Cuáles son los 6 conceptos erróneos sobre la demencia que pueden retrasar su detección y prevención
Una especialista detalló a Science Focus las creencias más extendidas en torno a este trastorno neurocognitivo y cómo una mejor comprensión favorece el reconocimiento temprano de sus primeras manifestaciones
Agrega Infobae a tus medios preferidos en Google
La demencia continúa siendo uno de los trastornos neurocognitivos que más preocupación genera a nivel mundial. Más de 55 millones de personas viven actualmente con esta condición y cada año se diagnostican cerca de 10 millones de nuevos casos, según datos citados por Science Focus.
Con el envejecimiento progresivo de la población, los investigadores estimaron que la cifra global podría alcanzar los 139 millones de personas para 2050.
Aunque los avances científicos permitieron comprender mejor este trastorno neurocognitivo, persisten mitos que pueden retrasar la detección de sus primeras señales y la consulta médica.
La neurocientífica Antonella Santuccione Chadha, directora ejecutiva de la Fundación para el Cerebro de la Mujer, explicó a Science Focus que una mejor comprensión del trastorno permite reconocer modificaciones tempranas y actuar sobre aspectos vinculados con la salud cerebral.
Una de las ideas más extendidas sostiene que la demencia solo afecta a personas de edad avanzada, aunque algunos tipos pueden comenzar mucho antes.
De acuerdo con distintos estudios, la demencia frontotemporal suele diagnosticarse entre los 45 y 65 años, mientras que algunos casos de Alzheimer de inicio temprano aparecen antes de los 65. “La demencia comienza 20 años antes de que se manifiesten los síntomas”, afirmó Chadha. También destacó que los cambios cerebrales pueden avanzar durante años antes de hacerse visibles.
En el Alzheimer, la acumulación progresiva de proteínas como amiloide y tau puede interferir con las células nerviosas y contribuir al deterioro cognitivo. Los primeros signos no siempre incluyen olvidos evidentes: también pueden aparecer modificaciones persistentes en el estado de ánimo, la motivación, la energía o el comportamiento.
La pérdida de memoria suele ser el síntoma más asociado con la demencia, aunque el trastorno puede afectar otras funciones según el tipo de alteración neurocognitiva.
En relación con el Alzheimer, Chadha explicó que sus efectos van más allá de la pérdida de memoria, ya que también pueden afectar el funcionamiento cotidiano, generar dificultades para realizar actividades habituales, cambios en la movilidad o problemas para completar tareas que antes se desarrollaban de manera automática.
En otros tipos, como la demencia vascular, los primeros signos pueden relacionarse con las funciones ejecutivas, como la planificación, la concentración y el procesamiento de información.
La genética puede influir en el riesgo de desarrollar determinados trastornos neurocognitivos. Un ejemplo es la presencia de variantes del gen APOE4, asociadas con una mayor probabilidad de desarrollar Alzheimer.
Sin embargo, contar con un factor genético de riesgo no significa que el deterioro cognitivo sea inevitable. Investigaciones citadas por Science Focus estimaron que cerca del 45% de los casos de demencia podrían retrasarse o reducirse mediante cambios relacionados con el estilo de vida.
Entre las medidas recomendadas por Chadha se encuentran la actividad física regular, mantener vínculos sociales sólidos, controlar los niveles de vitamina D, asegurar una adecuada incorporación de omega-3 mediante pescado azul o suplementos y priorizar un descanso reparador.
La especialista también destacó la importancia de mantener la actividad mental a través del aprendizaje continuo. “Sigue formándote, aprende una nueva habilidad o toca un instrumento”, aconsejó.


