Bajo impacto, alto beneficio, la fórmula que redefine el entrenamiento en perimenopausia según expertos
La evidencia científica destaca que el trabajo de resistencia bien planificado ayuda a sostener músculo, hueso y bienestar general, con rutinas que eliminan saltos y priorizan control, técnica y continuidad semanal
La pérdida de masa muscular que acompaña la caída de estrógenos durante la perimenopausia no se frena con cualquier tipo de ejercicio, y mucho menos con el más intenso.
Un creciente cuerpo de evidencia científica y un consenso entre especialistas internacionales señalan al entrenamiento de resistencia de bajo impacto como la estrategia más eficaz —y sostenible— para que las mujeres de entre 40 y 60 años preserven músculo, densidad ósea y salud metabólica sin agravar el estrés fisiológico propio de esta etapa.
Un estudio publicado en 2024 en la revista Medicine & Science in Sports & Exercise por investigadores de la Universidad de Exeter (Reino Unido) fue el primero en demostrar que la transición menopáusica no afecta la capacidad del cuerpo para responder al entrenamiento de resistencia.
El ensayo, con 72 mujeres pre, peri y posmenopáusicas que no tomaban terapia hormonal, comparó durante 12 semanas un programa de ejercicio de bajo impacto con las pautas estándar de actividad física. El grupo que siguió el programa específico logró un aumento del 19% en la fuerza de la cadera, un 21% en flexibilidad corporal completa, un 10% en equilibrio dinámico y una ganancia de masa muscular magra sin incremento del peso total.
El mecanismo detrás de este enfoque tiene que ver directamente con el cortisol. Durante la perimenopausia, los niveles de estrógeno fluctúan de forma errática y eso eleva la sensibilidad del sistema nervioso a cualquier estímulo de estrés.
Según un análisis de la Clara Clinic publicado en 2026, la irregularidad en la función ovárica lleva al cerebro a intensificar sus señales hormonales, lo que amplifica la liberación de cortisol y adrenalina incluso ante estresores moderados.
En ese contexto, los entrenamientos de alta intensidad practicados con frecuencia —o sin la recuperación adecuada— se convierten en un estresor adicional que puede elevar crónicamente el cortisol, acumular grasa abdominal, deteriorar el sueño y aumentar la inflamación sistémica.
La American Council on Exercise (ACE) advierte que, en un entorno de estrógeno bajo, articulaciones y músculos se recuperan con mayor dificultad. La recomendación es reemplazar el cardio de alta intensidad por modalidades de menor impacto hasta que la calidad del sueño se estabilice, dado que sin descanso reparador el cuerpo no tiene acceso suficiente a hormona de crecimiento ni testosterona para construir músculo.
El riesgo de no actuar tampoco es menor. Una revisión sistemática publicada en los Proceedings of the National Academy of Sciences de la Universidad de Kioto y otros centros, recogida en PubMed (2023) concluye que el entrenamiento de resistencia realizado tres veces por semana, en sesiones de entre 20 y 90 minutos durante al menos seis semanas, es la intervención no farmacológica más efectiva para prevenir la sarcopenia en mujeres menopáusicas de entre 40 y 60 años.
La pérdida de masa muscular esquelética que comienza con la caída de estrógenos se acelera con cada año de inactividad y está asociada a mayor riesgo de caídas, fracturas y deterioro metabólico.
Lo que distingue al entrenamiento de bajo impacto no es la ausencia de esfuerzo, sino la ausencia de carga articular. Se trabaja con mancuernas, bandas elásticas, tobilleras, peso corporal y control del tempo, integrando secuencias inspiradas en pilates, yoga, ballet y movilidad funcional.
La activación muscular es real y progresiva; lo que se elimina son los saltos, los cambios de dirección bruscos y la compresión articular que caracterizan a los entrenamientos convencionales de alto impacto. La Sociedad Británica de Menopausia lo resume con claridad: el entrenamiento de fuerza es especialmente relevante en la mediana edad, cuando la masa muscular comienza a disminuir y el riesgo de osteoporosis se incrementa.
Para mujeres con osteoporosis o condiciones articulares activas, este tipo de entrenamiento ofrece una vía para trabajar densidad ósea y fuerza de forma eficaz sin comprometer la integridad estructural. La clave, según los especialistas, es la progresión gradual: entre dos y cinco sesiones semanales, alternando intensidades y priorizando la recuperación.
Una revisión de 2023 publicada en la revista Menopause encontró que entrenar al 80% de una repetición máxima dos veces por semana es suficiente para producir cambios en la densidad ósea, lo que sugiere que la carga importa más que la frecuencia.


