa la sangre y favorece la formación de coágulos, factores que explican el incremento de episodios cardíacos en personas con enfermedades previas.
Entre los datos más llamativos, los especialistas consultados advierten que los valores totales pueden aumentar entre 8 y 10 mg/dL en invierno, y la incidencia de infartos sube hasta un 35% en los meses más fríos, especialmente entre diciembre y febrero.
Durante el invierno, las preferencias alimenticias suelen cambiar. El consumo de platos ricos, calóricos y reconfortantes, como sopas cremosas, carnes procesadas y postres a base de lácteos, favorece el aumento de lípidos en sangre. Según la información difundida, en esta época se consumen entre 200 y 300 calorías adicionales por día, principalmente en forma de grasas saturadas y azúcares refinados.
La actividad física también desciende de manera significativa durante los meses fríos. Los especialistas calculan que baja un 40% en invierno, lo que favorece el aumento de peso y reduce la producción de HDL, debilitando la protección natural del corazón frente al exceso de colesterol dañino. El sedentarismo y los cambios de dieta se agravan por las celebraciones y reuniones sociales frecuentes en esta época, donde los alimentos ricos en manteca y harinas refinadas predominan en la mesa.
Un estudio europeo con 30.000 pacientes, citado por el portal de salud, mostró que las personas con diabetes experimentan picos aún mayores de LDL en la temporada invernal, con aumentos de hasta 15 mg/dL. Este patrón estacional afecta no solo a individuos con antecedentes cardíacos, sino también a quienes presentan factores de riesgo como hipertensión, obesidad o diabetes.
Ante el aumento comprobado de lípidos y eventos cardíacos en invierno, las sociedades médicas internacionales recomiendan intensificar los controles y adaptar hábitos cotidianos. El seguimiento médico resulta fundamental: los cardiólogos suelen ajustar la medicación durante el invierno, especialmente en personas con antecedentes de infarto o desbalances persistentes. Medicamentos como estatinas, ezetimiba y fibratos forman parte del arsenal terapéutico habitual.
En cuanto a la alimentación, se aconseja priorizar productos que ayudan a reducir el colesterol, como avena, cebada, frutos secos, semillas y vegetales de hoja verde. Las recetas invernales pueden incluir sopas de verduras y cereales integrales, pescado a la plancha y legumbres cocidas con poco aceite. La hidratación adecuada y el consumo regular de infusiones calientes también colaboran en el control metabólico.
El ejercicio físico, adaptado a espacios interiores en caso de temperaturas extremas, mantiene el metabolismo activo y favorece la salud cardiovascular. Levantarse y moverse cada hora, utilizar escaleras en vez de ascensores y practicar ejercicios de respiración profunda son hábitos recomendados por especialistas.
Algunos métodos naturales, empleados como complemento y siempre bajo supervisión médica, incluyen extractos de plantas como la corteza de Arjuna, guggul y triphala, así como opciones homeopáticas como Crataegus. Ningún tratamiento alternativo debe reemplazar la medicación convencional sin la aprobación del profesional de la salud.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Cómo era la alimentación de los Homo sapiens y por qué la dieta paleo moderna genera debate
En una entrevista para el ZOE podcast, un arqueólogo y una nutricionista analizaron las evidencias científicas sobre los hábitos de los primeros seres humanos y explicaron los aspectos que suelen malinterpretarse cuando se intenta trasladarlos a la actualidad
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Durante años, la creencia de que los humanos del Paleolítico consumían sobre todo carne dominó la conversación sobre los orígenes de la alimentación humana.
Sin embargo, nuevos hallazgos científicos y el análisis de restos arqueológicos revelaron una historia mucho más compleja. Los expertos coincidieron en que los primeros Homo sapiens y otras especies humanas mantenían una dieta diversa, donde los vegetales y productos locales desempeñaban un papel tan relevante como la carne.
Sobre esta evidencia profundizaron el arqueólogo británico James Cole, decano de la School of Applied Sciences de la Universidad de Brighton, y la nutricionista italiana Federica Amati, investigadora del Imperial College London, durante un episodio del podcast de la organización de ciencia nutricional ZOE.
