“Podrían triplicar la supervivencia”: los avances científicos que buscan detectar y tratar a tiempo el cáncer de páncreas

“Podrían triplicar la supervivencia”: los avances científicos que buscan detectar y tratar a tiempo el cáncer de páncreas

“Podrían triplicar la supervivencia”: los avances científicos que buscan detectar y tratar a tiempo el cáncer de páncreas

Un análisis divulgado por Nature mostró cómo la medicina intenta detener el desarrollo de tumores en sus etapas iniciales. Los especialistas pretenden modificar el rumbo de una patología que casi siempre se descubre en fases avanzadas

Investigadores reunidos en septiembre en San Diego, Estados Unidos, durante la Conferencia de la Asociación Estadounidense para la Investigación del Cáncer, evaluaron cómo articular la detección temprana con tratamientos que bloqueen procesos vinculados al desarrollo del cáncer de páncreas. El objetivo es actuar sobre lesiones anormales antes de que se vuelvan malignas y se propaguen, según destacó la revista Nature.

En 2024, el cáncer de páncreas provocó más de 530.000 diagnósticos y 490.000 muertes en todo el mundo, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud. Aunque fue el duodécimo tumor más frecuente, ocupó el sexto lugar entre las causas de muerte por cáncer y presentó uno de los pronósticos más desfavorables.

La posibilidad de intervenir antes de la diseminación de la enfermedad cobró impulso tras la aprobación, en agosto, del fármaco daraxonrasib por parte de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos para casos avanzados. El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos señala que este tumor se origina en las células del páncreas, un órgano ubicado detrás de la parte inferior del estómago. Hasta ahora, no se ha demostrado que esta estrategia prevenga la enfermedad en personas sanas ni en pacientes con lesiones tempranas.

Diane Simeone, directora del Centro Oncológico Moores de la Universidad de California en San Diego, estimó en Nature que la combinación de técnicas de detección precoz y la intervención temprana “serán la estrategia decisiva que realmente cambie la supervivencia”.

En la reunión de la AACR, Simeone afirmó que este enfoque podría triplicar con creces la proporción de personas que sobreviven cinco años después de ser diagnosticadas con cáncer de páncreas, pasando del 13,7% al 50%, aunque más de la mitad de los casos aún se diagnostican cuando la enfermedad ya se extendió a otros órganos.

Los tumores de páncreas suelen ser especialmente agresivos: son muy invasivos, resistentes a la mayoría de los tratamientos y pueden envolver arterias y venas principales, lo que complica su extracción quirúrgica.

Sin embargo, los tumores detectados a tiempo pueden superar una supervivencia a cinco años en un 80%, según Simeone, pero los síntomas suelen ser imprecisos y pueden retrasar la consulta médica.

Para mejorar la detección temprana, Simeone y sus colegas han lanzado un estudio clínico llamado PRECEDE.

El estudio clínico PRECEDE busca reclutar a 20.000 personas con antecedentes familiares, alteraciones pancreáticas o perfiles genéticos asociados con mayor riesgo; hasta el momento ha incorporado a más de 12.000 participantes y ha diagnosticado a más de 50, muchos en fases iniciales, dijo Simeone en la conferencia.

El consorcio PRECEDE evaluará análisis de sangre experimentales y métodos de inteligencia artificial para identificar anomalías en las exploraciones antes de que resulten visibles a simple vista. El objetivo del seguimiento frecuente es determinar si permite mejorar la supervivencia y en qué magnitud.

Simeone propuso que tratamientos como el daraxonrasib podrían estudiarse después de una cirugía para extirpar lesiones precancerosas o tumores iniciales. Por ahora, la autorización del fármaco se limita a cánceres avanzados.

Las mutaciones del gen KRAS pueden generar proteínas capaces de favorecer el cáncer. Ben Stanger, investigador oncológico de la Universidad de Pensilvania en Filadelfia, ha estudiado ratones con estas alteraciones y pequeños crecimientos pancreáticos precancerosos.

