Síndrome metabólico: la condición que puede avanzar sin síntomas y aumentar el riesgo de diabetes, ACV y enfermedades cardíacas
Especialistas consultados por The Telegraph explicaron cuáles son los indicadores que permiten detectarlo y cómo influye la distribución de la grasa corporal
Puede instalarse de manera silenciosa mientras el organismo acumula señales de deterioro que muchas veces pasan inadvertidas. El síndrome metabólico reúne una serie de alteraciones vinculadas con el azúcar en sangre, la presión arterial, los triglicéridos, el colesterol y la distribución de la grasa corporal.
Un análisis global publicado en Nature Communications, citado por The Telegraph, señaló que la prevalencia de esta condición prácticamente se duplicó durante las últimas dos décadas.
Además, el síndrome metabólico aumenta de manera significativa el riesgo de enfermedades cardíacas y renales, accidente cerebrovascular (ACV), diabetes, insuficiencia hepática y muerte prematura.
El profesor Stephen O’Rahilly, codirector del Institute of Metabolic Science de Cambridge, y el endocrinólogo alemán Norbert Stefan, junto con la médica Sabine Donnai, especialista en longevidad, explicaron al medio británico cuáles son sus mecanismos, sus principales indicadores y las medidas que pueden ayudar a reducir sus efectos.
Para O’Rahilly, el origen puede resumirse en una expresión: “grasa en el lugar equivocado”. El tejido adiposo funciona como un depósito destinado a almacenar nutrientes cuando existe un exceso de energía.
El problema aparece cuando esa capacidad se sobrepasa y los nutrientes comienzan a acumularse en zonas que no están preparadas para almacenarlos.
Según explicó el especialista en endocrinología y la bioquímica a The Telegraph, ese exceso puede terminar en el hígado, las paredes arteriales y el torrente sanguíneo.
El proceso afecta la acción de la insulina, favorece el aumento de sus niveles y contribuye a una mayor acumulación de grasa. También puede elevar la presión arterial y aumentar la exigencia sobre órganos como el corazón y los riñones.
La grasa visceral, ubicada alrededor de órganos abdominales como el hígado, el páncreas y los intestinos, ocupa un lugar central en este proceso. La capacidad individual para almacenar tejido adiposo debajo de la piel también tiene importancia y presenta un fuerte componente genético.
El diagnóstico suele establecerse cuando una persona presenta tres o más de cinco factores: una circunferencia abdominal elevada, niveles altos de glucosa, triglicéridos elevados, presión arterial alta y concentraciones reducidas de colesterol HDL.
Stefan considera que estos criterios podrían resultar demasiado restrictivos. El especialista sostiene que la presencia de dos de esas alteraciones ya debería despertar preocupación por el riesgo de enfermedad.
También plantea incorporar un sexto indicador: la forma corporal. La relación entre cintura y cadera puede aportar información adicional. Una distribución de grasa predominantemente abdominal, asociada a la denominada figura de “manzana”, se relaciona con un riesgo metabólico mayor que aquella en la que existe una mayor acumulación alrededor de las caderas.
El síndrome metabólico no evoluciona de la misma manera en todas las personas. La genética puede influir en qué órganos resultan más afectados y en la velocidad con que aparecen determinadas enfermedades.
O’Rahilly explicó a The Telegraph que algunas personas nunca desarrollan diabetes porque su páncreas conserva durante mucho tiempo una buena capacidad para producir insulina.
En otros casos, la primera manifestación puede ser una enfermedad hepática grasa, mientras que determinadas personas presentan mayor predisposición a desarrollar problemas renales.