The Guardian y otros medios internacionales reunieron el interés global por las dietas ancestrales y su impacto en las tendencias alimentarias actuales. El análisis de Cole y Amati evidencia que muchas de las ideas populares sobre la “dieta paleo” carecen de base científica y pueden inducir a errores nutricionales.
Según expuso Cole en ZOE podcast, la dieta de los humanos del Paleolítico era “adaptativa y variada”, con un menú que dependía estrictamente de la disponibilidad local y las estaciones del año: “No era solo carne, también había alimentos vegetales, plantas silvestres, tubérculos, frutos y semillas”.
Los estudios isotópicos en huesos y dientes demostraron que, mientras algunos neandertales consumían más proteínas que los carnívoros salvajes, grupos en la actual España casi no incluían carne y preferían hongos, musgos y plantas locales.
Las diferencias regionales y la movilidad de los grupos humanos generaban patrones alimenticios muy diversos. “El consumo de recursos marinos, como mariscos y peces de aguas poco profundas, también está documentado en varios yacimientos”, explicó Cole.
La evidencia arqueológica muestra que la dieta humana siempre se ajustó a los recursos disponibles y a los ciclos estacionales, lo que desmiente la idea de un menú único o rígido.
La aparición del fuego marcó un punto de inflexión clave. El arqueólogo explicó que “el uso del fuego permitió cocinar alimentos, facilitando la digestión y liberando más energía para el desarrollo cerebral”.
Este cambio se asocia con una reducción del tamaño del aparato digestivo y un aumento del tamaño cerebral, un proceso conocido como “hipótesis del tejido caro”. La cocción no solo afectó carnes, sino también vegetales como tubérculos y granos silvestres, lo que amplió la variedad de alimentos accesibles.
El registro fósil reveló que la reducción de la longitud intestinal y el aumento de la capacidad cerebral ocurrieron en paralelo con la diversificación de la dieta. “Nuestros ancestros evolucionaron para aprovechar una gran variedad de alimentos, a diferencia de otros primates”, afirmó Cole.
La popularidad de la denominada “dieta paleolítica” moderna surgió a partir de libros como “The Paleo Diet”, publicados desde la década de 2000s.
Según explicó Amati en el podcast, esta corriente promueve una alimentación centrada en carne, pescado, frutas y semillas, excluyendo lácteos, granos enteros y legumbres. “Elimina grupos alimenticios esenciales que sí formaban parte de la dieta ancestral, pero la base científica de esa exclusión es débil o directamente incorrecta”, señaló Amati.
La justificación de la dieta paleo moderna se basa en la idea de que la alimentación industrial actual perjudica la salud. Si bien los expertos reconocieron los riesgos del exceso de ultraprocesados y azúcares añadidos, advirtieron que excluir por completo alimentos como granos y legumbres puede afectar la salud intestinal y cardiovascular.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Miden por primera vez el comportamiento del hierro en condiciones similares al núcleo de la Tierra
13 de julio de 2026
Miden por primera vez el comportamiento del hierro en condiciones similares al núcleo de la Tierra
Se trata de un estudio internacional del que participaron investigadores del CONICET.
CIENCIAS EXACTAS Y NATURALES
El estudio internacional, del que participaron investigadores del CONICET, aporta nueva información para comprender el origen del campo magnético terrestre, la velocidad de las ondas sísmicas y la evolución de otros planetas rocosos.
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Un equipo internacional de investigación, del que participaron científicos del CONICET, logró medir por primera vez la resistencia dinámica del hierro (Fe) bajo condiciones de presión y temperatura comparables a las del núcleo interno de la Tierra. El estudio, publicado recientemente en la revista Nature Communications, aporta nueva información para comprender la velocidad con la que se transmiten las ondas sísmicas, explicar el origen del campo magnético terrestre y entender cómo evolucionan otros planetas rocosos o asteroides con núcleos similares.
“La resistencia dinámica podría describirse, de manera simplificada, como la “dureza” de un material. La resistencia depende de la velocidad con la que un material se deforma. En la mayoría de los estudios, la deformación se evalúa a velocidades muy bajas, por eso se habla de “dureza” estática o cuasiestática. En cambio, en este estudio, para medir la resistencia del hierro se aplicó una velocidad de deformación muy alta; por eso se habla de resistencia dinámica”, explica Eduardo Bringa, investigador del CONICET en el Grupo de Simulaciones en Materiales, Astrofísica y Física (SIMAF) de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Mendoza (UM), quien formó parte del equipo que llevó adelante el estudio.
