Un implante cerebral ayudó a un hombre con parálisis a mover la mano: cómo funciona el doble bypass neural
Tras un accidente, Keith Thomas, de 42 años, perdió por completo la capacidad de utilizar sus extremidades superiores, pero una innovadora tecnología le devolvió autonomía y sensibilidad
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Recuperar el control y la sensibilidad de la mano después de una lesión grave en la médula espinal es uno de los desafíos más complejos para la medicina actual. La pérdida de movimiento y de sensación en las extremidades superiores limita la independencia y transforma la vida cotidiana de quienes viven con tetraplejia, ya que hasta ahora existieron muy pocas alternativas para restaurar estas capacidades.
Un estudio publicado en Nature Medicine, liderado por el equipo de los Institutos Feinstein para la Investigación Médica de Nueva York, describe por primera vez un sistema llamado “doble bypass neural” que permitió a una persona con parálisis completa volver a mover la mano y recuperar sensaciones de tacto.
La investigación, liderada por Chad Bouton, profesor del Instituto de Medicina Bioelectrónica de los Institutos Feinstein y autor principal del estudio, mostró que los beneficios no solo aparecieron de inmediato, sino que también persistieron aun cuando el dispositivo dejaba de utilizarse.
Tras un accidente de buceo, Keith Thomas, de 42 años perdió por completo la capacidad de mover y sentir sus brazos y manos debido a una lesión en las cervicales.
El sistema de doble bypass neural conecta directamente el cerebro del paciente con zonas específicas de la médula espinal y del cerebro a través de una interfaz especial.
Esta tecnología traduce las señales del cerebro en movimientos reales de la mano y, al mismo tiempo, utiliza impulsos eléctricos para ayudar a recuperar la capacidad de sentir el tacto. De acuerdo con el estudio, el sistema utiliza inteligencia artificial y algoritmos que “aprenden” con la experiencia, lo que permite controlar la fuerza con la que se agarra un objeto y mejorar la coordinación.
Gracias a esto, el paciente pudo volver a realizar acciones cotidianas como alimentarse solo o manipular objetos frágiles, además de recuperar fuerza en los brazos y sentir nuevamente el contacto en la muñeca y el antebrazo. Varios de estos avances se mantuvieron más de dos meses después de terminar el tratamiento. Los resultados muestran el potencial de combinar una prótesis neurológica con estimulación cerebral y medular para devolver funciones importantes en casos de parálisis severa.
Thomas describió el impacto del tratamiento en su vida diaria: “Pude volver a sentir la mano de mi hermana, acariciar a mi perro y notar el pelo en mi muñeca, experiencias que la lesión me había arrebatado”.
Antes de la intervención, necesitaba ayuda para cualquier tarea cotidiana, pero tras el tratamiento logró acciones tan simples como rascarse la cara o limpiarse los ojos por sí mismo. “La tecnología me devolvió conexión y una parte de mi identidad”, expresó.
El ensayo se realizó bajo un protocolo aprobado por el comité de ética de Northwell Health. El proceso comenzó con la identificación de las zonas del cerebro responsables del movimiento y la sensación de la mano mediante resonancias magnéticas y pruebas de estimulación directa en el quirófano. Los médicos implantaron pequeños electrodos en dos áreas cerebrales clave: la corteza motora primaria (que controla el movimiento) y la corteza somatosensorial (que recibe las sensaciones de la mano).
El estudio se desarrolló en varias etapas. Durante el primer año, el paciente realizó ejercicios físicos junto con estimulación eléctrica de la médula espinal a través de la piel, con el objetivo de medir su fuerza y asegurarse de que cualquier mejora se debía realmente al tratamiento y no a una recuperación natural.
Los resultados iniciales mostraron que este tipo de estimulación, aplicada en puntos específicos de la médula, aumentó notablemente la fuerza en los codos (en algunos momentos hasta un 86% más que antes), lo que le permitió llevar sus manos al rostro. Sin embargo, la técnica por sí sola no consiguió mejorar la fuerza ni la sensibilidad en las manos y los dedos.
