Una especialista explica la caída hormonal del posparto y sus efectos emocionales
En un episodio del podcast Rattled, la doctora Lucky Sekhon describió cómo el descenso brusco de estrógeno y progesterona tras el parto puede alterar el ánimo, la energía y la percepción de identidad, sobre todo durante la lactancia
Por Santiago Abraldes
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En el podcast Rattled, la conductora Becky Kennedy y la doctora Lucky Sekhon analizaron los cambios hormonales que atraviesan las mujeres después del parto. La especialista explicó que la sensación de no reconocerse tras el nacimiento del bebé se debe a una brusca caída hormonal que puede extenderse durante la lactancia. Este proceso impacta la química cerebral, el ánimo, la energía y la identidad, y según la especialista, la recuperación puede demorar entre uno y dos años.
Kennedy planteó una inquietud que, según dijo, oye con frecuencia a las tres o cuatro semanas del parto: “No sé si esto es depresión posparto. No sé si esto es ansiedad posparto, pero algo se siente distinto. Este es mi bebé. Esta es mi vida ahora. No me reconozco del todo. Algo simplemente no se siente bien”.
La médica explicó que la placenta funciona durante el embarazo como una “fábrica de hormonas” y que los niveles de estrógeno pueden llegar hasta cien veces lo habitual durante un ciclo menstrual. “Cuando esa placenta sale de tu cuerpo en el parto, no estás atravesando solo una transición, estás cayendo por un precipicio hormonal”, afirmó.
Kennedy recurrió a una imagen extrema para describir ese cambio brusco: “Mi coche acaba de chocar desde 9.656 kilómetros por hora contra una pared”. Sekhon respaldó esa comparación: “Yo se lo describo a mis pacientes como un latigazo hormonal. Eso es exactamente lo que es”.
La especialista señaló que la lactancia puede prolongar parte de ese cuadro porque inhibe las señales que el cerebro envía a los ovarios para reiniciar la ovulación. “Pasas de ese nivel tan alto de hormonas, estrógeno y progesterona, a una caída completa, y luego muchas veces tienes esta supresión sostenida de estrógeno”, dijo.
Sekhon sostuvo que esa caída tiene efectos en varios planos del cuerpo, incluido el cerebro. “Cuando la gente dice ‘no me siento yo misma’, acabas de caer por un precipicio hormonal. Por supuesto que tu cerebro va a quedar sacudido por eso”, afirmó.
También explicó que en el posparto se suman la falta de sueño, los cambios físicos y un cambio social en la atención que recibe la madre. “Llegas a casa desde el hospital y pasas de que todos digan ‘voy a cuidar de la embarazada’ a ‘el bebé, el bebé, el bebé’, y de repente te sientes algo abandonada”, dijo.
La médica añadió que el cuerpo tarda mucho más que las seis semanas del control habitual en acomodarse. “Para muchas personas lleva de uno a dos años”, afirmó, antes de contar que en su caso recién a los 18 meses sintió que volvía a reconocerse “una nueva versión” de sí misma.
Cuando Kennedy propuso la fórmula “Química, no carácter”, Sekhon la retomó de inmediato. “Eso explica muchas cosas”, dijo, y añadió que ese enfoque ayuda a no cargar con culpa cuando aparecen emociones difíciles o una fuerte hipervigilancia, que describió como una adaptación protectora para el bebé y que también puede derivar en ansiedad.
Sobre la dificultad de sentirse unida al bebé de inmediato, Sekhon pidió darse margen. “Tu cuerpo puede estar en una especie de modo supervivencia”, dijo. Luego marcó una diferencia: “Hay que distinguir entre ‘todavía no me siento tan unida’ y ‘estoy teniendo pensamientos aterradores’ o emociones que asustan”.
Al pasar a los intervalos entre embarazos, Sekhon ordenó la decisión en tres planos: preparación física, emocional y logística. “Hay una ventana en la que probablemente no conviene volver a quedar embarazada tan rápido”, señaló.
La especialista dijo que un intervalo corto entre embarazos se ha asociado con más riesgo de parto prematuro y otros problemas, porque el útero necesita tiempo para sanar tras haber alcanzado hasta cinco veces su tamaño original. “De verdad, deberías esperar al menos seis meses”, afirmó.
Sekhon añadió que, si hubo cesárea o un parto complicado, quizá convenga esperar al menos un año o un año y medio. También aclaró que la decisión no depende solo del calendario y pidió flexibilidad ante planes familiares trazados antes de vivir el posparto: “Podemos planificarlo, pero tenemos que ajustar nuestros planes si no es el plan correcto para el momento en que estás”.


