El ejercicio remodela los nervios del corazón y abre la puerta a terapias cardíacas personalizadas

El ejercicio remodela los nervios del corazón y abre la puerta a terapias cardíacas personalizadas

El ejercicio remodela los nervios del corazón y abre la puerta a terapias cardíacas personalizadas

Un estudio de la Universidad de Bristol revela que la actividad física regular no solo fortalece el corazón, también modifica su red nerviosa, lo que podría revolucionar los tratamientos para arritmias y angina

Por Ismael Yasnikowski

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La actividad física es reconocida tradicionalmente por su capacidad para mejorar la salud del corazón. Sin embargo, un reciente estudio de la Universidad de Bristol demuestra que el ejercicio no solo optimiza el funcionamiento cardíaco, sino que además reconfigura la red nerviosa que regula este órgano. La investigación, publicada en la revista Autonomic Neuroscience, señala que estos cambios podrían permitir el desarrollo de tratamientos más adaptados para afecciones como arritmias y angina de pecho.

Según informó la entidad académica británica, los resultados muestran que el ejercicio aeróbico moderado no solo favorece la salud cardiovascular general, sino que produce una reorganización distinta en el sistema nervioso que controla el corazón, dependiendo del hemisferio corporal. Esta diferencia podría explicar por qué ciertas terapias resultan más eficaces en un lado que en el otro, lo que facilitaría a los médicos ajustar mejor sus intervenciones en el futuro.

El equipo de la Universidad de Bristol, en colaboración con el University College London (UCL) y dos universidades brasileñas, empleó tecnologías de imagen tridimensional para analizar la estructura nerviosa cardíaca. El estudio se realizó en ratones sometidos a diez semanas de entrenamiento aeróbico.

Los animales que realizaron ejercicio presentaron cerca de cuatro veces más neuronas en el grupo nervioso cardiovascular del lado derecho que en el izquierdo, en comparación con aquellos que permanecieron inactivos. A su vez, las neuronas del hemisferio izquierdo casi duplicaron su tamaño, mientras que las del derecho mostraron una ligera reducción de volumen.

Para el Dr. Augusto Coppi, autor principal y profesor de Anatomía Veterinaria en la Universidad de Bristol, este hallazgo revela un patrón izquierda-derecha previamente desconocido en el sistema nervioso cardíaco. El especialista explicó que estos grupos nerviosos actúan como reguladores que ajustan la actividad del órgano ante distintas demandas físicas.

La investigación sugiere que el ejercicio regular modifica este regulador de forma asimétrica, lo que podría permitir el diseño de intervenciones terapéuticas más precisas para cada tipo de trastorno cardíaco.

Según el reporte, las arritmias, el síndrome del corazón roto causado por el estrés y algunos tipos de angina suelen tratarse mediante la reducción de la actividad de los ganglios estrellados. Estos centros nerviosos, ubicados cerca del cuello y el pecho, envían señales que aceleran el ritmo cardíaco.

“Hemos demostrado que el ejercicio moderado y regular remodela ese regulador de forma específica para cada lado. Esto podría ayudar a explicar por qué algunos tratamientos funcionan mejor en un lado que en el otro y, en el futuro, ayudar a los médicos a dirigir las terapias con mayor precisión y eficacia”, afirmó el profesional.

Este descubrimiento sugiere que procedimientos médicos como los bloqueos nerviosos o la denervación podrían adaptarse para aplicarse en el lado más afectado, mejorando la eficacia y reduciendo riesgos. Aunque la investigación se llevó a cabo en ratones, los autores consideran que el principio podría extrapolarse a humanos, aunque serán necesarios nuevos estudios clínicos para confirmarlo.

El equipo multidisciplinar anunció que los próximos trabajos buscarán determinar cómo estos cambios estructurales repercuten en la función cardíaca, tanto en reposo como durante la actividad física. También pretenden examinar si el patrón de reorganización izquierda-derecha hallado en ratones se presenta en otras especies y en humanos, empleando métodos de análisis no invasivos.

El especialista señaló que entender estas diferencias podría ser clave para personalizar los tratamientos de los trastornos del ritmo cardíaco y la angina. “Nuestro siguiente paso es comprobar cómo se relacionan estos cambios estructurales con la función y si aparecen patrones similares en animales más grandes y en humanos”, concluyó el investigador.

