Por qué el estrés puede favorecer el aumento de peso: claves para prevenirlo avaladas por la ciencia
El cortisol, la falta de sueño y la búsqueda de alimentos reconfortantes forman parte de los mecanismos que conectan la presión emocional con cambios en la alimentación
Por Bautista Salaverri
El estrés forma parte de la respuesta humana ante demandas físicas, emocionales o sociales que exceden los recursos disponibles en un momento determinado. Puede aparecer frente a problemas laborales, dificultades económicas, conflictos familiares, enfermedades o cambios relevantes en la rutina. Sus manifestaciones no son iguales para todas las personas, ya que intervienen la experiencia previa, la edad, el contexto social y la percepción de cada situación.
Cuando esa presión se sostiene, puede alterar el descanso, la energía, el estado de ánimo y la capacidad de mantener hábitos cotidianos. También activa mecanismos hormonales diseñados para responder a una amenaza inmediata, aunque estos pueden tener efectos persistentes si la tensión se vuelve crónica. De acuerdo con la ciencia, desencadena cambios fisiológicos y conductuales que pueden afectar la alimentación y el almacenamiento de grasa.
La respuesta del organismo involucra la liberación de diversas sustancias, entre ellas cortisol, catecolaminas y citocinas inflamatorias. El cortisol participa en la regulación del ciclo de sueño y vigilia, la presión arterial, el metabolismo de la glucosa y la inflamación. Sin embargo, una exposición prolongada a niveles elevados de esta hormona se vincula con alteraciones en distintas áreas de la salud.
La relación entre estrés y peso no responde a una única causa. Según publicó Brown University, el aumento de cortisol ante situaciones de tensión puede favorecer cambios de peso, acné, insomnio, cefaleas y molestias digestivas. La institución explicó que la liberación de la hormona también puede estimular la producción de insulina, una combinación que puede facilitar la acumulación de grasa en la zona abdominal.
La distribución se asocia con riesgos para la salud, entre ellos hipertensión, diabetes, enfermedades cardíacas, apnea del sueño, hígado graso y accidente cerebrovascular. Allí intervienen múltiples factores, como la alimentación, el nivel de actividad física, la genética, la edad, el sueño, el alcohol y determinados cambios hormonales.
Además de los procesos biológicos, el estrés puede influir sobre las decisiones vinculadas a la comida. Según informó Healthline, en un texto revisado por la médica Meredith Goodwin, la tensión psicológica crónica puede aumentar el apetito a través de hormonas como el cortisol y la grelina, esta última relacionada con la regulación del hambre. Además, añadió que estas tensiones pueden favorecer el consumo de alimentos con alto contenido de grasas, azúcares y calorías, interrumpir el sueño, incrementar la fatiga y reducir la actividad física.
La búsqueda de alimentos reconfortantes suele ofrecer una sensación inmediata de alivio, aunque no necesariamente responde al hambre física. Cleveland Clinic señaló que las hormonas asociadas a la respuesta de lucha o huida pueden llevar a desear productos grasos y azucarados. La psicóloga Leslie Heinberg, especialista de la institución, explicó que los hábitos como dormir lo suficiente, hacer ejercicio y sostener una alimentación equilibrada pueden resultar más difíciles de mantener durante períodos de agotamiento emocional.
Los datos disponibles muestran también que la relación puede funcionar en ambas direcciones. Healthline indicó que el estrés puede contribuir al aumento de peso y que ese aumento puede generar más tensión. Por eso, el vínculo no debe interpretarse como una consecuencia inevitable ni como una explicación única de las variaciones corporales.
Un estudio de Frontiers in Endocrinology revisó investigaciones centradas en los cambios de peso inducidos por el estrés. Entre ellas, encontró una relación significativa entre obesidad, estrés psicosocial y depresión. El texto también resumió una investigación realizada con 23 mujeres con obesidad, en la que tres meses de ejercicio físico redujeron la actividad metabólica de la amígdala asociada al estrés y rompieron su vínculo con la inflamación sistémica.
Las herramientas para manejar el estrés pueden contribuir al bienestar general y, en algunos casos, ayudar a limitar conductas alimentarias asociadas a la tensión. Brown University propuso actividades breves como caminar, realizar ejercicios de respiración profunda, practicar meditación o atención plena, escribir un diario, escuchar música, leer, sostener un pasatiempo o conversar con una persona de confianza.
