La UNER incorpora el sistema de créditos académicos en sus planes de estudio

La UNER incorpora el sistema de créditos académicos en sus planes de estudio

Los planes de estudio rediseñados en el marco del Programa de Innovación Curricular incorporan el sistema de créditos…

Los planes de estudio rediseñados en el marco del Programa de Innovación Curricular incorporan el sistema de créditos académicos, una forma de reconocer el tiempo total que las y los estudiantes dedican a su formación. La medida busca avanzar hacia propuestas más flexibles, favorecer el reconocimiento de trayectos y contribuir a acercar la duración prevista de las carreras al tiempo que efectivamente demanda completarlas. El periodo de presentación de documentación cierra el 18 de noviembre.

Estudiar una carrera universitaria implica mucho más que asistir a clases. Leer bibliografía, realizar trabajos prácticos, investigar, preparar exámenes o participar de proyectos son actividades que forman parte del proceso de aprendizaje y demandan tiempo. La incorporación del sistema de créditos permite que ese trabajo también sea contemplado al momento de diseñar los planes de estudio.

En la UNER, este cambio forma parte del proceso desarrollado por la Secretaría Académica de la Universidad a través del Programa de Innovación Curricular (PIC), en consonancia con el Sistema Argentino de Créditos Académicos Universitarios (SACAU). La propuesta apunta a revisar las carreras teniendo en cuenta no solamente los contenidos y las horas de interacción entre docentes y estudiantes, sino también el volumen total de trabajo que requiere la formación.

El periodo de presentación de documentación cierra el 18 de noviembre. A continuación, más información.

Un crédito académico representa 25 horas de trabajo total del estudiante. Ese tiempo comprende tanto las horas de interacción pedagógica -como clases, talleres, laboratorios o prácticas- como las destinadas al trabajo autónomo: lectura, estudio, elaboración de trabajos, preparación de evaluaciones y otras actividades necesarias para alcanzar losobjetivos de formación.De acuerdo con la normativa de la Universidad, los planes de estudio se organizan sobre la base de 60 créditos por año, equivalentes a 1.500 horas de trabajo total del estudiante. Esto no significa sumar nuevas horas a las carreras. Por el contrario, implica hacer visible un tiempo que forma parte de la experiencia de estudiar y considerarlo desde el propio diseño curricular.

Incorporar el tiempo total de trabajo permite diseñar una distribución más equilibrada de la carga académica. También busca contribuir a reducir la brecha entre la duración teórica de una carrera -la prevista en su plan de estudios- y el tiempo que efectivamente demanda completarla.Esta cuestión fue uno de los puntos abordados por el Programa de Innovación Curricular: revisar la duración y la carga de las carreras supone considerar las condiciones reales en las que se desarrollan las trayectorias estudiantiles y el tiempo necesario para aprender.

El sistema de créditos también se vincula con una transformación más amplia de los planes de estudio. La incorporación de estructuras curriculares más flexibles permite reconocer distintos recorridos y actividades de formación y generar mayores posibilidades de articulación entre propuestas académicas. Al contar con una unidad común para expresar el trabajo académico, los créditos facilitan el reconocimiento de trayectos formativos y favorecen la movilidad entre carreras y universidades.A su vez, la adopción de este sistema acerca a la UNER a criterios compartidos por otras instituciones universitarias del país y del mundo, fortaleciendo las posibilidades de articulación, reconocimiento académico y movilidad.De este modo, los créditos no constituyen solamente una nueva manera de expresar la carga horaria de una carrera. Son parte de una política curricular orientada a construir propuestas formativas más flexibles e integrales, que reconozcan el trabajo real que implica estudiar y acompañen las diversas trayectorias de las y los estudiantes.

Consultas: creditosacademicos.ingenieria@uner.edu.ar

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Infarto en personas jóvenes: por qué ocurre y qué síntomas no hay que ignorar, según los expertos

Infarto en personas jóvenes: por qué ocurre y qué síntomas no hay que ignorar, según los expertos

Infarto en personas jóvenes: por qué ocurre y qué síntomas no hay que ignorar, según los expertos

Los casos recientes del meteorólogo Fernando Confessore y del boxeador Jorge “Locomotora” Castro ponen el foco en una emergencia médica que puede ser silenciosa. Cómo reducir el riesgo cardiovascular desde edades tempranas

En apenas un mes murieron tres reconocidas figuras públicas de menos de 60 años tras sufrir infartos: el meteorólogo Fernando Confessore, el boxeador y campeón mundial Jorge “Locomotora” Castro y el periodista Gastón “Pampa” Leturia. Tenían 58, 59 y 52 años, respectivamente.

