El estrés crónico se consolida como factor de riesgo de demencia, según una nueva revisión científica

Expertos indican que la irritabilidad y la pérdida de empatía pueden anticipar alteraciones neurológicas no detectables en los olvidos cotidianos

Por Agustina Herreria

Los olvidos, la irritabilidad o la confusión mental suelen atribuirse al estrés crónico y la edad, pero especialistas consultados por The Telegraph advierten que esos cambios también pueden coincidir con señales tempranas de demencia. Esa alerta se apoya en una revisión científica alojada en PubMed Central y firmada por Arunima Chaudhuri y Dharmendra K. Gupta, que presenta el estrés crónico como un factor de riesgo modificable asociado al deterioro cognitivo.

La diferencia, según The Telegraph, está en el patrón y en el impacto diario de los síntomas. El estrés y el envejecimiento suelen causar fallos de atención, lentitud mental o irritabilidad pasajera, mientras que la demencia apunta a cambios persistentes, pérdida de empatía, olvidos completos y dificultades crecientes para mantener conversaciones, orientarse o realizar tareas habituales.

El trabajo alojado en PubMed Central sitúa esa distinción en un marco más amplio y recuerda, con datos citados de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que más de 55 millones de personas viven con demencia en el mundo y que la cifra podría subir a 152 millones en 2050.

En The Telegraph, el neurocientífico Ahmad Khundakar, jefe de Ciencias Integradas de la Universidad de Teesside, resumió ese punto con una advertencia clínica: “En la demencia, existen diferencias sutiles pero importantes en los cambios que observamos”.

Los expertos indicaron a The Telegraph que el estrés crónico puede elevar el cortisol durante periodos prolongados y reducir la capacidad de la corteza prefrontal para regular las respuestas emocionales, lo que favorece la irritabilidad. El mismo artículo añade que los cambios hormonales de la menopausia y la reducción de testosterona también pueden influir en ese malestar.

Esa explicación encuentra respaldo en el estudio publicado en PubMed Central, que describe cómo la combinación de niveles elevados de cortisol e inflamación sostenida puede dañar circuitos cerebrales vulnerables al estrés, mecanismos que forman parte de las vías biológicas asociadas al deterioro cerebral.

El artículo científico también cita hallazgos según los cuales ciertos patrones de cortisol pueden anticipar la aparición de demencia hasta 10 años antes del diagnóstico.

La gerontóloga Kerry Burnight dijo a The Telegraph que envejecer también trae problemas de salud, soledad y frustración, factores que pueden aumentar la irritación. Aun así, el artículo distingue esas reacciones de otro cambio más inquietante: la pérdida de empatía.

Khundakar explicó al medio que la demencia puede reducir la capacidad para regular emociones. Burnight señaló que los allegados suelen notar conductas extrañas o una distancia afectiva fuera de lo habitual.

Perder el teléfono y hallarlo al lado o entrar en una habitación sin recordar para qué suele responder más a problemas de atención que de memoria, según explicaron en The Telegraph. El estrés, la falta de sueño y la sobrecarga mental dificultan que el cerebro registre bien dónde dejó los objetos.

Burnight afirmó que, cuando una persona teme por su memoria, tiende a interpretar cada lapsus como una señal de alarma, aunque “normalmente, no pasa nada”. El criterio cambia cuando los errores alteran el significado de los objetos, como dejar las llaves en la heladera.

Khundakar marcó otra diferencia práctica: “En un envejecimiento saludable, las personas suelen recordar las cosas más tarde, mientras que con la demencia, las olvidan por completo”. El artículo de PubMed Central vincula ese deterioro con daño en el hipocampo, menor plasticidad sináptica y cambios cerebrales relacionados con la memoria.

La toma de decisiones impulsivas también puede aparecer bajo presión porque el cerebro en estado de alarma reduce el margen de la corteza prefrontal para planificar y evaluar consecuencias, según explicó Khundakar.

El descenso de la confianza, el aislamiento y la depresión forman otro bloque de riesgo. Burnight afirmó al medio británico: “Envejecer es difícil: tenemos que afrontar pérdidas, posiblemente dolor, y es fácil que nuestro mundo se vuelva más pequeño”.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/