El equipo administró a los animales un fármaco que, como el daraxonrasib, desactiva KRAS y otras proteínas relacionadas con el crecimiento tumoral. El tratamiento mejoró la supervivencia de los ratones, aunque Stanger advirtió que podrían pasar años antes de definir cómo aplicar la técnica en seres humanos.

La administración temprana de fármacos contra KRAS podría enfrentar un límite práctico: la disposición de personas sin síntomas a recibir tratamientos potentes. Anirban Maitra, director del Centro Oncológico Perlmutter de New York University Langone Health en la ciudad de Nueva York, prepara un ensayo clínico con un inhibidor de estas proteínas para la detección temprana.

Otros investigadores están explorando nuevos enfoques para la intercepción.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

La NASA reveló una foto panorámica del amanecer en Marte tomada por el rover Curiosity

La NASA reveló una foto panorámica del amanecer en Marte tomada por el rover Curiosity

La NASA reveló una foto panorámica del amanecer en Marte tomada por el rover Curiosity

El registro captado a primera hora local permite observar tonos azulados y acantilados distantes que podrían aportar pistas sobre la historia geológica del planeta rojo

La NASA difundió una panorámica del amanecer marciano obtenida por el rover Curiosity, que permite observar con mayor detalle una formación de acantilados modelados por el viento en las laderas del monte Sharp.

La imagen fue tomada el 11 de agosto, a las 8:30 de la mañana según la hora local de Marte, mediante la cámara Mastcam del vehículo. La escena reúne seis fotografías enviadas a la Tierra y muestra tonos azulados en primer plano bajo la luz temprana del día.

En el horizonte aparecen los llamados yardangs, relieves alargados que se forman por la erosión del viento. Esta capa ocupa unos 16 kilómetros en el sector noroeste del monte Sharp, una montaña de 5 kilómetros de altura situada dentro del cráter Gale.

El rover asciende por esa montaña desde 2014 y alcanzó recientemente un desnivel acumulado de un kilómetro, el mayor registrado por un vehículo de exploración en Marte, según informó la NASA.

La panorámica conserva el aspecto de la luz matinal porque no recibió el habitual ajuste de balance de blancos aplicado a muchas imágenes de Mastcam. Ese procesamiento permite distinguir los colores registrados por la cámara en el momento de la toma.

Las capas del monte Sharp funcionan como un registro de distintos períodos de la historia geológica marciana. El análisis de esos estratos ya aportó indicios de que en esa zona hubo lagos y corrientes de agua hace miles de millones de años.

Con el tiempo, el agua desapareció y dejó minerales salinos. Luego, el viento pudo haber retirado parte de los materiales acumulados y haber dado forma a los yardangs. Sin embargo, el origen de esta capa continúa sin una explicación definitiva.

“El estrato de yardangs parece estar fuera de lugar”, señaló Ashwin Vasavada, científico del proyecto Curiosity en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA. El especialista indicó que el color, la inclinación de las capas y su apariencia llevan a considerar que podría tratarse de ceniza procedente de antiguas erupciones volcánicas.

El vehículo transita el segundo año de su quinta misión extendida, luego de investigar unas crestas con patrones similares a una telaraña. Durante el próximo año recorrerá capas con sulfatos y carbonatos, minerales asociados a la desecación de la superficie marciana.

Los científicos esperan que Curiosity alcance la base de los yardangs en algún momento de 2027. Allí, el brazo robótico del rover podrá analizar directamente las rocas y reunir datos para determinar cómo se formó esta estructura.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

La OMS publicó nuevas directrices para tratar la obesidad en niños y adolescentes

La OMS publicó nuevas directrices para tratar la obesidad en niños y adolescentes

La OMS publicó nuevas directrices para tratar la obesidad en niños y adolescentes

El organismo desaconsejó los fármacos GLP-1, la cirugía bariátrica y dispositivos para bajar de peso en menores de 10 años, y restringió su evaluación en adolescentes a casos determinados con seguimiento médico

La Organización Mundial de la Salud (OMS) presentó nuevas directrices para el tratamiento de la obesidad en niños y adolescentes, que desaconsejan los agonistas del receptor GLP-1, la cirugía bariátrica y los dispositivos para bajar de peso en menores de 10 años. Para los adolescentes, los medicamentos o la cirugía solo pueden considerarse bajo condiciones determinadas, después de intervenciones supervisadas sobre dieta, actividad física y conducta.

