Cómo el Parkinson puede deteriorar la voz antes de que aparezcan otros síntomas
La inteligencia artificial detectó cambios tonales y de volumen antes que las señales motoras clásicas, mientras especialistas advierten que entre el 75 % y el 90 % de los pacientes desarrollan disartria en algún momento de la enfermedad
Por Ismael Yasnikowski
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La enfermedad de Parkinson produce cambios notorios en la voz, lo que dificulta la comunicación y afecta la calidad de vida de quienes la padecen. Un artículo revisado por el Dr. Kiran Chaudhari, científico médico de la University of North Texas Health Science Center y publicado en la plataforma MyParkinsonsTeam, señala que la disartria —un trastorno del habla relacionado con la debilidad o el escaso control de los músculos responsables del habla— suele surgir en las primeras etapas y se intensifica con el avance de la enfermedad. Entre el 75 % y el 90 % de las personas diagnosticadas desarrollan este problema.
Por otra parte, un estudio publicado en la revista científica Frontiers in Digital Health utilizó inteligencia artificial para analizar grabaciones de voz de pacientes con Parkinson y detectó que los cambios en la voz aparecen incluso antes que los síntomas motores tradicionales. Los investigadores identificaron una reducción en la variación tonal, un incremento de la voz ronca y una disminución del volumen como señales tempranas.
Existen diferentes tipos de disartria asociadas al Parkinson, cada una con causas específicas y diversas manifestaciones. La disartria hipocinética resulta de la debilidad muscular y la rigidez producidas por el avance de la enfermedad. Esta rigidez puede afectar la caja torácica y el diafragma, limitando el control sobre la respiración y obligando a las personas a hablar desde el abdomen.
Según el artículo revisado por el especialista, los músculos de la laringe pierden funcionalidad, lo que ocasiona una fonación débil y problemas para modular el tono. El habla adquiere un tono monótono y ronco, con dificultades para articular palabras.
Por otro lado, la disartria hipercinética aparece en menor proporción y suele estar relacionada con el uso prolongado de ciertos medicamentos para la enfermedad. Este tipo se caracteriza por movimientos involuntarios e inestabilidad muscular, lo que genera un habla entrecortada y variable en velocidad y volumen. Algunos pacientes pueden experimentar una combinación de ambos tipos, generando un discurso irregular en ritmo y entonación.
Las dificultades para hablar impactan no solo en la vida diaria, sino también en las relaciones personales y en el bienestar emocional. La enfermedad altera la percepción que las personas tienen de su propia voz. Muchas no advierten que hablan en tono más bajo y creen que su volumen es el habitual, lo que complica aún más la comunicación con el entorno.
Aunque la causa exacta de este fenómeno no se comprende por completo, especialistas sugieren que podría estar relacionada con la dificultad para reconocer emociones en el habla, otro efecto frecuente del Parkinson. Según el medio digital, la disartria suele aparecer antes que la disfagia —el trastorno que afecta la masticación y la deglución—, y puede indicar un avance en la progresión de la enfermedad.
Ante estos desafíos, la terapia del habla se consolida como la principal vía para mejorar la comunicación en personas con Parkinson. Un logopeda puede evaluar la causa precisa de la dificultad y proponer intervenciones adaptadas a cada caso, como ejercicios vocales específicos o rutinas de respiración.
El entrenamiento respiratorio intensivo refuerza los músculos implicados en el habla y contribuye a lograr una comunicación más clara y estable. Prácticas como la respiración diafragmática o la acumulación de aire pueden integrarse fácilmente en las actividades cotidianas.
Además de la terapia tradicional, existen dispositivos de apoyo, como el auricular SpeechVive, que ayuda a aumentar el volumen de la voz, y amplificadores personales que mejoran la audición del interlocutor. Las herramientas tecnológicas, incluyendo aplicaciones móviles y convertidores de texto a voz, también brindan opciones para quienes enfrentan mayores dificultades en el habla.
