Una de cada tres mujeres no identifica la perimenopausia cuando la atraviesa: los 7 signos que pueden marcar la diferencia
Un nuevo estudio cuantificó por primera vez la extensión de esta incertidumbre y encontró que la confusión de síntomas, las brechas de conocimiento y las barreras médicas son sus causas principales
Por Santiago Abraldes
Una de cada tres mujeres mayores de 35 años en Estados Unidos no sabe si está atravesando la perimenopausia, según un estudio publicado en Menopause basado en una encuesta a 7.640 mujeres. La incertidumbre fue mayor entre quienes reportaron síntomas más graves y en el grupo de 40 a 44 años.
La perimenopausia es la transición previa a la menopausia, cuando los ovarios comienzan a producir hormonas de forma cada vez más irregular. Puede extenderse durante años y desencadenar una variedad de síntomas que, lejos de ser exclusivos de esta etapa, se solapan con las experiencias cotidianas de muchas mujeres. Por eso, el diagnóstico suele requerir descarte y contextualización clínica.
La investigación, realizada en colaboración entre Flo Health y el Center for Women’s Health de la Mayo Clinic, midió cuán frecuente es esta incertidumbre, cuáles son sus causas y si varían según la edad o la intensidad de los síntomas.
La incertidumbre sobre la propia etapa reproductiva alcanzó su pico en 42% entre las mujeres de 40 a 44 años, el grupo etario en el que la perimenopausia suele empezar a manifestarse con mayor intensidad. Entre las mujeres con síntomas graves, la proporción que desconocía su situación llegó al 37%.
El estudio empleó un diseño mixto: una encuesta cuantitativa con escala validada de síntomas y un análisis cualitativo de 409 respuestas abiertas de participantes que declararon no saber en qué etapa reproductiva se encontraban.
Del análisis surgieron tres grandes fuentes de incertidumbre. La primera, y más frecuente, fue la confusión de síntomas, que concentró el 56% de las respuestas. Muchas participantes reconocían síntomas físicos o emocionales pronunciados —alteraciones del sueño, cambios de humor, fatiga, niebla mental, sofocos, palpitaciones y dolores articulares— pero los atribuían a otras causas, como el estrés, la maternidad o el ritmo de vida, o los descartaban porque sus ciclos menstruales seguían siendo regulares.
La segunda fuente fue la falta de conocimiento y la búsqueda de información, presente en el 28% de los casos: varias mujeres no sabían qué significaba la perimenopausia, qué síntomas la caracterizan o partían de la premisa errónea de que eran “demasiado jóvenes” para estar en esa transición.
La tercera categoría, con el 16% restante, abarcó barreras para acceder a la confirmación médica, como consultas en las que las preocupaciones de las pacientes fueron minimizadas o sus síntomas atribuidos a otras condiciones.
El solapamiento entre los síntomas perimenopáusicos y las exigencias de la vida cotidiana es uno de los principales obstáculos. La fatiga, el insomnio, la irritabilidad y la dificultad para concentrarse son experiencias habituales en mujeres con cargas laborales y familiares intensas, lo que puede dificultar su vínculo con un cambio hormonal.
Louise Newson, médica clínica y especialista en menopausia, señaló, según el comunicado de prensa, que la perimenopausia sigue generando confusión tanto entre las mujeres como entre los profesionales de la salud. “Los profesionales sanitarios no siempre reconocen los síntomas como hormonales, y las mujeres pueden someterse a pruebas y exámenes innecesarios, además de que se les recetan numerosos medicamentos —como antidepresivos— porque los síntomas se analizan de forma aislada”, afirmó.
En su clínica, agregó Newson, atienden habitualmente a mujeres que fueron mal diagnosticadas o cuyas experiencias no fueron reconocidas ni comprendidas. Nikki Ramskill, médica especializada en salud femenina y fundadora de The Female Health Doctor Clinic, describió, según el comunicado de prensa, la perimenopausia como una transición en la que la producción hormonal ovárica se vuelve progresivamente variable, con síntomas que pueden fluctuar, desaparecer durante varios meses y luego reaparecer.
Esa variabilidad dificulta la identificación clínica: la ausencia de un marcador biológico definitivo obliga a los médicos a construir un diagnóstico a partir del patrón de cambios que cada mujer reporta respecto de su estado anterior.
