Creatina: cómo varían las dosis recomendadas y qué factores explican los diferentes protocolos de consumo, según especialistas

Las alternativas para incorporar este suplemento se definen por el contexto de entrenamiento, la rapidez buscada en los resultados y las recomendaciones de expertos

Por Santiago Abraldes

En gimnasios, redes sociales y consultas de nutrición deportiva, la creatina se consolidó como uno de los suplementos más mencionados para mejorar fuerza, potencia y recuperación en esfuerzos breves e intensos. Esa expansión instaló una duda concreta: cuánto conviene tomar por día y por qué circulan recomendaciones distintas para un mismo producto.

Una revisión de la International Society of Sports Nutrition y una evaluación de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria muestran que las pautas más citadas incluyen 3 gramos diarios, 3 a 5 gramos por día y un esquema con fase de carga seguida de mantenimiento, según el objetivo y la rapidez con la que se busca saturar los depósitos musculares.

La creatina es un compuesto natural que el cuerpo forma a partir de glicina, metionina y arginina. También se incorpora con alimentos como carne y pescado. Su función se vincula con la reposición rápida de energía en ejercicios breves y de alta intensidad, a través de la fosfocreatina (reserva de energía que ayuda a regenerar ATP, la molécula que usan las células para obtener energía inmediata).

La European Food Safety Authority concluyó en una opinión con DOI 10.2903/j.efsa.2011.2303 que el consumo de creatina aumenta el rendimiento físico en series repetidas de ejercicio breve y muy intenso. Ese respaldo se refiere al monohidrato de creatina, la forma más estudiada.

La posición de la International Society of Sports Nutrition detalla en una revisión que el protocolo más rápido para elevar los depósitos musculares consiste en 0,3 gramos por kilo de peso corporal al día durante 5 a 7 días, seguido por 3 a 5 gramos diarios. La misma publicación señala que una ingesta de 3 gramos por día también eleva las reservas musculares, aunque lo hace de forma más lenta, en unas 3 a 4 semanas.

La diferencia entre esos esquemas se relaciona con la velocidad de saturación del músculo y no con productos distintos. La fase de carga permite completar ese proceso en menos tiempo, mientras que la dosis fija diaria produce el mismo efecto de manera gradual.

Esa distinción también ordena la lectura sobre la cantidad. Una pauta de 3 gramos puede servir para aumentar las reservas con el paso de las semanas. Un esquema de 3 a 5 gramos suele utilizarse como mantenimiento. La carga inicial apunta a acelerar la disponibilidad muscular del compuesto.

La seguridad de la creatina en personas sanas cuenta con respaldo en ensayos clínicos y revisiones. Un estudio en adultos entrenados no registró cambios significativos en la función renal tras 12 semanas de suplementación. A su vez, una revisión centrada en función renal indicó que el aumento de creatinina (producto de desecho que suele medirse en sangre) no equivale por sí solo a daño en los riñones.

Ese punto ayuda a interpretar uno de los debates más frecuentes alrededor del suplemento. La creatina no figura como un nutriente esencial para toda la población ni como una indicación general de salud. Su uso se concentra en contextos de entrenamiento o en situaciones clínicas específicas que se estudian por separado.

Sobre el momento de consumo, la evidencia no muestra una ventaja definitiva para tomarla antes o después de entrenar una vez que el músculo ya elevó sus reservas. Un ensayo de 2022 no encontró diferencias adicionales por horario en fuerza o composición corporal. Un estudio de 2013 observó una mejora mayor en masa libre de grasa (peso corporal sin contar la grasa) y en press de banca en quienes la tomaron después del entrenamiento. Ese contraste deja el foco principal en la constancia diaria y no en una ventana horaria única.

Respecto del formato, la opción con mayor respaldo científico para el rendimiento deportivo es el monohidrato de creatina. La posición de la International Society of Sports Nutrition lo define en otra revisión como la variante con más evidencia para aumentar la capacidad de ejercicio intenso y la masa magra.

La suplementación también puede generar una suba inicial de peso por mayor retención de agua dentro del músculo y no por aumento de grasa corporal. Ese efecto responde al incremento del contenido hídrico intracelular.

Para alcanzar una cantidad comparable a la de un suplemento solo con la alimentación, haría falta consumir alrededor de 1.100 gramos diarios de ternera o salmón, según estimaciones nutricionales citadas en la literatura sobre contenido de creatina en alimentos. Ese cálculo explica por qué la suplementación aparece con frecuencia en planes orientados a fuerza, potencia y desarrollo muscular.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/