En 2024, 170 millones de niños y adolescentes de cinco a 19 años padecían obesidad. De ese total, 70 millones tenían entre cinco y nueve años y 100 millones entre 10 y 19, según datos de la OMS

La directora del Departamento de Nutrición y Seguridad Alimentaria de la OMS, Luz Maria de Regil, sostuvo que las indicaciones para los niños más pequeños no admiten excepciones en esos tratamientos. “Esta es una fuerte recomendación”, indicó.

De Regil remarcó que las medidas deben responder a cada caso: “Adecuadas a las necesidades individuales y a las circunstancias de los niños y adolescentes”.

La funcionaria también delimitó el criterio de edad en sus declaraciones al medio: “Para niños de cero a nueve años, el cuidado debería centrarse en las intervenciones estructurales”.

La OMS difundió dos documentos para responder al aumento de la obesidad infantil y adolescente. El organismo busca que los sistemas de salud y los profesionales sanitarios brinden atención oportuna, basada en pruebas y centrada en las personas.

La prevalencia de esta enfermedad crónica se cuadruplicó desde 1990, cuando pasó del 2 al 8%. El aumento fue más marcado entre los adolescentes, de acuerdo con la información publicada.

Las recomendaciones se apoyan en tres ejes: intervenciones estructuradas sobre dieta, actividad física y modificación de la conducta. Pueden aplicarse de manera individual o dentro de programas multimodales.

Las herramientas de salud digital también figuran entre las alternativas, aunque la OMS las condiciona a la supervisión de padres o tutores.

En el grupo de 10 a 19 años, la OMS contempla la posibilidad de recurrir a medicamentos aprobados cuando un programa multimodal de estilo de vida, supervisado, no obtiene los resultados esperados.

La cirugía bariátrica también puede evaluarse en adolescentes con obesidad grave y posibles complicaciones, aunque bajo condiciones estrictas según recomienda el organismo.

De Regil advirtió que las recomendaciones pueden cambiar si aparecen nuevos datos científicos: “Este es un campo que está evolucionando”.

La directora del Departamento de Nutrición y Seguridad Alimentaria añadió que seguirán de cerca “la evidencia de eficacia y seguridad de todos estos tratamientos” para “actualizar” las recomendaciones.

Sobre el estado actual de los estudios, De Regil fue tajante: “No hay suficiente evidencia sobre la eficacia”.

La funcionaria explicó el motivo de esa cautela: “Los tratamientos están empezando”. Por esa razón, afirmó que “la OMS recomienda priorizar otras intervenciones” basadas en dieta, actividad física y modificación de la conducta.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

El Premio Nobel de Medicina 2026 distinguió descubrimientos que dieron lugar a la optogenética

El Premio Nobel de Medicina 2026 distinguió descubrimientos que dieron lugar a la optogenética

El Premio Nobel de Medicina 2026 distinguió descubrimientos que dieron lugar a la optogenética

5 de octubre de 2026
El Premio Nobel de Medicina 2026 distinguió descubrimientos que dieron lugar a la optogenética

Este método, que permite activar o desactivar la actividad de células vivas, se utiliza actualmente en laboratorios de todo el mundo para revelar funciones fundamentales del cerebro y otros órganos. Científicos del CONICET explican la relevancia de los aportes de los ganadores y su potencial utilidad para crear nuevas soluciones terapéuticas frente a diferentes patologías, así como innovadoras aplicaciones biotecnológicas.

Este método, que permite activar o desactivar la actividad de células vivas, se utiliza actualmente en laboratorios de todo el mundo para revelar funciones fundamentales del cerebro y otros órganos. Científicos del CONICET explican la relevancia de los aportes de los ganadores y su potencial utilidad para crear nuevas soluciones terapéuticas frente a diferentes patologías, así como innovadoras aplicaciones biotecnológicas.