La universidad destacó que una caminata breve puede ayudar a mejorar la circulación y favorecer una respiración más profunda. También afirmó que diez minutos diarios pueden aportar beneficios cardiovasculares. Estas propuestas no sustituyen una evaluación clínica, pero pueden formar parte de una estrategia cotidiana para afrontar momentos de presión.
En el plano alimentario, Brown University recomendó modificar el entorno para que las opciones nutritivas estén disponibles y sean fáciles de identificar. Entre las alternativas figuran frutas y verduras ya cortadas, porciones individuales de frutos secos, yogur griego, huevos duros, hummus, preparaciones caseras como sopas o guisos y alimentos congelados que permitan resolver comidas con menor improvisación.
El enfoque planteado por la institución prioriza el equilibrio antes que la perfección. Mantener alimentos nutritivos a mano puede reducir la dependencia de decisiones impulsivas ante situaciones de tensión. Healthline sugirió que los cambios en la alimentación se incorporen de forma gradual y mencionó como bases frutas, verduras, cereales integrales y proteínas magras, junto con una reducción de ultraprocesados, azúcares agregados, sal y alcohol.
Mindfulness, también conocido como atención plena, puede ser otra herramienta para observar la diferencia entre hambre y deseo de comer provocado por una emoción. Cleveland Clinic recomendó hacer una pausa antes de comer y considerar la razón de ese impulso. La institución también mencionó el establecimiento de objetivos pequeños y alcanzables, la práctica de la gratitud y la conversación con personas cercanas como recursos posibles para atravesar momentos de presión.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/
Qué significa que las rodillas crujan y cuándo es motivo para consultar a un médico
Dos especialistas de Cleveland Clinic señalaron que este sonido puede esconder una dolencia que puede afectar la calidad de vida. Qué revela realmente, según una revisión publicada en British Journal of Sports Medicine
Por Santiago Abraldes
Un crujido en la rodilla puede inquietar, pero el sonido por sí solo no permite saber si hay una lesión ni confirmar una osteoartritis.
Una revisión de estudios ayuda a poner el fenómeno en perspectiva: los ruidos de rodilla son frecuentes, incluso en personas que no sienten dolor.
La nota de Cleveland Clinic, que reúne las explicaciones de Wesley Baker, médico de medicina deportiva de atención primaria, y Andrew Bang, quiropráctico, aporta un criterio para interpretar esos sonidos.
Ambos especialistas distinguen los ruidos aislados de los que aparecen junto con dolor o hinchazón. La revisión reunió 103 estudios con 36.439 participantes y 42.816 rodillas.
Los investigadores calcularon que el 41% de las rodillas de la población general presentaba crepitación, el nombre médico de los crujidos, chasquidos o roces que se oyen al mover una articulación. Entre las personas sin dolor de rodilla, la proporción fue del 36%.
El trabajo se publicó en British Journal of Sports Medicine, una revista especializada en medicina deportiva. Sus resultados permiten responder una duda habitual sin exagerar el alcance de los datos: una rodilla ruidosa no equivale, por sí sola, a una rodilla lesionada.
La crepitación puede sentirse o escucharse al doblar la articulación, levantarse de una silla, subir escaleras o ponerse en cuclillas. El estudio halló que era frecuente entre quienes no habían informado dolor. Ese dato impide tomar el ruido aislado como una prueba de daño.
A la vez, que el sonido sea común no significa que deba ignorarse cualquier cambio. La misma revisión encontró crepitación en el 81% de las personas con artrosis de rodilla.
También la registró en personas con lesiones de ligamentos o alteraciones del cartílago, el tejido que recubre los extremos de los huesos dentro de la articulación.
Los resultados muestran que el crujido puede estar presente en situaciones muy distintas. Algunas personas lo oyen sin tener molestias y otras lo presentan junto con una afección de la rodilla.
La diferencia no la establece el sonido aislado, sino el conjunto de síntomas y la evaluación de cada caso.
