Bajo impacto, alto beneficio, la fórmula que redefine el entrenamiento en perimenopausia según expertos

Bajo impacto, alto beneficio, la fórmula que redefine el entrenamiento en perimenopausia según expertos

Bajo impacto, alto beneficio, la fórmula que redefine el entrenamiento en perimenopausia según expertos

La evidencia científica destaca que el trabajo de resistencia bien planificado ayuda a sostener músculo, hueso y bienestar general, con rutinas que eliminan saltos y priorizan control, técnica y continuidad semanal

La pérdida de masa muscular que acompaña la caída de estrógenos durante la perimenopausia no se frena con cualquier tipo de ejercicio, y mucho menos con el más intenso.

Un creciente cuerpo de evidencia científica y un consenso entre especialistas internacionales señalan al entrenamiento de resistencia de bajo impacto como la estrategia más eficaz —y sostenible— para que las mujeres de entre 40 y 60 años preserven músculo, densidad ósea y salud metabólica sin agravar el estrés fisiológico propio de esta etapa.

Un estudio publicado en 2024 en la revista Medicine & Science in Sports & Exercise por investigadores de la Universidad de Exeter (Reino Unido) fue el primero en demostrar que la transición menopáusica no afecta la capacidad del cuerpo para responder al entrenamiento de resistencia.

El ensayo, con 72 mujeres pre, peri y posmenopáusicas que no tomaban terapia hormonal, comparó durante 12 semanas un programa de ejercicio de bajo impacto con las pautas estándar de actividad física. El grupo que siguió el programa específico logró un aumento del 19% en la fuerza de la cadera, un 21% en flexibilidad corporal completa, un 10% en equilibrio dinámico y una ganancia de masa muscular magra sin incremento del peso total.

El mecanismo detrás de este enfoque tiene que ver directamente con el cortisol. Durante la perimenopausia, los niveles de estrógeno fluctúan de forma errática y eso eleva la sensibilidad del sistema nervioso a cualquier estímulo de estrés.

Según un análisis de la Clara Clinic publicado en 2026, la irregularidad en la función ovárica lleva al cerebro a intensificar sus señales hormonales, lo que amplifica la liberación de cortisol y adrenalina incluso ante estresores moderados.

En ese contexto, los entrenamientos de alta intensidad practicados con frecuencia —o sin la recuperación adecuada— se convierten en un estresor adicional que puede elevar crónicamente el cortisol, acumular grasa abdominal, deteriorar el sueño y aumentar la inflamación sistémica.

La American Council on Exercise (ACE) advierte que, en un entorno de estrógeno bajo, articulaciones y músculos se recuperan con mayor dificultad. La recomendación es reemplazar el cardio de alta intensidad por modalidades de menor impacto hasta que la calidad del sueño se estabilice, dado que sin descanso reparador el cuerpo no tiene acceso suficiente a hormona de crecimiento ni testosterona para construir músculo.

El riesgo de no actuar tampoco es menor. Una revisión sistemática publicada en los Proceedings of the National Academy of Sciences de la Universidad de Kioto y otros centros, recogida en PubMed (2023) concluye que el entrenamiento de resistencia realizado tres veces por semana, en sesiones de entre 20 y 90 minutos durante al menos seis semanas, es la intervención no farmacológica más efectiva para prevenir la sarcopenia en mujeres menopáusicas de entre 40 y 60 años.

La pérdida de masa muscular esquelética que comienza con la caída de estrógenos se acelera con cada año de inactividad y está asociada a mayor riesgo de caídas, fracturas y deterioro metabólico.

Lo que distingue al entrenamiento de bajo impacto no es la ausencia de esfuerzo, sino la ausencia de carga articular. Se trabaja con mancuernas, bandas elásticas, tobilleras, peso corporal y control del tempo, integrando secuencias inspiradas en pilates, yoga, ballet y movilidad funcional.