La integración completa del sistema permitió interpretar en tiempo real las señales cerebrales asociadas con la intención de abrir o cerrar la mano, gracias a un modelo de inteligencia artificial entrenado con los datos recogidos de los electrodos. Un estimulador especial activó los músculos de la mano, mientras que sensores de presión enviaron señales al cerebro para que el paciente pudiera volver a sentir el tacto.
Así, pudo abrir y cerrar la mano y manejar objetos delicados con ayuda de una ortesis (una especie de férula) hecha a medida. El sistema mantuvo una precisión de interpretación de las señales cerebrales superior al 84%, sin necesidad de ajustes, durante cinco meses seguidos.
Peeling facial: cuál es la frecuencia óptima según el tipo de piel y el tratamiento
Investigaciones recientes fijan estándares rigurosos sobre la periodicidad de los peelings químicos, brindando pautas precisas sobre ritmos de aplicación y cuidados complementarios
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La búsqueda de los mejores resultados en el cuidado de la piel ha impulsado el interés global por los avances en técnicas no invasivas. Entre los procedimientos más consultados se destaca el peeling químico facial, una intervención que promete mejorar la textura, luminosidad y uniformidad de la piel. La rápida expansión de su uso ha generado un debate médico sobre cuál es la frecuencia óptima para obtener beneficios sostenidos sin afectar la salud cutánea.
Hasta hace pocos años, la frecuencia de los peelings se regía por el criterio y la experiencia de cada dermatólogo. La falta de consensos y protocolos claros produjo incertidumbre tanto en profesionales como en pacientes. Determinar cada cuánto tiempo puede repetirse este tratamiento sin efectos adversos fue durante años una incógnita central para la dermatología clínica y cosmética.
La publicación reciente de nuevas guías clínicas y estudios científicos permitió esclarecer este interrogante y sentar bases objetivas para su aplicación. De acuerdo con una revisión exhaustiva publicada en la revista StatPearls – NCBI Bookshelf – NIH, los especialistas coinciden en que la periodicidad del peeling facial varía según la profundidad del procedimiento, el tipo de sustancia utilizada y las necesidades individuales del paciente.
La evidencia más reciente indica que los peelings químicos se clasifican en superficiales, medios y profundos, cada uno con intervalos específicos recomendados.
Según los lineamientos difundidos por Mayo Clinic y recogidos en el paper científico, un peeling superficial puede repetirse cada dos a cinco semanas, mientras que los peelings medios deben espaciarse tres a cuatro meses, y los peelings profundos solo deben realizarse cada varios años.
En palabras del comunicado institucional divulgado por Mayo Clinic: “Con un peeling ligero o medio, puede ser necesario someterse al procedimiento más de una vez para lograr los resultados deseados”.
Un aspecto remarcado por los expertos es que la elección de la frecuencia debe sustentarse en una evaluación médica personalizada. Esta consideración, explicaron, responde a la necesidad de equilibrar los efectos deseados —mejoría de arrugas finas, manchas y textura— con los riesgos potenciales, como la irritación cutánea o la hiperpigmentación postinflamatoria.
El documento oficial sostiene que “los pacientes necesitan tener expectativas realistas y comprender que los beneficios de los peelings requieren procedimientos repetidos”, con esquemas de mantenimiento que pueden variar desde una sesión mensual durante seis meses hasta una repetición trimestral en fases de consolidación.
La seguridad y eficacia del peeling facial exige no solo determinar un ritmo adecuado, sino también adoptar medidas de preparación y cuidados posteriores. De acuerdo con las pautas recopiladas por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH), “la preparación debe iniciarse entre dos y cuatro semanas antes del procedimiento, mediante la aplicación de agentes tópicos que mejoran la penetración y minimizan reacciones adversas”.
La institución recomienda el uso previo de tretinoína o ácidos alfa-hidroxi al 5-10%, y en pacientes con riesgo de hiperpigmentación, la aplicación de agentes despigmentantes para reducir posibles manchas post-peeling.