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La Asamblea Nobel del Instituto Karolinska otorgó el Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 2026 al estadounidense Karl Deisseroth (Universidad de Stanford) y a los alemanes Peter Hegemann (Universidad Humboldt de Berlín) y Georg Nagel (Universidad de Würzburg) “por sus descubrimientos sobre los canales iónicos activados por la luz y la optogenética”.

Los avances de los premiados dieron lugar a la optogenética, una técnica que permite activar o desactivar la actividad de neuronas concretas en un cerebro vivo, que actualmente se utiliza en laboratorios de todo el mundo para responder preguntas sobre el funcionamiento del cerebro que ha sido durante mucho tiempo un anhelo para los investigadores, como comprender cómo se crean recuerdos, emociones y comportamientos.

“En términos sencillos, el trabajo de los premiados permitió convertir a la luz en una herramienta para controlar la actividad de células vivas”, sintetiza Lisandro Otero, investigador del Instituto de Biología Ambiental y Salud (INBIAS, CONICET-UNRC).

“Desde que Deisseroth publicó su trabajo en 2005, la optogenética se extendió por laboratorios de todo el mundo con una velocidad inusual para una técnica nueva. Hoy sus aplicaciones van mucho más allá de la curiosidad científica”, señala, por su parte, Mariano M. Boccia, investigador CONICET en el Instituto de Tecnología Farmacéutica y Biofarmacia (InTecFyB) de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires (FFyB, UBA). Y continúa: “En investigación básica, nos permitió descifrar circuitos cerebrales que antes eran inaccesibles: los que regulan la memoria, el miedo, la toma de decisiones, la adicción y el sueño”.

La implementación médica de la optogenética

De acuerdo con Boccia, en medicina clínica, los avances más concretos que hasta ahora ha permitido la optogenética se han dado en el campo de la restauración de la visión. “Dado que el ojo es transparente y accesible, resulta un blanco ideal para las terapias génicas optogenéticas: la idea es introducir el gen de una opsina en células de la retina que sobrevivieron a una enfermedad degenerativa para que esas células vuelvan a ser sensibles a la luz”. Y continúa: “En 2021, se publicó el primer caso de un paciente con retinitis pigmentosa que, tras recibir este tipo de terapia, recuperó parcialmente la capacidad de ver. Es un resultado todavía limitado, pero es la prueba de que esta tecnología puede traducirse en tratamientos reales”.

Según Boccia, a futuro, las posibilidades son enormes: “Se están desarrollando aplicaciones para epilepsia, donde la idea es detectar y frenar una convulsión en el momento en que empieza, para dolor crónico, para arritmias cardíacas, y para mejorar los implantes cocleares en personas con pérdida de audición. En el campo de los trastornos psiquiátricos, comprender los circuitos alterados en la depresión resistente o en el trastorno obsesivo-compulsivo abre la puerta a blancos terapéuticos completamente nuevos”.

De acuerdo con el comunicado de la academia sueca, gracias a la optogenética, los investigadores ahora pueden descubrir exactamente cuáles de las células nerviosas de un complejo entramado controlan diversas funciones cerebrales. Por ejemplo, han identificado circuitos neuronales que regulan la sensación de dolor, las conductas sociales, la sed, la ingesta de alimentos y otras funciones. También han hallado células nerviosas responsables de funciones diversas, desde el control del ritmo circadiano hasta la generación de fiebre cuando se activa el sistema inmunitario.

Hallazgos complementarios

Según explica Boccia, la historia arrancó con una pregunta aparentemente sencilla: “¿Cómo hace un alga microscópica llamada Chlamydomonas para nadar hacia la luz? A principios de los 2000, Hegemann y Nagel descubrieron que este organismo tiene en su superficie una proteína, la canalrodopsina, que actúa como una puerta molecular activada por la luz. Cuando la iluminás con luz azul de una determinada longitud de onda, la ‘puerta’ se abre y deja entrar partículas cargadas eléctricamente, generando un impulso nervioso. Lo fascinante fue descubrir que si introducían el gen de esa proteína en otras células nerviosas, esas células también se volvían sensibles a la luz”.

