Banana verde o madura: qué dicen los estudios sobre su uso antes y durante los deportes de resistencia

Banana verde o madura: qué dicen los estudios sobre su uso antes y durante los deportes de resistencia

Banana verde o madura: qué dicen los estudios sobre su uso antes y durante los deportes de resistencia

Investigaciones científicas analizaron cómo los cambios en la composición nutricional de esta fruta pueden influir en el aporte energético y el rendimiento físico. Los resultados permiten evaluar sus posibles beneficios y las limitaciones de la evidencia disponible

Por Santiago Abraldes

Seleccionar una fruta antes de una competencia de resistencia puede parecer una decisión sencilla. Sin embargo, las investigaciones consultadas no permiten determinar que un grado específico de maduración de la banana garantice un mejor rendimiento deportivo. Más allá del color de la cáscara, la cantidad de carbohidratos consumida, la duración del esfuerzo y la tolerancia digestiva son factores relevantes para planificar la alimentación.

Una revisión científica sobre nutrición y deportes de resistencia señala que alimentos como los plátanos, las pasas de uva y la miel pueden utilizarse como fuentes de energía durante actividades prolongadas. Estas alternativas resultan prácticas para transportar, aunque su elección depende de las necesidades individuales y de la posibilidad de consumirlas sin experimentar molestias gastrointestinales.

La publicación también recomienda probar los alimentos durante los entrenamientos antes de incorporarlos a una competencia. La cantidad tolerada, la comodidad para transportarlos y las características del ejercicio pueden influir en su utilidad. En este sentido, una opción adecuada para un deportista no necesariamente ofrece los mismos resultados en otra persona.

El investigador David C. Nieman, de la Appalachian State University, encabezó un estudio publicado en 2012 en la revista científica PLOS ONE, que evaluó el consumo de bananas como fuente de carbohidratos durante el ciclismo de resistencia. Participaron 14 ciclistas entrenados, quienes completaron dos pruebas de 75 kilómetros bajo condiciones experimentales diferentes.

En una de ellas consumieron bananas acompañadas de agua, mientras que en la otra recibieron una bebida con una concentración del 6% de carbohidratos. El protocolo estableció una ingesta equivalente a 0,2 gramos de este nutriente por kilogramo de peso corporal cada 15 minutos, con el objetivo de comparar ambas alternativas durante el esfuerzo.

Los resultados no mostraron diferencias estadísticamente significativas en el tiempo necesario para completar el recorrido ni en los niveles de glucosa en sangre. En las condiciones evaluadas, los participantes registraron desempeños similares con las dos fuentes de energía.

El equipo también examinó indicadores relacionados con la inflamación, el estrés oxidativo y la respuesta inmunitaria. Aunque encontró algunas diferencias en determinadas sustancias presentes en la sangre, los resultados generales fueron comparables entre las dos modalidades de consumo. Esto permitió considerar a la banana como una alternativa alimentaria durante ejercicios prolongados, sin establecer que fuera superior a las bebidas formuladas para deportistas.

El alcance del ensayo de Nieman debe interpretarse con cautela. La investigación incluyó a un grupo reducido de ciclistas entrenados, examinó una distancia concreta y administró cantidades controladas de carbohidratos a intervalos regulares. Por lo tanto, sus conclusiones no pueden trasladarse automáticamente a otras disciplinas, sesiones más breves o personas con diferentes niveles de preparación física.

Además, el trabajo utilizó fruta madura y no comparó directamente bananas verdes, amarillas y muy maduras. Esta limitación impide determinar a partir de ese experimento si un grado particular de maduración ofrece ventajas sobre los demás durante una competencia.

La transformación del almidón en azúcares a medida que avanza la maduración modifica la composición nutricional, el sabor y la textura de la fruta. Sin embargo, esas diferencias no permiten establecer por sí solas una relación directa entre el color de la cáscara y un mejor desempeño físico. También intervienen la cantidad ingerida, las características del ejercicio y la respuesta del organismo.