Este avance representa un paso importante en la comprensión de cómo el ejercicio transforma el organismo a nivel profundo y podría abrir la puerta a una medicina cardiovascular más personalizada, donde las terapias se adapten a las características nerviosas de cada paciente.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

Qué diferencias existen entre los aceites vegetales más usados y cómo influyen en el organismo

Qué diferencias existen entre los aceites vegetales más usados y cómo influyen en el organismo

Qué diferencias existen entre los aceites vegetales más usados y cómo influyen en el organismo

Investigaciones recientes comparan el efecto de variedades como oliva, maíz, girasol y mezclas sobre diferentes parámetros vinculados a la salud del corazón y el metabolismo

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En la mesa cotidiana, la elección del aceite para cocinar representa mucho más que una preferencia de sabor o aroma. El tipo de aceite vegetal utilizado puede marcar diferencias significativas en niveles de colesterol, riesgo cardiovascular y presión arterial, según destacan recientes trabajos internacionales. Aunque durante décadas el aceite de girasol y el de maíz predominaron en muchas cocinas, los avances científicos impulsan nuevas comparaciones y preguntas acerca de cuáles promueven una mejor salud.

Frente a un escenario donde las enfermedades cardíacas continúan encabezando las causas de muerte en el mundo, la discusión sobre qué grasas priorizar adquirió un lugar central en la investigación médica y en las recomendaciones institucionales. Hasta hace poco, la incógnita principal residía en determinar si las opciones más económicas y populares, como el aceite de mezcla o de maíz, resultan tan beneficiosas para factores como el colesterol y el riesgo cardiovascular como el aceite de oliva, tradicional estandarte de la dieta mediterránea.

La respuesta comienza a esclarecerse con los hallazgos de un metaanálisis global publicado en la revista científica PMC NIH, que sintetizó resultados de ensayos y revisiones sobre aceites vegetales y su impacto metabólico y cardiovascular.

Los aceites vegetales difieren principalmente en su proporción de ácidos grasos monoinsaturados (MUFAs), poliinsaturados (PUFAs) y saturados. Estos perfiles determinan no solo gustos y usos, sino influencia sobre los llamados lípidos sanguíneos. Según puntualizó el comunicado institucional asociado al estudio de NIH, “la evidencia de certeza de moderada a muy baja mostró que los ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados, como el aceite de canola, de oliva virgen y de salvado de arroz, resultan beneficiosos para reducir el colesterol total y el colesterol LDL (lipoproteína de baja densidad)”.

El comunicado remarcó también que “el efecto beneficioso de los aceites vegetales depende mayormente del tipo y la fracción de ácidos grasos presentes”. En ese sentido, productos ricos en oleato, como el aceite de oliva y el aceite de canola, resultaron vinculados a propiedades antiinflamatorias y reducción del colesterol nocivo. Por el contrario, aceites con más grasas saturadas, como coco o palma, se asociaron a aumentos tanto del colesterol total como del LDL.

Comparaciones directas exponen matices entre las opciones populares. El trabajo científico resaltó: “El consumo de aceites vegetales aparece como beneficioso a distintas escalas, especialmente aquellos ricos en mono y poliinsaturados cuando se consumen en cantidades recomendadas”, según se señala textualmente en el comunicado de la revisión.

El aceite de oliva virgen extra mantiene un protagonismo particular: estudios poblacionales indican que un mayor consumo se relaciona con menor mortalidad general, menos eventos cardiovasculares y reducción del riesgo de accidentes cerebrovasculares.

“El beneficio observado sobre la salud cardiovascular se confirma en cohortes y en ensayos aleatorizados como el estudio PREDIMED, donde suplementar la dieta mediterránea con aceite de oliva virgen extra llevó a una caída del 30% en el riesgo de enfermedad cardiovascular”, detalló el comunicado de prensa de la revisión nórdica institucional.

El aceite de maíz —de alto contenido en poliinsaturados— mostró capacidad para bajar el colesterol LDL en intervenciones controladas. “Durante una intervención de dos semanas para cada dieta, el aceite de maíz tuvo mayor influencia en el metabolismo de las lipoproteínas que una mezcla de oliva y girasol, destacándose su efecto hipocolesterolemiante” —afirmó el equipo de investigación en el comunicado institucional del estudio comparativo publicado en PubMed.

