Por qué la lactancia materna necesita una red: desafíos y soluciones para alcanzar las metas de la OMS

La Semana Mundial pone el foco en acciones para sostener el amamantamiento: en la Argentina, la última encuesta registró 44,7% de exclusividad a los seis meses. Cinco pautas básicas

La lactancia materna vuelve a ocupar el centro de la agenda sanitaria, tras el inicio de la Semana Mundial de la Lactancia Materna 2026. El desafío global es claro: alcanzar el 70% de lactancia exclusiva para 2030, una meta que aún se percibe lejana.

Las cifras muestran que, si la mejora anual se mantiene en apenas 0,7 puntos porcentuales, en 2030 solo se llegará al 61% de lactancia exclusiva en el mundo. En la Argentina, la última Encuesta Nacional de Lactancia de 2022 reflejó un comienzo casi universal, con el 97,4% de los recién nacidos amamantados, pero la continuidad exclusiva hasta los seis meses descendió a 44,7%.

Esta campaña internacional, impulsada por la Alianza Mundial Pro Lactancia Materna (WABA) y desarrollada en más de 170 países, lleva este año el lema “Lactancia Materna, un inicio sostenible en cualquier circunstancia: fortalezcamos las acciones que funcionan”. El objetivo es doble: reconocer los avances y renovar el compromiso con acciones que garanticen el derecho de madres y recién nacidos a recibir apoyo efectivo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF definen la lactancia como una intervención esencial para la salud infantil y una inversión estratégica en desarrollo humano y económico. Según estos organismos, el éxito del amamantamiento no depende solo del esfuerzo individual, sino de la existencia de redes de apoyo, políticas públicas y condiciones que faciliten iniciar y sostener la lactancia.

En este escenario, la doctora Ana Pedraza, jefa de Neonatología de Clínica y Maternidad Suizo Argentina, remarcó la importancia de la “cadena cálida de apoyo”.

Este concepto pone en primer plano la acción coordinada entre familias, profesionales de la salud, puericultoras, organizaciones comunitarias, instituciones sanitarias, lugares de trabajo y responsables de políticas públicas. Según Pedraza, ese entramado resulta clave para “construir un entorno favorable que brinde sostén continuo a la díada madre-bebé desde el embarazo y el nacimiento hasta los primeros años de vida”.

A pesar de los avances, las tasas de lactancia exclusiva se mantienen por debajo de las metas de la OMS. Pedraza subrayó que la evidencia científica confirma que el acompañamiento profesional oportuno, el apoyo familiar y comunitario y el acceso a servicios de salud de calidad son factores determinantes para el éxito del amamantamiento.

El doctor Jorge Lezcano, neonatólogo en jefe del Servicio de Neonatología del Sanatorio de los Arcos, resaltó que fortalecer las acciones que funcionan permite avanzar hacia sistemas de atención más equitativos, inclusivos y sostenibles. Para el especialista, consolidar este enfoque “puede generar beneficios duraderos para la salud y el bienestar de las generaciones actuales y futuras».

Desde la puericultura, la licenciada Marcela Sánchez, coordinadora en la Clínica y Maternidad Suizo Argentina, señaló que apoyar la lactancia materna implica visibilizar el valor del acompañamiento cercano, respetuoso y basado en evidencia científica. “Espacios de escucha, educación y apoyo oportuno refuerzan la confianza de las madres y favorecen el ejercicio del derecho a amamantar“, resaltó.

Sánchez recordó que tanto esa institución como el Sanatorio de los Arcos fueron acreditados como Hospitales Amigos de la Lactancia por la OMS, UNICEF y el Ministerio de Salud de la Nación. Esta iniciativa busca que hospitales y maternidades sean verdaderos centros de apoyo al amamantamiento y reviertan prácticas que interfieren con la alimentación al pecho.

La doctora Tania Maidah, jefa de neonatología del Sanatorio Altos de Salta, enfatizó que construir entornos protectores exige el compromiso articulado de servicios de salud, comunidades, ámbitos laborales y responsables de políticas públicas. En su visión, la lactancia materna debe entenderse como un bien social, un derecho de madres, niñas y niños y una estrategia fundamental para mejorar la salud pública.

La recomendación internacional es clara: los recién nacidos deben recibir lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida. Luego de ese período, los beneficios de la lactancia se mantienen, incluso cuando se incorporan otros alimentos a la dieta.

La licenciada María Teresa D’Osualdo, coordinadora de Puericultura del Sanatorio Los Arcos, destacó que la leche materna proporciona nutrientes de alta calidad esenciales para el crecimiento y el desarrollo del niño. Además, ayuda a reducir la mortalidad infantil y ofrece protección frente a infecciones respiratorias y gastrointestinales, otitis y desnutrición. D’Osualdo también remarcó que la lactancia materna se asocia con menor riesgo de sobrepeso, obesidad, hipertensión y diabetes en la infancia y la adultez.

Para las madres, la lactancia disminuye el riesgo de hemorragia posparto, anemia, osteoporosis, depresión posparto e hipertensión. También reduce la probabilidad de desarrollar cáncer de mama y de ovario.

El impacto económico de la lactancia materna se observa tanto en las familias como en la sociedad. Una dieta adecuada para la madre resulta menos costosa que alimentar al niño con fórmulas artificiales, ya que solo requiere un consumo adicional de 500 calorías diarias. A nivel social, la lactancia evita gastos en leche artificial, reduce costos de salud y elimina la necesidad de envases, transporte o combustible.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/