La activación muscular es real y progresiva; lo que se elimina son los saltos, los cambios de dirección bruscos y la compresión articular que caracterizan a los entrenamientos convencionales de alto impacto. La Sociedad Británica de Menopausia lo resume con claridad: el entrenamiento de fuerza es especialmente relevante en la mediana edad, cuando la masa muscular comienza a disminuir y el riesgo de osteoporosis se incrementa.

Para mujeres con osteoporosis o condiciones articulares activas, este tipo de entrenamiento ofrece una vía para trabajar densidad ósea y fuerza de forma eficaz sin comprometer la integridad estructural. La clave, según los especialistas, es la progresión gradual: entre dos y cinco sesiones semanales, alternando intensidades y priorizando la recuperación.

Una revisión de 2023 publicada en la revista Menopause encontró que entrenar al 80% de una repetición máxima dos veces por semana es suficiente para producir cambios en la densidad ósea, lo que sugiere que la carga importa más que la frecuencia.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

Un estudio alemán revela cómo el músculo se repara tras el esfuerzo físico

Un estudio alemán revela cómo el músculo se repara tras el esfuerzo físico

Un estudio alemán revela cómo el músculo se repara tras el esfuerzo físico

Investigadores de Hildesheim, Bonn y Friburgo hallaron proteínas que detectan fibras dañadas y las eliminan por autofagia tras el entrenamiento de fuerza, un avance que puede afinar rutinas de atletas y terapias clínicas

Por Ismael Yasnikowski

Investigadores de las universidades alemanas de Hildesheim, Bonn y Friburgo identificaron nuevos componentes de la red de reparación muscular que se activa tras el entrenamiento de fuerza. El trabajo, publicado en la revista científica Nature Communications, describe cómo ciertas proteínas reconocen las estructuras musculares dañadas y las eliminan mediante autofagia, un proceso de degradación celular que facilita la síntesis de tejido nuevo.

El estudio se concretó debido a la labor conjunta entre un equipo compuesto por fisiólogos dedicados al ejercicio, biólogos expertos en citología y especialistas en proteómica. Antes de este trabajo, el conocimiento disponible sobre los mecanismos mediante los cuales el músculo es capaz de reparar el daño que produce el ejercicio de gran intensidad, y sobre los procesos de adaptación que ocurren frente a entrenamientos realizados de manera repetida, era limitado.

El entrenamiento de resistencia que se lleva a cabo a alta intensidad posibilita incrementar la masa de los músculos esqueléticos o, en determinados casos, mantener el volumen y la funcionalidad, aunque al mismo tiempo induce una carga mecánica significativa sobre las fibras musculares involucradas. Esa carga o tensión genera lesiones microscópicas en la maquinaria encargada de la contracción muscular y que es la responsable fundamental de la producción de fuerza.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja que las personas realicen actividades dirigidas al fortalecimiento muscular de intensidad moderada, sea en un mínimo de dos ocasiones cada semana, ya que este hábito contribuye a evitar la disminución en la cantidad de masa muscular en el cuerpo.

No obstante, cuando se practica ejercicio a una intensidad elevada, el cuerpo enfrenta un esfuerzo y una exigencia física superiores, lo que desencadena procesos internos de reparación cuya complejidad es considerable. En el campo científico, no se había logrado entender del todo cómo operan dichos procesos.

Para el estudio, los investigadores recolectaron biopsias musculares de ocho voluntarios sanos antes y después de una sesión de ejercicio de resistencia de alta intensidad. También analizaron cómo un período de entrenamiento reducido y la interrupción total del ejercicio influían en las adaptaciones moleculares.

Mediante técnicas proteómicas, el equipo identificó cambios dinámicos en el aparato contráctil del músculo esquelético. “Nuestros métodos analíticos nos permitieron identificar proteínas que se incorporan al aparato contráctil después del ejercicio de resistencia, donde desempeñan funciones esenciales de protección y reparación”, señaló Pitter Huesgen, experto en proteómica de la Universidad de Friburgo, en declaraciones recogidas por Infosalud.