Profesionales de la salud recomiendan consultar a un médico o neurólogo para acceder a programas de rehabilitación y recibir orientación sobre los recursos disponibles. Iniciar un tratamiento de manera temprana y mantenerlo en el tiempo favorece la conservación de la capacidad de comunicación, el bienestar y los vínculos sociales.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
El envejecimiento cerebral en 34 países reabre el debate sobre prevención y deja un dato que cambia el foco
En el Día Mundial del Cerebro, un estudio internacional reveló que el riesgo de desarrollar enfermedades neurológicas depende de una combinación de factores ambientales, sociales y de estilo de vida. El análisis evaluó miles de casos y decenas de variables del contexto, y concluyó que el efecto conjunto de esos elementos tiene mayor impacto que cada factor considerado por separado
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El envejecimiento cerebral no depende solo de la dieta, el ejercicio o la estimulación mental: un estudio internacional liderado por el Centro de Neurociencias Cognitivas de la Universidad de San Andrés concluyó que la exposición combinada a factores ambientales, sociales y políticos puede acelerar ese deterioro hasta nueve veces, con efectos que en algunos casos igualan o superan a los de enfermedades neurodegenerativas.
La investigación, publicada en Nature Medicine, analizó 18.701 personas de 34 países y evaluó 73 factores agregados del entorno, desde la contaminación del aire y la calidad del agua hasta la desigualdad socioeconómica, el acceso a la atención sanitaria y la estabilidad institucional. Según el trabajo, esa combinación explica hasta 15,5 veces mejor el envejecimiento cerebral que el análisis aislado de cada variable.
Cada 22 de julio se conmemora el Día Mundial del Cerebro, una fecha impulsada por la Federación Mundial de Neurología (WFN) para promover el cuidado de la salud cerebral y concientizar sobre la prevención de las enfermedades neurológicas. La jornada pone el foco en la adopción de hábitos saludables, la detección temprana de factores de riesgo y la reducción del impacto de patologías como el Alzheimer, el Parkinson, los accidentes cerebrovasculares (ACV) y la epilepsia.
El dato desplaza el foco clásico de la prevención. Durante años, las recomendaciones para proteger el cerebro se concentraron en decisiones individuales, pero el nuevo trabajo plantea que el riesgo también se organiza a escala colectiva y que el cerebro responde a la suma de las condiciones en las que vive una persona.
Agustina Legaz, investigadora del Centro de Neurociencias Cognitivas de la Universidad de San Andrés y una de las autoras del estudio, describió ese cambio de enfoque al señalar: “habitualmente, las recomendaciones en la consulta clínica se centran en el estilo de vida individual: hacer más ejercicio, mantener la estimulación cognitiva y cuidar la dieta”. Añadió que, aunque esos lineamientos son importantes, existe “una dimensión más amplia, de carácter social y ambiental, que también influye y debe ser considerada”.
El trabajo no apunta a un único factor de riesgo, sino a la interacción entre múltiples exposiciones físicas y sociales. El estudio sostiene que esos elementos no operan de forma lineal, sino con efectos combinados que potencian el desgaste cerebral.
Esa lectura cambia la escala del problema: respirar aire contaminado, vivir en una sociedad más desigual o atravesar contextos de inestabilidad política deja de ser un telón de fondo y pasa a ser una variable en la salud cerebral. La investigación plantea que las inequidades ambientales pueden moldear el envejecimiento del cerebro.
Legaz vinculó ese hallazgo con políticas públicas. En vísperas del Día Mundial del Cerebro, que se celebra el 22 de julio, afirmó: “es necesario poner mayor foco en políticas públicas orientadas a mejorar la calidad del ambiente y a fortalecer las instituciones democráticas, para promover la salud cerebral de la población más allá de las estrategias de prevención individuales”.
En un segundo trabajo reciente, investigadores del mismo centro plantearon otro corrimiento conceptual: sustituir la metáfora de la mente como una computadora por una comparación con la música. El estudio fue publicado en Neuroscience & Biobehavioral Reviews y sostiene que una composición musical permite entender mejor cómo el cerebro integra información, anticipa, aprende y se adapta al contexto.
Agustín Ibáñez, investigador del CNC, explicó: “las viejas metáforas funcionan bien cuando los dominios son similares, como la memoria de corto y largo plazo en la mente y en una computadora, pero resultan menos eficientes ante aspectos como el cuerpo, la cultura, la intersubjetividad o la dinámica espaciotemporal”.
El planteo apunta a revisar una de las imágenes más extendidas en neurociencia. Para Ibáñez: “tradicionalmente, entendemos la cognición como fotos abstractas, mientras que la música nos permite verla en movimiento, en el espacio-tiempo”.