En cuanto al aceite de girasol, si bien figura entre los aceites vegetales más consumidos, su contenido en ácidos linoleicos y su baja proporción de fitoesteroles en comparación con el de maíz o canola determinan un potencial reductor del colesterol algo menor. “La sustitución de grasas saturadas por aceites vegetales ricos en monoinsaturados y poliinsaturados, como oliva, canola y maíz, sigue siendo la recomendación nutricional prioritaria para regular el perfil lipídico” —señalaron los autores en el comunicado de NIH.

En mezclas—la configuración industrial más frecuente—los efectos dependen de la proporción relativa de los componentes principales. Un estudio específico comparó una mezcla de oliva/girasol con maíz y detectó que “el aceite de maíz, debido a su mayor contenido de fitoesteroles y poliinsaturados, produjo mayor descenso de colesterol y triglicéridos”, según el comunicado institucional enlazado al artículo en PubMed.

El beneficio cardiovascular de los aceites vegetales no se limita al perfil lipídico. Estudios recientes, citados en el comunicado de la revisión institucional, sostienen que “el consumo de aceites como el de lino, sésamo y oliva generó reducciones medibles en presión arterial y mejoras en glucemia, parámetros relevantes en la prevención de complicaciones cardiovasculares”.

El comunicado institucional enfatizó: “Las guías dietarias recomiendan sustituir las grasas saturadas por insaturadas, priorizando aceites vegetales para mejorar el pronóstico metabólico y cardiovascular”. En esa línea, ingredientes secundarios como los polifenoles (disponibles en mayor cantidad en el aceite de oliva virgen extra) o los fitoesteroles (presentes de forma destacada en maíz y canola, y en menor grado en girasol y oliva) también condicionan los efectos globales sobre la salud.

Finalmente, los autores del estudio de la revista NIH resumieron: “El perfil de ácidos grasos, junto con la presencia de compuestos menores bioactivos, define el impacto funcional de cada aceite comestible”.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

Un implante cerebral ayudó a un hombre con parálisis a mover la mano: cómo funciona el doble bypass neural

Un implante cerebral ayudó a un hombre con parálisis a mover la mano: cómo funciona el doble bypass neural

Un implante cerebral ayudó a un hombre con parálisis a mover la mano: cómo funciona el doble bypass neural

Tras un accidente, Keith Thomas, de 42 años, perdió por completo la capacidad de utilizar sus extremidades superiores, pero una innovadora tecnología le devolvió autonomía y sensibilidad

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Recuperar el control y la sensibilidad de la mano después de una lesión grave en la médula espinal es uno de los desafíos más complejos para la medicina actual. La pérdida de movimiento y de sensación en las extremidades superiores limita la independencia y transforma la vida cotidiana de quienes viven con tetraplejia, ya que hasta ahora existieron muy pocas alternativas para restaurar estas capacidades.

Un estudio publicado en Nature Medicine, liderado por el equipo de los Institutos Feinstein para la Investigación Médica de Nueva York, describe por primera vez un sistema llamado “doble bypass neural” que permitió a una persona con parálisis completa volver a mover la mano y recuperar sensaciones de tacto.

La investigación, liderada por Chad Bouton, profesor del Instituto de Medicina Bioelectrónica de los Institutos Feinstein y autor principal del estudio, mostró que los beneficios no solo aparecieron de inmediato, sino que también persistieron aun cuando el dispositivo dejaba de utilizarse.

Tras un accidente de buceo, Keith Thomas, de 42 años perdió por completo la capacidad de mover y sentir sus brazos y manos debido a una lesión en las cervicales.

El sistema de doble bypass neural conecta directamente el cerebro del paciente con zonas específicas de la médula espinal y del cerebro a través de una interfaz especial.

Esta tecnología traduce las señales del cerebro en movimientos reales de la mano y, al mismo tiempo, utiliza impulsos eléctricos para ayudar a recuperar la capacidad de sentir el tacto. De acuerdo con el estudio, el sistema utiliza inteligencia artificial y algoritmos que “aprenden” con la experiencia, lo que permite controlar la fuerza con la que se agarra un objeto y mejorar la coordinación.