La revisión encontró una relación entre la crepitación y la artrosis visible en radiografías. Sin embargo, los investigadores advirtieron que la certeza de los datos era baja o muy baja, tanto para estimar cuán frecuentes son los ruidos como para medir su relación con cambios en la articulación.
Esa advertencia es importante porque una relación entre dos fenómenos no demuestra que uno cause el otro. El estudio no permite afirmar que el crujido provoque artrosis. Tampoco permite asegurar que una persona con una rodilla ruidosa tenga esa enfermedad.
Los trabajos incluidos analizaron grupos de personas y métodos diferentes. Esa diversidad limita la posibilidad de obtener una respuesta única para todas las personas. La revisión aporta un dato poblacional, no una herramienta de diagnóstico individual.
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Así es el desayuno que puede ayudar a reducir el colesterol un 10%, según expertos
Lauren Manaker, experta en nutrición, advierte sobre ciertos ingredientes populares que, lejos de sumar beneficios, resultan contraproducentes para la salud cardiovascular. Qué tener en cuenta
Por Ismael Yasnikowski
Una porción de avena con frutas frescas y nueces es el desayuno más recomendado para reducir el colesterol LDL, según la dietista registrada estadounidense Lauren Manaker, consultada por el sitio de salud Verywell Health. El secreto está en la fibra soluble beta-glucano, un compuesto que actúa directamente en el intestino para impedir que el organismo absorba el colesterol “malo”.
El colesterol LDL elevado es uno de los principales factores de riesgo cardiovascular. Modificar el desayuno, la primera comida del día, puede ser un punto de partida concreto para mejorar los niveles en sangre sin cambios drásticos. La evidencia científica respalda que ciertos alimentos matutinos marcan una diferencia medible en el perfil lipídico, algo que especialistas en nutrición e investigadores vienen confirmando con estudios cada vez más contundentes.
Una taza de avena cocida aporta alrededor de cuatro gramos de fibra soluble. Al llegar al intestino, el beta-glucano forma una sustancia gelatinosa que captura el colesterol LDL y facilita su eliminación antes de que pase al torrente sanguíneo. Manaker señaló a Verywell Health que este mecanismo convierte a la avena en una opción especialmente eficaz para quienes buscan resultados concretos desde el desayuno.
Un estudio clínico publicado en 2026 en la revista científica Nature Communications por investigadores de la Universidad de Bonn, Alemania, refuerza esa afirmación. El ensayo, realizado en personas con síndrome metabólico, mostró que una dieta basada casi exclusivamente en avena durante 48 horas redujo el colesterol LDL un 10%, con beneficios que se mantuvieron visibles seis semanas después.
Los científicos también detectaron cambios favorables en la microbiota intestinal: las bacterias descomponen la avena y producen compuestos fenólicos, como el ácido ferúlico, que parecen instruir al hígado para metabolizar el colesterol de manera más eficiente.
No todos los agregados son compatibles con un plan para bajar el colesterol. Según la especialista, el azúcar y los jarabes endulzados elevan la glucemia y favorecen el aumento de peso, dos factores que impactan negativamente en los niveles de colesterol. Las frutas deshidratadas con azúcar añadida, los chips de chocolate y las golosinas también deben evitarse, ya que introducen grasas saturadas y azúcares innecesarios que contrarrestan los efectos positivos del cereal.
La dietista, en cambio, aconseja sumar berries, rodajas de banana o manzana, que aportan vitaminas, antioxidantes y fibra adicional. Almendras, nueces y semillas de chía incorporan grasas saludables, proteínas y ácidos grasos omega-3, todos beneficiosos para el corazón. Para endulzar, la canela y un toque de miel son alternativas con propiedades antioxidantes que no perjudican el perfil lipídico.
Más allá de la avena, existen otras opciones igualmente recomendadas. Las claras de huevo salteadas con espinaca aportan proteína sin colesterol. El salmón ahumado provee ácidos grasos omega-3 que elevan el colesterol HDL —el “bueno”— y reducen los triglicéridos. El jugo de naranja enriquecido con esteroles vegetales puede bajar el LDL entre un 7,5% y un 12% con un consumo de 1,5 a 3 gramos diarios de esos compuestos.