Según el equipo, ese cambio no quedaría limitado al plano teórico. La propuesta permite investigar el cerebro y diseñar estrategias de diagnóstico, rehabilitación y neurotecnologías.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Cuáles son los alimentos que “disparan” los triglicéridos, según expertos
Estos lípidos circulan en la sangre y su acumulación excesiva antecede a la diabetes y el hígado graso. Un estudio con más de 200.000 adultos coordinado por la Mayo Clinic identificó los factores dietéticos que más los disparan y las estrategias para revertir el daño
Por Fernando Mongelós
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El aumento de los triglicéridos en sangre se asocia de manera creciente al consumo excesivo de azúcares y carbohidratos refinados, desplazando la responsabilidad tradicional que se atribuía a las grasas. Esta tendencia es motivo de preocupación para especialistas en metabolismo, endocrinología y hepatología, quienes advierten que el fenómeno responde a una transformación global en los hábitos alimentarios y la forma de vida.
Distintos equipos de investigación han identificado que la epidemia de triglicéridos altos tiene su raíz en la combinación de productos ultraprocesados, reducción de la actividad física y alteraciones hormonales vinculadas a la vida moderna. Según expertos en enfermedades metabólicas, la prevalencia de la enfermedad hepática esteatótica relacionada con la disfunción metabólica alcanza cerca del 40% de los hombres adultos, reflejando el impacto de la obesidad, la diabetes tipo 2 y la inactividad física.
De acuerdo con análisis internacionales, el hígado transforma el exceso de glucosa, proveniente de bebidas azucaradas, harinas blancas, postres y comidas rápidas, en triglicéridos, lo que incrementa su concentración en sangre. Según Mayo Clinic y Cleveland Clinic, reducir el consumo de azúcares y carbohidratos refinados resulta fundamental para mantener los triglicéridos en valores saludables.
Este mecanismo se intensifica cuando el consumo calórico supera el gasto habitual, favoreciendo la acumulación de grasa en el hígado y el desarrollo de resistencia a la insulina, un fenómeno que antecede a la diabetes y a otros trastornos metabólicos.
Un estudio publicado en la revista científica Hepatology, basado en una muestra de más de 200.000 adultos, verificó que los niveles elevados de triglicéridos no se relacionan principalmente con el consumo de grasas saturadas, sino con la ingesta excesiva de carbohidratos simples y azúcares añadidos. El trabajo, realizado por un consorcio de universidades estadounidenses y coordinado por la Mayo Clinic, concluye que “el patrón moderno de alimentación, centrado en alimentos procesados y bebidas azucaradas, altera la función hepática y dispara la producción de triglicéridos”.
El exceso calórico, especialmente de azúcares y harinas refinadas, lleva al hígado a transformar la glucosa sobrante en triglicéridos, incrementando así su concentración en sangre. Este proceso puede presentarse incluso en personas que no consumen grandes cantidades de grasa, lo que rompe con el mito tradicional. La evidencia científica indica que la acumulación de triglicéridos se agrava en contextos de sedentarismo y que el azúcar es mucho más dañino que el aceite o los embutidos en este aspecto.
Especialistas internacionales han observado que la baja testosterona, combinada con el alto consumo de fructosa, potencia el depósito de grasa hepática y altera la microbiota intestinal. Este mecanismo genera un aumento de triglicéridos y cambios metabólicos que favorecen la acumulación de lípidos en las células hepáticas. Según los autores del estudio multinacional, “la interacción entre hormonas, dieta y bacterias intestinales explica el repunte de esteatosis y triglicéridos elevados en todo el mundo”.
El panorama global refleja que la dieta alta en carbohidratos refinados, el consumo habitual de alcohol y la falta de actividad física son determinantes para el aumento de triglicéridos. Cuando el organismo recibe más calorías de las que gasta, especialmente en forma de azúcares y harinas, el hígado convierte ese exceso en triglicéridos, elevando sus valores en sangre.
El panorama internacional señala que la mayoría de los casos de triglicéridos elevados tienen su origen en los hábitos de vida. La dieta alta en carbohidratos refinados, el consumo habitual de alcohol y la inactividad física son determinantes para su aumento. Cuando el organismo recibe más calorías de las que gasta, especialmente en forma de azúcares y harinas, el hígado convierte ese exceso en triglicéridos, elevando sus valores en sangre.
Este proceso puede afectar incluso a personas con bajo consumo de grasas, ya que el azúcar es el principal detonante metabólico. Además, se identifican elementos genéticos que predisponen al desarrollo de disfunciones metabólicas, aunque solo una minoría de los casos de hipertrigliceridemia responde a causas hereditarias. El grueso de los casos está vinculado a exceso de azúcar, sobrepeso, inactividad física y resistencia a la insulina.