Las muertes repentinas por patologías cardiovasculares en personas de mediana edad no suelen ser frecuentes. Sin embargo, la coincidencia plantea interrogantes sobre la prevención, la atención de estas enfermedades y la presencia de factores de riesgo.

El doctor Alejandro Amarilla (MP 2682), cardiólogo miembro de la Federación Argentina de Cardiología (FAC), master en cardiología y deportólogo, explicó a Infobae que “ser joven implica una menor probabilidad de tener un evento cardiovascular, pero esto no hace inmune a la persona”.

El médico señaló que las enfermedades de las arterias, como la aterosclerosis, se desarrollan durante años. “En la población general, se necesitan por lo menos entre 15 y 20 años para desarrollarse”, alertó.

En el mismo sentido, el cardiólogo Hernán Krimer (MN 121.253), director médico del centro Cardiozone, señaló a Infobae que aunque el infarto es mucho más frecuente a edades avanzadas, también puede aparecer antes de los 40 años y, a veces, sin avisos previos. El tabaquismo, el colesterol elevado, la diabetes y la herencia pueden adelantar una enfermedad todavía asociada con la vejez, afirmó.

“Una persona de 35 años puede llevar una vida activa, no registrar antecedentes cardíacos y atribuir una opresión en el pecho al estrés, una contractura o una comida pesada. Esa sensación de inmunidad es parte del problema: ser joven reduce el riesgo, pero no lo elimina”, aseguró.

Según el doctor Krimer, no existe un límite único para definir el infarto en personas jóvenes: algunas investigaciones consideran ese grupo hasta los 45 años y otras hasta los 50 o 55. Un análisis de más de 280.000 pacientes de 18 a 44 años que habían sufrido el episodio identificó tabaquismo en el 57%.

“El infarto en una persona joven sorprende porque contradice lo esperado para esa edad. Sin embargo, las arterias pueden acumular daño durante años antes de dar una señal. La oportunidad está en detectar el riesgo cuando todavía existe tiempo para modificarlo”, precisó Krimer.

¿Cuáles son las señales de alerta? “La molestia en el pecho suele ser la manifestación más frecuente y puede sentirse como presión, opresión, peso o ardor”, alertó el médico. También puede extenderse a los brazos, la mandíbula, la espalda o la parte superior del abdomen, junto con falta de aire, sudor frío, náuseas o mareos.

“Ante una molestia nueva, intensa, persistente o recurrente —especialmente si aparece junto con esos síntomas— corresponde activar el servicio de emergencias. Esperar a que pase o trasladarse por cuenta propia puede demorar una atención decisiva”, recomendó el doctor.

El corazón necesita oxígeno de manera constante a través de las arterias coronarias. Cuando una de esas vías se bloquea, una parte del músculo cardíaco comienza a lesionarse, explicó Krimer. La causa habitual es la acumulación de placas de colesterol y células inflamatorias en la pared arterial.

“El evento se produce por un accidente de placa: esta se rompe y se forma un coágulo. Ese coágulo, que es un trombo, tapa la arteria, interrumpe la circulación y este es el mecanismo más frecuente por el cual se provoca un infarto, tanto en las personas adultas como en las más jóvenes”, explicó el doctor Amarilla.

Recientemente, en el Precongreso ICBA 2026, el doctor Alberto Alves de Lima, director médico del ICBA, destacó en una entrevista con Infobae la importancia de la consulta médica de urgencia ante los síntomas del infarto.

Explicó que hay dos momentos clave. El primero, y muchas veces el más prolongado, es el que transcurre hasta que la persona reconoce los síntomas y llama al servicio de emergencias. Luego intervienen los tiempos de respuesta y atención dentro del hospital.