La nutricionista advirtió que el impacto del desayuno se amplifica cuando se integra a una alimentación equilibrada a lo largo del día.
Incorporar verduras, proteínas magras como pescado o legumbres, cereales integrales y grasas insaturadas como el aceite de oliva o la palta potencia los efectos sobre el colesterol. Mantener un peso saludable y practicar actividad física regular también contribuyen de forma significativa.
La especialista enumeró además cambios dietéticos complementarios: evitar alimentos ricos en grasas saturadas o trans, reducir el sodio, eliminar azúcares añadidos y priorizar alimentos altos en fibra. Dejar de fumar y limitar el consumo de alcohol completan el cuadro de recomendaciones. En cuanto a los controles médicos, la mayoría de los adultos debería controlar sus niveles de colesterol cada cuatro a seis años, aunque quienes tienen diabetes o enfermedades cardíacas deben hacerlo con mayor frecuencia.
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Cuánto calcio se necesita por día y los alimentos más ricos en este mineral para proteger los huesos
Una alimentación variada puede aportar los requerimientos diarios necesarios para músculos, nervios y corazón, con alternativas que incluyen lácteos, vegetales, legumbres y productos fortificados
Por Bautista Salaverri
El calcio es el mineral más abundante del organismo y concentra la mayor parte de su presencia en los huesos y los dientes. Su aporte cotidiano está asociado con la formación y el mantenimiento de esas estructuras, aunque sus funciones abarcan también procesos necesarios para la actividad muscular, nerviosa y cardíaca.
A lo largo de la vida, la alimentación es una de las vías para cubrir los requerimientos de este nutriente. La cantidad necesaria no es idéntica para todas las personas: cambia con la edad, el sexo y algunas circunstancias de salud, por lo que las referencias nutricionales establecen márgenes diferenciados.
Una dieta equilibrada es la alternativa prioritaria para obtener este mineral y los suplementos pueden considerarse cuando la comida no alcanza a cubrir las necesidades, de acuerdo con Mayo Clinic. El dato cobra relevancia porque alimentos cotidianos, productos fortificados y algunas preparaciones de origen vegetal pueden aportar calcio, aunque no todos se absorben de la misma forma.
La Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos indica que el calcio interviene en la coagulación de la sangre, la transmisión de señales nerviosas, la contracción y relajación de los músculos, la liberación de hormonas y el mantenimiento de un ritmo cardíaco normal, además de su aporte a huesos y dientes.
Mayo Clinic señala que el organismo necesita el mineral para construir y conservar una estructura ósea fuerte, así como para el funcionamiento de músculos, corazón y nervios. La entidad también advierte que el cuerpo no produce este mineral, de modo que debe obtenerse mediante alimentos, bebidas o, en situaciones específicas, suplementos.
Harvard explica que, cuando la ingesta dietaria es insuficiente, el organismo puede liberar calcio almacenado en los huesos hacia el torrente sanguíneo para sostener funciones vitales. Si ese aporte no se repone durante un período prolongado, la estructura ósea puede debilitarse y aumentar el riesgo de osteoporosis.
Las referencias de ingesta citadas por MedlinePlus establecen una recomendación de 1.000 miligramos diarios para adultos de 19 a 50 años. Entre los 51 y los 70 años, esa cantidad se mantiene para los hombres y aumenta a 1.200 miligramos en las mujeres; a partir de los 70 años, la ingesta recomendada es de 1.200 miligramos diarios.
La recomendación no implica que una mayor cantidad aporte una protección adicional. Mayo Clinic señala que el límite total considerado seguro es de 2.500 miligramos diarios para adultos de 19 a 50 años y de 2.000 miligramos a partir de los 50 años, al sumar alimentos, bebidas y suplementos.
La institución indica que los suplementos pueden ser de utilidad en personas posmenopáusicas, con intolerancia a la lactosa, dietas veganas, tratamientos prolongados con corticosteroides o trastornos digestivos que dificulten la absorción, siempre con evaluación de un profesional de salud.
La absorción también depende de otros nutrientes. MedlinePlus explica que la vitamina D es necesaria para que el organismo utilice el calcio. Mayo Clinic agrega que esta vitamina puede obtenerse de ciertos alimentos, productos fortificados y de la exposición solar, aunque las decisiones sobre suplementos y dosis requieren considerar las condiciones de salud de cada persona.