Luego, esas proteínas fueron analizadas en laboratorio con células musculares cultivadas para comprobar su funcionamiento. El profesor Jörg Höhfeld, del Instituto de Biología Celular de la Universidad de Bonn, explicó que las proteínas reparadoras primero reconocen las estructuras musculares dañadas y luego las eliminan mediante autofagia, la vía de degradación celular que abre paso a la síntesis de componentes nuevos.

“Esto facilita la reparación muscular y la adaptación al entrenamiento de resistencia», destacó Höhfeld, quien también integra el Comité Directivo del Área de Investigación Transdisciplinaria Vida y Salud de la Universidad de Bonn.

Los hallazgos muestran de manera clara cómo tanto la intensidad del entrenamiento como el historial que cada persona tiene en cuanto a sesiones previas influyen directamente en la magnitud del daño muscular y, a la vez, en la activación de los mecanismos de reparación en el organismo.

Ese conocimiento específico hará posible que se puedan optimizar de manera más precisa las sesiones de entrenamiento que realizan los deportistas. Además, permitirá que se puedan diseñar programas de rehabilitación que sean más eficaces y adecuados para los pacientes que se encuentran en entornos clínicos.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

Un minuto de caminata por hora puede revertir los daños del sedentarismo, según un especialista de Columbia

Un minuto de caminata por hora puede revertir los daños del sedentarismo, según un especialista de Columbia

Un minuto de caminata por hora puede revertir los daños del sedentarismo, según un especialista de Columbia

Un fisiólogo advirtió que las largas jornadas sin movimiento afectan la salud física y mental, y destacó que pequeñas pausas activas durante el día ayudan a reducir riesgos asociados a enfermedades y mejoran el bienestar general

Por Ismael Yasnikowski

Caminar un minuto por hora puede cambiar los efectos nocivos del sedentarismo, según el doctor Keith Diaz, fisiólogo del ejercicio e investigador de la Universidad de Columbia (EE.UU.). Durante una conferencia, el especialista presentó los resultados de sus estudios y advirtió que un adulto promedio pasa actualmente 187 días al año sentado o inactivo, lo que representa más de la mitad del año. Lejos de proponer grandes esfuerzos físicos, el experto defiende que pequeñas pausas de movimiento repartidas a lo largo del día son suficientes para revertir parte del daño.

El fisiólogo reconoció que, pese a dedicar su carrera al estudio de la actividad física, su jornada laboral transcurre frente a una pantalla y en reuniones. “Acabo muy cansado y agotado a pesar de no utilizar mi cuerpo en absoluto”, admitió en declaraciones recogidas por la revista especializada Runner’s World. Esa contradicción personal lo llevó a investigar soluciones prácticas para una realidad que, según sus palabras, define esta como “la época más sedentaria de la historia moderna”.

La ciencia detrás del sedentarismo no deja margen para la duda. De acuerdo con las investigaciones de Diaz, pasar demasiado tiempo inactivo eleva el riesgo de desarrollar diabetes, cáncer, demencia y enfermedades cardíacas, además de asociarse con muerte prematura. Y lo más llamativo del hallazgo es que ese riesgo persiste incluso en personas que sí realizan ejercicio regular.

“Llevar un estilo de vida muy sedentario, como hacemos muchos de nosotros, es tóxico”, sentenció el investigador, según Runner’s World. Para ilustrar la velocidad con que el cuerpo pierde lo ganado, el experto citó un estudio en el que deportistas de resistencia altamente entrenados perdieron cerca del 20% de su capacidad aeróbica en solo tres días de reposo en cama.

El deterioro tampoco se limita a los atletas. Según el fisiólogo, obligar a un adulto sano a guardar reposo durante 40 días produce en su corazón cambios equivalentes a 50 años de envejecimiento. “No se trata de saltarse un entrenamiento o dos. La toxicidad surge cuando el movimiento empieza a desaparecer de tu vida”, precisó.

El médico y su equipo llegaron a una cifra concreta: un paseo de cinco minutos cada media hora basta para contrarrestar buena parte de los efectos negativos del sedentarismo. Esa pauta redujo el pico de azúcar en sangre tras las comidas en aproximadamente un 60%, una magnitud comparable, según el propio investigador, a la que se obtendría con medicación para controlar la glucosa.