“El 50% de los pacientes llega por sus propios medios, lo que es peligrosísimo. El traslado en ambulancia permite reducir la mortalidad cerca de un 30%, siempre que el llamado active un sistema de emergencias capaz de responder de manera rápida y coordinada”, indicó el experto.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

Perimenopausia: 9 cambios físicos y emocionales que pueden aparecer a partir de los 35 años

Perimenopausia: 9 cambios físicos y emocionales que pueden aparecer a partir de los 35 años

Perimenopausia: 9 cambios físicos y emocionales que pueden aparecer a partir de los 35 años

Alteraciones en la menstruación, el descanso, el ánimo o la concentración son algunas señales de la transición hormonal previa a la menopausia. Cómo diferenciarlas de otros cuadros con síntomas similares y cuándo consultar a un especialista

Los cambios en el ciclo, el descanso, el ánimo o la composición corporal pueden anticipar la perimenopausia, una transición que suele manifestarse entre los 40 y los 50 años, aunque algunas señales pueden aparecer antes. Tener más de 35 y advertir alguno de estos síntomas, sin embargo, no confirma por sí solo el inicio de esta etapa ni debe ser motivo de preocupación anticipada.

“La perimenopausia puede comenzar varios años antes de la menopausia”, explicó a Infobae la médica endocrinóloga e investigadora clínica Laura Maffei (MN 62.441).

Por su parte, la ginecóloga especialista en climaterio Marina Galizia (MN 148.794) señaló que los cambios hormonales “arrancan unos diez años antes”, aunque remarcó que “va a depender de cada mujer, no hay una edad exacta”.

La perimenopausia es el período previo a la menopausia, cuando la producción de estrógeno y progesterona se vuelve irregular. La menopausia se confirma después de 12 meses consecutivos sin menstruación, siempre que no haya otra causa que explique esa ausencia.

La ginecóloga integrante del equipo de No Pausa, una organización de salud integral dedicada a acompañar a las mujeres durante el climaterio, advirtió que conocer esta transición no equivale a vivir pendiente de ella: “Hay una realidad que es que la capacidad ovárica empieza a disminuir a partir de los 35, pero tampoco es bueno estar preocupada muchos años antes por lo que va a pasar”. La médica propuso “diferenciar entre informarse y preocuparse”.

Durante esta transición, “los niveles tanto de estrógeno como de progesterona empiezan a fluctuar considerablemente”, afirmó Galizia. Esas variaciones “repercuten no solo en el ciclo menstrual, sino también en el sueño, en la regulación de la temperatura corporal y en el estado de ánimo”.

Maffei coincidió en que no existe un patrón idéntico para todas. “Algunas atraviesan este período con pocas manifestaciones y otras comienzan a notar cambios en el ciclo, el descanso, el estado de ánimo o la composición corporal”, dijo.

Las especialistas destacaron que muchas señales pueden confundirse con estrés, cansancio o exigencias cotidianas. Por eso, reconocerlas no supone adjudicar cualquier malestar a las hormonas, sino registrar su persistencia, evolución e impacto en la vida diaria.

Las manifestaciones de la perimenopausia son diversas y su intensidad puede variar de una mujer a otra. “No todos los síntomas aparecen de la misma manera en todas las pacientes”, explicó Galizia, quien advirtió que algunas pueden experimentar signos más conocidos, como sofocos o irregularidades menstruales, mientras otras solo perciben cansancio o dificultades para concentrarse. Las especialistas los enumeraron para identificarlos y evaluar cada cuadro de forma integral:

La fatiga, los cambios de peso, las alteraciones menstruales, el insomnio y los problemas de concentración tienen causas diversas. Maffei explicó que el hipotiroidismo “puede producir cansancio, cambios de peso, alteraciones menstruales, intolerancia al frío o dificultades para concentrarse”.

Galizia sostuvo que el estrés crónico puede afectar “el sueño, la memoria, la irritabilidad, el cansancio y la energía durante el día”, además de la regulación de los ciclos. Por eso, recomendó no hacer una diferenciación personal: “Lo ideal es realizar una evaluación integral”.

Para la ginecóloga, no hay que cometer “el error de atribuirle todo al estrés o a la vida o al trabajo”. Su sugerencia es identificar los síntomas nuevos o persistentes, anotarlos y llevarlos a la consulta.

Galizia afirmó que el diagnóstico de la perimenopausia es “fundamentalmente clínico” y se construye a partir de la edad, los síntomas, los cambios menstruales y los antecedentes personales. En mujeres mayores de 45 años con signos característicos, sostuvo, un laboratorio hormonal aislado no suele definir el diagnóstico porque los valores pueden variar mucho a lo largo del tiempo.

Maffei planteó que en los análisis pueden advertirse alteraciones en hormonas que regulan la función ovárica o ciclos en los que la ovulación no ocurre de manera adecuada. Sin embargo, remarcó: “No se trata de mirar un valor aislado, sino de evaluar ese dato dentro del contexto general y de la evolución de los síntomas”.