La revisión académica sobre carbohidratos y resistencia destaca que las necesidades energéticas cambian según la duración y la intensidad de la actividad. Un entrenamiento breve no plantea las mismas exigencias nutricionales que una prueba prolongada, en la que puede ser necesario incorporar fuentes adicionales de energía durante el recorrido.

La elección también debe considerar factores prácticos, como el tamaño de la porción, la facilidad para transportar el alimento y la tolerancia gastrointestinal. Probar distintas alternativas en sesiones previas permite identificar cuáles se adaptan mejor a las necesidades personales y reduce la posibilidad de introducir cambios alimentarios imprevistos durante una competencia.

En este contexto, la banana madura puede formar parte de una estrategia de alimentación para deportes de resistencia, siempre que su consumo se ajuste a las necesidades del esfuerzo y haya sido tolerado previamente. La evidencia disponible respalda su utilidad como fuente de carbohidratos en determinadas condiciones, pero no establece una clasificación definitiva entre los distintos grados de maduración.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

Palpitaciones, mareos y falta de aire: cómo se dispara el ciclo de la ansiedad y qué hacer para frenarlo

Palpitaciones, mareos y falta de aire: cómo se dispara el ciclo de la ansiedad y qué hacer para frenarlo

Palpitaciones, mareos y falta de aire: cómo se dispara el ciclo de la ansiedad y qué hacer para frenarlo

Entender qué ocurre en el cuerpo y la mente permite identificar las señales tempranas, frenar la escalada del miedo y recuperar el control. Las recomendaciones de especialistas

Todo puede comenzar con una percepción física habitual: una incomodidad, un dolor o un latido más perceptible. La dificultad no está en esa sensación en sí, sino en el significado que se le atribuye. Si la mente la asocia de inmediato con una enfermedad seria, se puede iniciar lo que la psicología denomina ciclo de ansiedad.

La licenciada María Paula Castro, psicóloga del Servicio de Salud Mental del Hospital Universitario Austral (MN. 278.426), explicó a Infobae un ejemplo del circuito de la ansiedad: “Pensemos en algo cotidiano: venimos caminando tranquilos y de repente sentimos una molestia en el pecho. Puede ser una contractura o una mala postura, algo común y sin importancia. Pero aparece un pensamiento: ‘¿Y si es el corazón?’, ‘¿y si me está por dar un infarto?’”.

Ese pensamiento activa la ansiedad. Y la ansiedad tiene efectos reales en el cuerpo, señaló la psicóloga: “El corazón se acelera, la respiración se vuelve más corta, aparecen sudor, mareo, visión borrosa o un nudo en el estómago. La persona interpreta esos síntomas como la prueba de que algo grave le está pasando: ‘Ves, ahora tengo taquicardia, me falta el aire, me voy a desmayar’”, describió.

Eso genera más miedo, y el miedo, más síntomas, explicó Castro. “A la vez, la persona pone toda su atención en el pecho, y cuanto más se observa, más sensaciones encuentra. Así se arma un circuito que muchas veces termina en una consulta médica, donde el resultado suele ser que el corazón estaba bien y lo que producía todo ese malestar físico era el miedo”.

La psicóloga explicó que no reaccionamos a lo que nos pasa, sino a lo que interpretamos de lo que nos pasa. “La molestia es la misma; lo que cambia todo es si pensamos: “es una contractura” o “es un infarto”. Con la primera idea, seguimos caminando; con la segunda, se enciende la alarma”, advirtió la experta.

El doctor David H. Rosmarin, profesor asociado de la Facultad de Medicina de Harvard e investigador, explicó en un artículo en Psychology Today: “Cuando percibimos nuestras sensaciones físicas iniciales de ansiedad (desagradables pero inofensivas) como motivo de preocupación, nuestra aprensión desencadena la liberación de adrenalina en el torrente sanguíneo. Esto hace que nuestra ansiedad aumente aún más, lo que generalmente genera más catastrofismo y autocrítica. Se produce un círculo vicioso y, listo, la ansiedad se sale de control”.