No obstante, el umbral mínimo es aún más accesible. “Algo tan sencillo como caminar un minuto cada hora puede tener un gran impacto”, afirmó Diaz, de acuerdo con lo publicado por Runner’s World. Y el ritmo tampoco exige esfuerzo: basta con caminar a unos 3 km/h, es decir, un paso tranquilo. El investigador subrayó que incluso pausas breves y poco frecuentes logran neutralizar “algunos de los costes ocultos de nuestras vidas sedentarias”.

La clave está en la frecuencia, no en la intensidad. Los músculos, explicó, necesitan contraerse con regularidad para funcionar de manera óptima, y esa contracción no tiene por qué ocurrir exclusivamente durante una sesión de gimnasio. Cualquier interrupción del tiempo sentado cuenta.

Los beneficios de esas micropausas no se limitan al cuerpo. Según las investigaciones, pasar el día sentado sin moverse provoca que el estado de ánimo de las personas “se desplome” mientras la fatiga se acumula. La razón, explicó el científico, es que los músculos y el cerebro mantienen una relación de comunicación constante.

“Nuestra necesidad biológica de contraer los músculos va más allá de la salud física y el metabolismo. También es fundamental para la salud mental y cerebral”, indicó el experto, en declaraciones reproducidas por Runner’s World. Al comparar la actividad cerebral tras el movimiento con la que se registra tras períodos prolongados de inactividad, las diferencias resultan notorias: el cerebro activo se muestra más preparado para aprender y trabajar.

El experto apunta a la cultura de la productividad y la comodidad como el obstáculo más grande. La tecnología, señaló, remueve cada vez más la necesidad de moverse: las compras llegan a domicilio, los robots aspiran el suelo y el entretenimiento digital retiene a las personas durante horas. Frente a ese diseño, el investigador propone un cambio de perspectiva: ver el movimiento no como una interrupción, sino como una forma de reconectar el cuerpo y el cerebro a lo largo del día.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

“Aquí no se envejece”: así funciona la clínica a 250 metros bajo tierra que trata el asma con aire de mina

“Aquí no se envejece”: así funciona la clínica a 250 metros bajo tierra que trata el asma con aire de mina

“Aquí no se envejece”: así funciona la clínica a 250 metros bajo tierra que trata el asma con aire de mina

En Armenia funciona uno de los únicos hospitales del mundo instalados en lo profundo de una mina activa. Desde 2019, sin financiamiento estatal, el centro médico enfrenta el riesgo de cierre

Por Ismael Yasnikowski

Cada mañana, un puñado de pacientes aborda un ascensor industrial que desciende 250 metros bajo tierra, en los subsuelos de un barrio residencial en las afueras de Ereván, capital de Armenia. Al fondo los espera una red de túneles excavados en roca salina, camas estrechas detrás de cortinas y seis horas de silencio absoluto. Lo que parece el decorado de un búnker de la Guerra Fría es, en realidad, una clínica médica instalada en el interior de una mina activa de sal, considerada una de las pocas de su tipo en el mundo. Su existencia, sin embargo, pende de un hilo.

El centro opera desde 1987 en la mina de Avan y ofrece un tratamiento alternativo llamado espeleoterapia, basado en la premisa de que el aire saturado de sal, libre de alérgenos y contaminación, puede aliviar enfermedades respiratorias como el asma y las alergias. Durante décadas, miles de armenios recibieron este tratamiento de forma gratuita a través del sistema público de salud.

Según un informe elaborado por el medio británico The Guardian, en 2019 el gobierno de Armenia retiró el financiamiento estatal al considerar que la espeleoterapia carece de evidencia científica suficiente para justificar el gasto público. Desde entonces, el número de pacientes cayó de forma drástica y la clínica opera al límite de su capacidad.