Gracias a esto, el paciente pudo volver a realizar acciones cotidianas como alimentarse solo o manipular objetos frágiles, además de recuperar fuerza en los brazos y sentir nuevamente el contacto en la muñeca y el antebrazo. Varios de estos avances se mantuvieron más de dos meses después de terminar el tratamiento. Los resultados muestran el potencial de combinar una prótesis neurológica con estimulación cerebral y medular para devolver funciones importantes en casos de parálisis severa.

Thomas describió el impacto del tratamiento en su vida diaria: “Pude volver a sentir la mano de mi hermana, acariciar a mi perro y notar el pelo en mi muñeca, experiencias que la lesión me había arrebatado”.

Antes de la intervención, necesitaba ayuda para cualquier tarea cotidiana, pero tras el tratamiento logró acciones tan simples como rascarse la cara o limpiarse los ojos por sí mismo. “La tecnología me devolvió conexión y una parte de mi identidad”, expresó.

El ensayo se realizó bajo un protocolo aprobado por el comité de ética de Northwell Health. El proceso comenzó con la identificación de las zonas del cerebro responsables del movimiento y la sensación de la mano mediante resonancias magnéticas y pruebas de estimulación directa en el quirófano. Los médicos implantaron pequeños electrodos en dos áreas cerebrales clave: la corteza motora primaria (que controla el movimiento) y la corteza somatosensorial (que recibe las sensaciones de la mano).

El estudio se desarrolló en varias etapas. Durante el primer año, el paciente realizó ejercicios físicos junto con estimulación eléctrica de la médula espinal a través de la piel, con el objetivo de medir su fuerza y asegurarse de que cualquier mejora se debía realmente al tratamiento y no a una recuperación natural.

Los resultados iniciales mostraron que este tipo de estimulación, aplicada en puntos específicos de la médula, aumentó notablemente la fuerza en los codos (en algunos momentos hasta un 86% más que antes), lo que le permitió llevar sus manos al rostro. Sin embargo, la técnica por sí sola no consiguió mejorar la fuerza ni la sensibilidad en las manos y los dedos.

La integración completa del sistema permitió interpretar en tiempo real las señales cerebrales asociadas con la intención de abrir o cerrar la mano, gracias a un modelo de inteligencia artificial entrenado con los datos recogidos de los electrodos. Un estimulador especial activó los músculos de la mano, mientras que sensores de presión enviaron señales al cerebro para que el paciente pudiera volver a sentir el tacto.

Así, pudo abrir y cerrar la mano y manejar objetos delicados con ayuda de una ortesis (una especie de férula) hecha a medida. El sistema mantuvo una precisión de interpretación de las señales cerebrales superior al 84%, sin necesidad de ajustes, durante cinco meses seguidos.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

Cuánto se puede demorar el tratamiento del cáncer colorrectal en cada terapia, según una nueva investigación

Cuánto se puede demorar el tratamiento del cáncer colorrectal en cada terapia, según una nueva investigación

Cuánto se puede demorar el tratamiento del cáncer colorrectal en cada terapia, según una nueva investigación

El estudio, publicado en JAMA Network Open, analizó a casi 12 000 pacientes y determinó que el umbral crítico varía según la vía terapéutica, un criterio que podría convertirse en indicador clave ante la patología

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El cáncer colorrectal se ubica entre los tumores más frecuentes y letales a escala mundial. En 2022 se registraron más de 1,9 millones de casos nuevos y más de 900.000 muertes por esta enfermedad, lo que la convierte en la segunda causa de muerte por tumores, según los últimos datos emitidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Cuando el tumor se detecta en etapas iniciales y se trata de manera oportuna, las posibilidades de controlarlo son mayores. En cambio, cuando aparecen metástasis, es decir, cuando el cáncer se extiende a otros órganos, el tratamiento se vuelve más complejo y el pronóstico suele empeorar.

Lo cierto es que desde hace años se repite la recomendación de no retrasar el tratamiento, aunque sin una respuesta precisa sobre cuánto tiempo puede demorarse y si ese margen debe ser igual para todas las personas.

En ese sentido, un estudio reciente publicado en la revista JAMA Network Open ofrece nuevas pistas. El trabajo analizó a casi 12.000 personas con cáncer colorrectal que no presentaban metástasis al momento del diagnóstico y evaluó cómo influía el tiempo entre ese diagnóstico y el inicio del tratamiento en el riesgo de que el cáncer se extendiera durante los tres años siguientes.