El experto señaló que el factor crítico que engendra y perpetúa este ciclo es ver la ansiedad como algo que no deberíamos tener. “Nuestra necesidad de deshacernos de la ansiedad aumenta nuestros síntomas. Lo anterior plantea una pregunta: si la experiencia inicial de ansiedad no es inherentemente peligrosa, sino simplemente incómoda, ¿por qué nos da tanto miedo?“, se preguntó el profesor.

Rosmarin sostuvo que la obsesión actual por controlar la incertidumbre lleva a interpretar la ansiedad normal como un problema. Al no aceptar emociones como el miedo o el estrés, la preocupación inicial puede intensificarse y transformarse en ansiedad por sentir ansiedad.

“También estamos obsesionados con la seguridad. En el contexto de la riqueza incomparable y sin precedentes de nuestra sociedad, nos hemos acostumbrado a una falsa sensación de seguridad. Cuando los momentos de amenaza penetran el velo, entramos en pánico”, señaló el experto.

El circuito de la ansiedad (también llamado ciclo o bucle de la ansiedad) es un patrón psicológico y fisiológico en el que un estímulo o pensamiento activa una alarma en el cuerpo, generando malestar que la persona intenta calmar mediante la evitación, lo cual refuerza el miedo a largo plazo. La licenciada Castro explicó que ese circuito pasa por seis instancias:

“Hablamos de circuito porque se trata de un sistema que se retroalimenta, como el perro que se muerde la cola. La ansiedad produce síntomas físicos, como la taquicardia, pero la persona no los reconoce como efecto de su propio miedo: los interpreta como una prueba más de que algo grave le está pasando. Así, lo que empezó siendo una consecuencia de la ansiedad se convierte en el combustible de más ansiedad”, detalló la especialista.

Además, señaló que dos factores refuerzan este circuito:

Cuando el cerebro interpreta algo como amenaza, se activa la amígdala, una parte del cerebro que funciona como una alarma, explicó la licenciada Castro.

“Esa alarma pone en marcha el sistema nervioso simpático y se liberan adrenalina y cortisol. Es la respuesta de lucha o huida: el corazón bombea más rápido, la respiración se acelera, los músculos se tensan. Es un mecanismo diseñado para protegernos, pero en este caso se dispara sin un peligro real”, describió la psicóloga.

Lo paradójico es que esa respuesta produce justamente los síntomas que la persona teme, advirtió. “Si tengo miedo de tener un problema cardíaco, la ansiedad me acelera el corazón, y eso parece confirmar el miedo. Además, mientras la alarma está encendida, la corteza prefrontal del cerebro, que nos ayuda a razonar y poner las cosas en perspectiva, pierde peso. Por eso, en ese momento es tan difícil convencerse de que ‘no es nada’”.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

¿Existe el estrés de los lunes? Qué dicen los especialistas sobre la ansiedad por el inicio de la semana

¿Existe el estrés de los lunes? Qué dicen los especialistas sobre la ansiedad por el inicio de la semana

¿Existe el estrés de los lunes? Qué dicen los especialistas sobre la ansiedad por el inicio de la semana

Un estudio detectó que muchas personas presentan esos días mayores niveles de cortisol. Expertos explicar a Infobae cómo los pendientes y las preocupaciones se cuelan ya al final del domingo, alteran el descanso y ponen al cuerpo en tensión. ¿Es posible controlarlo?

La tensión del domingo por la tarde, el insomnio previo a la vuelta a la rutina o la sensación de que la semana ya pesa antes de empezar tienen una explicación psicológica y corporal. Las personas que se sienten ansiosas o tensas los lunes presentan, en promedio, niveles de cortisol un 23% más altos que quienes se estresan otros días, según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Hong Kong.

El trabajo, realizado con muestras de cabello de más de 3.500 adultos mayores, analizó una hormona vinculada con la respuesta al estrés que puede reflejar su acumulación a lo largo de semanas. El hallazgo llamó la atención porque la relación con el lunes apareció también entre jubilados y personas sin horarios laborales fijos.

Los especialistas consultados por Infobae coincidieron en que el fenómeno no se limita al empleo: remite a asociaciones construidas durante años, a la anticipación de las demandas y a la forma en que se distribuyen el descanso y las obligaciones.