La doctora Anush Voskanyan, que trabaja en la clínica desde 1989, guía a los visitantes por las enormes cámaras subterráneas y explica el origen del tratamiento. Según relató al medio británico, la idea surgió cuando los médicos advirtieron que los trabajadores de las minas de sal presentaban tasas de enfermedades respiratorias notablemente bajas, a pesar de pasar su vida laboral bajo tierra. Esa observación impulsó estudios sobre el microclima de las minas, que derivaron en la apertura de clínicas especializadas en distintas partes del bloque soviético.

La médica atribuye los beneficios del entorno a una combinación de factores: el aire cargado de sal, una temperatura constante de 19°C durante todo el año y la ausencia total de alérgenos, ruido, radiación y polución. Los pacientes realizan el tratamiento durante seis horas diarias a lo largo de tres semanas.

De acuerdo con los médicos del centro, la primera semana sirve para que el organismo se adapte al ambiente de la mina, y los efectos positivos se van acumulando de forma gradual. “Aquí básicamente no se envejece”, afirmó la doctora en declaraciones recogidas por The Guardian.

En su momento de mayor actividad, la mina de Avan recibía miles de pacientes por año. Muchos llegaban sin costo alguno, cubiertos por el sistema de salud armenio. Hoy, las cámaras que antes albergaban a 60 personas a la vez están casi vacías. “Hoy somos probablemente cinco”, dijo al observar los espacios desiertos, según consignó el diario.

El punto de quiebre llegó cuando el gobierno armenio retiró el financiamiento en el marco de una reforma del sistema de salud orientada a la introducción de un seguro médico universal. Las autoridades debieron decidir qué tratamientos merecían cobertura pública y la espeleoterapia quedó fuera. Quienes antes asistían gratis ahora deben abonar alrededor de 20 libras esterlinas (unos USD 26,59) por cada sesión. “Estamos al borde del cierre. Seguimos funcionando, pero apenas, y podríamos cerrar cualquier día”, advirtió la doctora.

La espeleoterapia se practica desde hace décadas en Europa del Este y en los países de la ex Unión Soviética, pero los estudios a gran escala son escasos y la mayoría de los centros que existían ya cerraron sus puertas. Muchos especialistas en enfermedades respiratorias la consideran una terapia complementaria que puede aliviar síntomas, pero que no debe reemplazar los tratamientos médicos convencionales.

Para sus defensores, la falta de investigación sistemática no invalida décadas de testimonios. Mikayel Torosian, un paciente asmático, describió su experiencia al medio inglés: “Probé todos los tratamientos posibles y este es el único que funcionó. Pensé que era una completa tontería antes de probarlo, pero ahora soy un verdadero creyente. Me salvó”, contó al medio.

Mientras el debate sobre la validez médica del método continúa abierto, cada mañana el ascensor de la mina de Avan sigue su descenso bajo las calles de Ereván, ofreciendo a quienes bajan algo difícil de encontrar en la superficie: horas de silencio total, sin conexión a internet y sin el ruido del mundo exterior.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

El sueño femenino se deteriora en cada etapa hormonal, afirma una experta

El sueño femenino se deteriora en cada etapa hormonal, afirma una experta

El sueño femenino se deteriora en cada etapa hormonal, afirma una experta

La investigadora Christine Blume, de la Universidad de Basilea, advierte que la brecha de descanso entre géneros se traduce en costos directos para los sistemas de salud y la productividad. Cómo revertirlo

El sueño femenino cae en picada con la maternidad, pero los efectos de la privación no se limitan al hogar. La investigadora del sueño Christine Blume, de la Universidad de Basilea, advirtió al semanario alemán Der Spiegel que la llamada «brecha de sueño de género» produce costos directos e indirectos para los sistemas de salud y para la productividad colectiva, y que su solución exige una respuesta de toda la sociedad.

Blume explicó al semanario alemán que el sueño de las mujeres se deteriora en múltiples etapas de la vida reproductiva. Durante el primer trimestre del embarazo, el cuerpo produce más progesterona, lo que genera fatiga intensa y un sueño no reparador, a pesar de que las horas de descanso pueden incluso aumentar.