El cáncer de hígado, que antes tenía un origen principalmente infeccioso, hoy se asocia cada vez más a causas metabólicas. Por eso, las nuevas estrategias de prevención se centran en el control de peso, la alimentación y la actividad física.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Identifican un gen que mejora el rendimiento de la planta de tomate en respuesta a la densidad de siembra
21 de julio de 2026
Identifican un gen que mejora el rendimiento de la planta de tomate en respuesta a la densidad de siembra
Este hallazgo, liderado por especialistas del CONICET, sienta bases para el diseño de cultivos más eficientes.
Este hallazgo, liderado por especialistas del CONICET, sienta bases para el diseño de cultivos más eficientes.
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Las plantas de tomate, como cualquier cultivo de alta densidad, se dan sombra entre sí por lo que desarrollan un mecanismo biológico para crecer en altura y alcanzar mejor la luz solar necesaria para la fotosíntesis, vital para su crecimiento. Ahora, especialistas del CONICET descubrieron que las plantas de tomate utilizan una proteína específica como un “interruptor” clave para detectar la sombra de plantas vecinas y crecer en altura. El avance se publicó en la revista científica Plant Physiology and Biochemistry.
“Los resultados de este trabajo demuestran que esta proteína es fundamental para que la planta optimice la cosecha de luz para hacer fotosíntesis y ajuste su rendimiento en respuesta a la sombra”, afirma Javier Botto, líder del estudio e investigador del CONICET en el Instituto de Investigaciones Fisiológicas y Ecológicas Vinculadas a la Agricultura (IFEVA, CONICET-UBA). Y agrega que este hallazgo tiene una aplicación concreta para el mejoramiento genético de los cultivos.
“Este estudio nos permitió identificar un gen que regula el crecimiento afectando sus hormonas y su fotosíntesis, y en consecuencia altera el rendimiento de las plantas de tomate. Estos resultados abren la posibilidad de usar a este gen como un blanco molecular para desarrollar variedades comerciales de tomate (y otros cultivos) más eficientes y de alto rendimiento”, puntualiza Botto quien lidera el laboratorio de Plasticidad del Desarrollo de las Plantas en IFEVA y es doctor en Ciencias Biológicas.
Un gen que cumple varias funciones
El gen SlBBX20 “contiene las instrucciones para fabricar la proteína del mismo nombre. “Nuestro trabajo demostró que aquellas plantas que carecen de esta proteína pierden casi por completo la capacidad de crecer en respuesta a la sombra”, indica Mariano Mejía, primer autor del trabajo, ingeniero agrónomo y becario doctoral del CONICET. Y agrega: “Además, al no poder regular correctamente sus procesos biológicos en respuesta a la luz, las plantas sin esta proteína hacen menos fotosíntesis, porque tienen y abren menos sus poros estomáticos, por donde entra el dióxido de carbono (CO2) a la planta y sale vapor de agua al ambiente y, como consecuencia directa producen menos frutos”.
Por otra parte, la proteína SlBBX20 “mejora la expresión de los genes de biosíntesis de pigmentos conocidos como antocianinas que les dan los tonos violetas/azulados a hojas, tallos y frutos. Estos pigmentos naturales actúan como ‘protector solar’ y antioxidantes para la planta, reduciendo los efectos inhibitorios por alta intensidad de luz sobre la fotosíntesis”, indica Gabriel Gomez Ocampo, también primer autor del estudio, doctor en Ciencias Agropecuarias y becario posdoctoral del CONICET. Y continúa: “Esto es beneficioso porque permite a la planta cosechar más luz y sintetizar más carbohidratos esenciales para su crecimiento que redunda en una mayor producción de tomates en ambientes abiertos y luminosos”.
¿Cómo se hizo el hallazgo?
La estrategia que utilizaron los investigadores para descubrir la función de la proteína SlBBX20 fue comparar la respuesta de crecimiento de plantas de tomate salvaje y mutante sin la proteína SlBBX20 en distintas condiciones de luz.
Ambos grupos de plantas (las que expresan y no expresan el gen SlBBX20) fueron sometidos a tratamientos simulando la luz de sombra con luces y filtros específicos, y sombreado natural aumentando la densidad de plantas en cámaras de crecimiento e invernadero.
“Al estudiar las plantas editadas a las que se les bloqueó la expresión del gen SlBBX20 observamos que perdían por completo la capacidad de crecer en respuesta a la sombra. Estas plantas desarrollaron menos poros estomáticos y sufrieron una caída drástica en sus niveles de auxinas, hormonas clave encargadas del crecimiento, junto con una menor producción de pigmentos fotoprotectores, lo que se tradujo en menos fotosíntesis y finalmente en una pérdida en la cantidad y el peso de los tomates producidos”, explica Botto.