Mientras Hegemann y Nagel descubrieron la canalrodopsina, Deisseroth introdujo el gen de esta proteína en células nerviosas de ratas. Al iluminar las células con luz azul, el científico estadounidense consiguió activar una señal nerviosa. Posteriormente, logró que este interruptor controlado por la luz para las células nerviosas funcionara en los cerebros de ratones vivos para obtener pistas sobre el funcionamiento del cerebro humano.

Para dimensionar el salto que esto significó, Boccia señala, que antes de la optogenética, “si queríamos estimular una región del cerebro, usábamos electricidad, que activaba todo a la vez, es decir era inespecífica (neuronas, células de soporte, vasos sanguíneos), sin poder distinguir qué causaba qué. Con la optogenética podemos, por primera vez, establecer relaciones causales directas entre la actividad de un grupo específico de neuronas y una conducta, un recuerdo o una emoción determinada”. Y agrega: “Estas tecnologías no son ajenas a nuestro grupo de trabajo. Hemos abordado estos temas tanto desde la investigación como desde la divulgación científica”.

“Una de las grandes ventajas de la optogenética es que permite establecer relaciones de causa y efecto: no solamente observar qué células o circuitos están activos, sino encenderlas o apagarlas selectivamente y estudiar qué ocurre como consecuencia”, explica Otero. Y agrega para concluir: “Los científicos que ganaron el Premio Nobel de Medicina demostraron que era posible utilizar pulsos de luz para activar o inhibir de manera muy precisa determinadas células nerviosas, incluso dentro del cerebro de animales vivos. Este desarrollo, que dio origen a la optogenética, es una metodología que revolucionó el estudio de los circuitos neuronales, pero esta herramienta a su vez se expandió a otros enfoques. Existen actualmente aplicaciones en células cardíacas, células madre, células tumorales y otros tipos celulares, así como para controlar señalización intracelular, expresión génica, migración celular y otras funciones. En este sentido, nuestro laboratorio, en colaboración con la investigadora Jimena Rinaldi del Instituto de Nanosistemas de la UNSAM, se encuentra hace años trabajando en este mismo concepto general de utilizar la luz como herramienta de control molecular, aunque utilizando una familia diferente de proteínas fotosensoras llamadas bacteriofitocromos”.

Fuente: https://www.conicet.gov.ar/noticias-conicet/

Por qué el campo magnético de la Tierra podría influir en cómo envejecemos, según un estudio

Por qué el campo magnético de la Tierra podría influir en cómo envejecemos, según un estudio

Por qué el campo magnético de la Tierra podría influir en cómo envejecemos, según un estudio

Una investigación británica encontró que la fuerza geomagnética tiene efectos concretos sobre la función mitocondrial. Los hallazgos, realizados en modelos animales, podrían abrir una vía de exploración para enfermedades como el Parkinson y el Alzheimer

El campo magnético de la Tierra actúa en silencio alrededor de cada ser vivo. Desde que la vida apareció en el planeta, todos los organismos evolucionaron inmersos en esa fuerza invisible que oscila entre 25 y 60 microteslas, una unidad de medida de intensidad magnética.

Tan constante y tan omnipresente es, que nadie solía preguntarse qué ocurriría si desapareciera, o si su presencia tiene algún rol activo en procesos tan fundamentales como el envejecimiento, la producción de energía celular o la progresión de enfermedades neurodegenerativas. Ahora, un grupo de investigadores de la Universidad de Nottingham decidió plantear esa pregunta y construyó, literalmente, una cámara que bloquea el campo geomagnético.

Los resultados, identificados en modelos animales, sorprendieron incluso a los propios científicos. Cuando organismos criados en condiciones normales fueron colocados dentro de un sistema de blindaje magnético que redujo el campo a casi cero, sus mitocondrias, las estructuras celulares encargadas de producir la energía que el organismo necesita para funcionar, cambiaron su comportamiento.