MedlinePlus y Mayo Clinic coinciden en que los productos lácteos figuran entre las fuentes alimentarias más concentradas y de absorción más accesible. Harvard también incluye opciones de origen vegetal, alimentos enriquecidos y pescados con espinas blandas comestibles. Entre los grupos que pueden contribuir a la ingesta diaria se encuentran los siguientes:
Mayo Clinic indica que los suplementos de calcio no son adecuados para todas las personas y que pueden provocar estreñimiento en algunos casos. La institución recomienda revisar las etiquetas para contabilizar el mineral total de la dieta, las bebidas y los suplementos, y consultar con un profesional de salud antes de incorporarlos.
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Qué mide la prueba de Cooper y qué tan precisa es para calcular el VO2 máx, según la ciencia
Una investigación en fisiología deportiva analiza la validez de correr durante 12 minutos para estimar el consumo máximo de oxígeno, revelando por qué las fórmulas tradicionales pueden variar según la disciplina y el género
Por Santiago Abraldes
La prueba de Cooper consiste en recorrer la máxima distancia posible durante 12 minutos para estimar la capacidad aeróbica. El resultado ofrece una referencia sobre el rendimiento de resistencia a partir de los metros cubiertos en un tiempo fijo.
La prueba utiliza una fórmula para transformar la distancia en una estimación del uso de oxígeno durante el esfuerzo. Esa operación simplifica la evaluación, aunque su resultado puede variar de acuerdo con las características de las personas evaluadas.
Un estudio de Amit Bandyopadhyay publicado en Indian Journal of Physiology and Pharmacology analizó la validez de la prueba en nadadores y jugadores de vóley de Calcuta, India. El trabajo comparó la estimación obtenida con la fórmula habitual y una medición directa del consumo máximo de oxígeno.
La investigación concluyó que el cálculo tradicional no ofrecía una estimación suficientemente precisa para los deportistas incluidos. A partir de esos resultados, Bandyopadhyay desarrolló ecuaciones adaptadas a los grupos analizados y comprobó su desempeño en participantes adicionales.
El VO₂max es la forma abreviada de referirse al consumo máximo de oxígeno y expresa la mayor cantidad de oxígeno que el organismo puede utilizar durante un esfuerzo físico de alta intensidad.
Bandyopadhyay utilizó el consumo máximo de oxígeno para evaluar cómo responden el corazón, los pulmones y los músculos durante una actividad física sostenida.
El resultado se expresó en mililitros de oxígeno por kilogramo de peso corporal por minuto, una medida que vincula el desempeño en la carrera con la respuesta del organismo ante el esfuerzo.
El estudio analizó a nadadores y jugadores de vóley, mujeres y varones, de Calcuta. Su objetivo fue determinar si la fórmula aplicada habitualmente en la prueba de Cooper permitía calcular con precisión el consumo máximo de oxígeno en esos deportistas.
Para hacerlo, compararon el resultado calculado desde la distancia recorrida con una medición directa. Esta última se realizó mediante una prueba progresiva en bicicleta fija, que permitió determinar el consumo máximo de oxígeno de cada participante.
Bandyopadhyay detectó diferencias entre el resultado de la prueba de Cooper y la medición directa del consumo máximo de oxígeno en nadadores y jugadores de vóley. Por eso, la fórmula habitual no resultó precisa para la población estudiada.
Por eso, una buena marca durante la carrera puede aportar información sobre el rendimiento de resistencia, aunque no asegura que la cifra calculada represente de manera exacta el valor individual de VO₂max.
Según la investigación, la utilidad de la fórmula depende de que se ajuste a las características de quienes realizan la evaluación.
El estudio no cuestionó que la distancia cubierta y el consumo máximo de oxígeno estén relacionados. Los investigadores encontraron relaciones entre ambos datos en los grupos analizados, pero advirtieron que la ecuación original no proporcionaba un cálculo adecuado para esos deportistas.
Esa diferencia resulta importante porque una fórmula funciona como una regla de conversión. Toma un dato visible, como los kilómetros recorridos, y lo transforma en otra cifra que no se observa de forma directa durante la carrera.