En cuanto al cuidado posterior, la entidad aclara que la protección solar es indispensable para prevenir complicaciones. “Los pacientes deben evitar la exposición solar directa durante varias semanas después del tratamiento, y utilizar protector solar de amplio espectro junto a sombreros de ala ancha”, indica el comunicado. Además, se resalta que el retorno al uso de maquillaje solo es seguro cuando se haya completado la reepitelización, lo cual puede demorar entre una y dos semanas tras un peeling superficial.
Según se detalla en el estudio de StatPearls, existe consenso en la utilidad de establecer regímenes de mantenimiento a largo plazo tras el ciclo inicial de peelings. El trabajo indica: “Si el régimen de peeling funciona apropiadamente, debería considerarse un protocolo de mantenimiento: una sesión mensual durante seis meses y luego una sesión cada tres meses, dependiendo de la estación y las necesidades”. El uso concomitante de productos tópicos como retinoides, vitamina C o hidroquinona es recomendado para optimizar los resultados y preservar los beneficios logrados.
La información institucional y la literatura científica recomiendan, asimismo, evitar procedimientos agresivos —como la dermoabrasión o la depilación con cera— en los días previos y posteriores al peeling para reducir el riesgo de irritación. El documento oficial subraya que “la consulta médica y el seguimiento son imprescindibles para adaptar los protocolos a cada tipo de piel y diagnóstico”.
La oveja clonada que nació en secreto y rinde tributo a una cantante: 277 embriones, tres madres y el ADN de una célula adulta
Un veterinario llegó de urgencia y cuatro investigadores del Instituto Roslin esperaron sin hablar. Un experimento contra las certezas de la biología. Siete meses después, el mundo se enteró de la existencia de Dolly, la primera de su clase
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El 5 de julio de 1996, un veterinario convocado de urgencia asistió el parto de una oveja en una granja en las afueras de Edimburgo, Escocia. Cuatro científicos del Instituto Roslin miraban con ansiedad. Lo que estaban a punto de ver no era un nacimiento ordinario: era el primero de su clase en la historia de los mamíferos.
La cría pesó 6,6 kilogramos y se puso de pie en la primera media hora. Quienes estaban presentes recordaron después que “era un cordero muy viable”, una señal de que el proceso había funcionado. Nadie en la granja podía hablar de eso en público. El secreto duraría siete meses más.
Dolly fue la primera hembra de mamífero clonada a partir de una célula adulta. No fue el primer animal clonado de la historia —ese lugar lo ocupa una rana clonada en 1958— ni siquiera el primer mamífero clonado: en 1984 había nacido en Cambridge una oveja clonada a partir de una célula embrionaria, y en 1995 el propio equipo del Roslin había producido dos ovejas, Megan y Morag, también desde células embrionarias cultivadas en laboratorio.
Lo que hizo de Dolly un caso sin precedentes fue la fuente de su ADN: una célula de la glándula mamaria de una oveja adulta de seis años. Hasta ese momento, la comunidad científica daba por sentado que una célula ya especializada —una célula de piel, de músculo, de glándula— no podía revertir su estado y volver a generar un organismo completo. Dolly demostró que sí era posible.
El genetista Jorge Dotto explicó en qué consiste la técnica utilizada hace 30 años: “Se extrae el núcleo, lugar donde está el ADN, de una célula adulta de una oveja. Luego, ese núcleo se transfiere —mediante un pulso de electricidad— a un óvulo al cual se le ha sacado su propio núcleo”. El óvulo resultante, con su nuevo núcleo, se comporta como si acabara de ser fertilizado, se desarrolla en embrión y se implanta en el útero de una tercera oveja. Dotto lo describió como “un ejemplo de maternidad subrogada”: Dolly tuvo tres madres, una que aportó el ADN, otra que donó el óvulo y una tercera que la gestó.
El 8 de febrero de 1996, cinco meses antes del nacimiento, los embriólogos Karen Walker y Bill Ritchie se preparaban para la enucleación y la fusión celular en un pequeño cuarto del laboratorio que se usaba como depósito. Entonces descubrieron que las células que iban a utilizar estaban contaminadas.