Según se detalla en el estudio, los retrasos se asocian con un aumento del riesgo de metástasis, pero el plazo a partir del cual ese riesgo crece depende del tipo de tratamiento que recibe cada paciente, por lo que el trabajo propone umbrales específicos para cada vía terapéutica en lugar de un límite único.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) describe el cáncer colorrectal como un tumor que se origina en el intestino grueso (colon) o en el recto. Puede causar diarrea, estreñimiento, sangre en las heces, dolor abdominal, cansancio o pérdida de peso sin explicación. Según la organización, “el pronóstico depende en gran medida del estadio del cáncer en el momento del diagnóstico” y la supervivencia aumenta de manera considerable cuando la enfermedad se detecta en una fase inicial.

Entre los tratamientos, la OMS explica que se combinan cirugía, quimioterapia y radioterapia, además de otras terapias sistémicas en determinados pacientes. La elección de la estrategia depende del tamaño del tumor, de cuánto se ha extendido localmente y del estado de salud de cada persona.

Todo esto muestra que el tiempo actúa en dos sentidos: por un lado, influye en el momento del diagnóstico; por otro, en la rapidez con que el diagnóstico se traduce en un tratamiento efectivo. Es en este segundo aspecto donde se concentra el estudio publicado en JAMA Network Open.

El trabajo se basó en personas adultas que viven en Estados Unidos, tienen 40 años o más, cuentan con seguro de salud y recibieron un diagnóstico reciente de cáncer colorrectal sin metástasis. Todas se sometieron a cirugía con intención curativa, es decir, una operación destinada a tratar el tumor localizado.

Luego se siguió su evolución durante tres años. Según se detalla en el estudio, alrededor de una de cada ocho personas desarrolló metástasis en ese período. El indicador principal fue el tiempo hasta el inicio del tratamiento, entendido como la cantidad de días que pasan entre el diagnóstico y la primera intervención dirigida de manera específica contra el cáncer, ya sea una operación, una quimioterapia o una sesión de radioterapia.

En términos sencillos, el estudio se preguntó cuántos días se puede esperar sin que aumente demasiado el riesgo de que el tumor se extienda a otros órganos. El análisis distinguió cuatro recorridos de atención que se ven con frecuencia en la práctica.

Un primer grupo estuvo formado por personas tratadas con cirugía como eje principal. Un segundo grupo combinó cirugía seguida de quimioterapia, en ocasiones acompañada de radioterapia, como tratamiento complementario para reducir el riesgo de recaída. Un tercer grupo recibió quimioterapia y/o radioterapia antes de la cirugía, lo que se conoce como tratamiento neoadyuvante. Un cuarto grupo siguió una vía trimodal, con etapas de tratamiento antes y después de la operación, además de la cirugía.

A partir de esos caminos, el estudio examinó en qué momento las demoras empezaban a asociarse con más metástasis. La respuesta mostró perfiles diferentes según la vía. En las personas que se sometieron a cirugía y luego recibieron quimioterapia, el tiempo tuvo un peso particular.

El trabajo observó que, en comparación con quienes iniciaron el tratamiento de manera muy rápida, esperas de alrededor de cuatro a seis semanas ya se relacionaron con un riesgo mayor de que el cáncer desarrollara metástasis, y que “seis a siete semanas de retraso tuvieron consecuencias importantes para los pacientes que requerían cirugía y quimioterapia adyuvante”.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

Científicos elaboran el primer mapa molecular del hígado graso: cómo podría cambiar el diagnóstico

Científicos elaboran el primer mapa molecular del hígado graso: cómo podría cambiar el diagnóstico

Científicos elaboran el primer mapa molecular del hígado graso: cómo podría cambiar el diagnóstico

El trabajo, publicado en Nature Metabolism por equipos de la Universidad de Cambridge y el EMBL-EBI, identificó un panel de 57 genes detectable en sangre que supera en precisión a las pruebas clínicas disponibles hasta ahora

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La enfermedad hepática más prevalente del siglo XXI, conocida en Latinoamérica como hígado graso no alcohólico o esteatosis hepática no alcohólica (denominada internacionalmente como disfunción metabólica asociada a enfermedad hepática esteatósica, MASLD por su sigla en inglés), afecta a un tercio de la población adulta global y suele detectarse en estadios avanzados, cuando ya es tarde para revertir gran parte del daño.