Para el doctor en Psicología y docente Flavio Calvo (MN 66.869), el lunes adquiere una carga emocional desde los primeros años de vida. “Tiene una carga psicológica que fuimos construyendo desde chicos: hay que levantarse temprano, cumplir horarios, volver al colegio, al trabajo y a todas las responsabilidades”, explicó.

Esa relación puede persistir aunque las condiciones de vida cambien. “Nuestra mente aprende por asociación y anticipación”, señaló Calvo. Si durante mucho tiempo el comienzo de semana quedó ligado a exigencias o malestar, el organismo puede prepararse antes de enfrentar una demanda concreta. El cortisol participa en esa respuesta, ya que ayuda al cuerpo a disponer de energía frente a lo que interpreta como una exigencia próxima.

La licenciada en Psicología Agustina De Nardo (MN 88.927), del equipo de Psicoterapia Cognitiva de INECO, ubicó el fenómeno en la transición entre dos ritmos. “Después del fin de semana, muchas personas vuelven a horarios más estructurados, obligaciones laborales o académicas y responsabilidades que requieren planificación y esfuerzo”, afirmó. Para la especialista, el malestar no depende exclusivamente de lo que sucede ese día, sino también de las expectativas con las que lo afrontamos.

La licenciada en Psicología del Hospital Italiano, Cintia Pereira (MN 41.905), planteó que el lunes integra una organización social del tiempo que se aprende mucho antes de empezar la vida laboral. “Para muchos, el lunes se conecta con el pasaje hacia un tiempo más pautado por horarios, compromisos y expectativas”, indicó.

Pensar en una reunión difícil, en una discusión posible o en una lista de tareas extensa puede bastar para que aparezcan tensión muscular, inquietud o problemas para dormir. Los especialistas llaman a este mecanismo ansiedad anticipatoria, una capacidad que resulta útil cuando ayuda a organizarse, pero que puede desgastar cuando se vuelve persistente.

“No hace falta que algo esté pasando para que el cuerpo se ponga en alerta”, explicó la médica psiquiatra Soledad Conti (MN 130.007). “Pensar en una situación que nos resulta amenazante o nos genera preocupación puede activar los mismos mecanismos de alarma que se ponen en marcha cuando la vivimos”.

De Nardo sostuvo que anticipar permite prepararse para eventuales dificultades, aunque el problema comienza si se transforma en una preocupación constante. “Podemos terminar experimentando hoy el malestar de situaciones que todavía no ocurrieron y que, incluso, podrían no suceder como las imaginamos”, advirtió.

Calvo distinguió entre ocuparse de aquello que tiene una solución posible y quedarse atrapado en escenarios hipotéticos. “La anticipación es buena cuando nos ayuda a prepararnos, pero puede agotarnos cuando se transforma en una preocupación permanente”, señaló.

Que el malestar aparezca incluso en quienes no trabajan refuerza la idea de que el lunes no representa solo el regreso a una oficina. Pereira explicó que bancos, trámites, comercios, actividades familiares y vida social continúan organizados alrededor de la separación entre semana y fin de semana. “Participamos de esa organización aun sin una rutina laboral”, afirmó.

Conti agregó que el lunes concentra expectativas que se expresan en frases habituales, como “el lunes empiezo”, “el lunes me organizo” o “el lunes me pongo al día”. “Depositamos en ese día la expectativa de corregir lo que venimos postergando y de funcionar mejor que la semana anterior”, sostuvo.

De Nardo vinculó esa presión con reglas rígidas sobre la productividad. “El descanso puede dejar de ser reparador y convertirse en una fuente de culpa”, explicó. Así, muchas personas llegan al domingo pensando en lo que no hicieron, en los pendientes o en la necesidad de aprovechar el tiempo libre de la manera “correcta”.