Según el científico, las condiciones extremas del centro de la Tierra incluyen presiones de entre tres y cuatro millones de atmósferas y temperaturas de entre 4000 y 7000 grados centígrados. Hasta el momento, no existían experimentos con hierro bajo estas condiciones. Para reproducirlas, el equipo científico combinó experimentos realizados en el National Ignition Facility (NIF), del Lawrence Livermore National Laboratory, de Estados Unidos, con simulaciones computacionales avanzadas.
Los experimentos realizados en el NIF permitieron efectuar diagnósticos ultrarrápidos de rayos X y técnicas ópticas para seguir la evolución del material mientras se deformaba. Posteriormente, los datos experimentales fueron interpretados con ayuda de simulaciones hidrodinámicas (a escala microscópica) y de Dinámica Molecular (escala atómica), lo que permitió obtener una imagen más completa de la respuesta del hierro bajo estas condiciones.
Las simulaciones computacionales fueron llevadas a cabo y analizadas, además de Bringa, por Orlando Deluigi, becario posdoctoral del CONICET en el SIMAF, y Carlos Ruestes, investigador de la Universidad Politécnica de Madrid (España) y miembro del SIMAF hasta 2019. “Los experimentos permiten alcanzar condiciones extraordinarias, pero para entender qué ocurre dentro del material es necesario observar la respuesta a escala atómica. Las simulaciones utilizando la técnica de Dinámica Molecular ayudan a conectar las medidas experimentales con los mecanismos microscópicos de deformación del hierro”, señala el científico.
Cabe destacar que las simulaciones realizadas en la Universidad de Mendoza anticiparon los resultados del experimento, lo que pone de manifiesto el potencial de laboratorios virtuales para complementar resultados experimentales complejos.
El estudio revela que el hierro sometido a altas presiones sufre una reorganización de sus átomos que modifica su microestructura y afecta su comportamiento mecánico final. Esta información permite comprender mejor la dinámica del núcleo interno terrestre, compuesto aproximadamente en un ochenta y cinco por ciento por este material. Los resultados son relevantes ya que aportan nuevos datos para comprender la dinámica interna de la Tierra y de otros planetas similares.
“La “dureza” del centro de la Tierra determina la velocidad de transmisión de las ondas sísmicas a través del planeta, un parámetro necesario para mejorar las estimaciones de localización y magnitud de sismos. Esta dureza también influye en los mecanismos que generan el campo magnético terrestre, ya que modifica el acoplamiento mecánico y químico entre el centro sólido y el líquido que lo rodea. Además, resulta clave para comprender colisiones de asteroides y contribuye al estudio de otros planetas que también pueden tener núcleos de hierro, uno de los materiales más comunes en el universo”, concluye el científico.
El trabajo multidisciplinario reunió a investigadores de Lawrence Livermore National Laboratory, University of California, San Diego; Universidad Politécnica de Madrid, SLAC National Accelerator Laboratory, Stanford University y otras instituciones colaboradoras. La participación del CONICET, la Universidad de Mendoza y la Universidad Politécnica de Madrid refuerza la contribución de la investigación iberoamericana a estudios internacionales sobre materiales sometidos a condiciones extremas.
Referencia bibliográfica:
KIM, YJ., et al. Dynamic strength of iron under pressure-temperature conditions of Earth’s inner core. Nature Communications, 2026, vol. 17. DOI: 10.1038/s41467-026-72210-4
Por Leonardo Fernández – Área de Comunicación CONICET Mendoza
Fuente: https://www.conicet.gov.ar/noticias-conicet/
Dónde se desplazó la superficie terrestre por los terremotos de Venezuela
Fuente: https://ciencia.nasa.gov/
Un estudio advierte que uno de cada tres adultos duerme menos de lo recomendado: el impacto sobre el control del peso
Un reciente análisis científico vincula el descanso insuficiente con aumentos en el peso corporal y la cintura, mientras los expertos insisten en priorizar el sueño dentro de los hábitos para adelgazar. Además advierten que el descanso impacta en la salud cardiovascular
Por Ismael Yasnikowski
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Dormir menos de lo habitual suele traducirse en un aumento de peso y en una mayor circunferencia de la cintura. Una investigación publicada en la revista científica Annals of Internal Medicine y citada por el medio estadounidenses Prevention, señala que el descanso nocturno resulta tan relevante como la alimentación y la actividad física para quienes buscan controlar su peso.
