Una vacuna experimental contra un agresivo tumor cerebral logró duplicar la supervivencia: cómo funciona
Un ensayo clínico de Fase I con 33 pacientes mostró que dos tercios de los tratados seguían vivos y el 42% no tuvo progresión; aunque aún faltan estudios aleatorizados para confirmar eficacia
Por Constanza Almirón
Agrega Infobae a tus medios preferidos en Google
En el campo de la oncología, los avances terapéuticos para tumores cerebrales han representado uno de los mayores desafíos de la medicina moderna.
Durante décadas, los gliomas —tumores cerebrales muy agresivos— han sido sinónimo de un pronóstico poco alentador, debido a la gran dificultad para extirparlos por completo mediante cirugía y a su respuesta limitada a tratamientos convencionales como la radioterapia y la quimioterapia. En ese marco, un nuevo desarrollo científico genera expectativas a nivel internacional: una vacuna experimental que mostró resultados inéditos de supervivencia tras ocho años de seguimiento.
Hasta la fecha, la progresión de la enfermedad en la mayoría de los pacientes diagnosticados con gliomas resultaba casi inevitable. Como explicaron los autores del trabajo, la incógnita persistía: si era posible desarrollar una inmunoterapia eficaz y estandarizada contra una mutación genética compartida por la mayoría de estos tumores, que por sí misma impulsa el crecimiento canceroso y, a la vez, puede ser identificada por el sistema inmunológico.
Este interrogante fue abordado por un consorcio encabezado por el Centro Alemán de Investigación del Cáncer (DKFZ), el Centro Médico Universitario de Mannheim y el Hospital Universitario de Heidelberg, con la colaboración de otros institutos europeos. La primera evidencia científica surge de un estudio clínico de fase uno cuyos datos finales han sido publicados recientemente en la revista Nature Cancer.
El equipo de investigadores desarrolló una vacuna que entrena al sistema inmunitario para atacar específicamente células tumorales que presentan una mutación puntual en el gen IDH1. Tal como señalaron en el comunicado institucional, en la gran mayoría de los gliomas de alto grado, se sustituye un aminoácido concreto en la enzima IDH1, generando una estructura proteica novedosa (neoepítopo) que no existe en las células normales.
Esta modificación no solo impulsa y mantiene el proceso tumoral, sino que actúa como una “bandera” reconocible para las defensas del organismo, lo que convierte a la mutación en un blanco óptimo para la inmunoterapia.
La vacuna consiste en un péptido diseñado a partir de ese neoepítopo, en combinación con las terapias estándar (cirugía, radioterapia y quimioterapia). Según precisaron los científicos en el comunicado del DKFZ, el ensayo NOA 16 incluyó 33 pacientes recientemente diagnosticados con astrocitomas de alto grado, el subtipo más común dentro de los gliomas.
Los resultados observados tras un seguimiento de hasta ocho años fueron descritos como “notables” por los autores. El 66% de los participantes seguía con vida al cabo de ocho años, y en el 42% de los casos, la enfermedad no mostró progresión durante ese período. Entre aquellos pacientes en quienes se logró una extirpación quirúrgica completa del tumor, la supervivencia fue incluso mayor.
“La mutación de IDH1 aparece tempranamente y permanece estable a lo largo del desarrollo tumoral”, explicó Lukas Bunse, jefe de la Sección de Neuro-Oncología del Centro Médico Universitario de Mannheim e investigador del DKFZ, en el comunicado institucional.
De acuerdo con la publicación en Nature Cancer, en estudios previos la mediana de supervivencia tras el diagnóstico de estos tumores agresivos raramente superaba los cinco años. La investigación demuestra que, en este grupo tratado con la vacuna y terapias convencionales, la tasa de supervivencia a largo plazo se incrementó de forma significativa, situándose más del doble por encima de los valores históricos en varias subpoblaciones.
Según se detalla en el estudio, el trabajo concluye que “en la cohorte del estudio NOA16, la supervivencia libre de progresión y la supervivencia global a ocho años fueron del 42% y 66% respectivamente, resultados que superan ampliamente las series históricas”.
El análisis inmunológico constituye otro hallazgo de la investigación. Los pacientes que desarrollaron una respuesta inmune robusta al recibir la vacuna presentaron pronósticos sensiblemente mejores a largo plazo.
“La vacuna activa dos componentes esenciales del sistema inmune: linfocitos T, que reconocen y destruyen células tumorales, y linfocitos B, que generan anticuerpos específicos contra el tumor”, indicaron los investigadores en el comunicado de prensa. Se observó que la presencia de una respuesta sostenida de anticuerpos contra el epítopo mutado se correlacionó con un curso clínico favorable.