Para Calvo, cuando el disfrute queda concentrado en solo dos días, el inicio de semana funciona como el final abrupto de ese permiso. “Cuando sentimos que solamente podemos disfrutar dos días de cada siete, es lógico que no queramos que llegue el lunes”, indicó.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

Recuperación de la frecuencia cardíaca: por qué es importante este test después del ejercicio

Recuperación de la frecuencia cardíaca: por qué es importante este test después del ejercicio

Recuperación de la frecuencia cardíaca: por qué es importante este test después del ejercicio

Medir la caída de los latidos durante el primer minuto permite observar la respuesta del organismo al esfuerzo, su retorno al reposo e indica el estado de la salud cardiovascular

Por Bautista Salaverri

La recuperación de la frecuencia cardíaca es un indicador que observa qué ocurre en los minutos posteriores al ejercicio: mide cuánto desciende el pulso desde su punto más alto hasta el registro realizado, en general, un minuto después de detener la actividad. Ese descenso aporta información sobre la respuesta del sistema cardiovascular ante el esfuerzo y el inicio del descanso.

El dato cobra relevancia porque una caída lenta del pulso se asocia con una menor capacidad de recuperación del organismo. La medición no reemplaza una evaluación clínica, pero puede aportar un elemento adicional para valorar el estado físico y cardiovascular, especialmente si se interpreta junto con la edad, antecedentes médicos, tipo de ejercicio y otras variables de salud.

El dato se calcula al restar el pulso registrado un minuto después de terminar el ejercicio a la frecuencia cardíaca máxima o más elevada alcanzada durante la actividad. El resultado se expresa en latidos por minuto. La diferencia entre ambas mediciones permite observar con qué rapidez comienza a descender el ritmo cardíaco una vez que termina el esfuerzo.

La Cleveland Clinic indicó que esta medición se utiliza habitualmente durante las pruebas de esfuerzo para colaborar en el diagnóstico y seguimiento de enfermedades cardiovasculares. También aclaró que algunas personas la registran por su cuenta con relojes inteligentes o monitores de actividad, aunque el significado del valor depende del protocolo usado y de las características individuales.

Para realizar una medición orientativa, BBC señaló que el ejercicio debe alcanzar una intensidad capaz de elevar el pulso entre el 70% y el 85% de la frecuencia cardíaca máxima estimada. Luego se toma el pulso inmediatamente después de detener la actividad, se descansa durante un minuto y se vuelve a medir. La diferencia entre ambos números constituye la recuperación de la frecuencia cardíaca.

Según la Cleveland Clinic, una caída de 18 latidos por minuto o más durante el primer minuto suele considerarse una buena recuperación. Sin embargo, la institución remarcó que no existe un valor único válido para toda la población. La edad, la existencia de enfermedad cardiovascular, el tipo de ejercicio, la modalidad de descanso y el momento exacto de la medición pueden modificar el resultado.

La BBC agregó que un descenso inferior a 12 latidos por minuto podría asociarse con un riesgo mayor de problemas de salud a largo plazo. Aun así, la interpretación no debe reducirse a un umbral fijo. La entidad sanitaria sostuvo que los profesionales consideran este registro como una pieza dentro de una evaluación más amplia y no como un resultado definitivo por sí solo.

El vínculo con la salud cardiovascular se explica, en parte, por el sistema nervioso autónomo, que regula funciones involuntarias como el ritmo cardíaco. La American Heart Association describió que la recuperación cardíaca refleja la reactivación parasimpática y la disminución de la actividad simpática después del ejercicio. En términos accesibles, muestra cómo el organismo pasa de una respuesta de esfuerzo a una etapa de reposo.

Un estudio publicado por el European Journal of Cardiovascular Medicine comparó a 150 estudiantes varones sanos de entre 18 y 25 años, divididos entre grupos físicamente activos e inactivos. Según la revisión, los participantes activos mostraron una disminución promedio de 45,7 latidos durante el primer minuto de recuperación, mientras que en el grupo inactivo la caída promedio fue de 31,5 latidos.

El trabajo también informó frecuencias cardíacas en reposo más bajas en el grupo activo y una relación positiva entre el nivel de actividad física y la rapidez de recuperación. Debido a que se trató de una muestra específica, integrada solo por hombres jóvenes y sanos, esos resultados no pueden trasladarse de forma directa a otros grupos de edad o condiciones de salud.

