Los desafíos de la longevidad en el sistema de salud: cuáles fueron las conclusiones de una cumbre clave del sector
El aumento sostenido de la población de adultos mayores redefine la agenda sanitaria y obliga a repensar recursos humanos, innovación y sostenibilidad. Los principales debates del Congreso de Salud Adecra+Cedim 2026
La longevidad dejó de ser una proyección demográfica para convertirse en un problema concreto de organización sanitaria. Con una población que vive más años, una caída de la natalidad y una demanda creciente de cuidados prolongados, el sistema de salud enfrenta una discusión que ya no admite postergaciones: cómo reestructurar la atención, cómo sostener los recursos humanos y cómo financiar un modelo pensado para otra pirámide poblacional.
Ese fue el eje del VIII Congreso de Salud Adecra+Cedim (Asociación de Clínicas, Sanatorios y Hospitales Privados de la República Argentina y la Cámara de Entidades de Diagnóstico y Tratamiento Ambulatorio) que reunió en Pilar a médicos, directivos y especialistas del sector bajo la consigna “Desafíos y rediseño del sistema de salud”.
Uno de los datos que ordenó el debate fue que hacia 2040 la Argentina tendrá alrededor de 10 millones de personas mayores de 60 años. Para ese entonces, probablemente los adultos mayores superarán en número a los niños.
El cambio impacta sobre todo el sistema. Desde la infraestructura y la oferta prestacional hasta la formación de profesionales, la organización de los hospitales y la relación entre atención aguda, seguimiento, rehabilitación y cuidados. En ese marco, una de las conclusiones más repetidas fue que el sistema deberá correrse de un esquema centrado en la enfermedad para avanzar hacia otro más orientado a la prevención, la autonomía y el acompañamiento de trayectorias de vida más largas.
En la apertura, Silvia Monet, gerente general de Adecra+Cedim, resumió esa necesidad de anticipación: “No debemos esperar al 2040 para administrar los grandes cambios y desafíos que conlleva la longevidad. El 2040 empieza hoy”.
Monet destacó que este fenómeno responde a un logro sanitario y social: “La longevidad debe ser entendida como una conquista. Pero toda conquista genera nuevas responsabilidades. Y la nuestra es construir instituciones capaces de acompañarla”.
Su planteo apuntó a revisar infraestructura sanitaria, organización de servicios, formación profesional, financiamiento y articulación entre subsistemas.
El tema de los recursos humanos apareció en varias mesas. En un panel sobre recursos, eficiencia e innovación, el médico cardiólogo Pablo Stutzbach, ex presidente de la Sociedad Argentina de Cardiología, sostuvo que el sistema atraviesa “una crisis estructural del recurso humano” y mencionó entre las posibles respuestas la profesionalización de la enfermería y la incorporación de inteligencia artificial para aliviar procesos.
El congreso también dejó claro que el hospital de agudos, por sí solo, ya no alcanza para responder al nuevo perfil de pacientes. La doctora Andrea Perrot, directora médica del Hospital Universitario CEMIC, sede Saavedra, advirtió: “No podemos gestionar un hospital de agudos como lo veníamos haciendo hasta ahora”.
La especialista planteó la necesidad de fortalecer la hospitalización domiciliaria, la telemedicina y los equipos interdisciplinarios enfocados en adultos mayores. En la misma línea, el doctor Federico Pedernera, médico especialista en sistemas de información para la salud, sostuvo que las instituciones deberán revisar a quiénes atienden y cómo redefinir su oferta prestacional.
Otro de los debates centrales giró sobre el “cuello de botella” de los cuidados. El doctor Marcelo Rohr, director general de Centros Hirsch, advirtió que la gran tensión de las próximas décadas no pasará sólo por la cantidad de personas que necesiten atención, sino por la disponibilidad real de quienes estén dispuestos a brindarla.
Rohr describió una presión que combina más años de vida, más enfermedades crónicas, más dependencia y menos jóvenes en edad de incorporarse al sector. A eso sumó otra variable: no alcanza con contar población potencialmente activa; también importa cuántas personas elegirán orientar su vida a un trabajo exigente en lo físico y en lo emocional. Desde esa perspectiva, propuso reorganizar el sistema sobre tres dimensiones: atención, cuidados y apoyos, con mayor desarrollo de dispositivos para sostener autonomía y acompañar la vida cotidiana.
En un escenario en el que una proporción creciente del capital y el ahorro se concentra en generaciones de mayor edad, sintetizó: “Llegar a viejo no es un problema: es el máximo desafío humano que tenemos. Planifiquemos y organicemos hoy el ecosistema sanitario en el que viviremos como personas mayores”.
Desde las neurociencias, María Roca, directora de INECO, explicó algunas de las resistencias que generan esos procesos: “El cerebro es un gran predictor y pensar fuera de la caja, cambiar, consume recursos y aumenta los niveles de estrés. Por eso, uno de los desafíos que tenemos en el sistema de salud es cómo gestionar el cambio”.
Puso el foco en la seguridad psicológica, la resiliencia y la capacidad de adaptación y destacó que “la plasticidad se trabaja toda la vida. Es falso que no podemos cambiar”. “Promover, desde el liderazgo, programas de salud mental y después medir resultados es clave”, puntualizó.


