Un estudio logró reconstruir melodías imaginadas a partir de señales cerebrales
El trabajo, publicado en eNeuro, analizó señales neuronales de pacientes con epilepsia mientras completaban mentalmente canciones infantiles. Los resultados aportan pistas sobre cómo el cerebro organiza sonidos internos que no llegan a escucharse
Por Constanza Almirón
Aunque nadie escuche una nota, el cerebro puede “cantarla” por dentro. Esa experiencia —tararear mentalmente una canción mientras caminás o recordar una melodía sin mover los labios— suele parecer imposible de traducir en datos.
Sin embargo, un estudio realizado en Corea del Sur logró un avance: a partir de señales neuronales registradas directamente en la corteza cerebral (la capa externa del cerebro, donde se procesa información sensorial y el lenguaje), un equipo reconstruyó los cambios de una melodía imaginada en un grupo pequeño de pacientes.
La investigación, dirigida por Jii Kwon y Chun Kee Chung en la Universidad Nacional de Seúl y difundida por Society for Neuroscience, se publicó en la revista eNeuro. Los científicos analizaron el “contorno melódico”, es decir, la secuencia de subidas y bajadas de las notas a lo largo del tiempo.
La tarea es compleja porque, al imaginar una canción, no hay un sonido real que llegue al oído. Sin embargo, esa experiencia deja señales medibles en el cerebro. La clave está en que una melodía puede reconocerse aunque cambie de altura: “Feliz cumpleaños”, por ejemplo, sigue siendo la misma canción aunque se interprete en un registro más agudo o más grave.
Kwon explicó a Society for Neuroscience que “el modelo que creamos decodifica clases de tono relativo, como do, re, mi, fa, sol y la, en lugar de tonos exactos y absolutos”. En otras palabras, el sistema buscó identificar la relación entre las notas y no su frecuencia exacta.
La prueba se realizó con 10 pacientes con epilepsia que ya tenían electrodos colocados sobre la superficie del cerebro como parte de un monitoreo clínico. Esa condición permitió registrar actividad neuronal mediante electrocorticografía (ECoG), una técnica intracraneal que capta señales de la corteza con alta resolución temporal.
El diseño del estudio combinó tres momentos. Primero escucharon el inicio de una canción infantil; después siguieron la melodía “en la cabeza”; y al final la tararearon. Con esos registros, el equipo entrenó un modelo para cada participante y así identificar patrones neuronales vinculados con la tarea.
El resumen del estudio indicó que la muestra incluyó tres hombres y siete mujeres, con una media de edad de 27,3 años.
El análisis se alimentó de rasgos neuronales obtenidos en zonas de la corteza cerebral que se activaron durante la imaginación musical. Con esos datos, los investigadores intentaron descifrar, nota por nota, clases de tono relativo dentro de la melodía imaginada.
El resultado técnico fue acotado: la precisión para identificar una nota individual fue modesta, aunque superó de forma fiable el azar. En otras palabras, el sistema no “adivinó” una canción completa a partir de una única señal, ni se comportó como una traducción perfecta. Pero sí encontró información útil en la actividad cerebral.
La precisión mejoró al analizar la secuencia completa. Al combinar las predicciones a lo largo del tiempo, el modelo reconstruyó el contorno general de las melodías imaginadas.
Según el material difundido por Society for Neuroscience, investigaciones previas se habían concentrado sobre todo en detectar si una persona imaginaba música o en capturar rasgos musicales generales. En cambio, este trabajo intentó recuperar la estructura de la melodía en sí: no solo confirmar que el cerebro está “pensando” una canción, sino acercarse a qué canción podría ser, al menos en términos de su patrón.
La diferencia está en el tipo de información que se busca extraer. En vez de exigir al sistema un dato absoluto (una frecuencia exacta), se priorizó un principio básico de la percepción musical: las relaciones de ascenso y descenso entre notas. Ese cambio metodológico —mirar la melodía como secuencia y no como puntos sueltos— explicó por qué el contorno resultó más estable que la predicción de cada nota por separado.
Los autores acotaron el alcance de sus resultados. El trabajo se basó en melodías infantiles familiares y no propone una lectura completa de cualquier canción imaginada. Tampoco presentó una aplicación clínica inmediata: se trató de una prueba de concepto basada en registros de electrocorticografía humana.