Uno de los malentendidos más extendidos, que el estudio también recogió, es la creencia de que tener ciclos menstruales regulares descarta la perimenopausia. Ramskill lo consideró “uno de los mensajes más importantes”: los síntomas pueden aparecer cuando los períodos aún parecen normales, en particular en las etapas más tempranas de la transición.
“Incluso una menstruación mensual aparentemente regular no indica que la ovulación y la producción hormonal se comporten exactamente igual que cinco o diez años atrás», afirmó la médica, según el comunicado de prensa.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Identifican a un condimento como posible aliado contra un tipo de tumor poco frecuente
Un estudio polaco, realizado en modelos animales, puso a prueba cinco sustancias de origen vegetal frente al fibrosarcoma y encontró que una supera a las demás en eficacia y tolerancia
El fibrosarcoma es un tumor maligno que se origina en el tejido que actúa como sostén y unión entre los distintos órganos y estructuras del cuerpo, y se presenta con mayor frecuencia en las extremidades y el tronco. Según estimaciones internacionales, representa menos del 1 % de todos los tumores sólidos en adultos y su tratamiento convencional se basa en cirugía, quimioterapia y radioterapia. Sin embargo, estas estrategias no siempre muestran resultados satisfactorios en este tipo de cáncer poco frecuente.
Frente a ese panorama, la búsqueda de alternativas terapéuticas derivadas de la naturaleza ha ganado terreno en los laboratorios de oncología experimental. Durante años, condimentos como la curcumina —el pigmento amarillo que le da su color al curry— o la berberina —alcaloide presente en diversas plantas medicinales— han captado la atención de la comunidad científica por sus propiedades antiinflamatorias y anticancerígenas.
No obstante, hasta ahora faltaba un análisis sistemático que los comparara de forma simultánea y que evaluara no solo su eficacia contra las células tumorales, sino también su impacto sobre las sanas. Ese vacío fue el punto de partida de un equipo de investigadores de la Universidad Médica de Wroclaw y la Universidad de Wroclaw, en Polonia.
El estudio publicado en la revista científica International Journal of Molecular Sciences analizó cinco compuestos de origen vegetal —curcumina, berberina, biochanin A, cucurbitacina E y CAPE (éster fenetílico del ácido cafeico, un componente del propóleos)— frente a células de fibrosarcoma y células musculares sanas.
El estudio concluyó que la curcumina reunió la mayor actividad anticancerígena junto con el perfil de seguridad más equilibrado entre todos los candidatos evaluados.
El trabajo se concentró en la ruta de señalización NF-κB, que regula procesos como la inflamación, el metabolismo, la supervivencia celular y el envejecimiento, y opera como un interruptor maestro dentro de cada célula.
“NF-κB actúa como un interruptor de control central que integra las señales de estrés celular y determina si una célula activa vías inflamatorias, lucha por su supervivencia o cambia su metabolismo”, afirmó Julita Kulbacka, profesora del Departamento de Biología Molecular y Celular de la Universidad Médica de Wroclaw, según el comunicado de prensa.
En las células cancerosas, ese interruptor tiende a mantenerse activado de forma permanente, lo que favorece su crecimiento y su capacidad de adaptarse a condiciones adversas. Sin embargo, dado que el NF-κB también cumple funciones esenciales en las células normales, la meta no es bloquearlo por completo, sino modularlo con la mayor precisión posible.
Uno de los hallazgos más notorios del trabajo gira en torno al ATP, la molécula que funciona como moneda energética de las células. Los compuestos alteraron la función de las mitocondrias, estructuras que actúan como centrales de energía dentro de la célula, y redujeron la capacidad de producir energía.
En las células de fibrosarcoma, los niveles de ATP cayeron entre un 83% y un 92%; en las células musculares sanas, la reducción fue de entre un 23% y un 73%. Esa diferencia sugiere que las células tumorales son más vulnerables a las perturbaciones en el metabolismo energético.
Los compuestos también incidieron sobre la mitofagia, el proceso por el cual las células eliminan mitocondrias dañadas como mecanismo de autolimpieza.
“La berberina, la cucurbitacina E y el CAPE potenciaron la mitofagia dependiente de PINK1/PARKIN en las células de fibrosarcoma. Combinado con la marcada reducción de los niveles de ATP, esto indica no una respuesta protectora, sino un mecanismo adaptativo desbordado que conduce a la senescencia y la muerte celular”, señaló Kulbacka, según el comunicado de prensa.