El segundo trimestre ofrece una recuperación transitoria; es el período en que los estudios registran la mejor calidad de sueño durante toda la gestación. Al llegar al tercer trimestre, la incomodidad física, el dolor de espalda y los movimientos del bebé vuelven a deteriorar el descanso.

Y tras el parto, los patrones de sueño cambian de forma drástica: menos horas totales, interrupciones frecuentes y mayor dificultad para conciliar el sueño en las primeras horas de la mañana, cuando el cuerpo ya anticipa el día.

Sobre el debate entre cuna y cama familiar, Blume matizó los datos disponibles. Tanto compartir la cama como dormir en la misma habitación se asocian con interrupciones más frecuentes para la madre. Para las madres que amamantan, la cercanía del bebé puede evitar levantadas nocturnas y preservar algo del descanso. “En última instancia, cada familia debe poder decidir qué es lo mejor para ella”, declaró la investigadora a Der Spiegel.

La especialista aclaró que la privación del sueño en el período postnatal no equivale a un trastorno del sueño por definición, ya que este último requiere que existan oportunidades reales para descansar, y los padres jóvenes simplemente no las tienen.

Aun así, advirtió que cualquier situación de sueño interrumpido, sea una lesión, una enfermedad o el estrés, puede desencadenar síntomas de insomnio.

En su propio caso, una lesión en el hombro que le obligaba a despertarse por la noche para darse vuelta le provocó brevemente ese tipo de síntomas. “Pude comprobar lo rápido que puede suceder”, señaló ante Der Spiegel.

Frente a quienes temen consecuencias graves en la salud a largo plazo, Blume señaló que las pruebas también muestran factores protectores ligados a la paternidad: menor consumo de alcohol, abandono del tabaco, mejor alimentación y una red social familiar más amplia.

Además, precisó que el déficit de sueño posterior al parto disminuye con relativa rapidez, aunque esa realidad estadística no necesariamente coincide con la vivencia subjetiva de los padres.

Las mujeres, indicó la investigadora, son más vulnerables a los problemas de sueño en todos los períodos de cambio hormonal: pubertad, maternidad y menopausia. Y duermen algo más que los hombres, en promedio, aunque solo por minutos. Esa diferencia, según Blume, no refleja una mayor necesidad biológica de sueño, sino una compensación ante la peor calidad del descanso femenino.

A ello se suma la llamada “carga mental”: según el estudio del legado que citó ante Der Spiegel, de 21 responsabilidades domésticas y de cuidado relevadas, 18 recaen total o mayoritariamente sobre las mujeres. Solo 3 —reparaciones, oficios y finanzas— corresponden predominantemente a los hombres.

Ante esa distribución desigual, Blume afirmó. “Si entendemos que dormir es importante para la salud, que la privación del sueño conlleva altos costos directos e indirectos (…) entonces debería ser importante para todos los miembros de la sociedad que todos duerman bien por la noche”, concluyó la especialista.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

Una de cada tres mujeres no identifica la perimenopausia cuando la atraviesa: los 7 signos que pueden marcar la diferencia

Una de cada tres mujeres no identifica la perimenopausia cuando la atraviesa: los 7 signos que pueden marcar la diferencia

Una de cada tres mujeres no identifica la perimenopausia cuando la atraviesa: los 7 signos que pueden marcar la diferencia

Un nuevo estudio cuantificó por primera vez la extensión de esta incertidumbre y encontró que la confusión de síntomas, las brechas de conocimiento y las barreras médicas son sus causas principales

Por Santiago Abraldes

Una de cada tres mujeres mayores de 35 años en Estados Unidos no sabe si está atravesando la perimenopausia, según un estudio publicado en Menopause basado en una encuesta a 7.640 mujeres. La incertidumbre fue mayor entre quienes reportaron síntomas más graves y en el grupo de 40 a 44 años.