Ese cambio, además, no fue igual para todos: dependió, de manera decisiva, del estado de salud previo de cada individuo. Los organismos sanos y los que portaban una mutación genética asociada al Parkinson respondieron de formas opuestas, lo que abre una pregunta de alto impacto clínico: ¿podría el entorno magnético ser una variable relevante en el envejecimiento y en las enfermedades neurodegenerativas?

Un estudio publicado en la revista Aging ofrece la primera respuesta experimental directa a esa pregunta, con datos de longevidad, rendimiento físico y fisiología mitocondrial medidos con una precisión hasta ahora inusual en este campo.

El trabajo fue liderado por Jacob Reed y la profesora Lisa Chakrabarti, de la Escuela de Medicina y Ciencia Veterinaria de la Universidad de Nottingham, y utilizó como modelo experimental a la mosca de la fruta, Drosophila melanogaster, un organismo clásico en la investigación sobre neurodegeneración por la similitud de sus mecanismos celulares con los humanos.

Para llevar a cabo los experimentos, el equipo utilizó un aparato de blindaje pasivo capaz de generar en su interior un campo magnético de apenas 5 nanoteslas, una cifra miles de veces inferior al campo geomagnético habitual.

Dentro de esa cámara colocaron dos grupos: moscas sanas y otras con una mutación en el gen Pink1, cuya pérdida de función reproduce en el animal los síntomas centrales del Parkinson de inicio temprano en humanos, entre ellos la disfunción mitocondrial, el deterioro del movimiento y una vida más corta de lo normal.

Las moscas con la mutación expuestas al campo casi nulo durante 20 días mostraron un aumento del 20% en su supervivencia respecto a las que vivieron bajo el campo geomagnético normal. El análisis estadístico confirmó que el riesgo de muerte se redujo a la mitad en ese grupo. Las sanas, en cambio, tuvieron el resultado inverso: su longevidad disminuyó, aunque mejoraron su rendimiento motor.

Según el comunicado de prensa de la Universidad de Nottingham, “estos experimentos demuestran que el entorno magnético que rodea a un organismo puede influir en procesos biológicos fundamentales, incluida la producción de energía, el rendimiento físico y la esperanza de vida”.

Lo que el estudio pone de relieve con especial fuerza es que el efecto del campo magnético no es simplemente positivo o negativo en términos absolutos. El mismo cambio ambiental produjo resultados radicalmente distintos según el estado metabólico del organismo.

Las moscas sanas pagaron un costo en longevidad; las enfermas ganaron tiempo de vida. Esa asimetría es, según los autores, la clave interpretativa de todo el trabajo: el campo magnético no actúa igual sobre una célula sana que sobre una comprometida.

Para entender por qué ocurre esto, el equipo midió con detalle la actividad mitocondrial de ambos grupos. Las mitocondrias producen energía mediante una cadena de reacciones que involucra distintos complejos proteicos, designados con números romanos del I al IV.

El estudio detectó que la exposición al campo casi nulo aumentó la actividad del complejo II, una pieza del sistema que cumple un papel de reserva energética y que se activa de manera especial cuando el organismo enfrenta situaciones de estrés.

Según se detalla en el estudio, ese aumento en la actividad del complejo II es consistente con lo observado en otros tipos de estrés ambiental, como la hipoxia, dicho de otro modo, la reducción del oxígeno disponible.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/

Preparación física antes de una operación: el entrenamiento que reduce las complicaciones

Preparación física antes de una operación: el entrenamiento que reduce las complicaciones

Preparación física antes de una operación: el entrenamiento que reduce las complicaciones

Una revisión de 23 ensayos clínicos asoció las rutinas supervisadas y los cambios nutricionales previos con internaciones más breves y una recuperación más favorable

Por Ismael Yasnikowski

Realizar ejercicio en las semanas previas a una cirugía reduce más de la mitad el riesgo de sufrir problemas después de la intervención. Esa es la conclusión central de una revisión científica publicada en 2026 en el Journal of the American College of Surgeons, liderada por investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA). El trabajo analizó 23 ensayos clínicos controlados con más de 2.100 pacientes y constituye la revisión más completa realizada hasta la fecha sobre el efecto del acondicionamiento físico previo a distintos tipos de operaciones.