La senescencia celular es un estado en el que la célula permanece viva, pero pierde de forma permanente su capacidad de dividirse, lo que equivale a neutralizarla sin destruirla. Los cinco compuestos indujeron ese estado en las células cancerosas. El efecto más pronunciado lo produjo la curcumina: la proporción de células senescentes en el grupo canceroso pasó de aproximadamente un 16,5% a más de un 75%.
Para los demás compuestos, ese porcentaje también superó el 66%, según se detalla en el estudio. Las células musculares sanas mostraron, en general, una respuesta más débil, lo que apunta a cierta selectividad de estos compuestos hacia las células tumorales.
La eficacia en células aisladas no alcanza para proyectar un compuesto hacia la clínica. Por eso, el equipo introdujo un paso adicional: evaluó la toxicidad de las cinco sustancias en larvas de la polilla de la cera mayor, Galleria mellonella, un modelo invertebrado de uso creciente en investigación preclínica por su bajo costo y su capacidad para revelar señales de toxicidad sistémica.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Una pasión en la infancia, una enfermedad sin nombre y un descubrimiento que lo cambió todo: la historia de Tamara Rubilar
La investigadora del CENPAT-CONICET en Puerto Madryn encontró en los erizos de mar la respuesta que la medicina no tenía para su hijo. Hoy, su trabajo mejora la calidad de vida de personas con patologías graves y sin cura
“Fuimos a Buenos Aires cuando él tenía diez meses y estuvimos tres meses internados. Cuando nos dieron el diagnóstico, nos dijeron que era una enfermedad autoinmune, pero no tenía nombre. Como muchas de ellas que tampoco lo tienen”. Quien habla es Tamara Rubilar, bióloga e investigadora del CENPAT-CONICET en Puerto Madryn. Pero también es la mamá de “el Colito”.
Hoy, ella es una de las científicas argentinas más reconocidas por el impacto de su trabajo con erizos de mar y cómo cambió la calidad de vida de personas con enfermedades graves en todo el mundo. Su nombre aparece en Harvard y en congresos internacionales; pero lo que la trajo hasta ahí no fue un plan. Fue una forma de ser.
Hace apenas 13 años, era otro mundo, otra medicina y también otra ciencia. Cuando recibió el diagnóstico de “el Colito”, podría haber parado ahí. Pero es de las que “no sueltan el hueso”, como ella misma dice. Y esa búsqueda terminó cambiando la realidad de su familia, de su ciudad y de muchas otras personas que, enfrentando patologías muy distintas, encontraron en su trabajo una mejor calidad de vida.
Pero antes de ser bióloga e investigadora, y mucho antes de ser mamá, Tamara fue una nena con una pecera y una fascinación que marcaba sus días. Junto a su hermano mayor, con solo diez u 11 años, pasaban horas mirando ese pequeño mundo. “Me daba mucha más gana de ponerme a hacer eso que ponerme a jugar a otra cosa”, recuerda hoy, con la misma naturalidad con la que lo vivió entonces.
Esa simpleza, que era una suerte de ritual en su vida, años más tarde se convirtió en ciencia. El secundario le dio forma a lo que la pecera había despertado. Un profesor de Física y Ciencias, becario del CONICET, la vio. La metió en los talleres de ciencia, le dio responsabilidades reales. En el techo de la escuela había dos invernaderos y ella era la encargada de tomar los parámetros, de entender cómo no dejar que las variables se escaparan. Tenía 13 años y ya hacía ciencia.
“No me lo cuestioné, me salió como natural”, recuerda. “Yo tengo un disfrute en el aprendizaje”. No lo dice como mérito, sino como parte esencial de su personalidad. Quizá por eso no se sorprendieron en su casa cuando, años después, dijo que quería estudiar biología: “A nadie le pareció raro. Era como para lo que era buena. Siempre fui bastante traga, me gusta mucho aprender”.
La universidad no la encontró esperando. En segundo año ya tenía la ciencia como objetivo y la curiosidad como arma principal. Es por eso que decidió encontrar la manera de ser parte de un laboratorio. La mayoría le decía que era muy joven, que esperara. Pero en este caso fue el laboratorio de Enriqueta Díaz de Vivar.
Esta científica hacía su propio doctorado en química orgánica cuando Tamara se ofreció a ayudarla. No había pasantía formalizada, no había estructura. Dos veces por semana, en un laboratorio chiquito, empezó haciendo lo más básico: lavar tubos de ensayo, pesar sales, ordenar: “Hacía lo que me decía”.