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Cuándo es el equinoccio de primavera 2026 en Argentina y por qué no coincide con el 21 de septiembre
El calendario astronómico establece un momento distinto para el cambio de estación. Cuál es el fenómeno que define el inicio y qué cambia en el hemisferio sur
Cada 21 de septiembre se multiplican los festejos por la llegada de la primavera: las calles se llenan de flores, hay más encuentros al aire libre y los estudiantes celebran su día.
En la Argentina, el equinoccio de primavera de 2026 dará inicio a la estación desde el punto de vista astronómico el martes 22 a las 21:05. El dato figura en el calendario de equinoccios y solsticios de 2026 del Servicio de Hidrografía Naval.
Por lo tanto, este lunes 21 seguirá asociado a la celebración tradicional, mientras que el cambio de estación se producirá mañana por la noche.
En la Argentina, la primavera astronómica comenzará cundo el Sol cruce la línea imaginaria que divide al cielo en dos hemisferios iguales, conocida como Ecuador celeste, hacia el hemisferio sur. Ese evento se conoce como equinoccio de septiembre y sucede al mismo tiempo en todo el planeta, aunque la fecha y la hora que registra cada país dependen de su huso horario.
Mientras en el hemisferio sur se iniciará la primavera, en el hemisferio norte comenzará el otoño. La diferencia con la fecha popular del 21 de septiembre no altera los festejos ni las actividades previstas para ese día: responde al criterio astronómico que fija el inicio de las estaciones.
Las estaciones no empiezan siempre el mismo día porque el año trópico —el tiempo que tarda el Sol en volver al mismo punto estacional— dura aproximadamente 365,2422 días solares medios. Esa duración no coincide de forma exacta con el calendario gregoriano, cuyo promedio es de 365,2425 días por el sistema de años bisiestos.
Esa diferencia mínima desplaza gradualmente el momento de los equinoccios y solsticios. El Servicio de Hidrografía Naval indica que recién tras un ciclo de 400 años las estaciones vuelven a comenzar, de manera aproximada, en los mismos días del calendario.
Por eso, el inicio de la primavera puede ubicarse entre el 21 y el 23 de septiembre según el año.
El término “equinoccio” proviene del latín y remite a la idea de una noche de duración igual al día. Sin embargo, la igualdad entre horas de luz y oscuridad es aproximada, no exacta. La atmósfera refracta la luz solar y el amanecer y el atardecer se calculan a partir del borde visible del disco del Sol, no de su centro.
En el ecuador, la jornada del equinoccio dura cerca de 12 horas y 6 minutos y medio. La diferencia aumenta con la latitud: llega a unas 12 horas y 8 minutos a los 30 grados y a 12 horas y 16 minutos a los 60 grados, de acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos.
Tras el equinoccio, los días tendrán cada vez más horas de luz en el hemisferio sur hasta el solsticio de diciembre. De acuerdo con el calendario astronómico oficial, el verano comenzará en Argentina el 21 de diciembre de 2026 a las 17:50.
A diferencia de los equinoccios, que ocurren cuando el Sol se ubica sobre el ecuador terrestre, los solsticios se producen cuando la inclinación del eje de la Tierra alcanza su máxima orientación hacia el Sol o en sentido contrario. En el hemisferio sur, el solsticio de diciembre da comienzo al verano y concentra el día con más horas de luz; el de junio inicia el invierno y registra la noche más extensa.
La inclinación terrestre, de cerca de 23,5 grados, explica la sucesión de las estaciones y las diferencias de iluminación entre ambos hemisferios. Los equinoccios ocurren dos veces por año, en marzo y septiembre, mientras que los solsticios tienen lugar cerca de junio y diciembre. Una explicación sobre estos fenómenos está disponible en ¿Qué son los equinoccios y los solsticios?.
El comienzo astronómico de la estación tampoco garantiza un cambio inmediato del tiempo. Las temperaturas, las lluvias y el viento dependen de la dinámica atmosférica y de las condiciones de cada región. Para más detalles sobre la diferencia entre la fecha tradicional y el inicio astronómico, se puede consultar la nota de Infobae sobre cuándo empieza la primavera 2026 en Argentina.
Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/