Y concluye: “El hallazgo del rol de este gen permitiría desarrollar cultivos de tomate que maximicen el uso de los carbohidratos fotosintetizados para producir más frutos”.
Del trabajo también participaron otros investigadores de IFEVA, de la Facultad de Agronomía de la UBA, del Instituto de Botánica Experimental de la Universidad Palacký (República Checa), y del Instituto de Biociencias con sede en la Universidad de São Paulo (Brasil).
Referencia bibliográfica: Mejía, M. A., Gómez-Ocampo, G., Barraza, C. E., Medina-Fraga, A. L., Ploschuk, E. L., Reposi, S. D., … & Botto, J. F. (2026). SlBBX20 is a regulator of plant development in response to shade in tomato. Plant Physiology and Biochemistry, 111177. https://doi.org/10.1016/j.plaphy.2026.111177
Fuente: https://www.conicet.gov.ar/noticias-conicet/
Una técnica experimental detecta cambios invisibles en el colágeno de la piel: cómo funciona
Un equipo encabezado por la Universidad de Hiroshima combinó imagen óptica avanzada y espectroscopia para analizar la organización del tejido humano. El enfoque, aún en etapa piloto, busca evaluar su integridad antes de que aparezcan alteraciones evidentes
Por Constanza Almirón
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Aunque frente al espejo la piel parezca igual, por dentro puede estar ocurriendo otra historia. Antes de que aparezcan arrugas, pérdida de firmeza u otras señales evidentes, el tejido empieza a modificarse en un nivel microscópico que las técnicas habituales no siempre registran.
En ese plano, un equipo internacional encabezado por la Universidad de Hiroshima presentó un método para detectar de forma temprana cambios en el colágeno humano al medir no solo las fibras, sino también su organización.
El grupo concluyó que la organización molecular y la quiralidad supramolecular —una forma de describir el orden con el que se acomodan sus componentes en distintas escalas— se deterioran antes de que las fibras visibles se adelgacen o se fragmenten, según el Instituto Internacional para la Sostenibilidad con Materia Metaquiral Anudada (SKCM2) y el artículo publicado en ACS Nano.
El estudio estuvo encabezado por Ali Haider, investigador en formación de la Universidad de Hiroshima, y Katsuya Inoue, profesor de SKCM2.
“El mensaje clave de este artículo es que el colágeno no debe verse solo como una red de fibras visibles, sino como un material jerárquico cuya función depende de la organización en múltiples escalas de longitud”, afirmó Inoue en declaraciones recogidas por SKCM2.
Esa idea ayuda a entender por qué el deterioro inicial puede pasar inadvertido. Según el artículo de ACS Nano, los métodos tradicionales suelen detectar el adelgazamiento de las fibras o la pérdida de conectividad, pero esos signos aparecen en etapas más tardías de la remodelación del tejido.
Haider lo explicó con una comparación: “Una forma de entender nuestros hallazgos es que los métodos de imagen convencionales pueden mostrar los ‘ladrillos’ de una estructura de colágeno, pero pueden pasar por alto cambios sutiles en la forma en que esos ladrillos están organizados”, señalo en el comunicado. En términos simples, el estudio propone mirar no solo “cuánto colágeno hay” o si la red se ve continua, sino también si mantiene su orden interno.
La investigación también indica que factores intrínsecos y externos, como la radiación ultravioleta, la glicación no enzimática (cuando los azúcares se unen al colágeno sin ayuda de enzimas), el estrés oxidativo y cambios en la hidratación, remodelan la red dérmica a lo largo de la vida adulta.
Para medir ese cambio, el equipo combinó varias técnicas sobre una misma sección de tejido. Según SKCM2, integró imagen óptica avanzada con espectroscopia quiroóptica, entre ellas dicroísmo circular por radiación sincrotrón en ultravioleta de vacío y dicroísmo circular vibracional multidimensional con láser de cascada cuántica.
El artículo de ACS Nano añadió que también usaron generación de segundo armónico para cuantificar alineación, continuidad y estructura de la red de colágeno. Ese flujo de trabajo permitió evaluar en una misma muestra la densidad del material, su orientación y la coherencia de su organización quiral supramolecular.