“Recuerdo estar corriendo para todos lados, pensando ‘¿qué vamos a poner?’, porque las células que íbamos a usar no estaban allí”, relató Walker a la revista Scientific American. “La última cosa que quieres hacer es perder los ovocitos que tenés. Por lo menos queríamos probar algo”.
Consiguieron células epiteliales mamarias de otra oveja de la raza Finn Dorset adulta de seis años. Las expectativas eran bajas. El equipo, liderado por el embriólogo Ian Wilmut y el biólogo celular Keith Campbell, construyó 277 embriones con núcleos de células adultas. Los implantaron en trece ovejas sustitutas. Solo una quedó preñada. De esa única gestación nació Dolly.
Los cuatro científicos que esperaban en la granja —el investigador Douglas McGavin, la técnica en cultivo celular Angela Scott, el especialista agrícola John Bracken y el embriólogo Ritchie— no estaban solos. Otros curiosos se acercaron al lugar mientras el veterinario asistía el parto.
Fue Bracken quien propuso el nombre ese mismo día. La cría había sido producida a partir de una célula mamaria, y él relacionó ese detalle con la cantante y actriz estadounidense Dolly Parton. Hasta entonces, el animal figuraba en los registros del laboratorio como 6LL3. Wilmut confirmó años después la lógica detrás del nombre: “Dolly proviene de una célula de glándula mamaria y no podíamos pensar en un par de glándulas más impresionantes que las de Dolly Parton”.
La historia tiene un apéndice. Alguien contactó al representante de Parton para anticiparse a una posible reacción negativa. El agente habría respondido que “no existe la mala publicidad”. Ninguno de los investigadores pudo corroborar esa versión.
El Instituto Roslin mantuvo el nacimiento en reserva hasta que el equipo científico terminó de redactar el artículo con los resultados. El 22 de febrero de 1997, Wilmut, Campbell y sus colegas publicaron el paper en la revista Nature y anunciaron simultáneamente la existencia de Dolly al mundo.
La reacción fue inmediata. En la semana siguiente al anuncio, el Instituto Roslin recibió 3.000 llamadas telefónicas de distintas partes del planeta. La revista Science eligió a Dolly como el descubrimiento del año. La revista Time le dedicó un informe especial. La oveja de cara blanca —su cara blanca era, de hecho, una de las primeras pruebas visibles de que era un clon, ya que su madre sustituta era una oveja de cara negra— se convirtió en un animal conocido en el mundo entero.
El propio Wilmut reconoció en 2006 que su colega Keith Campbell merecía “el 66 por ciento” del crédito por el logro que hizo posible el nacimiento de Dolly, y afirmó que la frase “yo no creé a Dolly” era técnicamente exacta. Wilmut falleció el 10 de septiembre de 2023, a los 79 años, por complicaciones derivadas del mal de Parkinson.
Prótesis robóticas: cómo el cerebro interpreta la sensación de movimiento en una mano artificial
Un estudio publicado en Science Advances evaluó una interfaz sensorial en un paciente amputado y analizó su respuesta ante la apertura y cierre de esta extremidad. Las claves de un avance que podría mejorar el control intuitivo de estos dispositivos
Por Constanza Almirón
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El cerebro procesa la sensación de movimiento en prótesis como un patrón coordinado, similar a los gestos integrados de una mano natural, y no como señales independientes dedo por dedo. Esa es la principal conclusión de un estudio encabezado por la Escuela Superior Sant’Anna de Pisa en colaboración con Cleveland Clinic, con resultados publicados en Science Advances.
El trabajo describió que, cuando una persona recibe información “sensorial” desde una prótesis de miembro superior, el cerebro tiende a organizarla como sinergias de agarre: combinaciones habituales de movimiento (por ejemplo, abrir la mano, cerrar la mano o sostener un objeto) que en la vida cotidiana se ejecutan como un todo.
Según Cleveland Clinic, este hallazgo podría facilitar el desarrollo de prótesis con un manejo más intuitivo y, en el futuro, aportar ideas para la rehabilitación tras un accidente cerebrovascular (ACV), para el estudio de la epilepsia y para el tratamiento del dolor.