Las irregularidades menstruales o síntomas compatibles antes de los 40 años merecen una consulta especialmente cuidadosa, ya que puede ser necesario descartar otras causas, incluida la insuficiencia ovárica precoz.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

Identifican 12 proteínas en sangre vinculadas con el riesgo de cáncer de próstata años antes del diagnóstico

Identifican 12 proteínas en sangre vinculadas con el riesgo de cáncer de próstata años antes del diagnóstico

Identifican 12 proteínas en sangre vinculadas con el riesgo de cáncer de próstata años antes del diagnóstico

El equipo de Oxford analizó muestras de 2.555 hombres y midió más de 6.000 moléculas durante un seguimiento de 16 años. Los resultados podrían aportar pistas sobre los procesos biológicos que preceden a la enfermedad

Por Constanza Almirón

El cáncer de próstata se diagnosticó en cerca de 1,5 millones de hombres y causó casi 400.000 muertes en el mundo durante 2022, según estimaciones de la International Agency for Research on Cancer. Detrás de esas cifras conviven formas muy diferentes de la enfermedad: algunas crecen despacio y pueden no causar daños, mientras que otras se extienden y ponen en riesgo la vida.

Esa diversidad dificulta anticipar qué casos podrían ser más peligrosos. La edad y la herencia genética ayudan a estimar el riesgo, pero no pueden modificarse. En cambio, se conoce menos sobre las señales que aparecen muchos años antes del tumor, sobre todo en las formas agresivas.

Con el objetivo de encontrar esas señales tempranas, un equipo de la Universidad de Oxford identificó proteínas en la sangre que se asociaron con el diagnóstico posterior de cáncer de próstata, incluso más de 15 años antes de que se detectara la enfermedad.

La investigación, publicada en European Urology y presentada en la reunión anual de la Sociedad Estadounidense de Genética Humana, todavía no permite desarrollar una prueba para uso médico. Sin embargo, aporta indicios sobre procesos del organismo que podrían estar relacionados con la aparición posterior de este tipo de cáncer.

Las proteínas son moléculas que intervienen en tareas esenciales del cuerpo, como las defensas frente a células anormales y la comunicación entre las células. Al medirlas en la sangre, los investigadores pueden obtener información sobre esos procesos sin tomar muestras de la próstata.

El estudio reunió muestras de sangre de 982 hombres que, con el tiempo, desarrollaron cáncer de próstata y de otros 1.573 participantes elegidos al azar dentro de la Investigación Prospectiva Europea sobre Cáncer y Nutrición. El equipo midió más de 6.000 proteínas y siguió a los participantes durante unos 16 años.

Los investigadores encontraron 12 proteínas asociadas con un diagnóstico ocurrido más de 15 años después de la extracción de sangre. Una de ellas fue GZMK, que producen ciertas células del sistema inmunitario, es decir, las defensas encargadas de reconocer y eliminar células anormales.

“El cáncer de próstata no es una sola enfermedad. Muchos cánceres de próstata crecen lentamente y pueden no causar daño, mientras que otros son agresivos y pueden poner en peligro la vida”, afirmó Zhe Huang, epidemiólogo posdoctoral de Oxford Population Health y primer autor del trabajo, en el comunicado institucional.

La relación hallada con GZMK indica que las defensas del organismo podrían intervenir en el control de cambios relacionados con la enfermedad mucho antes del diagnóstico. Sin embargo, el estudio no demuestra que esta proteína cause el cáncer ni que lo prevenga. Solo detectó una relación entre sus niveles en la sangre y el riesgo posterior.

“Al medir miles de proteínas en sangre recogida años antes del diagnóstico, podemos empezar a investigar en qué pueden diferir los hombres que más tarde desarrollan cáncer de próstata agresivo de aquellos que no lo desarrollan”, señaló Huang en el comunicado de prensa.

La investigación prestó especial atención a los tumores agresivos, aquellos que se diseminan a otras partes del cuerpo o que pueden causar la muerte. Distinguirlos de los tumores que crecen despacio es una de las principales dificultades para mejorar la evaluación del riesgo.

Los científicos identificaron siete proteínas relacionadas con las formas agresivas de cáncer de próstata. Entre ellas se destacó ANKRD1, asociada de manera constante con varios cuadros graves, incluidos los tumores que se habían extendido y aquellos que resultaron mortales.