Ahora, científicos de diversos centros europeos, como la Universidad de Cambridge y el Instituto Europeo de Bioinformática EMBL-EBI, lograron elaborar el primer mapa molecular que reconstruye el avance continuo de esta enfermedad y permite determinar con precisión el estadio en el que se encuentra una persona mediante biomarcadores en sangre, lo que podría transformar el diagnóstico y monitoreo de la afección.

Hasta la actualidad, la identificación clínica de la esteatosis no alcohólica dependía de métodos invasivos, como la biopsia, y de herramientas que la clasificaban en categorías estáticas según la apariencia del órgano al microscopio. Estos procedimientos implican riesgos y, además, limitan la comprensión de los verdaderos procesos biológicos que subyacen al daño hepático.

Un estudio publicado en la revista Nature Metabolism describe cómo el nuevo marco integra datos transcriptómicos, de proteínas y de histología que permiten reconstruir “el desarrollo de una trayectoria molecular precisa de la enfermedad; puede transformar la manera en que se diagnostica y monitorea la disfunción metabólica asociada al hígado”.

En términos simples, esto significa que los científicos lograron identificar y seguir las señales biológicas que cambian en el hígado a medida que la enfermedad empeora, permitiendo observar su avance paso a paso, y no solo cuando el daño ya es visible en el órgano.

La esteatosis hepática es un trastorno crónico cuya evolución varía según la persona, afectada por factores como el sexo biológico, la diabetes tipo 2 o enfermedades cardiovasculares asociadas. “Describir el hígado graso como una serie de estadios distintos simplifica en exceso una enfermedad dinámica”, señalaron los investigadores en el comunicado de prensa.

El análisis realizado por equipos de Open Targets, EMBL-EBI y Universidad de Cambridge permitió, por primera vez, anclar cambios genéticos específicos a los patrones de daño en el tejido, superando la fragmentación de los diagnósticos actuales.

“Este mapa molecular facilita visualizar cómo los procesos que determinan la lesión hepática cambian a lo largo del tiempo, lo que ayuda en el diseño de terapias a medida”, explicaron desde Open Targets.

La nueva metodología posibilitó ubicar a los pacientes en la trayectoria patológica de manera más precisa que los métodos convencionales, abriendo la puerta a la medicina personalizada para quienes padecen esta enfermedad.

La mayor parte de los casos de hígado graso no alcohólico se desarrolla en forma asintomática durante largo tiempo. Según el comunicado institucional, “en las fases iniciales, el paciente suele no experimentar molestias”, lo que dificulta la detección precoz por medios clínicos habituales.

Solo cuando la patología progresa y aparece inflamación o daño avanzado, es posible que surjan manifestaciones como fatiga, malestar abdominal o, en etapas severas, signos de insuficiencia hepática. Tal comportamiento silencioso subraya la importancia de nuevas herramientas diagnósticas capaces de identificar el problema antes de que avance.

Hasta ahora, la confirmación del hígado graso no alcohólico dependía sobre todo de la biopsia. El avance del estudio es la identificación de un panel de 57 genes, cuya expresión, detectable en tejido hepático y en plasma sanguíneo, permite anticipar la etapa de avance y supera la precisión de los exámenes no invasivos vigentes.

“Fue sorprendente observar que los biomarcadores identificados a partir únicamente de los datos superan en exactitud a las pruebas de referencia utilizadas en la clínica”, destacó Evangelia Petsalaki, responsable científica del proyecto, según el comunicado.

El estudio señala que este conjunto de marcadores no solo posiciona a los pacientes en el proceso de la enfermedad, sino que también facilita la evaluación del riesgo y podría servir para monitorizar futuras terapias.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

Una innovadora terapia logró eliminar la placas de beta amiloide en un paciente con Alzheimer: cómo funciona

Una innovadora terapia logró eliminar la placas de beta amiloide en un paciente con Alzheimer: cómo funciona

Una innovadora terapia logró eliminar la placas de beta amiloide en un paciente con Alzheimer: cómo funciona

El análisis post mortem de un hombre con deterioro cognitivo leve permitió comparar zonas vecinas del cerebro con respuestas distintas al tratamiento. El caso aportó evidencia humana poco frecuente sobre la relación entre tau, inflamación y daño neuronal

Por Constanza Almirón

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La idea de que una medicina pueda “limpiar” el cerebro suena a ciencia ficción, pero un hallazgo presentado esta semana aportó una imagen muy concreta —y poco habitual— de lo que podría ocurrir cuando ese objetivo se cumple.

