Científicos del CONICET avanzan en el desarrollo de nuevas vacunas contra la gripe aviar

22 de octubre de 2026
Científicos del CONICET avanzan en el desarrollo de nuevas vacunas contra la gripe aviar

El proyecto tiene por objetivo generar un producto que permita inmunizar rápidamente a las personas contra el virus.

A partir de un convenio I+D entre el Consejo, la UBA y la empresa biotecnológica Sinergium Biotech, el proyecto tiene por objetivo generar un producto que permita inmunizar rápidamente a las personas contra el virus, en caso de que comience a transmitirse entre humanos de manera eficiente.

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Un equipo de científicos del CONICET en el Laboratorio de Inmunotecnología de Ácidos Nucleicos (LITAN) del Instituto de Investigaciones en Microbiología y Parasitología Médica (IMPaM, CONICET-UBA) avanza en el desarrollo de una vacuna de ARN mensajero (ARNm) contra la influenza H5N1, que será evaluada en ensayos preclínicos. Los prometedores resultados preliminares de este proyecto, que se lleva adelante en el marco de un convenio I+D entre el CONICET, la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (FMED, UBA) y la empresa biotecnológica Sinergium Biotech, le valieron recibir el apoyo de la Coalition for Epidemic Preparedness Innovations (CEPI). CEPI es una asociación innovadora entre organizaciones públicas, privadas, filantrópicas y civiles, cuya misión es acelerar el desarrollo de vacunas contra las amenazas epidémicas y pandémicas, de modo que puedan ser accesibles para todas las personas.

El virus de influenza H5N1 -también conocido como gripe aviar- ha experimentado en los últimos años una expansión sin precedentes en el mundo animal. A partir de 2021 comenzó a circular entre aves silvestres y de granja una variante particular de este patógeno conocida como clado 2.3.4.4b, que pronto empezó también a infectar a diversas especies de mamíferos, como focas, zorros, gatos, vacas lecheras y hasta cerdos. Esta situación resultó novedosa, dado que hasta hace poco tiempo el H5N1 era un problema que afectaba solamente a las aves.

En cuanto a infecciones en humanos, desde 1997 se reportaron cerca de 1.000 casos en 25 países. Lo que preocupa a los especialistas no es tanto la cantidad de casos —que sigue siendo baja— sino la letalidad: aproximadamente la mitad de las personas infectadas murieron, lo que implica una tasa de mortalidad altísima comparada con la gripe estacional.

Aunque la mayoría de los contagios en humanos ocurrieron por contacto directo con animales infectados, la preocupación es que cuantas más especies de mamíferos sean infectadas por el virus, más posibilidades hay de que mute y se adapte para transmitirse eficientemente de persona a persona. “De hecho, hay evidencia reciente que sugiere que la variante 2.3.4.4b ya tendría cierta capacidad de transmitirse entre mamíferos. Si el virus diera el salto a una transmisión eficiente entre seres humanos, estaríamos frente a la posibilidad de una nueva pandemia de influenza”, afirma Andrés Sánchez Alberti, investigador del CONICET en el IMPaM y líder del proyecto.

La necesidad de obtener vacunas rápidamente

Frente al posible escenario de que el virus se vuelva un problema acuciante para la salud pública, con potencial pandémico, se hace necesario poder contar con vacunas seguras y eficientes que se puedan obtener de manera rápida. “Hoy no estamos preparados para eso. La última vez que tuvimos una pandemia de gripe (influenza H1N1), en 2009, las vacunas llegaron demasiado tarde para frenar las primeras olas de contagio”, advierte Sánchez Alberti.

Según el investigador, uno de los problemas tuvo que ver con  un sistema de producción de vacunas contra la influenza, que no sufrió demasiados cambios en los últimos 70 años. “La mayoría se sigue fabricando en huevos de gallina embrionados: se inyecta el virus en el huevo, se lo deja crecer varios días, y después se purifica”, explica Sanchez Alberti.  Para el científico, aunque se trata de un sistema confiable y económico, tiene limitaciones importantes, puesto que necesita millones de huevos libres de patógenos y el proceso de adaptación del virus al huevo puede generar mutaciones que hagan que la vacuna final se parezca menos al patógeno que circula realmente.  Además, todo el proceso, desde que se elige la cepa hasta que la vacuna está lista, tarda alrededor de 6 meses. “En un contexto pandémico, seis meses es una eternidad”, advierte el investigador, que agrega que, aunque también existen plataformas de cultivo celular que evitan algunos de estos problemas, son técnicamente más complejas y caras de escalar.

Ahí es donde las vacunas de ARNm, tecnología que se hizo conocida masivamente durante la pandemia de COVID-19, podrían ofrecer una solución.  Para el investigador del CONICET, la gran ventaja de esta tecnología es su velocidad y la flexibilidad, dado que no hace falta cultivar virus en huevos ni en células, sino que alcanza con conocer la secuencia genética del antígeno que se  quiere que el sistema inmune reconozca. En este sentido, destaca que durante la pandemia de SARS-CoV-2, la primera vacuna de ARNm se aplicó sólo  64 días después de que se publicara la secuencia genética del virus.

Además, la misma planta y el mismo proceso que sirven para hacer una vacuna de ARNm contra la gripe, sirven —con ajustes menores— para hacer una vacuna contra otro patógeno. “Eso significa que una fábrica de ARNm no depende de un solo producto para mantenerse activa todo el año, algo que fue un problema serio para las plantas que se instalaron en distintos países en la década de 2010 y que después tuvieron que cerrar por falta de demanda constante”, indica el investigador.

Diferentes formulaciones y nuevas apuestas

La mayoría de las vacunas de influenza, incluidas casi todas las de ARNm que están en desarrollo hoy en el mundo, apuntan a un blanco clave: la hemaglutinina (HA), la proteína que el virus usa para entrar a las células. En este mismo sentido, el equipo del LITAN trabaja en la comparación de distintas formulaciones de ARNm que codifican para la HA del H5, de manera de entender cuál genera mejor respuesta inmune, con qué dosis, y con qué perfil de seguridad, antes de pasar hacia ensayos más avanzados.

En todos estos casos, el ARNm carga instrucciones para que las células del individuo vacunado fabriquen la proteína HA del H5N1  y, de esta  manera, el sistema inmune la reconozca como extraña y genere anticuerpos contra ella. “No estamos inventando una química nueva, sino aplicando una plataforma ya validada a un blanco distinto: el H5N1”, señala Sánchez Alberti.

Sin embargo, el equipo del LITAN también trabaja en nuevas alternativas . “Apostar todo a la HA tiene un techo. La HA es una proteína que muta con relativa frecuencia, así que un virus puede ‘escaparse’ de la inmunidad que genera la vacuna si esa proteína cambia lo suficiente. Ahí aparece la neuraminidasa (NA), la otra proteína grande de la superficie del virus, que hasta ahora quedó bastante relegada en el diseño de vacunas”, explica el científico.

Fuente: https://www.conicet.gov.ar/noticias-conicet/