Los resultados también apuntaron a dos procesos: la adhesión celular, que permite que las células se unan entre sí y a los tejidos cercanos, y la creación de nuevos vasos sanguíneos, necesaria para transportar sangre. Ambos podrían ayudar a entender las diferencias biológicas que preceden a las formas más agresivas de la enfermedad.

Además, aparecieron asociaciones con proteínas producidas por los genes ERBB3, KRAS y NRAS, que ya se conocen por su relación con el cáncer de próstata. Estos vínculos fueron más frecuentes en las formas agresivas diagnosticadas cerca de una década después de que se tomaran las muestras.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

¿La creatina puede provocar pérdida de cabello? Qué midió un ensayo en hombres jóvenes

¿La creatina puede provocar pérdida de cabello? Qué midió un ensayo en hombres jóvenes

¿La creatina puede provocar pérdida de cabello? Qué midió un ensayo en hombres jóvenes

Una investigación de 12 semanas comparó suplementos y placebo, evaluó niveles de DHT, cantidad y grosor del pelo, y no encontró diferencias relevantes entre los grupos

Por Santiago Abraldes

Al incorporar creatina a las rutinas de entrenamiento, puede surgir una duda: si el suplemento puede acelerar la caída del cabello. La inquietud nace de la posibilidad de que el compuesto influya en una hormona vinculada con la alopecia.

La discusión se centra en la dihidrotestosterona, conocida como DHT, cuyos niveles altos se vinculan con la alopecia androgénica, en la que también intervienen factores genéticos.

Según el especialista en medicina naturista Jacob Hill, citado por Cleveland Clinic, que esta hormona se relacione con un tipo de alopecia no implica, por sí solo, que consumir creatina produzca una alteración capilar.

Para examinar esa relación, es necesario observar tanto los niveles hormonales como los cambios medibles en el cabello.

La respuesta más directa proviene de una investigación publicada en 2025 en el Journal of the International Society of Sports Nutrition. El trabajo, encabezado por Mohammadyasin Lak, evaluó durante 12 semanas si la creatina modificaba los niveles hormonales y las características del cabello en hombres jóvenes que entrenaban fuerza.

El estudio incluyó a 45 hombres de 18 a 40 años, divididos al azar en dos grupos. Uno recibió 5 gramos diarios de monohidrato de creatina y el otro, 5 gramos de maltodextrina, una sustancia sin efecto activo usada para comparar resultados.

Ni los participantes ni el equipo evaluador sabían qué producto recibía cada grupo hasta el final. 38 personas completaron las 12 semanas. El equipo midió los niveles de DHT al comienzo y al final, además de observar distintas características del cabello.

Según el estudio, no hubo diferencias relevantes entre ambos grupos en los niveles hormonales ni en las mediciones del pelo.

Aun así, la conclusión tiene límites claros. El trabajo analizó a hombres jóvenes que entrenaban fuerza durante tres meses, por lo que sus resultados no pueden trasladarse de forma automática a todas las personas ni a períodos de consumo más prolongados.

La investigación no se limitó a medir hormonas. También observó la cantidad de cabello, la densidad capilar y el grosor de las hebras. La densidad capilar es la cantidad de cabellos que hay en una zona determinada del cuero cabelludo. El grosor permite evaluar si las hebras se vuelven más finas o conservan un espesor similar.

Para las mediciones, el equipo utilizó herramientas que observan el cabello y los folículos, las estructuras de la piel de las que nace cada hebra. Así, el ensayo contrastó posibles cambios hormonales con cambios concretos en el pelo.

El hallazgo no presenta a la creatina como una solución para los problemas capilares ni permite descartar todas las causas de caída del cabello. Aporta información acotada a las condiciones evaluadas.

Hill explicó que la creatina es un compuesto que el cuerpo produce de manera natural y que ayuda a los músculos a disponer de energía. Los suplementos pueden aumentar ese efecto, por eso suelen utilizarse junto con el entrenamiento físico.