En el cerebro de un hombre de unos 50 años con deterioro cognitivo leve debido a alzheimer, tratado con una terapia antiamiloide, los investigadores observaron un contraste nítido: en las zonas donde desaparecieron las placas de beta amiloide casi no se detectaron ovillos de tau; en áreas vecinas donde el amiloide persistió, se concentraron más señales de daño, inflamación y neurodegeneración.

El análisis se basó en el cerebro de un participante fallecido de un ensayo clínico. De acuerdo con la Perelman School of Medicine at the University of Pennsylvania, el caso aportó una de las pruebas humanas más directas hasta ahora de la relación biológica entre la eliminación del amiloide y la acumulación posterior de tau. Los resultados fueron presentados en la Conferencia Internacional de la Asociación de Alzheimer y se publicaron de forma simultánea en JAMA.

Esta enfermedad es la forma más frecuente de demencia y representa uno de los mayores desafíos para los sistemas de salud. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de 57 millones de personas viven con algún tipo de demencia en el mundo, con unos 10 millones de nuevos diagnósticos cada año.

Dentro de ese total, el alzheimer concentra entre el 60% y el 70% de los casos. Las proyecciones indican que, hacia 2050, esta cifra podría triplicarse debido al envejecimiento de la población, lo que plantea un desafío creciente para los sistemas de salud, la economía y las familias. Este contexto refuerza la necesidad de estrategias de prevención que puedan aplicarse antes de que aparezcan los primeros síntomas.

La observación central surgió de una comparación dentro de un mismo cerebro expuesto a desenlaces distintos tras el tratamiento. Donde la limpieza de placas de beta amiloide fue amplia, el equipo halló poca o ninguna señal de ovillos de tau.

En cambio, allí donde el amiloide permaneció, los especialistas encontraron más patología tau, inflamación y signos de neurodegeneración. Esa diferencia, dentro de un mismo caso, permitió contrastar regiones vecinas con “respuestas” biológicas distintas frente a una terapia dirigida a retirar el amiloide.

David Wolk, codirector del Penn Memory Center y director del Penn Alzheimer’s Disease Research Center, afirmó en un comunicado de la universidad que observar ambos patrones de la enfermedad lado a lado en un mismo cerebro les dio una oportunidad poco frecuente para comprender cómo la eliminación del amiloide impacta sobre otras proteínas que también contribuyen al alzheimer.

Wolk añadió que los resultados ofrecen una de las pruebas humanas más claras hasta la fecha de que las terapias antiamiloide pueden limitar la acumulación de tau y frenar los cambios cerebrales que conducen a la pérdida de memoria y al deterioro cognitivo.

Dos proteínas ocupan un lugar central en la enfermedad de Alzheimer. La beta amiloide forma placas que se acumulan fuera de las células cerebrales, mientras la tau forma ovillos dentro de las neuronas.

Ambas se consideran vinculadas al daño de las células nerviosas que acaba causando pérdida de memoria, cambios de personalidad y alteraciones del pensamiento. Durante años, los científicos sospecharon que la acumulación de amiloide favorece la aparición posterior de tau, pero tuvieron pocas oportunidades de comprobar de forma directa qué ocurre cuando el amiloide se retira.

Se puede entender mejor con una simple analogía: si el amiloide fuera barro que se endurece en los desagües de una casa, la tau sería el atasco que aparece después dentro de las cañerías. La pregunta es si remover el barro a tiempo evita que el bloqueo avance por el resto del sistema. En este caso, la comparación regional sugirió que, al menos en algunas zonas, la limpieza del amiloide se asoció con menos tau.

Esa escasez de pruebas directas tiene una explicación práctica. Son pocos los pacientes tratados con terapias antiamiloide que llegan a autopsia, de modo que faltan observaciones humanas que permitan comparar el estado real del tejido cerebral tras el tratamiento.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/