BBC indicó que la cardióloga Nieca Goldberg, de la Universidad de Nueva York, recomendó consultar con un médico ante una recuperación que genere preocupación, para realizar una valoración integral del riesgo cardíaco. La especialista mencionó actividades cardiovasculares regulares como caminar a paso moderado, andar en bicicleta, trotar, correr, nadar o bailar como alternativas que pueden contribuir a mejorar este indicador dentro de un plan adecuado a cada condición.

La Cleveland Clinic coincidió en que el ejercicio puede mejorar la recuperación de la frecuencia cardíaca, pero recomendó conversar con un profesional antes de iniciar una rutina nueva. En personas que atravesaron un infarto o una cirugía cardíaca, la institución indicó que la rehabilitación cardiovascular puede favorecer la recuperación del pulso y la supervivencia a largo plazo.

La medición no resulta adecuada sin supervisión para quienes tienen afecciones cardíacas preexistentes, según BBC. Mareos, dolor o presión en el pecho y falta de aire desproporcionada al esfuerzo son señales para interrumpir la actividad y buscar atención médica. En esos casos, el objetivo no es mejorar una cifra registrada por un dispositivo, sino obtener una evaluación clínica que determine la forma segura de hacer ejercicio.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

Se realizará una nueva edición de los Juegos Interfacultades

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Los días 29 y 30 de octubre, la ciudad de Gualeguaychú será sede del encuentro deportivo universitario que reunirá a…

Los días 29 y 30 de octubre, la ciudad de Gualeguaychú será sede del encuentro deportivo universitario que reunirá a estudiantes de las distintas unidades académicas. El evento es organizado por la Subsecretaría de Deportes de la Universidad Nacional de Entre Ríos.

La UNER se prepara para una nueva edición de los Juegos Interfacultades 2026, que se desarrollarán durante los días jueves 29 y viernes 30 de octubre en la ciudad de Gualeguaychú, organizados por la Subsecretaría de Deportes de la universidad. 

El evento contará con la participación de 650 deportistas provenientes de las facultades de Trabajo Social, Ciencias de la Educación, Ciencias Económicas, Ciencias Agropecuarias, Ingeniería, Ciencias de la Alimentación, Ciencias de la Administración, Bromatología, Ciencias de la Salud y Kinesiología. Serán dos jornadas marcadas por el deporte, el trabajo en equipo y la integración universitaria. Además, durante los días de Interfacultades habrá una trasmisión especial del streaming CTRL Z.

Las disciplinas que formarán parte de esta edición incluyen vóley (femenino y masculino), básquet (femenino y masculino) y fútbol (femenino y masculino).

La actividad comenzará el jueves con la acreditación de las delegaciones a las 8:00 hs en los predios correspondientes. Durante toda esa jornada se desarrollarán las instancias clasificatorias en los siguientes sedes:

Tras finalizar la primera rueda de partidos y el descanso en sus alojamientos, las y los participantes compartirán una cena a las 21:00 hs en el Club Central Entrerriano.

El viernes será el turno de las semifinales y finales. La acción continuará desde las primeras horas en:

Una vez concluidas las finales, la delegación completa se trasladará a las 14:00 hs a la Facultad de Bromatología, donde se llevará a cabo el acto de cierre y la tradicional entrega de premios.

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Búsqueda de candidatos para Doctorado o Maestría en el Instituto Malbrán

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El Servicio de Micobacterias del INEI-ANLIS «Dr. Carlos G. Malbrán» se encuentra en la búsqueda de candidatas y…

El Servicio de Micobacterias del INEI-ANLIS «Dr. Carlos G. Malbrán» se encuentra en la búsqueda de candidatas y candidatos para realizar un Doctorado o Maestría.

La convocatoria está orientada a profesionales con formación en Bioinformática, Ciencia de Datos, Biología o carreras afines (como Ingeniería en Bioinformática o Bioingeniería), que tengan interés en las áreas de genómica, salud pública y epidemiología.

Contacto e inscripciones:Las personas interesadas en postularse o recibir más información deben enviar su consulta por correo electrónico a: kaoru.noemi@gmail.com.

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