El especialista indicó que la mayoría de las personas pueden tomar creatina en cantidades adecuadas y ubicó esa referencia entre 3 y 5 gramos diarios. Esa orientación general no reemplaza una evaluación individual, en especial cuando existen condiciones de salud que requieren consultar a un profesional.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

Gluten, lácteos y dietas restrictivas: qué dice la ciencia sobre la alimentación en personas con tiroiditis de Hashimoto

Gluten, lácteos y dietas restrictivas: qué dice la ciencia sobre la alimentación en personas con tiroiditis de Hashimoto

Gluten, lácteos y dietas restrictivas: qué dice la ciencia sobre la alimentación en personas con tiroiditis de Hashimoto

Una revisión científica identificó este patrón alimentario como el único con señales antiinflamatorias favorables, aunque aclaró que no reemplaza el tratamiento farmacológico con levotiroxina cuando es clínicamente necesario

Por Ismael Yasnikowski

La tiroiditis de Hashimoto es una enfermedad autoinmune en la que el propio sistema inmunológico ataca la glándula tiroides y deteriora su capacidad de producir las hormonas que regulan el metabolismo, la temperatura corporal y los niveles de energía. Constituye la principal causa de hipotiroidismo y su origen combina predisposición genética con factores ambientales, un mecanismo que ningún cambio alimentario revierte por sí solo.

La alimentación puede contribuir al bienestar de quienes conviven con esta patología, pero no reemplaza el tratamiento médico. Una revisión publicada en abril de 2026 en el Journal of Endocrinological Investigation examinó la evidencia disponible sobre nutrición y salud tiroidea.

Los autores concluyeron que las dietas restrictivas no demostraron eficacia contra la tiroiditis autoinmune y que eliminar gluten o lactosa sin un diagnóstico de celiaquía ni de intolerancia no mejoró la función glandular.

El régimen cetogénico figura entre las tendencias más promocionadas para combatir el hipotiroidismo. Una investigación publicada en mayo de 2026 en la revista PLOS One lo probó en ratones con tiroiditis autoinmune inducida por yodo. Tras cuatro semanas, los animales exhibieron menor inflamación, reducción de autoanticuerpos y un reequilibrio inmunitario. Los propios autores, sin embargo, advirtieron que los resultados constituyen una prueba de concepto y requieren ensayos clínicos en humanos antes de cualquier extrapolación.

En personas, la evidencia apunta en dirección contraria. La revisión del Journal of Endocrinological Investigation indicó que las versiones muy bajas en calorías del régimen keto reducen los niveles de T3, la forma activa de la hormona tiroidea. Esa caída ralentiza el metabolismo y contrarresta los propios objetivos de pérdida de peso que motivaron la restricción, señalaron los investigadores.

La supresión del gluten circula como consejo generalizado para quienes padecen la enfermedad. La revisión científica, no obstante, determinó que no existe evidencia suficiente para recomendar esa restricción a pacientes sin celiaquía confirmada. Los autores advirtieron que los productos sustitutivos libres de gluten suelen contener más aditivos, grasas y azúcares, lo que deteriora la calidad nutricional global.

La misma lógica aplica a la eliminación de lácteos. El estudio estableció que prescindir de ellos sin intolerancia comprobada carece de respaldo científico y puede privar al organismo de nutrientes esenciales.

“Las dietas de eliminación, en ausencia de una intolerancia demostrada, no mejoran la salud general ni la salud tiroidea”, sostuvieron los investigadores. Incluso alertaron sobre el riesgo de ortorexia, un trastorno que transforma la búsqueda de alimentación saludable en una obsesión restrictiva.

Frente a las restricciones, la revisión identificó un solo modelo alimentario con señales favorables: la dieta mediterránea. Rica en vegetales, cereales integrales, aceite de oliva y pescado, mostró efectos antiinflamatorios y antioxidantes que podrían proteger frente a enfermedades autoinmunes crónicas, incluida la tiroiditis. Los autores aclararon, sin embargo, que ese patrón no sustituye el tratamiento farmacológico con levotiroxina cuando resulta clínicamente necesario.

En materia de suplementos, la revisión desaconsejó la ingesta rutinaria de micronutrientes sin deficiencia documentada. El selenio redujo anticuerpos antiperoxidasa en algunos ensayos, pero sin modificaciones significativas en los niveles hormonales. El yodo, indispensable para la síntesis hormonal, demanda especial prudencia: su exceso puede agravar tanto el hipertiroidismo como la propia condición autoinmune.

El trabajo cerró con una advertencia que atraviesa todo el debate: ningún nutriente aislado ni suplemento garantiza por sí solo el equilibrio tiroideo. Solo una alimentación variada, combinada con seguimiento médico y análisis de sangre que incluyan TSH y T4 libre, permite un manejo adecuado de la enfermedad.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/