La investigación se centró en la cinestesia, es decir, la capacidad de sentir el movimiento muscular. Esa sensación —que en una mano intacta permite ajustar fuerza y posición sin mirar— es esencial para el control motor natural. Después de una amputación, esa referencia interna se pierde y, por eso, usar una mano robótica de forma “instintiva” resulta más difícil: el usuario puede moverla, pero le falta parte del “retorno” que normalmente guía el gesto.
Los investigadores combinaron datos de lo que Cleveland Clinic describió como las dos únicas interfaces neurales del mundo diseñadas para restaurar la sensación cinestésica en prótesis de miembro superior. Al comparar ambos enfoques, concluyeron que el cerebro parecía interpretar esa información como patrones coordinados de agarre y no como impulsos aislados.
Una clave del problema es que ciertas técnicas, como las vibraciones musculares, pueden generar percepción de movimiento, pero a menudo estimulan al mismo tiempo piel y músculo. Ese solapamiento puede “mezclar” la información y confundir al cerebro durante el uso de una prótesis: como si el sistema nervioso recibiera dos mensajes superpuestos a la vez, uno táctil y otro de movimiento.
Para abordar ese límite, Sant’Anna desarrolló la interfaz mioquinética cinestésica, un sistema bidireccional para prótesis de mano. La tecnología usa vibraciones generadas por pequeños imanes implantados en los músculos residuales del antebrazo para intentar reconstruir sensaciones naturales de movimiento.
El sistema se integró con la mano robótica Mia Hand, desarrollada por Prensilia, empresa derivada de Sant’Anna. Luego, el equipo evaluó la conexión entre la mano y el cerebro durante seis semanas en un paciente italiano de 34 años.
Durante el ensayo, el paciente percibió la apertura y el cierre de la mano como movimientos coordinados, muy parecidos a los reales. Esa respuesta coincidió con la hipótesis central del estudio: el cerebro no “lee” el movimiento protésico como piezas sueltas, sino como gestos completos, del mismo modo en que una persona reconoce una palabra sin analizar letra por letra.
Federico Masiero, primer autor del estudio, exdoctorando de Sant’Anna y ahora investigador posdoctoral en el Instituto de Robótica e Inteligencia de Máquinas de Múnich, dijo a Cleveland Clinic que la interfaz “usa un implante simple y mínimamente invasivo para estimular músculos sin tocar la piel”.
Masiero añadió que “este enfoque puede ser la clave para entender mejor cómo funciona el control motor humano, pero también cómo restaurar la sensación de movimiento tras una amputación”.
Las sensaciones coordinadas percibidas por el paciente se parecieron a las descritas por participantes que utilizaron otro sistema de retroalimentación cinestésica desarrollado por Cleveland Clinic, aunque ambos dispositivos tenían diseños diferentes.
La interfaz de Sant’Anna se basó en imanes implantados. La de Cleveland Clinic recurrió a redirección quirúrgica de nervios y robótica. Sin embargo, en los dos casos el mecanismo central fue la vibración específica de músculos profundos. Y el resultado perceptivo también coincidió: las sensaciones inducidas aparecieron como movimientos coordinados de los dedos y no como señales separadas.
El Proyecto de Investigación Científica y Tecnológica (PICT) que busca analizar las características de la lágrima sigue recibiendo a personas voluntarias interesadas en hacer su aporte, que permitirá mejorar el abordaje y tratamiento de patologías ocularesmediante un dispositivo médico.
Pueden participar personas de entre 18 y 80 años, de lunes a viernes de 9 a 17 en el Laboratorio de Prototipado Electrónico & 3D ubicado en el Centro de Medios del Campus de la UNER en Oro Verde. El único requisito es reservar turno previo a través de este sencillo formulario.
