Hígado graso: la actividad física podría reducir en un 16% el riesgo de muerte, afirmó un estudio

Un análisis con 4.441 adultos de Estados Unidos, presentado en el congreso anual del Colegio Americano de Gastroenterología, halló que abandonar el sedentarismo total se vinculó con el mayor beneficio durante 26 años de seguimiento. El trabajo aún no cuenta con publicación validada por pares

Por Constanza Almirón

La enfermedad hepática esteatósica, conocida popularmente como hígado graso, afecta a cerca de 1.700 millones de personas en el mundo, según estima la Organización Mundial de la Salud, y constituye una de las principales causas de daño crónico del hígado. Su vínculo con la obesidad, la diabetes tipo 2 y los trastornos cardiovasculares la convierte en un desafío de salud pública que trasciende la gastroenterología.

Hasta ahora se sabía que el ejercicio reduce la acumulación de grasa en el hígado y mejora la salud del corazón y el metabolismo, incluso sin una pérdida de peso considerable. Lo que no estaba del todo claro era si esos beneficios se traducían en una mayor sobrevida a largo plazo, ni si la fibrosis hepática, es decir, el proceso de cicatrización del tejido del hígado, podía anular ese efecto protector.

Un análisis presentado en la reunión científica anual del Colegio Americano de Gastroenterología (ACG), celebrada en Nashville, Estados Unidos, ofrece nuevos datos al respecto.

Según datos publicados por Healio, las personas con enfermedad hepática esteatósica que realizaron actividad física recreativa tuvieron un 16% menos de riesgo de muerte por cualquier causa en comparación con quienes llevaron una vida sedentaria. La fibrosis, además, no alteró esa asociación.

El equipo de investigación, liderado por Sahiljot Singh Bhupal, residente de segundo año de medicina interna en el Centro Médico St. Francis de Lynwood, California, analizó datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de Estados Unidos correspondientes al período 1988-1994, vinculados con el Índice Nacional de Defunciones hasta 2019.

El análisis final incluyó a 4.441 adultos de entre 20 y 74 años, una muestra representativa de 46,3 millones de personas. La mayoría de los participantes, el 85,5%, presentaba la variante asociada a disfunción metabólica; el 12,2% tenía una forma combinada con consumo de alcohol, y el 2,3% restante padecía la variante vinculada exclusivamente a la ingesta de bebidas alcohólicas.

Los investigadores clasificaron a los participantes como “físicamente activos” si declaraban cualquier tipo de actividad recreativa, y como “inactivos” si no realizaban ninguna. También estimaron el grado de fibrosis hepática mediante un índice clínico que cruza la edad del paciente con ciertos valores de laboratorio para calcular el nivel de cicatrización del hígado.

A lo largo de una mediana de seguimiento de 26 años se registraron 1.903 muertes. La mortalidad fue considerablemente menor entre quienes realizaban ejercicio: 36,4%, frente al 44% de los sedentarios. Tras ajustar por factores demográficos, socioeconómicos y clínicos, la práctica de actividad física se asoció con un 16% menos de riesgo de muerte por cualquier causa.

“Ya está establecido que la enfermedad cardiovascular sigue siendo una causa importante de muerte en estos pacientes, y observamos un estado cardiovascular deficiente”, explicó Bhupal en declaraciones recogidas por Healio. “Sabemos que el ejercicio es uno de los pilares del tratamiento. Puede mejorar la esteatosis hepática y la salud del corazón y el metabolismo incluso sin bajar de peso de forma considerable”.

Uno de los hallazgos más relevantes del análisis es que la incorporación de los valores de fibrosis no modificó el resultado. “El cociente de riesgo esencialmente no cambió”, señaló el investigador.

“Aunque la fibrosis en sí misma siguió siendo un predictor importante de mortalidad, no pareció explicar la mayor parte del beneficio de supervivencia asociado a la actividad física. Eso sugiere que gran parte del beneficio podría provenir de vías que van más allá del hígado, en particular de la salud del corazón y el metabolismo”.

Dicho de otro modo, el ejercicio no protegería tanto por su efecto directo sobre el hígado, sino por las mejoras que produce en el sistema cardiovascular y en el funcionamiento metabólico general.

El estudio también reveló que la asociación protectora entre el ejercicio y la mortalidad fue más intensa durante los primeros 10 años de seguimiento. Ese dato tiene un matiz importante, porque el nivel de actividad se midió únicamente al inicio del estudio. “A lo largo de 20 o 30 años, los niveles de actividad de las personas pueden cambiar de manera sustancial”, reconoció Bhupal en declaraciones publicadas por el medio.

“Cuanto más nos alejamos de esa medición original, menos representa lo que la persona realmente hace. Clínicamente, creo que eso refuerza la idea de que la actividad física es algo que debemos reevaluar y fomentar con el tiempo, en lugar de conversar sobre ello una sola vez”.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/