Las responsabilidades fueron creciendo, la química la había llevado lejos, pero algo no cerraba: necesitaba algo más. Fue entonces cuando Enriqueta la conectó con Catalina Pastor, investigadora del CONICET que tenía una visión que resultó ser clave. “Ella me planteó que había líneas de investigación que no existían en el país. Y una de ellas era el estudio de los equinodermos (estrellas y erizos de mar)”, recuerda.
El único problema era el dinero. O mejor dicho, la falta de él. “Yo no tengo plata”, le dijo Catalina. “Así que si vos tenés forma de conseguir los animales…”. Lo tomó como un desafío. Volvió a su casa y le contó a su novio (hoy su marido) Francisco y la solución fue tan simple como inesperada: tomaron un curso de buceo. Aprendieron y fueron ellos mismos a buscar los erizos.
“Yo me acuerdo que un día aparecí en el laboratorio con un balde lleno de estrellas y a Catalina no le quedó otra que dejarme trabajar en su laboratorio», resumió entre risas Rubilar. Así empezó su mundo adentro del CONICET. Sin beca, sin estructura, con un balde y las ganas.
Y eso que parecía casi un accidente resultó ser exactamente lo que necesitaría años después: ese laboratorio chiquito donde empezó hoy está a su cargo.
Volver a Puerto Madryn con un diagnóstico sin nombre despertó una contradicción profunda en ella: “Por un lado, estaba aliviada, porque nosotros pasamos bastante tiempo sin saber qué tenía. Pero después preocupada por el tratamiento”, recuerda.
Su marido Francisco trataba de encontrarle el lado positivo. Ella no podía dormir: “Leía los efectos secundarios, hablaba con la pediatra, preguntaba qué iba a pasar cuando entrara en la adolescencia”.
La vida de toda la familia se reorganizó alrededor de ese diagnóstico. El hermano mayor, cuatro años más grande, no podía llevar amigos a casa y sus cumpleaños eran en el pelotero.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Especialistas del CONICET redefinen la historia evolutiva y ecológica de los cetáceos
27 de julio de 2026
Especialistas del CONICET redefinen la historia evolutiva y ecológica de los cetáceos
Un equipo de investigaciónanalizó la relación entre la cantidad de especies de cetáceos y sus roles ecológicos en el océano a lo largo de 50 millones de años de historia.
CIENCIAS EXACTAS Y NATURALES
Un equipo de investigación, integrado exclusivamente por científicos argentinos, analizó la relación entre la cantidad de especies de cetáceos y sus roles ecológicos en el océano a lo largo de 50 millones de años de historia. El trabajo, publicado en Nature Communications, aporta un nuevo marco cuantitativo para entender el éxito evolutivo de ballenas y delfines.
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Los cetáceos representan una de las transiciones evolutivas más notables entre los mamíferos, ya que pasaron de ser animales cuadrúpedos terrestres a totalmente acuáticos, como las ballenas, delfines y marsopas. Un grupo de especialistas del CONICET y de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) analizó de qué manera los cetáceos han ocupado su nicho ecológico a lo largo de 50 millones de años definidos en tres momentos clave: Eoceno-Oligoceno (hace alrededor de 33 millones de años), donde se produce la transición de la tierra al agua; Oligoceno Tardío-Mioceno Temprano (unos 23 Ma atrás), en el que los misticetos con dientes evolucionan a formas con barbas y se produce la diversificación de odontocetos con ecolocalización; y en tercer lugar en el Plio-Pleistoceno (hace aproximadamente 2,58 Ma), donde se produce la extinción de numerosos linajes y surge la diversidad de ballenas y delfines tal como se la conoce en el presente.
El trabajo, publicado enla revista internacional Nature Communications, fue llevado a cabo por Mónica Buono, Mariana Viglino, Maximiliano Gaetán y Nicolás Farroni, del Instituto Patagónico de Geología y Paleontología (IPGP, CONICET); Viviana Milano, del Centro para el Estudio de los Sistemas Marinos (CESIMAR, CONICET) y Florencia Paolucci, Lisandro Campos y Marta Fernández, de la División de Paleontología de Vertebrados del Museo de La Plata (Facultad de Ciencias Naturales v Museo, UNLP).
