Cómo es la estrella que se comporta como un agujero negro y fue captada por el Telescopio James Webb
Un equipo internacional identificó un objeto que desafía las categorías conocidas: mide lo mismo que el sistema solar y emite 100.000 millones de veces más energía que cualquier estrella
Por Víctor Ingrassia
Un grupo de astrónomos descubrió un tipo de objeto cósmico nunca antes observado: una “estrella” de agujero negro que combina la apariencia de una estrella gigante con la potencia energética de un agujero negro y se ubica a miles de millones de años luz de la Tierra.
El hallazgo, publicado en la revista Nature, fue realizado por un equipo internacional encabezado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y otras instituciones, que utilizó los datos obtenidos por el Telescopio Espacial James Webb (JWST) de la NASA.
El objeto recibió el nombre de MoM-BH*-1 y podría representar una pieza faltante en el rompecabezas de la evolución galáctica.
El descubrimiento surgió cuando los científicos analizaban imágenes tomadas por el James Webb en busca de galaxias extremadamente distantes, formadas poco después del Big Bang. Al revisar una de las fotografías más profundas del universo temprano, detectaron una mancha roja de brillo inusual que no coincidía con ningún patrón conocido.
Este punto, ubicado en la constelación de Cetus, resultó ser tan luminoso y tan diferente que los modelos tradicionales no ofrecían una explicación convincente. El equipo liderado por Rohan Naidu, investigador del MIT y actualmente en la Universidad de Hawái, propuso que se trata de una estrella de agujero negro.
La magnitud del objeto desafía cualquier registro previo. Los análisis espectrales revelaron que MoM-BH-1 tiene un tamaño comparable al del sistema solar y emite cien mil millones de veces más energía que cualquier estrella identificada hasta hoy. “Brilla con la energía que normalmente se asocia con los agujeros negros, pero al mismo tiempo presenta características clásicamente asociadas con las estrellas”, explicó Naidu.
La potencia de este cuerpo no encuentra explicación en los procesos de fusión nuclear, que alimentan a todas las estrellas conocidas, sino que parece originarse en un agujero negro central rodeado por una envoltura de gas tan densa que le da el aspecto de una estrella colosal.
El comportamiento espectral de MoM-BH*-1 también sorprendió a los investigadores. Una caída abrupta de la luz por debajo de ciertas longitudes de onda —la llamada “ruptura de Balmer”— suele encontrarse en estrellas densas y envejecidas, pero en este caso la señal resultó mucho más pronunciada que cualquier observación previa. Además, la luz carece de metales pesados, lo que indica una composición casi exclusiva de hidrógeno y helio. “La ruptura que observamos en este objeto es la más profunda que jamás hayamos observado en ningún objeto, lo que descarta a las estrellas ‘ordinarias’ como fuente”, afirmó Naidu.
La primera hipótesis del equipo supuso la presencia de polvo cósmico, fenómeno habitual en el universo primigenio. Sin embargo, los datos espectrales descartaron esta posibilidad. “Cuando vemos algo muy rojo en el universo, solemos asumir que está rodeado de polvo, como hollín o ceniza”, explicó Robert Simcoe, director del MKI y coautor del estudio.. En este caso, la señal óptica presentaba una pureza y una intensidad que no se asocian al polvo cósmico, sino a un mecanismo mucho más energético.
La explicación que finalmente convenció al grupo surgió al simular distintas combinaciones de características físicas. Solo un modelo lograba replicar la observación: un agujero negro con una masa cien mil veces mayor que el Sol, envuelto en una densa capa de hidrógeno del tamaño del sistema solar. Este escenario explicaría tanto la luminosidad extrema como la singularidad espectral. La conclusión fue que MoM-BH*-1 constituye un nuevo tipo de objeto astrofísico, una estrella de agujero negro.
Los especialistas creen que este descubrimiento puede arrojar luz sobre el origen de los agujeros negros supermasivos que se hallan en el centro de prácticamente todas las galaxias, incluida la Vía Láctea. “Durante décadas hemos anticipado que algo espectacular debía estar ocurriendo en el universo primigenio. Las estrellas de agujeros negros podrían ser ese ‘algo espectacular’. Podrían ser la fase naciente y protegida que marca el comienzo del viaje de casi todos los agujeros negros supermasivos”, planteó Naidu.
El hallazgo de MoM-BH-1 no solo aporta una nueva categoría a la taxonomía cósmica, sino que también ofrece una pista sobre otro fenómeno intrigante detectado por el James Webb: los “puntitos rojos” que aparecen en numerosas imágenes del universo temprano. Desde que el JWST comenzó a operar, los astrónomos han notado la presencia recurrente de pequeñas manchas rojas extremadamente brillantes cuyo origen resultaba incierto.
“Estos puntitos rojos parecen estar en todas partes en el universo temprano, pero esencialmente desaparecen en el presente”, subrayó Naidu. La hipótesis actual sostiene que muchos de ellos podrían ser estrellas de agujero negro, aunque menos luminosas que MoM-BH-1.
Lo que distingue a MoM-BH*-1 es la intensidad con la que su agujero negro eclipsa la luz de la galaxia a la que pertenece, permitiendo observar luz pura de estrella de agujero negro. “Lo que tiene de especial MoM-BH-1 es que la estrella de agujero negro prácticamente eclipsa por completo a su galaxia anfitriona circundante, de modo que estamos viendo luz pura de estrella de agujero negro”, explicó Naidu.


