Cuando la presión por los exámenes comienza a jugar en contra: cómo lidiar con el estrés

El malestar ligado a las evaluaciones puede alterar memoria, concentración y descanso, pero distintas estrategias señaladas por especialistas permiten reducir su impacto sin perder de vista que cierto nerviosismo también cumple una función

Por Bautista Salaverri

La temporada de exámenes suele concentrar presión, estrés y ansiedad en pocos días. Ese malestar no se limita al momento del examen, sino que puede empezar mucho antes, durante el estudio y los preparativos. Ese proceso, que para muchas personas se traduce en nerviosismo manejable, en otros casos interfiere con la concentración, altera el descanso y afecta de manera directa el desempeño.

Esa tensión previa y durante la evaluación no distingue edades ni ámbitos y puede aparecer en cualquier nivel educativo. No obstante, la Mayo Clinic indica que un grado moderado de nervios puede incluso agudizar la atención, pero cuando la preocupación y las dudas sobre uno mismo se intensifican, la experiencia deja de ser un impulso y se convierte en un obstáculo.

En ese punto, la respuesta pasa a expresarse en el cuerpo, en los pensamientos y en la conducta. Las entidades coinciden en que se trata de un fenómeno frecuente, con manifestaciones diversas y con estrategias concretas que pueden ayudar a reducir su impacto.

La ansiedad ante los exámenes se define como una reacción de estrés que aparece antes, durante y a veces después de una evaluación. De acuerdo con la Universidad de Queensland en Australia, ese nivel de activación puede ser habitual e incluso funcional hasta cierto punto, pero se vuelve problemático cuando es intenso, persiste en el tiempo e impide rendir, asistir o participar con normalidad.

Ese impacto puede observarse en varias dimensiones. Según explicó la psicoterapeuta Amy Morin a Verywell Mind, el miedo excesivo puede dificultar la concentración y volver inaccesible información que la persona ya había estudiado.

Las manifestaciones no son solo cognitivas. La experta, al igual que la Universidad de Queensland, destaca que los síntomas pueden ser físicos, emocionales y conductuales. Entre los físicos aparecen sudoración, temblores, taquicardia, náuseas, tensión muscular, mareos y dificultad para respirar. En el plano cognitivo, se registran problemas de memoria, pensamientos acelerados, diálogo interno negativo y temor al fracaso.

Un estudio publicado en Medical Education Online mostró que la ansiedad puede extenderse antes, durante y después de las pruebas. Los participantes describieron síntomas como insomnio, dolor abdominal, sensación de vacío mental y agotamiento posterior. Algunos relataron que, aun habiéndose preparado, olvidaban contenidos básicos al comenzar la evaluación. Más del 50% de los estudiantes de medicina experimenta ansiedad ante los exámenes.

La investigación también subrayó que el efecto no es uniforme. En algunos casos, la ansiedad funciona como un estímulo para organizarse mejor y estudiar con mayor constancia. En otros, se transforma en una barrera que deteriora las calificaciones, la confianza y el bienestar general. El punto central, de acuerdo con los testimonios analizados en el estudio, es la intensidad con que se vive esa respuesta de estrés y los recursos disponibles para manejarla.

Si bien las herramientas que aconsejan los expertos no se presentan como soluciones universales, son recursos concretos para disminuir su impacto. Según Mayo Clinic, una de las medidas más relevantes es estudiar con eficiencia y con anticipación, en lugar de concentrar toda la preparación en el último momento. La institución recomienda sostener una rutina previa al examen, practicar el contenido de manera regular y, cuando sea posible, estudiar en entornos similares al de la evaluación.

Verywell Mind agrega que la preparación suficiente puede aumentar la confianza y reducir parte de la angustia. La revista incluye además la respiración profunda como una técnica útil para bajar la activación durante la prueba. Hacerlo de manera pausada y enfocarse en una pregunta a la vez aparece como una de las formas de recuperar estabilidad en el momento de mayor tensión.

La Universidad de Cambridge suma otros apoyos prácticos. Avanzar paso a paso, evitar compararse con otras personas, sostener la alimentación y la hidratación, y pedir ayuda en el centro educativo cuando la ansiedad interfiere con el rendimiento son herramientas que mitigan los efectos.

Por otro lado, Mayo Clinic destaca el ejercicio aeróbico regular y el sueño suficiente como factores asociados a un mejor rendimiento. La Universidad de Queensland, por su parte, explica que la ansiedad puede alterar los hábitos de sueño y potenciar el agotamiento, por lo que el descanso forma parte del manejo del problema. En el estudio de Medical Education Online, varios estudiantes describieron que planificar la semana, dividir el estudio en bloques y sostener actividad física les ayudaba a aliviar el estrés.

Cuando la ansiedad se vuelve persistente o se asocia con otros problemas que interfieren en el aprendizaje, los expertos también señalan la importancia de buscar apoyo profesional. La clínica estadounidense indicó que la psicoterapia puede ayudar a trabajar pensamientos, emociones y conductas vinculadas con este problema. Verywell Mind añadió que, según la gravedad de los síntomas, un profesional puede considerar terapia cognitivo-conductual, medicación ansiolítica o una combinación de ambas.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/