A través de modelos cuantitativos, los especialistas determinaron que los principales eventos de radiación, o sea los períodos de rápida diversificación en los cetáceos, transformaron la organización de los nichos ecológicos de estas especies. “Nuestro trabajo consistió en cuantificar la evolución de los cetáceos a lo largo de 50 millones de años, enfocándonos en dos aspectos principales. El primero de ellos es la diversidad taxonómica, es decir, el cambio en el número de especies a través del tiempo, evaluando cuáles aparecieron y cuáles se extinguieron. El segundo está vinculado a la ecología de los cetáceos, es decir, a variables como sus capacidades auditivas, modos de alimentación, tamaño corporal, locomoción y tipo de ambiente. Evaluamos cómo estos distintos factores ecológicos influyeron en el éxito evolutivo de las especies y, cruzando ambos enfoques, pudimos determinar la relación entre dichos factores y la diversidad taxonómica a lo largo del tiempo”, afirma Buono.
Especializaciones ecológicas
Uno de los descubrimientos más importantes del equipo de investigación tiene que ver con el desacople observado entre la diversidad taxonómica, o sea el número de especies, y la disparidad ecológica y la variedad de roles. Esto explica que, durante el Mioceno, se observó una gran variedad de especies pero con una disparidad ecológica relativamente baja. Durante el Plio-Pleistoceno, se produjo la desaparición de una gran cantidad de especies pero prácticamente sin alterar sus roles en el ecosistema. De acuerdo con los especialistas, este hallazgo sugiere que para mantener el equilibrio ecológico, a veces no basta con contar con una gran variedad de especies, sino que se deben mantener los roles críticos (como los grandes filtradores o los superdepredadores), independientemente de cuántas especies los representen. “Contrario a la hipótesis inicial, que sugería que la diversidad taxonómica estaría fuertemente condicionada por los factores climáticos o variables ecológicas específicas, los resultados demostraron que esta relación no es tan lineal ni determinante como se creía”, agrega la investigadora.
Los especialistas develaron que, a pesar de la extinción de numerosos grupos y de ciertas morfologías particulares, las especializaciones ecológicas más significativas persistieron en el tiempo. Por ejemplo, una vez originadas estructuras cruciales como las barbas en las ballenas o capacidades como la ecolocalización en los delfines y marsopas, estas se estabilizaron evolutivamente. Se trata del hallazgo de una configuración adaptativa que aseguró el éxito evolutivo sostenido del linaje: “No tuvieron cambios drásticos, como pasar de ser herbívoros a carnívoros, sino que mantuvieron ciertas especializaciones. Esto les dio muchísimo éxito y les permitió explorar un montón de nichos dentro de la red trófica, pero siempre alrededor de funciones similares. En las ballenas barbadas fue donde vimos más marcada esa rigidez: se mantuvieron prácticamente iguales durante los últimos 20 millones de años. Los odontocetos, en cambio, exploraron un poco más y hoy muestran una mayor diversidad morfológica. Sin embargo, en ambos casos, sus caminos evolutivos estuvieron fuertemente marcados por las barbas y la ecolocalización: dos adquisiciones clave que definieron su rumbo”, relata Viglino. “Dentro de los odontocetos observamos, además, que los miembros más antiguos de determinadas familias y sus representantes actuales habrían ocupado nichos ecológicos muy diferentes. Un ejemplo de esto son los cachalotes que hace 20 millones de años eran cazadores activos llegando a ser depredadores tope, como hoy es la orca, mientras que hoy en día estos animales están restringidos a alimentarse de calamares en las profundidades mediante succión”, agrega Paolucci.
Trabajo de referencia
El grupo de trabajo, integrado exclusivamente por especialistas de Argentina, analizó exhaustivamente una amplia base de datos, que abarca todos los grupos de cetáceos, tanto fósiles como actuales, construida a partir de bibliografía publicada, incluyendo artículos en varios idiomas, y también a partir de observaciones y trabajo propio en colecciones visitadas en diversos países, como Estados Unidos, Bélgica, Chile y Argentina. Además, realizaron análisis estadísticos que se aplicaron por primera vez a cetáceos. “Esta publicación resume varios años de trabajo y esfuerzo de todo este equipo interdisciplinario. Cada uno de nosotros aportó desde su campo de expertise enriqueciendo enormemente la discusión y el resultado”, comenta Paolucci. “Esperamos que este trabajo marque un antes y un después, y que cambie la forma de pensar, mirar y encarar un estudio paleontológico sobre estos animales. Nuestra expectativa es que se convierta en un trabajo marco. Se venían diciendo muchas cosas, pero nosotros las pusimos a prueba, fuimos un poco más allá y logramos cuantificar y testear hipótesis que antes no se habían comprobado y desmentir otras que se venían sugiriendo. Ese es el impacto que esperamos tener en la comunidad científica: aportamos valor agregado y pusimos números concretos gracias a una base de datos súper exhaustiva”, concluye Buono.