Al cierre de cada ensayo, los investigadores midieron tres variables: la cantidad de complicaciones en las primeras 12 semanas tras la operación, los días de hospitalización y la calidad de vida posterior.

Un cuerpo en mejor estado tolera con mayor eficacia el esfuerzo que implica cualquier intervención quirúrgica, se repone más rápido y acorta su estadía en el hospital. A este proceso de preparación se lo conoce como prehabilitación, e integra rutinas de actividad física, ajustes en la alimentación y, en algunos casos, contención psicológica. Cuanto mejor es la condición del paciente al momento de entrar al quirófano, menor es el impacto que la operación genera en su organismo.

Las rutinas de acondicionamiento previo a la operación disminuyeron las chances de sufrir inconvenientes posoperatorios en un 55% frente a los pacientes que siguieron la atención médica habitual sin ninguna preparación adicional. Las actividades analizadas incluían trabajo de fuerza, entrenamiento por intervalos de alta intensidad o combinaciones de ambas modalidades, con duraciones que iban desde dos semanas hasta seis meses.

El tipo de seguimiento también incide en los resultados. Las rutinas realizadas bajo supervisión directa de profesionales de salud —en hospitales o centros especializados— se asociaron con una baja de alrededor del 40% en los índices de problemas posquirúrgicos. Cuando esas instancias incluían alta intensidad, la cifra ascendió a cerca del 50%. En cambio, las actividades realizadas en casa y sin acompañamiento profesional mostraron mejoras más discretas, sin diferencias claras frente a no hacer ninguna preparación.

Los investigadores señalan que alcanzar niveles de esfuerzo elevados de forma segura y sostenida es difícil sin la guía de un especialista, lo que explicaría por qué la supervisión genera resultados tan distintos.

El trabajo también examinó qué ocurre cuando la actividad física se combina con una mejora nutricional antes de la fecha de la operación. Las iniciativas que integraron ambas estrategias redujeron el tiempo de hospitalización en un 11% respecto al grupo sin ningún tipo de preparación. Los planes orientados exclusivamente a la alimentación mostraron, por su parte, una baja del 14% en la duración de la estadía.

Al combinar movimiento, dieta y apoyo psicosocial, el riesgo de inconvenientes posoperatorios cayó un 36% y los días de internación se redujeron en más de dos, según los datos relevados. Catherine Cascavita, primera autora de la investigación, sostuvo que cada modalidad aporta beneficios distintos y que la suma de las tres produce los mejores resultados clínicos globales.

Las instancias de entrenamiento también evidenciaron mejoras en la calidad de vida y en el funcionamiento cotidiano tras la intervención, aunque sin un impacto claro en la reducción del dolor o en el estado emocional posoperatorio.

La duración del proceso previo también condiciona los resultados. La revisión indica que las iniciativas de al menos cuatro semanas son las que producen cambios físicos más sólidos: mayor capacidad cardiovascular, más fuerza muscular y mejor función respiratoria. Esas mejoras son las que luego se traducen en una recuperación más ágil después de la operación.

Los pacientes con menor condición física de base —los más frágiles o con menor masa muscular al inicio del proceso— fueron quienes más se beneficiaron. Para ese grupo, la preparación previa marca una diferencia especialmente relevante, dado que afrontan la cirugía desde una condición de mayor vulnerabilidad ante el estrés quirúrgico.

A pesar de los resultados, los autores señalaron que persisten limitaciones. La mayoría de los ensayos analizados se realizaron en hospitales individuales, lo que genera interrogantes sobre si estos beneficios se replican en otros contextos o fuera de entornos muy controlados. El equipo de la UCLA insistió en la necesidad de ampliar la evidencia con estudios multicéntricos que pongan a prueba estas iniciativas en condiciones más cercanas a las de la práctica médica cotidiana.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/