Cómo reemplazar el azúcar y cuáles son los endulzantes que se ajustan mejor a cada caso, según la ciencia
No todos los sustitutos soportan el calor ni el procesamiento, y esa diferencia define qué elegir según el tipo de preparación y el perfil de la persona. Qué tener en cuenta
Por Bautista Salaverri
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El azúcar es un ingrediente omnipresente en la alimentación moderna, presente tanto en productos procesados como en alimentos frescos. Su sabor dulce ha moldeado la preferencia de millones de personas y, a lo largo del tiempo, ha llegado a ocupar un lugar central en la industria alimentaria y en la cultura culinaria mundial. Esta predilección, sin embargo, ha propiciado un debate creciente acerca de los efectos en la salud y la necesidad de buscar alternativas que permitan mantener el placer del dulzor sin los riesgos asociados a un consumo excesivo.
El organismo humano requiere glucosa como fuente esencial de energía, especialmente para el cerebro y las células musculares. No obstante, la ingesta elevada de endulzantes añadidos se ha vinculado con problemas como obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y caries dental, entre otras afecciones, según advierten entidades como la Organización Mundial de la Salud y la Johns Hopkins Medicine. Esta preocupación por los efectos negativos ha impulsado la aparición y el desarrollo de sustitutos del azúcar, que incluyen tanto edulcorantes artificiales como opciones de origen natural, los cuales buscan ofrecer dulzor con menos calorías y un impacto metabólico reducido.
De este modo, se han desarrollado sustitutos que incluyen tanto versiones artificiales como naturales. Las alternativas abarcan un espectro amplio de compuestos: desde edulcorantes sintéticos hasta extractos vegetales. Cada una de estas alternativas ofrece características únicas y, si bien comparten el objetivo de reducir los riesgos asociados al azúcar tradicional, su aceptación y sus efectos en el organismo siguen siendo objeto de estudio y debate dentro de la comunidad científica y los organismos reguladores.
Los sustitutos del azúcar no tienen un ganador único, y la evidencia revisada apunta a otra idea: no hace falta eliminarla por completo de la dieta, pero sí conviene recortar el exceso de endulzantes añadidos. La mejor elección cambia según el objetivo, ya sea controlar la glucosa, reducir calorías, evitar molestias digestivas o cocinar sin perder sabor y textura.
Tanto Johns Hopkins Medicine como un estudio de 2025, publicado en MDPI, coinciden en que el problema principal es el exceso de azúcar añadido, que se asocia con aumento de peso, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y caries. La entidad de salud precisa que no es intrínsecamente malo y que eliminar frutas, lácteos o cereales por su contenido natural de dulzor no es una opción saludable.
National Geographic recoge además una advertencia de la profesora de nutrición Marion Nestle de la Universidad de Nueva York sobre el papel básico de la glucosa en el organismo: “Es la fuente de energía preferida del cerebro”. La misma publicación y la investigación del MDPI de 2025 subrayan que los sustitutos tampoco son compuestos neutros y que sus efectos pueden variar según el producto y la persona.
Si la meta es reducir el impacto glucémico, la stevia es la opción más favorable. Mayo Clinic afirma de forma general que los sustitutos del azúcar no elevan la glucosa en sangre, mientras los expertos de la revisión señalan que los edulcorantes no nutritivos no la aumentan o provocan poca respuesta de insulina, aunque matiza que hay controversias en algunos compuestos.
Según un metaanálisis de 2024 publicado en PubMed, el endulzante reduce las respuestas de glucosa e insulina, en especial en personas con obesidad. Johns Hopkins Medicine añade que esta opción es útil para quienes buscan evitar picos de glucosa. Por su parte, la sucralosa ofrece un panorama menos claro. National Geographic indica que no observaron cambios en glucosa ni hormonas, pero revelaron que tiene un peor control glucémico. Yanina Pepino, profesora de nutrición en la Universidad de Illinois Urbana-Champaign, advirtió a la revista que las personas con obesidad “pueden ser más sensibles a algunos de estos efectos”.
Con el aspartamo, expertos señalan que provoca picos de glucosa menores que el azúcar después de las comidas, aunque las diferencias frente a otros edulcorantes o incluso frente al agua son pequeñas. El estudio de MDPI de 2025 añade que está dentro de los compuestos de 180 a 250 veces más dulces que la sacarosa, pero su comportamiento metabólico no lo convierte en la mejor respuesta universal.
Sustituir azúcar por edulcorantes puede ayudar a corto plazo a reducir calorías, pero la ciencia no presenta esa estrategia como una solución garantizada para bajar de peso. Mayo Clinic sostiene que estos productos pueden ayudar en el control del peso a corto plazo, aunque añade que no está claro su efecto duradero y recomienda pequeñas cantidades y uso esporádico.
La mejor evidencia comparativa para la sucralosa en este grupo nace de un estudio, que recoge un ensayo de 12 semanas en el que quienes la consumieron ingirieron menos calorías, dijeron comer con menos frecuencia y registraron una ligera baja de peso frente a quienes recibieron aspartamo u otros edulcorantes. Aun así, los autores mencionan señales de que podría influir en circuitos cerebrales ligados al apetito.
La stevia también dejó resultados favorables. National Geographic reveló que snacks con aspartamo o estevia redujeron la ingesta calórica diaria, y otro observó que quienes consumieron estevia mantuvieron su peso mientras el grupo de control aumentó.
Cuando el criterio es culinario, las diferencias entre compuestos se vuelven más claras. El estudio de MDPI destaca que no todos los edulcorantes resisten el procesamiento del mismo modo y que algunos no son aptos para hornear o congelar.


