Un compuesto presente en arándanos y uvas podría ayudar a reducir la grasa muscular acumulada
Investigadores de la Universidad de Shinshu observaron el efecto en modelos animales y describieron un mecanismo relacionado con el uso de lípidos como fuente de energía. Los resultados todavía no fueron comprobados en personas
Por Constanza Almirón
La acumulación de lípidos en el músculo es un problema para la salud metabólica. A diferencia de la grasa subcutánea, esas reservas que se alojan en las fibras musculares alteran la función del tejido y dificultan que el organismo aproveche de manera eficiente la glucosa y los ácidos grasos.
Ese desequilibrio se asocia con pérdida de flexibilidad metabólica e insulinorresistencia, dos procesos vinculados con enfermedades como la obesidad y la diabetes tipo 2.
En la búsqueda de estrategias para controlar ese proceso, investigadores de Shinshu University, en Japón, identificaron en células musculares de ratón que el pterostilbeno, un compuesto natural presente en arándanos y uvas, redujo la acumulación de grasa intramuscular al evitar la degradación de una proteína clave del metabolismo lipídico. El estudio fue publicado en la revista Food Bioscience.
La acumulación ectópica de grasa en el músculo, también llamada miosteatosis, describe un depósito de lípidos en un sitio donde su exceso resulta perjudicial. En términos sencillos, se trata de reservas que quedan alojadas dentro de las células musculares e interfieren con la función normal del tejido. Según el comunicado institucional, este proceso puede verse favorecido por dietas altas en grasa, sedentarismo y envejecimiento.
En ese contexto, el equipo encabezado por Takakazu Mitani, profesor asociado de Shinshu University, partió de una necesidad concreta. “Actualmente no contamos con tratamientos aprobados dirigidos específicamente a la miosteatosis”, afirmó según el comunicado institucional.
En la misma declaración agregó que “esta brecha crítica llevó a nuestro equipo a examinar compuestos derivados de alimentos en busca de intervenciones naturales y dietarias”, una frase que ubicó el objetivo del trabajo en la búsqueda de compuestos alimentarios con posible utilidad biológica.
Para hacer el estudio, los investigadores trabajaron con células musculares de ratón cultivadas en laboratorio. Sobre ese modelo probaron distintos fitoquímicos, es decir, compuestos naturales presentes en los alimentos, para identificar cuáles podían reducir la acumulación anormal de grasa dentro de las células.
De acuerdo con la universidad, el pterostilbeno fue el que mostró el efecto supresor más marcado sobre los lípidos sin alterar el crecimiento ni la diferenciación de las células musculares.
Uno de los puntos centrales del trabajo fue determinar cómo actuaba el compuesto dentro de la célula. Los ensayos posteriores mostraron que el pterostilbeno no impedía que los ácidos grasos ingresaran al músculo. En cambio, las células tratadas liberaron más glicerol al exterior. Ese dato funciona como una señal de lipólisis, el proceso por el cual la grasa almacenada se descompone en partes más pequeñas para ser utilizada.
Dicho de otro modo, el compuesto no cerró la puerta de entrada de la grasa, sino que pareció acelerar la apertura del depósito interno para vaciarlo. En paralelo, los investigadores observaron un aumento en la expresión de genes vinculados con la oxidación de ácidos grasos, un mecanismo por el que la célula usa esos compuestos para obtener energía.
Ese comportamiento se relacionó con la vía de PPARδ, sigla de receptor activado por proliferadores de peroxisomas delta. El nombre es técnico, pero su función puede explicarse de manera simple: se trata de una proteína que actúa como un interruptor molecular y enciende programas celulares ligados al uso de grasas como combustible.
Según se detalla en el estudio, esa señalización cumple un papel relevante en la supresión de la acumulación de lípidos intracelulares porque estimula la oxidación de ácidos grasos.
El equipo encontró que el compuesto fortalecía la señalización de PPARδ, aunque no de la manera más habitual. Muchos fármacos experimentales diseñados para estimular esa proteína lo hacen uniéndose de forma directa al receptor. En este caso ocurrió algo distinto: el pterostilbeno aumentó la cantidad de proteína disponible dentro de la célula al impedir que fuera degradada.
Ese punto remite a otro concepto técnico, la vía ubiquitina-proteasoma. En lenguaje accesible, puede pensarse como el sistema de descarte y reciclaje de la célula, encargado de marcar proteínas para su destrucción cuando ya no deben permanecer activas.