Referencia bibliográfica:
Buono, M.R., Paolucci, F., Campos, L. et al. Cetacean evolution through the lens of ecospace modeling and disparity analyses. Nat Commun 17, 7378 (2026). https://doi.org/10.1038/s41467-026-73108-x
Por Santiago Giorgi – Área de Comunicación CONICET CENPAT
Los contenidos del CONICET están licenciados bajo Creative Commons Reconocimiento 2.5 Argentina License
Fuente: https://www.conicet.gov.ar/noticias-conicet/
Biomarcadores en sangre: el avance que permite detectar antes el riesgo de deterioro cognitivo, según un experto de Harvard
En una entrevista para The Living Room Podcast, un neurólogo explicó cómo las investigaciones más recientes están cambiando las estrategias para preservar la función cerebral mediante evaluaciones personalizadas y el papel de la alimentación
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En los últimos años, la investigación sobre salud cerebral ha dado un giro crucial. La identificación de biomarcadores nutricionales en sangre y su relación directa con el riesgo de deterioro cognitivo y Alzheimer está transformando la manera de abordar la prevención de estas enfermedades.
Según entrevistas recientes realizadas por The Living Room Podcast, la posibilidad de anticipar el desarrollo de patologías cerebrales décadas antes de que aparezcan los primeros síntomas ya es una realidad científica, y la nutrición ocupa un lugar central en ese proceso.
Las nuevas herramientas para el análisis de sangre permiten a los especialistas detectar alteraciones metabólicas y nutricionales que podrían anticipar el deterioro cognitivo mucho antes de que se manifieste la pérdida de memoria o de funciones ejecutivas.
El neurólogo y científico de la Universidad de Harvard, Gene Bowman, explicó en The Living Room Podcast que el paradigma de la prevención en salud cerebral cambió de manera radical con el desarrollo de marcadores sanguíneos específicos.
“Ahora que disponemos de herramientas para detectar la patología en el cerebro antes de la aparición de los síntomas, hemos comprobado que las alteraciones y las semillas de estas condiciones se establecen décadas antes de que se manifiesten los síntomas”, afirmó durante la conversación con Chris Wharton.
Según el especialista, los estudios más recientes identificaron patrones de nutrientes en sangre capaces de predecir tanto el deterioro cognitivo como el desarrollo de distintos tipos de demencia. “A través de la fenotipificación nutricional en sangre, se definieron combinaciones de nutrientes que permiten anticipar el deterioro de funciones cognitivas o la presencia de patología cerebral”, detalló Bowman.
Un avance fundamental es la creación de índices de riesgo nutricional cerebral, que integran la medición de varios biomarcadores simultáneamente.
En estudios realizados en cohortes de Francia y Países Bajos, las personas mayores de 50 años que presentaban niveles subóptimos en tres biomarcadores nutricionales combinados registraron un riesgo hasta cinco veces superior de desarrollar demencia con el paso de los años.
Bowman remarcó que la ciencia dejó atrás la búsqueda de un único nutriente milagroso para el cerebro. “El cerebro no envejece a través de un solo nutriente, sino por patrones”, sostuvo.
Según el investigador, la idea de que un solo suplemento pueda tener un efecto profundo sobre la salud cerebral debe abordarse con escepticismo. “El efecto protector surge de la combinación de nutrientes y de los hábitos alimentarios, no de la toma aislada de suplementos”, explicó en el podcast.
En los ensayos clínicos de prevención del Alzheimer, la administración de nutrientes aislados no logró frenar el avance de la patología. Bowman señaló que la sinergia entre diferentes nutrientes y la calidad global de la dieta resultan determinantes.
“Hay que analizar los patrones que circulan en el torrente sanguíneo, porque ahí reside el terreno donde el cerebro absorbe los nutrientes”, indicó.
