El dispositivo cotidiano que puede afectar los pulmones si no recibe una limpieza adecuada

Un neumólogo alertó sobre los riesgos de inhalar bacterias, moho y partículas minerales que pueden acumularse en los humidificadores cuando se usan sin mantenimiento regular

Un objeto común en los hogares puede volverse una amenaza silenciosa para la salud respiratoria cuando no recibe el mantenimiento correcto, según advierte un especialista en enfermedades pulmonares citado por la revista Parade. El dispositivo en cuestión no es ningún químico industrial ni un electrodoméstico de uso especializado: se trata de un aparato de uso doméstico habitual.

El Dr. Kevin Kim, médico especialista en enfermedades pulmonares del Centro Médico de la Universidad de Hackensack, dedica gran parte de su práctica clínica a orientar a sus pacientes sobre los riesgos que corren dentro de sus propios hogares. Para él, el humidificador mal mantenido es uno de los casos más frecuentes y subestimados: un dispositivo que deja de ser un aliado para las vías respiratorias y se convierte en un vector de bacterias, moho y toxinas aerosolizadas que el usuario inhala sin saberlo.

“Pasamos la mayor parte del tiempo en interiores, lo que significa que la calidad del aire de nuestra casa afecta directamente el sistema respiratorio”, señaló Kim. “Muchos objetos cotidianos, como aerosoles de limpieza o velas perfumadas, liberan químicos o moho de manera invisible”.

El dispositivo en cuestión tiene usos médicamente reconocidos: hidrata las vías aéreas durante los meses secos, previene sangrados nasales y alivia síntomas de resfríos. El problema surge cuando el tanque no se vacía y limpia con regularidad. “El agua estancada es un ambiente ideal para el crecimiento de moho y bacterias, y en apenas un par de días puede formarse un biofilm viscoso dentro del depósito”, explicó el neumólogo.

Al encenderse, ese humidificador en mal estado dispersa una niebla contaminada. Las partículas microscópicas que contiene viajan hasta lo profundo del tejido pulmonar y desencadenan procesos inflamatorios que pueden derivar en enfermedades respiratorias. Además, los ambientes excesivamente húmedos favorecen la proliferación de ácaros y esporas de moho, dos factores que agravan el asma y las alergias estacionales.

Kim describe la llamada “fiebre del humidificador” como una inflamación pulmonar similar a la neumonitis por hipersensibilidad, desencadenada por la inhalación de bacterias u hongos provenientes de un tanque contaminado. Los síntomas —fiebre, escalofríos, tos seca, dificultad para respirar y opresión en el pecho— suelen aparecer en pocas horas tras encender el aparato y se confunden fácilmente con una infección o un cuadro gripal, lo que dificulta identificar la causa real.

Existe además un riesgo específico asociado a los humidificadores ultrasónicos —aquellos que emplean vibraciones de alta frecuencia para convertir el agua en vapor, en lugar de calentarla— el llamado “polvo blanco”. Al usar agua corriente, los minerales disueltos —calcio, magnesio— se secan y se dispersan en el aire junto al vapor. Esas partículas conforman lo que se conoce como materia particulada fina (PM2.5), lo suficientemente pequeña como para penetrar en el tejido pulmonar e irritarlo, y capaz de provocar episodios de asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).

Un estudio publicado en la revista Indoor Air determinó que el uso de agua de canilla en este tipo de dispositivos puede elevar los niveles de PM2.5 en espacios cerrados a valores comparables a los de una ciudad con alta contaminación atmosférica. La solución que propone Kim es sencilla: usar agua destilada o desmineralizada.

El especialista recomienda una limpieza diaria que consiste en vaciar el tanque, secar sus paredes y volver a llenarlo con agua fresca. Adicionalmente, propone una desinfección profunda semanal en seis pasos:

Aun con un mantenimiento correcto, Kim recomienda reemplazar el humidificador cada tres a cinco años, ya que el desgaste natural del motor y las piezas internas reduce su eficiencia con el tiempo. El especialista señala que hay casos en los que conviene descartarlo antes: cuando el sarro mineral no cede tras varios ciclos de limpieza con vinagre, cuando persiste un olor a humedad después de una desinfección profunda, o cuando el tanque presenta grietas o rayaduras que imposibilitan una limpieza completa.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/