Las muestras fueron secciones congeladas de dermis abdominal humana de 30 micrómetros de espesor. El estudio analizó tres donantes adultos, identificados como S1, S2 y S3, y comparó dos niveles de estructura del colágeno: el orden quiral a escala molecular (cómo se organizan sus componentes en el nivel más pequeño) y la organización fibrilar a escala mesoscópica (cómo se acomodan las fibras cuando ya pueden observarse como una red).
Según el artículo, los resultados mostraron una separación clara entre masa de colágeno y orden estructural. Las muestras conservaron contenido y cobertura del material incluso cuando su coherencia quiral supramolecular ya se había degradado.
El equipo también miró cómo estaban “apuntando” las fibras y qué tan fuerte era la señal que usaron para observarlas. Según el artículo, en S1 las fibras se veían más repartidas y parejas, mientras que en S3 aparecían más “tiradas” hacia una dirección y con señales de que la red empezaba a romperse en partes.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Cómo el cerebro puede mejorar su capacidad de concentración con ejercicios y hábitos
La evidencia científica muestra que la mente responde a la práctica deliberada y a los estímulos variados, permitiendo optimizar el enfoque y la agudeza mental a lo largo del tiempo
Por Fernando Mongelós
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La capacidad de enfocar la mente se puede fortalecer y desarrollar, igual que un músculo, mediante hábitos y ejercicios específicos, según coinciden investigaciones recientes en neurociencia y psicología cognitiva. En un entorno saturado de estímulos digitales, la ciencia sostiene que el entrenamiento de la atención no solo es posible, sino que puede traducirse en mejoras concretas del rendimiento intelectual y la calidad de vida.
Especialistas de la Cleveland Clinic afirman que la habilidad para concentrarse de forma sostenida es un recurso fundamental para la productividad, la creatividad y el bienestar personal.
El cerebro humano, según subraya la Cleveland Clinic, está preparado para el trabajo profundo, pero enfrenta una batalla constante contra las distracciones del entorno y la tecnología. Estudios clínicos demuestran que la multitarea reduce la eficiencia y provoca fatiga mental, mientras que el enfoque en tareas individuales favorece la memoria y la resolución de problemas. “El cerebro funciona mejor cuando se dedica a una sola actividad por vez; tratar de hacer varias cosas simultáneamente genera pérdida de energía y disminución del rendimiento”, señala el equipo de especialistas de la institución estadounidense.
La ciencia respalda el uso de técnicas específicas para potenciar la atención. La meditación mindfulness, la organización de ambientes libres de distracciones y la aplicación de métodos como el Pomodoro han sido validados por la American Psychological Association y la National Institutes of Health (NIH). Estas entidades remarcan que el cerebro responde positivamente ante la repetición de ejercicios atencionales, fortaleciendo las redes neuronales responsables del control ejecutivo y la concentración.
“El entrenamiento deliberado de la atención incrementa la flexibilidad mental y mejora la capacidad para resistir las distracciones”, afirma la NIH en una de sus publicaciones recientes.
El concepto de neuroplasticidad es central en este proceso. De acuerdo con la NIH, la neuroplasticidad describe la capacidad del cerebro para reorganizarse y adaptarse ante nuevos desafíos, incluso en la adultez. El aprendizaje de nuevas habilidades, la resolución de problemas y la participación en actividades cognitivas complejas favorecen la consolidación de conexiones neuronales, lo que permite mejorar la atención sostenida y la agudeza mental.
La Cleveland Clinic también enfatiza que factores como el sueño adecuado, una alimentación equilibrada y la actividad física regular son cruciales para optimizar la función cognitiva.
La ciencia advierte sobre los límites del entrenamiento atencional y el rol de la tecnología. Un análisis publicado en Frontiers in Psychiatry detalla que herramientas digitales como juegos cognitivos o aplicaciones de entrenamiento cerebral pueden aportar mejoras específicas, aunque su efecto suele limitarse a las tareas practicadas y no siempre se traslada a contextos de la vida diaria. El informe destaca que los mayores avances se observan cuando el entrenamiento se realiza en situaciones variadas y con actividades que desafían realmente la mente.
Según Frontiers in Psychiatry, la consistencia y la práctica deliberada son claves para obtener resultados duraderos en el entrenamiento de la atención. El establecimiento de rutinas antes de iniciar tareas importantes, la reducción de exposiciones a notificaciones y la programación de pausas breves durante el trabajo contribuyen a mantener la mente enfocada y a prevenir la fatiga atencional. Tanto la Cleveland Clinic como la NIH coinciden en que la atención, igual que un músculo, puede entrenarse, pero requiere paciencia, variedad de estímulos y un compromiso sostenido en el tiempo.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/