Qué es el “pulmón de palomitas de maíz” y por qué puede afectar la respiración
La afección genera cicatrización que bloquea el flujo de aire y puede llevar a insuficiencia respiratoria, con síntomas graduales como tos seca, sibilancias, disnea y fatiga persistente
Por Constanza Almirón
La bronquiolitis obliterante —conocida popularmente como «pulmón de palomitas de maíz“— es una condición pulmonar rara, progresiva e irreversible que destruye las vías respiratorias más pequeñas del pulmón y que, una vez instalada, no tiene cura. Las autoridades sanitarias llevan décadas monitoreando su avance, primero en entornos industriales y, más recientemente, en el contexto del auge del vapeo.
El apodo tiene un origen preciso. A fines del siglo XX, investigadores identificaron la enfermedad en trabajadores de una fábrica de palomitas de maíz para microondas que inhalaban de forma rutinaria diacetilo, un compuesto químico utilizado para dar sabor a manteca a los productos.
Ese fue el primer rastro documentado de una condición que, con el tiempo, se reveló más amplia y compleja de lo que aquel episodio fabril sugería. Hoy, el químico sigue presente en cigarrillos electrónicos, productos de tabaco saborizado y en el proceso natural de tostado del café.
La Cleveland Clinic describe la enfermedad con precisión: afecta los bronquiolos —los conductos de menor calibre dentro de los pulmones, encargados de distribuir el aire hacia las bolsas donde se produce el intercambio de oxígeno con la sangre— y puede desencadenar inflamación, daño irreversible y cicatrización del tejido pulmonar.
Normalmente, cuando un tejido resulta agredido, el organismo activa un proceso de reparación. En la bronquiolitis obliterante, ese mecanismo se vuelve excesivo: en lugar de sanar la lesión, genera una acumulación de tejido cicatricial que obstruye los bronquiolos y bloquea el paso del aire hacia los alvéolos.
La American Lung Association advierte que “la cicatrización y el estrechamiento de los bronquiolos pueden continuar empeorando con el tiempo” y que, sin tratamiento, la condición puede derivar en insuficiencia respiratoria.
Los síntomas suelen aparecer de forma gradual y se confunden con facilidad con otras afecciones: tos seca —especialmente durante o después de la actividad física—, silbido al respirar, falta de aire y fatiga persistente. Esa similitud con cuadros más comunes es uno de los factores que demora el diagnóstico.
La investigación científica reciente permite comprender con mayor precisión cómo opera ese proceso a nivel celular. Un estudio publicado en Frontiers in Pharmacology demostró en modelos animales que la exposición al diacetilo provoca inflamación marcada, depósito de colágeno y obstrucción progresiva de los bronquiolos.
El trabajo detectó además una alteración profunda en el sistema ubiquitina-proteosoma —una suerte de maquinaria de limpieza interna de las células, responsable de eliminar proteínas dañadas—.
Cuando ese sistema se ve desbordado por el daño químico, la acumulación de desechos celulares agrava la lesión. Según se detalla en el estudio, una única exposición al compuesto fue suficiente para inducir “los cambios patológicos característicos de la bronquiolitis obliterante”, incluyendo daño epitelial e inflamación progresiva.
Un trabajo anterior, publicado en Archives of Toxicology en 2021, llegó a conclusiones complementarias: tras exponer ratas a vapor de diacetilo durante cinco días consecutivos, los animales mostraban hipoxemia persistente y evidencia histológica de la enfermedad incluso 14 días después de cesar la exposición.
Mediante proteómica global —el análisis masivo de proteínas en células—, los investigadores identificaron 519 proteínas significativamente modificadas en cultivos de células humanas de las vías aéreas. El trabajo concluye que ese daño proteico ocurre “antes del desarrollo de la patología visible”, lo que sugiere que la enfermedad comienza a gestarse mucho antes de que aparezca cualquier síntoma.
El diacetilo es el compuesto más documentado, pero no el único. La American Lung Association identifica una lista extensa de sustancias capaces de desencadenar la misma respuesta fibrótica: acetaldehído (presente en el humo de cannabis y en los cigarrillos electrónicos), formaldehído (usado en adhesivos y materiales de construcción), humos de óxido de metal —subproducto de la soldadura—, dióxido de azufre, amoniaco, cloro, óxidos de nitrógeno, ácido clorhídrico y gas mostaza.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), a través de su Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional (NIOSH, por sus siglas en inglés), señalan que el diacetilo y su sustituto comercial, la 2,3-pentanediona, se utilizan ampliamente en la industria alimentaria: palomitas de maíz para microondas, mezclas de repostería y café saborizado.