En un experimento con adultos que redujeron sus horas de sueño durante seis semanas, se registraron incrementos en el peso corporal y en el perímetro abdominal. Los especialistas sostienen que la falta de sueño afecta el metabolismo, estimula el apetito y reduce la actividad física, lo que dificulta el objetivo de adelgazar.
El estudio incluyó a 95 adultos que habitualmente dormían al menos siete horas por noche. Durante seis semanas, los participantes redujeron una hora y media sus horas de descanso. El análisis mostró que el peso corporal promedio aumentó medio kilo y la circunferencia de la cintura se incrementó en 0,52 centímetros. Además, el tiempo diario en estado sedentario subió en 17,2 minutos entre quienes durmieron menos.
Según la profesora Dra. Marie-Pierre St-Onge, directora del Centro de Excelencia para la Investigación del Sueño y los Ritmos Circadianos en el Centro Médico Irving de la Universidad de Columbia, “reducir las horas de sueño lleva a comer en exceso en comparación con las noches de descanso reparador”. Los médicos destacan que uno de cada tres adultos en Estados Unidos no llega a dormir las siete horas recomendadas, lo que convierte al descanso insuficiente en un problema de salud pública.
La neuróloga Dra. Beth Malow, jefa de la División de Trastornos del Sueño en Vanderbilt Health, explica que la fatiga por falta de sueño disminuye la probabilidad de realizar actividad física. “Las personas que no duermen lo suficiente también pueden comer durante la noche cuando deberían estar descansando”, afirma la especialista.
En tanto, el director médico del Centro de Cirugía Bariátrica MemorialCare, Dr. Mir Ali, añade que el sueño insuficiente reduce la sensibilidad a la insulina, lo que dificulta la metabolización de los azúcares y favorece la acumulación de grasa. “Como resultado, es posible que no metabolices los azúcares tan bien y que acumules más grasa”, subraya el especialista.
Los expertos consultados por la revista científica coinciden en que la privación de sueño modifica las hormonas que regulan el apetito, lo que puede llevar a comer más de lo necesario. Además, señalan que todos estos factores aumentan el riesgo de enfermedades cardiometabólicas si el déficit de descanso se prolonga.
Las declaraciones de los médicos resaltan que dormir bien no solo ayuda a controlar el peso, sino que también favorece el funcionamiento cognitivo y la toma de decisiones. La científica pionera en el campo de la salud del sueño, Marie-Pierre St-Onge sostiene que los centros cerebrales implicados en el control cognitivo muestran mayor actividad cuando las personas descansan adecuadamente. Este efecto se extiende a la alimentación y la actividad física.
Dormir más también se asocia con una presión arterial más baja, mejor sensibilidad a la insulina y niveles inferiores de estrés oxidativo, factor vinculado a enfermedades graves como el cáncer y los problemas cardiovasculares.
Los especialistas insisten en que quienes desean perder peso deben prestar atención a sus hábitos de sueño, además de cuidar la dieta y el nivel de actividad física. La doctora Beth Malow aconseja piorizar el sueño. “Es tan importante como la alimentación”, sostiene.
En paralelo el médico, Mir Ali sugiere dormir entre siete y nueve horas por noche, aunque en personas mayores de 65 años el rango puede acercarse a siete horas. El especialista recomienda escuchar al propio cuerpo y ajustar el horario de descanso de acuerdo con las necesidades personales.
El consenso entre los expertos citados por el artículo científico apunta a que el sueño adecuado debe sumarse como un pilar fundamental en cualquier plan para perder peso y mejorar la salud metabólica, junto con la alimentación y la actividad física.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/