El especialista destacó que la prevención debe comenzar cuanto antes y adaptarse a cada etapa de la vida. En la década de los 20 años, la prioridad es consolidar el neurodesarrollo con una dieta rica en vegetales de hoja verde, frutos rojos, pescado, semillas y alimentos frescos.
En los 50, la recomendación es realizar análisis de sangre para identificar posibles déficits y ajustar la dieta o recurrir a la suplementación si fuese necesario. A los 70, la detección precoz y la intervención personalizada siguen siendo relevantes, aunque existen limitaciones biológicas que pueden dificultar cambios profundos.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Avances contra un cáncer en niños de América Latina: científicos muestran que se puede evitar la radioterapia
Investigadores de Argentina, Uruguay y Chile trataron a chicos con linfoma de Hodgkin con quimioterapia a medida y lograron que el 86,2% alcanzara remisión completa sin necesidad de radiación. Los resultados abren la posibilidad de que haya menos efectos secundarios a largo plazo
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El linfoma de Hodgkin clásico es un cáncer que ataca el sistema linfático, la red de tejidos y órganos que defiende al cuerpo de las infecciones.
En niños y adolescentes, las chances de curarse superan el 95% con los tratamientos actuales, que en muchos centros del mundo todavía incluyen radioterapia.
Investigadores médicos de América Latina se preguntaron si esa radiación era realmente necesaria, o si el costo que puede tener décadas después podía evitarse.
El equipo de investigadores llevó a cabo un ensayo clínico conocido como LH-GALOP 2017, cuyos resultados publicó en la revista Leukemia & Lymphoma, y demostró que la mayoría de esos pacientes puede tratarse sin radioterapia sin comprometer las chances de curación.
Trabajan en el Hospital de Pediatría Dr. Juan P. Garrahan de Buenos Aires y el Hospital Pediátrico Alexander Fleming de Mendoza, en Argentina; el Hospital Pereira Rossell – Fundación Pérez Scremini de Montevideo, en Uruguay; y el Hospital de Niños Dr. Luis Calvo Mackenna de Santiago de Chile, en el marco del Grupo de América Latina de Oncología Pediátrica (GALOP).
Si bien es uno de los pilares del tratamiento y salva vidas, la aplicación de la radioterapia puede aumentar el riesgo de desarrollar nuevos tumores, problemas cardíacos o infertilidad décadas después.
Los investigadores tuvieron en cuenta esos efectos y resaltaron que “en enfermedades altamente curables, particularmente durante las etapas tempranas de la vida, la calidad de vida futura se ha convertido en una necesidad más urgente que la cura misma”.
Pedro Zubizarreta, médico pediatra, especialista en hematología y oncología infantil y uno de los coautores del trabajo, dijo a Infobae: “El linfoma de Hodgkin tradicionalmente se trató con radioterapia, una terapéutica que fue muy efectiva en los comienzos”.
“En los adultos, la trascendencia de la radioterapia es menor porque el Hodgkin se da en edad avanzada y los efectos tardíos o no se ven o no tienen mayor relevancia. Pero en la infancia se pueden producir efectos secundarios a largo plazo”, agregó el ex jefe del Servicio de Hematología y Oncología del Hospital de Pediatría Juan Garrahan de Buenos Aires.
Trabajos anteriores ya habían sugerido que omitir la radioterapia en quienes alcanzaban la desaparición de la enfermedad detectable con quimioterapia no afectaba la supervivencia a diez años. Pero aún faltaba evidencia con seguimiento planificado desde el inicio en poblaciones de América Latina.
La idea central del ensayo fue simple: darle a cada paciente la cantidad justa de quimioterapia según su riesgo y su respuesta al tratamiento, y reservar la radioterapia solo para quienes no lograran eliminar la enfermedad con los medicamentos.
Para eso, los investigadores dividieron a los pacientes en tres grupos —bajo, intermedio y alto riesgo— según el estadio de la enfermedad al momento del diagnóstico.
El tratamiento combinó dos esquemas de quimioterapia ya conocidos: ABVD —doxorrubicina, bleomicina, vinblastina y dacarbazina— y ESHAP —etopósido, metilprednisolona, citarabina y cisplatino—, ambos conjuntos de medicamentos que atacan las células cancerosas.
Lo novedoso no fueron los fármacos sino su combinación en la primera línea de tratamiento para enfermedad avanzada, algo que no había sido reportado antes.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/