Por qué la vacuna contra el herpes zóster se asocia con un menor riesgo de demencia: los últimos datos científicos
Nuevos análisis suman indicios sobre el efecto protector. Los resultados son promisorios, pero todavía se necesita más evidencia, dicen los expertos
Según las estimaciones más recientes del estudio Carga Global de Enfermedad, alrededor de 57,4 millones de personas vivían con demencia en 2019, una cifra que podría aumentar a 152,8 millones para el año 2050. Esto ha impulsado numerosas investigaciones sobre sus causas y posibles terapias.
Los hallazgos sobre posibles beneficios protectores de las vacunas abrieron una línea de estudio alternativa para prevenir o abordar la enfermedad.
La vacunación contra el herpes zóster se asoció con un 20% menos de nuevos diagnósticos de demencia durante siete años en adultos mayores de Gales, según un estudio de 2025 dirigido por el investigador de salud pública Pascal Geldsetzer, de la Universidad de Stanford. El hallazgo sugirió que la prevención de infecciones persistentes y la respuesta del sistema inmunitario podrían influir en el riesgo de deterioro cognitivo, aunque el mecanismo preciso aún no se conoce.
El cardiólogo y divulgador científico Eric Topol, referente en longevidad, sostuvo en su cuenta de X que los nuevos estudios refuerzan la hipótesis de que la vacunación contra el herpes zóster puede reducir el riesgo de demencia. “El sistema inmunitario como explicación de por qué la vacuna contra el herpes zóster ha demostrado protección contra la demencia en 4 experimentos naturales”, posteó en la red social.
El análisis reunió datos anónimos de más de 280.000 personas de 70 a 88 años. La investigación no probó que la vacuna prevenga la demencia ni que las infecciones la causen, pero aprovechó un criterio de vacunación que redujo una fuente habitual de sesgo en este tipo de estudios.
La política del Servicio Nacional de Salud de Gales excluyó de la vacunación a quienes ya tenían más de 80 años el 1 de septiembre de 2013. Esa fecha creó grupos de personas muy similares en hábitos, enfermedades crónicas y exposición previa al virus, salvo por su edad al momento de definir la elegibilidad.
Las personas nacidas poco antes o después de la fecha límite tuvieron probabilidades comparables de presentar condiciones de salud que pudieran influir en la decisión de vacunarse. Geldsetzer explicó que esa circunstancia permitió comparar un grupo de intervención con otro de control de una forma cercana a un ensayo clínico.
Los estudios realizados en otras regiones con límites de nacimiento similares respaldaron la asociación. Entre quienes ya tenían un diagnóstico de demencia, la vacunación también se relacionó con menos muertes atribuidas a la enfermedad, un resultado que podría indicar una progresión más lenta.
El virus varicela-zóster causa varicela en la infancia y puede permanecer latente durante décadas antes de reactivarse como herpes zóster en la adultez. Como la vacuna contra la varicela se introdujo a mediados de la década de 1990, la mayoría de las personas mayores de 30 años porta el virus y puede desarrollar la infección.
La vacuna contra el herpes zóster busca impedir esa reactivación en las células nerviosas. Estudios observacionales también vincularon las vacunas contra el virus respiratorio sincicial, la difteria, el tétanos y otras infecciones con un menor riesgo de demencia, aunque las asociaciones fueron menos marcadas que las observadas con las inmunizaciones contra el herpes zóster.
La primera generación de vacunas analizada en los experimentos naturales utilizaba una versión atenuada del virus. La formulación más extendida en la actualidad emplea una forma recombinante y un adyuvante, una sustancia que intensifica la respuesta inmunitaria.
Un estudio de febrero de 2026 encabezado por la investigadora de enfermedades infecciosas Emily Rayens, del Departamento de Investigación y Evaluación de Kaiser Permanente en Pasadena, comparó a 65.800 mayores de 65 años que recibieron dos dosis con 263.200 personas no vacunadas. Tras un seguimiento de uno a tres años, dos dosis se asociaron con un riesgo 51% menor de diagnóstico de demencia.
La asociación se mantuvo entre distintos grupos de edad y grupos raciales y étnicos, y pareció algo mayor en mujeres. Rayens planteó que una mayor protección frente al herpes zóster podría explicar parte de la diferencia, aunque advirtió que todavía no hay pruebas suficientes para establecer causalidad.
La demencia afectó a unos 57,4 millones de personas en 2019 y las estimaciones de Carga Global de Enfermedad proyectaron 152,8 millones de casos para 2050. Durante décadas, la investigación se concentró sobre todo en las placas de amiloide, acumulaciones de proteínas en el cerebro, y en los anticuerpos dirigidos contra ellas.
Los datos sobre vacunas llevaron a ampliar esa mirada hacia la inflamación y la inmunidad en todo el organismo. Estudios observacionales también hallaron tasas más altas de demencia entre adultos mayores que habían tenido enfermedad periodontal o COVID-19 que entre quienes no presentaron esas infecciones.