El director del Proyecto de Investigación es el bioingeniero y doctor en Ingeniería, Martín Zalazar. En una entrevista con los programas Primera Mañana, de LT14 Radio Nacional Paraná, y Aire Nacional (un ciclo que se emitía hasta días atrás por la TV Pública) explicó cómo se realiza el simple procedimiento para el que necesitan en total 300 personas voluntarias y del que participaron hasta el momento unas 200.
No lleva más de 10 minutos. La persona voluntaria recibe las explicaciones e instrucciones del equipo, firma un breve cuestionario sobre su salud y actividad ocular y luego se realiza la recolección del líquido.
“La técnica es muy sencilla: consiste en no pestañear. La persona voluntaria se sostiene el ojo abierto con los dedos y cuando se empieza a secar, genera lágrimas, de las que se toma la muestra”, relató
Las lágrimas se recogen con un capilar, un pequeño cilindro de vidrio, que se apoya sobre la comisura lateral en el costado del ojo. Se inclina la cabeza y se toma la muestra, que es de apenas unos 50 mililitros: tres o cuatro lágrimas.
Soluciones en salud ocular
Zalazar destacó la importancia del dispositivo médico que motiva el estudio. “En este pequeño gran paso abordamos el Síndrome del Ojo Seco, la más frecuente de las patologías oculares. No hay registro de que se hayan medido hasta ahora los parámetros que estamos midiendo. Y el dispositivo tiene capacidad de abordar muchas patologías más”, expuso. “Los interesados no son sólo oftalmólogos sino todos los médicos”, añadió el director de la iniciativa.
El bioingeniero de la UNER anticipó que esperan tener los resultados del estudio a fin de año y lograr una publicación científica internacional. Es uno de los pasos centrales del proyecto, que tiene por objetivo la creación de una empresa de base tecnológica basada en microdispositivos y biosensores para abordar patologías oculares.
La necesidad del Estado
El profesor e investigador del Conicet en el Laboratorio de Prototipado Electrónico resaltó que desde este espacio se realizan muchos desarrollos en búsqueda de soluciones en el ámbito de la salud. “La ciencia y la investigación, no sólo en Argentina, necesitan una fuerte impronta y presencia del Estado. Así es en el mundo. El privado no suele hacer investigación básica”.
El investigador y docente de la FIUNER contó que vivió en Nueva York dos años. “Estuve investigando para una Universidad y los fondos se consiguen en distintas agencias estatales. Tengo la esperanza de que la situación actual se vaya acomodando y podamos seguir avanzando en proyectos en la Facultad”, concluyó en relación a los recortes presupuestarios vigentes en educación superior, ciencia y tecnología por parte del Gobierno Nacional.
Sobre el director
Martín Zalazar es bioingeniero (FI-UNER, 2007) y doctor en Ingeniería como becario CONICET (FICH-UNL, 2013). Profesor Adjunto en la Facultad de Ingeniería e investigador Asistente (Conicet), desarrolla sus actividades en el Laboratorio de Prototipado Electrónico & 3D y dirige el Grupo de Investigación en Microfluídica (FI-UNER). Recibió el premio a mejor Tesis de Doctorado 2014 de la provincia de Santa Fe. Realizó parte de su doctorado en Argonne National Laboratory, EE.UU. (2011-2012) con una beca Fulbright para investigadores y tuvo una estancia posdoctoral en la University of Texas-Dallas, EE.UU. (2018).
Uno de los ejes fundamentales de trabajo en la Facultad de Ingeniería es la investigación, que impulsa a la búsqueda y producción de nuevos conocimientos en la actividad académica. La institución ha propiciado la conformación de Grupos y Laboratorios de Investigación y Desarrollo. Uno de estos lugares de creación de conocimiento científico es el Laboratorio de Química Ambiental.
Está conformado por docentes, investigadores y estudiantes que se abocan a la indagación sobre la contaminación ambiental y la aplicación de tecnologías medioambientales para su tratamiento y posible remediación. Además brinda servicios a terceros que necesiten conocer el estado medioambiental de distintas muestras.