La perimenopausia es la transición previa a la menopausia, cuando los ovarios comienzan a producir hormonas de forma cada vez más irregular. Puede extenderse durante años y desencadenar una variedad de síntomas que, lejos de ser exclusivos de esta etapa, se solapan con las experiencias cotidianas de muchas mujeres. Por eso, el diagnóstico suele requerir descarte y contextualización clínica.

La investigación, realizada en colaboración entre Flo Health y el Center for Women’s Health de la Mayo Clinic, midió cuán frecuente es esta incertidumbre, cuáles son sus causas y si varían según la edad o la intensidad de los síntomas.

La incertidumbre sobre la propia etapa reproductiva alcanzó su pico en 42% entre las mujeres de 40 a 44 años, el grupo etario en el que la perimenopausia suele empezar a manifestarse con mayor intensidad. Entre las mujeres con síntomas graves, la proporción que desconocía su situación llegó al 37%.

El estudio empleó un diseño mixto: una encuesta cuantitativa con escala validada de síntomas y un análisis cualitativo de 409 respuestas abiertas de participantes que declararon no saber en qué etapa reproductiva se encontraban.

Del análisis surgieron tres grandes fuentes de incertidumbre. La primera, y más frecuente, fue la confusión de síntomas, que concentró el 56% de las respuestas. Muchas participantes reconocían síntomas físicos o emocionales pronunciados —alteraciones del sueño, cambios de humor, fatiga, niebla mental, sofocos, palpitaciones y dolores articulares— pero los atribuían a otras causas, como el estrés, la maternidad o el ritmo de vida, o los descartaban porque sus ciclos menstruales seguían siendo regulares.

La segunda fuente fue la falta de conocimiento y la búsqueda de información, presente en el 28% de los casos: varias mujeres no sabían qué significaba la perimenopausia, qué síntomas la caracterizan o partían de la premisa errónea de que eran “demasiado jóvenes” para estar en esa transición.

La tercera categoría, con el 16% restante, abarcó barreras para acceder a la confirmación médica, como consultas en las que las preocupaciones de las pacientes fueron minimizadas o sus síntomas atribuidos a otras condiciones.

El solapamiento entre los síntomas perimenopáusicos y las exigencias de la vida cotidiana es uno de los principales obstáculos. La fatiga, el insomnio, la irritabilidad y la dificultad para concentrarse son experiencias habituales en mujeres con cargas laborales y familiares intensas, lo que puede dificultar su vínculo con un cambio hormonal.

Louise Newson, médica clínica y especialista en menopausia, señaló, según el comunicado de prensa, que la perimenopausia sigue generando confusión tanto entre las mujeres como entre los profesionales de la salud. “Los profesionales sanitarios no siempre reconocen los síntomas como hormonales, y las mujeres pueden someterse a pruebas y exámenes innecesarios, además de que se les recetan numerosos medicamentos —como antidepresivos— porque los síntomas se analizan de forma aislada”, afirmó.

En su clínica, agregó Newson, atienden habitualmente a mujeres que fueron mal diagnosticadas o cuyas experiencias no fueron reconocidas ni comprendidas. Nikki Ramskill, médica especializada en salud femenina y fundadora de The Female Health Doctor Clinic, describió, según el comunicado de prensa, la perimenopausia como una transición en la que la producción hormonal ovárica se vuelve progresivamente variable, con síntomas que pueden fluctuar, desaparecer durante varios meses y luego reaparecer.

Esa variabilidad dificulta la identificación clínica: la ausencia de un marcador biológico definitivo obliga a los médicos a construir un diagnóstico a partir del patrón de cambios que cada mujer reporta respecto de su estado anterior.

Uno de los malentendidos más extendidos, que el estudio también recogió, es la creencia de que tener ciclos menstruales regulares descarta la perimenopausia. Ramskill lo consideró “uno de los mensajes más importantes”: los síntomas pueden aparecer cuando los períodos aún parecen normales, en particular en las etapas más tempranas de la transición.

“Incluso una menstruación mensual aparentemente regular no indica que la ovulación y la producción hormonal se comporten exactamente igual que cinco o diez años atrás», afirmó la médica, según el comunicado de prensa.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/