Colesterol y salud cardiovascular: cuándo consultar y cómo manejar valores preocupantes

Las guías internacionales, elaboradas por el Colegio Americano de Cardiología y la Asociación Americana del Corazón, detallan los pasos a seguir ante cifras límite o elevadas y subrayan la importancia de los controles regulares

Por Ismael Yasnikowski

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El colesterol es una sustancia grasa que el cuerpo produce principalmente en el hígado y cumple funciones vitales en la fabricación de hormonas, la digestión y la síntesis de vitamina D. De acuerdo con un informe revisado por el cardiólogo Christopher Lee, MD, citado por la revista Verywell Health, circula en el organismo en dos formas principales: LDL y HDL.

El LDL, conocido como “colesterol malo”, puede depositarse en las arterias y aumentar el riesgo de enfermedades cardíacas. Por el contrario, el HDL, denominado “colesterol bueno”, contribuye a eliminar el exceso de colesterol llevándolo al hígado para su procesamiento.

Las guías del Comité Conjunto del Colegio Americano de Cardiología (ACC) y la Asociación Americana del Corazón (AHA) recomiendan que todos los adultos controlen su colesterol a partir de los 19 años, con análisis al menos cada cinco años.

En personas con factores de riesgo, los controles deben realizarse con mayor frecuencia. En la infancia, especialmente entre los 9 y 11 años, también se sugieren pruebas de detección, sobre todo si hay antecedentes familiares de hipercolesterolemia o colesterol muy elevado.

Según el informe revisado por el especializa en cardiología general, un nivel de colesterol total superior a 240 mg/dL se considera alto y eleva el riesgo de infarto y accidente cerebrovascular. Para un adulto sano, el valor óptimo debe situarse por debajo de 200 mg/dL.

Un resultado de colesterol total entre 200 y 239 mg/dL se considera colesterol límite alto. Este rango indica un riesgo cardiovascular mayor, aunque inferior al de valores más elevados.

Diversos factores pueden influir en el aumento del colesterol, como la alimentación poco saludable, la falta de actividad física, el sobrepeso, la diabetes, la insuficiencia renal, el hipotiroidismo y el uso de ciertos medicamentos, incluidos los anticonceptivos y los diuréticos.

Según el informe publicado en la revista estadounidense Verywell Health, “un nivel de colesterol ligeramente elevado no necesariamente debe alarmar, pero sí motiva a realizar ajustes en el estilo de vida y consultar con el médico”.

Se recomienda reducir la ingesta de grasas saturadas, sumar ejercicio regular y evitar el consumo de tabaco. El control médico periódico resulta fundamental para seguir la evolución de los valores.

Cuando el colesterol total supera los 240 mg/dL, se clasifica como colesterol alto. Esta condición favorece el endurecimiento y la obstrucción progresiva de las arterias, lo que incrementa el riesgo de infarto y accidente cerebrovascular.

De acuerdo con la guía desarrollada por el ACC y la AHA, respaldada por otras organizaciones científicas, las enfermedades cardíacas representan actualmente una de cada cinco muertes en Estados Unidos.

El diagnóstico parte de un perfil lipídico, que mide los niveles de LDL, HDL y triglicéridos. Los valores objetivos recomendados son: LDL por debajo de 100 mg/dL para la mayoría de adultos, menos de 70 mg/dL en personas con alto riesgo y menos de 55 mg/dL en casos de riesgo muy alto; HDL por encima de 40 mg/dL en hombres y 50 mg/dL en mujeres; y triglicéridos menores de 150 mg/dL.

Algunas pruebas adicionales, como la medición de apolipoproteína B (apoB) y lipoproteína(a) [Lp(a)], ayudan a identificar riesgos ocultos en quienes ya presentan factores predisponentes, como diabetes tipo 2 o triglicéridos elevados.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/