El Laboratorio está dirigido por el Dr. Enrique Paravani, quien recordó que el espacio de trabajo surgió en 2018 con el fin de estudiar cuestiones ambientales en diferentes matrices, ya sea agua, suelo o aire. Cuenta con docentes e investigadores de la Facultad de Ingeniería, de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (UADER), del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y de la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional del Litoral (UNL). Sostiene un trabajo multidisciplinario con biotecnólogos, doctores en Ciencias Biomédicas, bioquímicos, ingenieros agrónomos y estudiantes de grado de Boingeniería, Licenciatura en Bioinformática e Ingeniería en Transporte.
Sobre los distintos proyectos, una de las integrantes del equipo, la Dra. Mariana Bianchi, explicó: “Tenemos diferentes líneas de investigación. Una de ellas es el análisis de agroquímicos. Además, el año pasado surgió una nueva línea que es la fitorremediación a través de plantas acuáticas, para remediar efluentes porcinos. Esto tiene dos propósitos, fitorremediar y bajar la carga biológica del efluente. Eso permite arrojarlo a un arroyo o usarlo para riego y después la posibilidad de hacer un extrusado para darles de comer a los cerdos como suplemento de su dieta, ya que tiene mucho fósforo y nitrógeno”.
Además, están comenzando una nueva línea de investigación sobre cannabis. El objetivo es instalar un laboratorio para extraer y analizar la resina y los aceites medicinales de las producciones que realizan asociaciones de cultivos y autocultivadores. “Nuestra idea es brindar este servicio y certificar la calidad y la cantidad de cannabinoides y los compuestos orgánicos que están en la planta”, concluyó Bianchi.
Cabe destacar que también brindan servicios. “Estamos avalados por la Secretaría de Ambiente de la provincia. Todos los efluentes que se necesitan estudiar llegan a nosotros para realizar los exámenes correspondientes y así proporcionar un diagnóstico. Hoy el Laboratorio de Química Ambiental es el lugar de referencia a nivel provincial para hacer justamente esos análisis”, comentó Enrique Paravani.
Laboratorio vinculado a los Objetivos de Desarrollo Sostenible
Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) son 17 metas globales interconectadas diseñadas por la ONU como un plan para lograr un futuro mejor y más sostenible. Los ODS fueron establecidos en 2015 por la Asamblea General de las Naciones Unidas y están incluidos en una Resolución que se conoce coloquialmente como Agenda 2030. Establece para los países miembros de las Naciones Unidas una serie de compromisos y desafíos que estos países deben tomar para mejorar la calidad de vida de todos los habitantes.
Varios de estos Objetivos están relacionados con la educación y la investigación, sectores en los que las universidades tienen un papel directo. La Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER) en conjunto con el Gobierno de la provincia trabajan en la formación con respecto a los ODS y en el desarrollo de los mismos.
“En el 2021 nos convocaron desde la Universidad a los diferentes laboratorios para proponer aportes a los ODS. Ahí particularmente me empecé a interesar encómo se podían relacionar con nosotros. Cuando los evaluás, encontrás que el Objetivo 6 encaja directamente con el trabajo del laboratorio en Salud y Ambiente”, concluyó Enrique.
El Objetivo 6: “Agua limpia y saneamiento”, apunta a que se garantice la disponibilidad de agua potable y su gestión sostenible para todos los habitantes. Si bien se ha conseguido ampliar el acceso, aún existen miles de personas que carecen de estos servicios básicos esenciales para prevenir y contener las enfermedades.
Un laboratorio, diversos fines
El Laboratorio tiene distintos objetivos,uno de ellos es aportar a problemáticas ambientales, estudiarlas, generar datos robustos y que así se puedan generar políticas. “Vemos importante también incentivar a los más jóvenes a que se interesen, para nosotros es enriquecedor ya que cada persona que se suma tiene una mirada distinta y nuevos conocimientos”, argumentó Enrique Paravani.
Finalmente, Mariana Bianchi expresó: «Nosotros bregamos por tener un vínculo con los productores, mostrarles los problemas que se están generando, proponerles estrategias e incentivarlos con la biorremediación. Y también en este sentido, comunicar nuestros hallazgos a la población en general va a ayudar a que las personas tengan más información”.