Obesidad crónica, inflamatoria y recurrente en personas mayores: por qué abandonar el tratamiento puede dejar al paciente peor que antes
Durante décadas, la ciencia trató la obesidad como un problema de voluntad o de excesos. Hoy la biología ocupa el centro: hormonas intestinales, neurotransmisores y una tendencia que el cuerpo defiende con mecanismos propios llevan el debate a otro nivel.
Marcelo Adrián Mariño definió la obesidad como una enfermedad biológica, crónica, inflamatoria y recurrente, cuyo tratamiento en mayores de 50 años debe contemplar la alimentación, la actividad física, el apoyo emocional y el cuidado cardiovascular. El especialista participó del 33.º Congreso Europeo sobre Obesidad, realizado del 12 al 15 de mayo de 2026 en Estambul, donde la menopausia, los tratamientos farmacológicos y la pérdida de masa muscular fueron algunos de los temas centrales.
La enfermedad puede reaparecer cuando se abandona el tratamiento, incluso con un aumento de peso superior al que se había perdido. “Si bajó diez kilos, ahora sube doce”, explicó Mariño al describir el denominado rebote, que vinculó con el carácter persistente de la condición.
El encuentro científico anual de la European Association for the Study of Obesity reunió a especialistas de investigación, prevención y tratamiento. En la cita organizada por la EASO, la mujer posmenopáusica y su riesgo cardiovascular ocuparon uno de los principales ejes de discusión.
Mariño (matrícula 11.937) integra el equipo multidisciplinario del Centro de Obesidad del Sanatorio Británico de Rosario, donde trabajan nutricionistas, psicólogos, médicos clínicos y especialistas en obesidad, nutrición y endocrinología. El grupo convocará el 27 de noviembre a jornadas locales abiertas a profesionales relacionados con esta enfermedad.
—Pensemos en un paciente de más de 50 años con obesidad. Durante mucho tiempo se la abordó desde un lugar más emocional. ¿Cuáles son los factores clínicos concretos?
—Primero tenemos que definir que la obesidad tiene un alto componente biológico. La persona tiene una predisposición a aumentar de peso y, al mismo tiempo, pone al servicio de ese aumento las enterohormonas del aparato digestivo y los neurotransmisores del sistema nervioso que regulan los mecanismos de apetito, ansiedad y saciedad.
La persona que tiene esta tendencia ya corre con una desventaja importante. Tiene que lograr un gran orden alimentario, bajar las cantidades, elegir mejor los alimentos y vincularse en los momentos sociales, que son los de mayor demanda, a un nuevo formato, a un nuevo vínculo entre alimentación, persona y socialización. Ahí hay un eje muy importante.
En el caso específico de los mayores de 50 años, encontramos a la mujer en la posmenopausia, con todo el cambio hormonal y la redistribución de grasa hacia las caderas y el abdomen. Eso también tiene un impacto emocional, porque socialmente esa bisagra de la menopausia la pone en un lugar incómodo y aumenta su riesgo cardiovascular.
Hace diez años pensábamos que la mujer estaba más expuesta a cáncer de mama, endometrio o útero, con las enfermedades oncológicas como protagonistas. Pero el corazón era el que le limitaba la expectativa de vida. Hoy, en el modelo de obesidad y cardiometabolismo, la mujer tiene que cuidar las arterias y el corazón. Bajar de peso es muy importante.
Hay que armar un programa que incluya lo nutricional y lo físico. En lo físico se incluye lo aeróbico: cardio, caminatas y bicicleta. Pero hoy la fuerza ocupa un lugar muy importante. Hay que hacer fuerza, con el propio cuerpo o en el gimnasio, porque ganar músculo aporta una maquinaria metabólica muy virtuosa para acomodar todo el sistema neurohormonal del cuerpo.
—¿Cómo se adapta ese plan a una sociedad con horarios laborales prolongados, multitrabajo y, en muchos casos, soledad?
—La persona que consulta tiene que estar motivada. Eso es muy importante. Tiene que elegir una motivación lo suficientemente fuerte, que puede ser la salud, la figura corporal, la movilidad o la proyección hacia el futuro: llegar bien a esa tercera y cuarta edad que se suma.
Con el foco puesto en la motivación, después desplegamos las estrategias. En lo nutricional hay tres pilares: la cantidad de comida, la elección de alimentos —la calidad de la comida— y el orden de los horarios, cómo me distribuyo. Después se agrega el modelo de actividad física.
También está el modelo psicológico, el soporte emocional, porque existe el hambre emocional. Hay gente que dice: “Como por ansiedad”, pero también come cuando está triste, enojada o relajada. Tenemos que trabajar ese componente emocional, porque ayuda a la conducta alimentaria, que requiere educación alimentaria. También hay que contemplar el presupuesto, porque a veces elegir alimentos de bajo nivel calórico eleva los gastos. Hay que equilibrar.
—Contame sobre lo que comúnmente se denominan las ‘lapiceras’. ¿Qué función cumplen y en qué tipo de pacientes se indican?


